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3 de Noviembre del 2015
Historias
Lectura: 8 minutos
3 de Noviembre del 2015
Juan Jacobo Velasco
La inflación de los movimientos políticos

Foto: Presidencia de la República

La estrecha vinculación del movimiento oficialista con el Estado es una de las prácticas que deja la administración del presidente Correa.

 

La pregunta que seguramente deben hacerse los futuros políticos en el Ecuador es simple: ¿por qué yo no? En el fondo, la creación de movimientos -una constante en este periodo democrático- ha sido políticamente muy rentable durante el gobierno de la revolución ciudadana. Alianza País dio un ejemplo muy particular: no se necesita una infraestructura, ni ideología, ni siquiera una organización nacional para empezar un proyecto exitoso. Sobran y bastan los trucos de un encantador de serpientes político y una voluntad inquebrantable de poder. Si a eso se suma el maná de una coyuntura económica muy positiva, bingo.

La historia de los movimientos políticos creados en el Ecuador durante los últimos 36 años de democracia es muy interesante. Algo gatilla que varias personas se reúnan y decidan conformar una agrupación que siempre quiere salvar a la patria, bajo cualquier pretexto. Ese espíritu patriótico se presenta con un seductor  perfume de inclusión y renovación, además del hermoso ropaje de la justicia social para los excluidos.

Ese “algo” que genera la irrupción de estos movimientos puede ser un evento, como ocurrió con la revuelta militar que originó a Sociedad Patriótica; el legado de un político importante, que fue el pretexto para formar el PRE; o la simple idea de ser el canal para llevar a Carondelet a un candidato, como sucedió con el Partido Unidad Republicana y Sixto Durán. Algunas veces ni siquiera eran necesarias varias personas, sino la voluntad de ganar y autofinanciar esa apuesta, como aconteció con el PRIAN de Alvaro Noboa.

Detrás de esas intenciones fundacionales había un candidato que se convirtió en el caudillo, bajo cuya figura el movimiento político creció. Y que sin él, ya sea por su salida de escena o decaimiento, el movimiento tendió a implosionar. Para estas agrupaciones políticas la ideología ha sido totalmente subsidiaria de la voluntad del caudillo. La doctrina política –por ponerle un nombre- se fragua a imagen y semejanza de lo que piense, sueñe o desee el líder del movimiento. Interpretar esas ideas ha sido el equivalente a darle forma al ideario político bajo el que se mueven estas agrupaciones. En ese sentido, la “ideología partidista” podría denominarse como testosterónica:  un hombre –no ha habido líderes mujeres- la va definiendo al vaivén de su regalada gana.

La doctrina política –por ponerle un nombre- se fragua a imagen y semejanza de lo que piense, sueñe o desee el líder del movimiento. Interpretar esas ideas ha sido el equivalente a darle forma al ideario político bajo el que se mueven estas agrupaciones.

Esta tendencia del último periodo democrático ciertamente es tributaria de la larga historia política ecuatoriana, caracterizada por la importancia de los personalismos, por encima de las ideologías. Pero lo interesante de lo que ha ocurrido en estas tres décadas y media, es que los movimientos pueden acumular poder y hacerse del premio mayor con relativa facilidad. Ocupar un espacio de poder no es muy difícil. Se precisa de una coyuntura que agrupe a varios actores, un líder fuerte y carismático, y, por supuesto, que los astros se alineen para que las cosas funcionen tarde o temprano.

Alianza PAIS es la quintaesencia de un movimiento exitoso que llegó casi por generación espontánea a Carondelet. Además se convirtió en la fuerza política predominante de los últimos nueve años. Ese poder y éxito se consolidó en el periodo de las vacas más gordas que ha vivido el Ecuador, a las que el movimiento verdeflex supo ordeñar con manos ávidas. Esa aura de poder omnipresente de seguro hubiera envuelto a cualquiera hubiese sido el proyecto político, si un ciclo tan positivo hubiera bendecido al Ecuador antes. Rafael Correa fue el motor de la capitalización de ese éxito político, en donde se mezcló el sentido de oportunidad para hacer varias reformas de apariencia refundacional, un sostén económico sin precedentes, el atornillar las clavijas institucionales para copar todos los estamentos estatales, y un uso ilimitado de un poder mediático propio.

