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22 de Marzo del 2017
Historias
Lectura: 11 minutos
22 de Marzo del 2017
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Los Juegos del Hambre

Las campañas presidenciales deben reflexionar sobre las necesidades del electorado en unos comicios que pueden marcar un punto de inflexión.

 

Así se titula un libro de Suzanne Collins, donde varios candidatos deben luchar hasta que solo uno sobreviva. La encarnizada realidad electoral ecuatoriana se presenta como una analogía de estos juegos ficticios y luego de casi dos meses hay dos finalistas.

Uno de los candidatos es un banquero, miembro de la burguesía financiera, apoyado públicamente por las otras facciones burguesas, por la rancia oligarquía, por viejos políticos de derecha y posiblemente por líderes indígenas y por un militar socialdemócrata.  El otro es un político con un pasado de izquierda, cercado por una "cholo burguesía" gestada cual hongo en 10 años de gobierno, bajo la sombra de un líder enfermo de hybris que sin ambages se autoproclama como el verdadero capo del partido y que es el jefe absoluto de la bancada legislativa de su clan. Para colmo el candidato a vicepresidente tiene apabullantes acusaciones de corrupción.

Desde ambos lados, el panorama no pinta bien para la mayoría de ecuatorianos. Más aun debido a que ambos personajes nos traen a la memoria días no muy confortables. El candidato Lasso nos recuerda el pasado lejano, esos días de feriado bancario que trajo la peor debacle económica del país y que obligó a millones a migrar. También el tiempo de la sórdida y represiva derecha socialcristiana que no debe repetirse. El candidato Moreno nos trae a la memoria un pasado cercano de prepotencia y abuso de poder. Nos evoca la persecución y encarcelamiento de luchadores populares, a estudiantes secundarios sancionados con sumarios administrativos e invitados a pedir perdón; a otros estudiantes recién graduados que no pueden ingresar a la Universidad.

Un pasado cercanísimo donde se generó un mamotreto llamado Yachay y a la vez leyes que atentan contra la educación superior y la autonomía universitaria. Pasado reciente, 10 años de una homogenización conservadora y desarrollismo, gestado en un entorno donde la justicia y el legislativo están al servicio del poder ejecutivo, donde la fiscalía y la contraloría no miran la corrupción, donde la “participación ciudadana y el control social” están totalmente en manos del correísmo.

El nuevo presidente tiene un entorno de inversión privada incierto, pues pocos se arriesgan a emprender y muchos que lo han hecho han quebrado. Sobre todo tiene la necesidad urgente de que el país tenga de nuevo liquidez para que se dinamice otra vez la economía.

Con Lenin o con Lasso, los sectores populares no la tendrán fácil. El próximo mandatario hereda un país en crisis, con una gigantesca deuda pública y recursos que ya están comprometidos, como el petróleo vendido previamente a China. El nuevo presidente tiene un entorno de inversión privada incierto, pues pocos se arriesgan a emprender y muchos que lo han hecho han quebrado. Sobre todo tiene la necesidad urgente de que el país tenga de nuevo liquidez para que se dinamice otra vez la economía.

Si el candidato Lasso gana la presidencia, implementaría un plan económico probado en otras latitudes. El recetario neoliberal que afecta sobre todo a los más pobres contempla la eliminación de subsidios, con lo cual se implementan “precios reales” a la electricidad, gasolina, gas y transporte. La anunciada eliminación de impuestos, se haría efectiva en especial para los más pudientes, esos que serían "inversores y generadores de empleo", trayendo flexibilización laboral y el retorno de la tercerización, la implementación de zonas francas y quizás la instalación de maquiladoras. La menor carga impositiva genera una drástica reducción de ingresos al Estado y por ende la desinversión social en materias de salud y educación. Dentro de la imperiosa necesidad de liquidez, se siguen buscando préstamos, pero desde el giro geopolítico, el prestamista sería otra vez el FMI, quien da plata a cambio de cumplir sus recetas (los paquetazos), en especial las tendientes a la reducción del déficit fiscal. Esa misma necesidad de liquidez, se reviviría el viejo modelo agroexportador y por supuesto debería dar prebendas al capital financiero y al sector bancario... Estos planes jamás se han implementado en entornos de armonía, por ello un fuerte ejercicio represivo estatal que aunado a la personalidad conservadora del señor Lasso se harán presentes.

Desde el candidato Moreno no se escuchan especificidades en el manejo económico, y más bien se subraya la continuidad del esquema establecido por el correato, “corrigiendo lo que está mal”. Es una propuesta que desde un estado fuerte e incluso con visos de obesidad, ha significado para los más pobres un bono de desarrollo humano, el acceso a servicios sociales y subsidios, pero que no ha desarrollado la pequeña y la mediana empresa, las más fuertes generadoras de empleo. El modelo que no ha logrado dinamizar el mercado interno, pero que al mismo tiempo se ha sustentado en una política tributaria que recae casi con todo su peso sobre los hombros la clase media, desde un sistema tributario que no rinde cuentas acerca de su uso tal como sí ocurre en otras latitudes, donde el contribuyente sabe al centavo en que van a parar su impuestos. Si bien se ve obra pública, también puede verse derroche, despilfarro y también se huele un fuerte tufo de corrupción.

