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11 de Abril del 2017
Historias
Lectura: 12 minutos
11 de Abril del 2017
Alexis Oviedo

Phd por la Universidad Católica de Lovaina. Ex investigador del Centro de Aprendizaje Continuo y Participación de esa universidad. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

La izquierda ecuatoriana, luego de su “ataque de nervios”

Foto: Luis Argüello, Plan V

Durante el lanzamiento de la candidatura de Paco Moncayo, el ANC tuvo su mayor momento de unidad. Luego de las elecciones esta se encuentra resquebrajada y el Acuerdo casi disuelto.

 

Es tiempo que la izquierda se diferencie del correísmo y de la derecha en el espacio de la Asamblea Nacional, y aunque mínima en número, sea capaz de posicionar en esa tribuna las demandas de las diversas organizaciones, colectivos y sindicatos, evitando diluir sus esfuerzos en las imposiciones de la mayoría o en las negociaciones internas. Pero por sobre todo, la izquierda debe superar su atávico sectarismo y su ceguera estratégica.

La mayoría de ecuatorianos mira al proceso electoral como el ejercicio político por excelencia. Sin que la política se reduzca a ello, es innegable que las elecciones reconfiguran la acumulación de fuerzas de los diversos partidos y movimientos. Se reestablecen ganadores y perdedores, no solo desde los números conseguidos, sino también desde la representación y la credibilidad. Por ejemplo, ¿Quién pensaría que el novedoso Avanza del 2014, ganador de la mayoría gobiernos seccionales, llegue a la debacle que vivió en estas elecciones, a partir de las malas decisiones políticas de sus líderes en el 2016? Una vez concluidas las elecciones, las diversas fuerzas políticas deberían realizar un análisis situacional. En este artículo se analizarán ciertos aspectos que podrían ayudar a las izquierdas con ello.

¿Qué perspectivas tienen las izquierdas que conformaron el Acuerdo Nacional por el Cambio (ANC), luego del 6.71% alcanzado por su candidato? ¿Qué posibilidades tienen de desarrollar el sueño de “vanguardia revolucionaria”, meta anacrónica pero vigente para algunos; de tener éxito en su tarea de organizadores del campo popular, para otros; o simplemente: ¿qué posibilidades tienen de ganar las elecciones seccionales del 2019, proyectarse a las del 2021 con voluntad de poder, o por lo menos tener un porcentaje de votos mayor al obtenido? Ciertas premisas que se exponen aquí, permiten contestar estas preguntas, tomando en cuenta que quiénes deben plantearse sus respuestas son los propios movimientos y partidos, desde una suerte de evaluación con la correspondiente autocrítica.

Lanzamiento de la campaña del ANC en la plaza de toros Belmonte, en el centro de Quito

La otra cara de la moneda, sin embargo, muestra los errores propios de la izquierda, nacidos desde la ambición. Legítima aspiración en tiempos electorales si es manejada con inteligencia, pero nefasta si viene con mezquindad.

El Acuerdo Nacional por el Cambio (ANC) fue uno de los logros que tuvo esta tendencia, desde su misma constitución. Fue la posibilidad de poner en debate una cromática de posiciones diversas y lograr una ”agenda básica de consenso” entre posiciones radicales y moderadas, respecto de diversos temas. Esta agenda permitió a su candidato incidir con propuestas novedosas en la contienda, e incluso algunos estudios como el de Burbuja Electoral, vieron a Moncayo como el presidenciable con el discurso más coherente. Sin embargo, en la campaña electoral moderna prima más la imagen y la narrativa del candidato antes que los programas.

La otra cara de la moneda, sin embargo, muestra los errores propios de la izquierda, nacidos desde la ambición. Legítima aspiración en tiempos electorales si es manejada con inteligencia, pero nefasta si viene con mezquindad. En la última coyuntura electoral primó lo segundo en la izquierda. Los partidos del Acuerdo compitieron entre sí por las curules de la Asamblea. Desde la norma electoral, el voto en plancha tiene mayor peso que los votos individuales, desde la lógica simple una lista conjunta acumula las diversas simpatías, pero desde la tozudez de las organizaciones del Acuerdo esto no se dio. No cedieron el nombre que encabece la lista y cada una se fue por su lado; incluso Pachakutik inscribió posteriormente candidatos propios en diversos sectores, rompiendo acuerdos iniciales.

Vilma Andrade, presidenta nacional de la Izquierda Democrática. Ahora como asambleísta nacional electa, no se ha pronunciado sobre si trabajará desde la oposición o con el bloque progobierno.

“Vanidad, mi pecado favorito” dijo Al Pacino, en El abogado del Diablo y con ella primando en la tendencia, ésta restó posibilidades. Ejemplos: con una lista única para Asambleístas Nacionales, formada por Wilma Andrade, Humberto Cholango y Lenin Hurtado, la representante de la ID, que logró su curul con 3.77%, sumaba el 2.67% obtenido por la lista de Cholango y el 1.60 % de Lenin Hurtado, con lo que el líder indígena conseguía un sitio en la Asamblea. Lo mismo ocurrió en las provincias: Natasha Rojas (UP) era la candidata con más posibilidades en el sur de Quito, pero PK en vez de invitar a sus adeptos a votar por ella, puso su propio candidato y no entró nadie de la tendencia en ese sector.

