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26 de Agosto del 2014
Historias
Lectura: 10 minutos
26 de Agosto del 2014
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
La campaña de Mauricio Rodas recién empieza

Fotos: Luis Argüello

El escenario donde habló el Alcalde de Quito estuvo adornado con flores y fotografías de la ciudad.

 

Rodas habló durante un 55 minutos en un discurso donde no hubo epítetos ni descalificaciones. El Alcalde se ratificó dispuesto a colaborar con el Gobierno pero de modo independiente.

 

El cronista de Plan V  no pudo ver al concejal Antonio Ricaurte entre los asistentes. Tampoco a los concejales de Alianza PAIS.

 

Una fuerte llovizna cayó sobre los desguarnecidos asistentes al acto político de los 100 días de Rodas en la Alcaldía, evidenciando el paulatino fin del verano en la Capital.

 

Cinco pantallas gigantes mostraron el rostro y los movimientos del Alcalde de Quito. Los canales de televisión también pasaron cuñas de la Alcaldía. La comunicación política como eje central se reproduce.

 

El evento por los 100 días del Alcalde Metropolitano de Quito tuvo la puesta en escena de un acto de campaña: tarima, pantallas gigantes, fuegos artificiales, carteles de apoyo, bufandas en lugar de camisetas y el tono oratorio que busca presentar la imagen de pasión, juventud e independencia con la que Rodas quiere definir su administración.

Desde lo alto del frontón del Teatro Sucre, rodeado por sus nueve musas, custodiado por dos grifos, uno a cada lado, el dios griego Apolo mira los gestos del alcalde metropolitano de Quito, Mauricio Rodas, instalado en una tarima en la Plaza del Teatro. El dios lleva en la mano derecha una lira: atributo suyo que recuerda los gestos teatrales, las puestas en escena, las representaciones que siguen un guión.

Es el evento de rendición de cuentas de Rodas por los primeros 100 días al frente del Municipio de la capital, el pasado 26 de agosto. Desde poco antes de las 16:00 se habían empezado a concentrar en la más bien pequeña Plaza del Teatro, en el corazón capitalino, los representantes de fuerzas vivas que apoyan al alcalde metropolitano, que se cuida de autodenominarse opositor y prefiere calificarse como independiente.

Ahí están por lo menos siete grupos de taxistas con sendas pancartas, gente de los barrios marginales, de los mercados, de las localidades del Valle de los Chillos, de los grupos juveniles. Están también las bases de Suma y Vive, los movimientos que llevaron a Rodas al Palacio Municipal, y los simpatizantes propios que han invitado varias concejalas, con letreros que destacan sus fotos, sus nombres y sus principales proyectos en los primeros tres meses. Los militantes de Suma usan en el cuello unos pañuelos de color azul con naranja, que recuerdan un poco a los del extinto MPD. Los de Vive han llevado un gran cartel con el color fucsia que hizo popular en los barrios al concejal Antonio Ricaurte, cuya presencia en el evento este cronista no pudo constatar. Los taxistas se han pintado de amarillo. Los de las parroquias han llegado con sus propias bandas de pueblo.

Desde donde está este cronista -que no tiene la vista privilegiada del dios Apolo-  no se ve tampoco a los concejales de Alianza PAIS. 

El trajín en el Centro Histórico relacionado con el evento había empezado a media tarde, cuando era posible ver grupos de personas que se dirigían al Palacio Municipal en principio, y tras constatar que la sede del Cabildo lucía desierta, bajaban caminando por las calles Chile y Guayaquil hacia la Plaza del Teatro.

En el costado oriental de la Plaza estaba colocada la tarima para el alcalde. Cinco pantallas gigantes de LED reproducían un mensaje de Rodas en el que mencionaba un resumen de lo que luego explicaría en persona: qué obras y gestiones había realizado en sus primeros cien días. El mismo spot estará en la televisión en horario estelar ese mismo día. Al pie del escenario, un letrero con el nombre de la ciudad y a los costados unas fuentes con agua. 

Hay potentes reflectores en toda la Plaza del Teatro, que cuando caiga la noche, iluminarán el escenario de la rendición de cuentas y proyectarán haces de luz hacia las fachadas de los edificios cercanos, en especial, hacia la portada blanca y renacentista del Teatro Sucre.

En el centro de la Plaza, protegidas por vallas y un despliegue de policías municipales, están varias filas de sillas blancas de plástico para los invitados especiales. Se ingresa al perímetro exclusivo con invitación, minuciosamente revisada por una funcionaria municipal de gesto severo. La entrada de los invitados especiales se ha colocado justo enfrente de la banca en donde una estatua de bronce de Don Evaristo parece disputar su lugar con las personas que han ganado puesto en la banca y no están dispuestas a cederlo a nadie. 