La pregunta que seguramente deben hacerse los futuros políticos en el Ecuador es simple: ¿por qué yo no?  En el fondo, la creación de movimientos -una constante en este periodo democrático- ha sido políticamente muy rentable durante el gobierno de la revolución ciudadana. Alianza País dio un ejemplo muy particular: no se necesita una infraestructura, ni ideología, ni siquiera una organización nacional para empezar un proyecto exitoso. Sobran y bastan los trucos de un encantador de serpientes político y una voluntad inquebrantable de poder. Si a eso se suma el maná de una coyuntura económica muy positiva, bingo.

Un hecho curioso ha estado ocurriendo en mi entorno. Grupos de excompañeros de universidad empezaron a organizarse para formar agrupaciones de exestudiantes que quieren discutir diversos temas y, a través de una posible organización, apuntar a proto-proyectos políticos. Todo se inició de manera muy espontánea, con llamados a reunirse y a conversar de las historias pasadas, tal como varios hacemos cuando nos juntamos con los amigos de antaño.

Lo interesante de estas iniciativas es que se han organizado al alero de quienes participaron de los movimientos universitarios de mi casa de estudios, que nunca tuvieron un tinte ideológico. Más bien funcionaban como un grupo de amigos, que se diferenciaban del otro grupo de amigos, por el color del emblema de la agrupación. Tampoco existe una ideología ni nada cercano en las agendas de conversación. Solo el interés de aportar al país, de contribuir al debate de ideas y de comenzar a participar de experiencias de organización gremial al alero de la universidad y las asociaciones profesionales.

La crisis económica va a afectar políticamente al Presidente Correa y es muy probable que su poder decaiga y que ese retroceso gatille una inflación de nuevos movimientos y agrupaciones políticas, en todo tipo de ámbito: gremial, local, provincial o nacional.

La pregunta de rigor es por qué esa necesidad de organizarse como movimiento surge ahora. Una hipótesis que me resulta interesante es que este tipo de iniciativa es muy propia del espíritu participativo de los ecuatorianos, que une entusiasmo y voluntarismo. Si a eso se suma un líder carismático y una dosis de suerte, pueden, eventualmente, transformarse en el número premiado, tal como ha sido la norma de los movimientos políticos de este periodo democrático. Con todo lo que eso pueda significar en términos de tiempo, espacio y, sobre todo, poder. 

Con el advenimiento de una crisis económica que va a afectar políticamente al Presidente Correa, es muy probable que su poder decaiga y que ese retroceso gatille una inflación de nuevos movimientos y agrupaciones políticas, en todo tipo de ámbito: gremial, local, provincial o nacional. Imagino que esta proliferación no solo ocurrirá a nivel de la sociedad civil que está fuera de las esferas de poder. Esa es la ruta que puede tomar mucha de la masa burocrática si empieza a “sentir” que Alianza PAIS y Rafael Correa están en la etapa descendente de su ciclo. 

La idea instintiva que está detrás es que, si las condiciones lo permiten, cualquier movimiento puede emerger como un proyecto político exitoso. Obvio que este periodo de ganado famélico que vamos a enfrentar, con toda su recesiva parafernalia de paquetazos, puede no parecer muy atractivo para un emprendimiento político. Pero nunca se sabe. Fue justamente con las crisis políticas o económicas que SP y AP llegaron al poder. Todos los movimientos y agrupaciones que aparecerán serán apuestas. Si alguna de ellas logra empatizar inteligentemente con la fibra sensible del electorado, de seguro habrá encontrado una fórmula y una llave que le abra espacios impensables de poder. Muy a tono con nuestra historia política reciente.

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