Para la segunda vuelta, esta "clase media" es decisiva en la definición del próximo mandatario, en especial la de Quito y Guayaquil. Hacia ella dirigen los dos candidatos sus cantos de sirena, insistiendo ambos en los temas empleo y productividad. Ambos aspiran los votos que fueron hacia otras tiendas en la primera vuelta, en especial los que la clase media dio a los candidatos Viteri y Moncayo. Si bien los votos no son endosables, el apoyo que han dado directamente la candidata socialcristiana e indirectamente el candidato de ANC-ID y líderes indígenas a Guillermo Lasso, ponen las cosas cuesta arriba a Lenin Moreno. Más aun cuando sectores de esa misma clase media, organizaciones sociales, diversos colectivos y otros aliados naturales del gobierno que auspicia a Moreno han sido agredidos por esa administración, se han alejado y hoy están resentidos.

Si el oficialismo quiere ganar la próxima elección, debe dejar atrás la arrogancia y debe pensar en ampliar su entorno de aliados. Debe tener presente que en esta materia no tiene “la sartén por el mango” y más bien debe hacer política desde un ejercicio dialógico. Lenin Moreno debe acercarse a las organizaciones sociales y políticas a conversar sobre programas e incidencias. Debe pronunciarse sobre temas cruciales, incluso adoptando propuestas realizadas por otras tiendas políticas, tales como los temas en derechos sexuales y reproductivos. Necesita comprometerse, e incluso firmar acuerdos con diversos actores en materia de economía y libertades, en especial de organización.

La fortaleza del gobierno de la revolución ciudadana en sus primeros años fue el sentido participante y consultivo. Sentido que se perdió por completo en el 2013, cuando Correa concentró todos los poderes y  desde entonces, como dice la ranchera “su palabra es la ley”.

En la primera vuelta, el gobierno generó compromisos con agricultores y pobladores desde una dinámica clientelar que le dio buenos resultados a su lista. En el afán de captar votos, el gobierno debería apurarse a derogar edictos represivos y revanchistas del correato, o por lo menos anunciar que en el próximo gobierno terminarán normas tales como el decreto 16 surgido desde el ansia de control a las organizaciones o las reformas a la Ley de Educación Superior, surgida desde la arrogancia y revanchismo del presidente. Tal como algunas voces de PAIS han sugerido, debe priorizar el diálogo con las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador. Sin embargo, algunos de los líderes de ese sector no olvidan el palo, la represión y los desalojos que recibieron en estos 10 años y han preferido hacerlo con el candidato Lasso de quien ya han recibido propuestas.

La fortaleza del gobierno de la revolución ciudadana en sus primeros años fue el sentido participante y consultivo. Sentido que se perdió por completo en el 2013, cuando Correa concentró todos los poderes y  desde entonces, como dice la ranchera “su palabra es la ley”.  Ofrecer un gobierno donde nuevamente se consulte al pueblo acerca de temas diversos, un estilo moderado de diálogo que reduzca la confrontación y sobre todo transparencia, pueden hacer que Lenin gane nuevamente el favor de varios sectores que llevaron en el 2006 al poder a la revolución ciudadana y de otros que paulatinamente se han decepcionado del “proyecto”.

Pero Lenin no la tiene fácil, además de esa pesada herencia oficialista y de las acusaciones contra su candidato a vicepresidente tiene que vérsela con la constante intromisión del actual presidente, quien le hace flaco favor con sus twitts y declaraciones, en las que incluso anuncia sin discreción su retorno político “en un año”, si ganaría el candidato opositor.

Veamos si Lenin logra dar un giro al estilo de hacer política y si puede deshacerse del lastre que remolca. Si lo hace votaría por Lenin y ya no “todo, todito” nulo como lo había pensado. Si se gana el apoyo de la sociedad civil votaría por él y no por las plañideras invitaciones que apelan a "rechazar a Lasso, por ser el cuco". Votaría por Lenin Moreno, sobre todo, si da certezas de que la represión y el desalojo no serán la cotidianidad de los más pobres y no por el convite de las "amiguis" a hacerlo por "consecuencia de izquierdista".

Hace más de un año escribí en este mismo medio un artículo denominado El drama Shakespeareano de Lenín Moreno, ahora Lenin está desarrollando su segundo acto. Esperemos, que los resultados de abril no sean el inicio de una tragedia griega para los ecuatorianos. Mientras tanto: ¡Que continúen los Juegos del Hambre!

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