La tarde ha perdido el aire veraniego de días pasados, y el cielo nublado amenaza con un chubasco. Unas mujeres del pueblo se quejan de que la venerable Plaza del Teatro -que está repleta- es muy pequeña para toda la gente que quería ir a saludar a Rodas, y revelan que al principio les habían invitado al parque de La Carolina. Otro hombre de las bases protesta porque no lo dejan entrar a donde están las sillas, pues la funcionaria de gesto severo y los policías municipales no hacen excepciones.Poco a poco van entrando al lugar de los privilegiados algunos concejales cercanos al alcalde y funcionarios municipales. Una concejala, vestida de azul y con un botón en la solapa, se resiste a entrar al lugar por temor a que la empujen. Los oficiales de la Policía Metropolitana la ven y la escoltan, a salvo, a las primeras filas, junto al escenario. 

Desde lo alto, Apolo alcanza a ver en sus propias narices la robótica presencia de un drone, curioso artefacto de cuatro hélices, que con su aspecto de espía extraterrestre muestra luces verdes y rojas y enfoca su cámara en la Plaza.

Desde lo alto, Apolo alcanza a ver en sus propias narices la robótica presencia de un drone, curioso artefacto de cuatro hélices, que con su aspecto de espía extraterrestre muestra luces verdes y rojas y enfoca su cámara en la Plaza. Los asistentes también lo ven, y miran las pantallas, pensando que tal vez el robot volador va a transmitir sus rostros desde lo alto. Pero no. El artefacto desaparece del cielo, cerca de donde están los grifos dorados, mascotas del dios. 

En la tarima, el secretario metropolitano de Comunicación, Gandhi Espinosa, ultima detalles. Se estima para las 18:00 el arribo del alcalde metropolitano, confirma. Pero a las 17:30 empieza una fuerte llovizna. Acaso es el motivo para que Mauricio Rodas, quien esperaba en su vehículo en la calle Flores, se anticipe quince minutos y aparezca en escena a las 17:45. Algunos de quienes pugnaban por entrar al recinto exclusivo de la Plaza prefieren mejor salir. Otros, más precavidos, solo abren sus paraguas. El pueblo tiene a mano plásticos para cubrirse, algunos son las banderas sobrantes de la pasada campaña electoral. Los encargados de las pantallas de LED despliegan plásticos para protegerlas del chubasco. 

El evento de rendición de cuentas empieza finalmente. Mauricio Rodas luce una chompa café y pantalón de color crema. No usa corbata, su estilo es informal. El alcalde es presentado rápidamente por la anfitriona del evento, y es recibido por un grupo de jóvenes que le dan una camiseta. El alcalde agradece, todos los demás desaparecen y lo dejan dueño absoluto de la tarima. No hay música en la puesta en escena del alcalde Mauricio Rodas.  Tiene un micrófono en la mano, que cambiará de izquierda a derecha para poder gesticular y enfatizar mejor durante los 55 minutos que habla. La escena parece una continuación de la campaña electoral. 

"Esta es la Alcaldía del respeto, de la diversidad, aquí no insultamos", dice el joven burgomaestre. Tiene razón: ni un solo epíteto, total ausencia de adjetivos calificativos en 55 minutos de alocución. Rodas no insulta, pero sí alza la voz. El tono juvenil y a ratos agudo del alcalde resuena entre las columnas del Teatro Sucre, amplificado por los parlantes de la tarima. Rodas habla de diálogo, de una nueva forma de hacer política, de su esperanza en encontrar la madurez democrática. Destaca que no tiene problema en coordinar tanto con el Gobierno Nacional cuanto con autoridades no alineadas con el régimen, pero luego afirma de manera rotunda: "soy un alcalde independiente" y destaca la palabra pronunciándola con énfasis.

En lo alto del escenario de la tarima estallan lluvias de estrellas. Parecía que iban a caer globos de colores, como en las tarimas argentinas del alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri. Pero no.

A las 18:00 deja de llover sobre la Plaza del Teatro. Rodas entra en materia, destacando sus principales gestiones. Mientras habla, en las pantallas gigantes se presentan tomas de Rodas visitando obras, inaugurando centros infantiles, reduciendo las multas, y enfrentando los recientes temblores. 

Rodas gesticula, alza la voz, habla con pasión juvenil, señala con el dedo índice. Por si a alguien le quedan dudas de ello, anuncia en el cierre de su discurso que seguirá sirviendo con gran pasión a la ciudad que ama. Son las 18:40 cuando Rodas termina de hablar. Su esposa sube a abrazarlo.  En lo alto del escenario de la tarima estallan lluvias de estrellas. Parecía que iban a caer globos de colores, como en las tarimas argentinas del alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri. Pero no.

Una banda de pueblo empieza a tocar el Chulla Quiteño, pero a los pocos minutos suena, más fuerte, la misma melodía en los altoparlantes centrales de la tarima. Los de la banda no se amilanan y siguen tocando hasta el final. 

El alcalde ha terminado de hablar y se espera su salida. Quedan dueños de la tarima un grupo de jóvenes danzantes, pero pocos los miran con interés, pues han empezado a irse los taxistas, los militantes de Suma, de Vive, los representantes de la parroquias. Discretamente, detrás de la tarima, algunas personas empiezan a regalar unas bufandas de color morado que dicen "Quito" en letras blancas. La noche estaba fría como para regalar camisetas. 

 

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