En Imbabura, José Chalá candidato de PAIS arrebata la cuarta curul a Enrique Ayala de la UP (10.86%), sin embargo, votos que pudieron ir con éste último, fueron al 7.84% de la Alianza PK/ID, “Juntos por Imbabura”. Podríamos seguir con más ejemplos…

Estos son algunos de los errores propios de una izquierda que no leyó con claridad las reglas de juego. Izquierda bobalicona que no identificó la capacidad de la maquinaria correísta en elecciones y que más bien le hizo el juego desde el clásico “divide y vencerás”. Izquierda inmadura que una vez más no pudo mirar estratégicamente.

Correa impuso a Lasso como “el finalista” convirtiéndolo en receptor de un “voto útil” que forzaba una segunda vuelta. Gran parte de este “voto útil”, provino de simpatizantes de Moncayo, sin el cual éste hubiera duplicado su votación.

Otros desaciertos van desde la posición de los mandos centrales de la ID, jefes de hacienda sin hacienda; pasan por la selección de un estratega de campaña sin contundente experiencia en campañas electorales o marketing político; y terminan con el nombramiento de una candidata vicepresidencial que no sumó nada en su región. A eso se añade Correa imponiendo a Lasso como “el finalista” convirtiéndolo en receptor de un “voto útil” que forzaba una segunda vuelta. Gran parte de este “voto útil”, provino de simpatizantes de Moncayo, sin el cual éste hubiera incluso duplicado su votación.

Desde otra óptica, podría verse el 6.71% como un triunfo, no necesariamente por la relación que esta cifra tiene con el total, ni porque remontó en más del doble a los puntos conseguidos en la elección anterior. Más bien porque los temas posicionados desde la agenda zurda fueron luego considerados por los candidatos finalistas, muchos de los cuales serán tomados en cuenta por el futuro gobernante. Y sobre todo porque se colocó un discurso y una candidatura en los cuales se vio reflejado un segmento importante de la sociedad, que no se representaba en la dualidad Correismo vs. derecha (CREO, SUMS, PSC-MCG).

El carácter electoral del ANC, hizo que este no trascienda hacia la dimensión estratégica de un Frente Amplio peruano o en un partido de segundo piso como el PT o el Frente Amplio uruguayo. Cualquier posibilidad de generar este tipo de estructuras, quedó más trunca el momento en que las diversas facciones del ANC y los aliados coyunturales (Centro Democrático) partieron aguas en el apoyo a los finalistas presidenciales. Sin embargo, habría para las izquierdas posibilidades de capitalización política si se organiza no solo a los que votaron por Moncayo y los candidatos locales de ANC, sino de otros segmentos identificados con la centroizquierda y los que en la primera vuelta ejercieron su “voto útil”

Desde una perspectiva simplista, se podría decir que del 51% de votantes por Moreno hay un 12% que lo apoyaron desde el rechazo a la propuesta de derechas de Lasso, o por percibir a Moreno más cercano a la izquierda. Del 20% que no votó por Lasso en la primera vuelta, muchos simpatizantes  de la izquierda y centro izquierda votaron por el candidato de CREO en rechazo a la prepotencia y continuismo correístas, indígenas de la sierra central y de la amazonía, la Unidad Popular, entre otros.

Además de ellos, entre la población que podría adscribirse a una creativa propuesta de un Frente Amplio de izquierda del Ecuador estarían muchos de los que votaron en blanco, del 6.32% que votó nulo y del 17.8% de ausentes, por lo que la izquierda desde sus distintas vertientes debería comenzar a capitalizar políticamente el proceso electoral. Es fácil identificar los sectores geográficos y estratos poblacionales que votaron por Moncayo y las listas de ANC/ID.

Ahora que ya concluyó toda la fase electoral, quizás un proceso dialógico-evaluatorio, que tenga como base los puntos acordados en el ANC, y que discuta además el tipo de estructura organizativa, podría ser el inicio de una propuesta de “unidad en la diversidad”. Si la formación de un Frente Amplio no está en la mirada de las izquierdas, de todas formas los partidos de izquierda existentes, movimientos, organizaciones —y sobre todo aquellos en proceso de legalización— deben decidirse a capitalizar desde sus propias construcciones discursivas, pero sin perder la perspectiva de poder.

El flamante presidente no tiene la aceptación plena de casi medio país, lo cual lo obliga a tender puentes con diversos sectores, entre ellos los que se consideran de izquierda o están cercanos a ella.

Por otra parte, en este momento pos electoral, el flamante presidente no tiene la aceptación plena de casi medio país, lo cual lo obliga a tender puentes con diversos sectores, entre ellos los que se consideran de izquierda o están cercanos a ella, tales como ecologistas, animalistas, organizaciones indígenas, sindicatos.  En estos procesos de diálogo, en especial en el primer año, la izquierda podría realizar procesos de articulación y por tanto de acumulación de fuerzas, posicionando con más libertad una agenda anticapitalista, como David Harvey invita a hacerlo. Tanto AP en la presidencia, como CREO desde la segunda fuerza  electoral, representan modelos tradicionales; el uno desde 10 años en el poder y el otro como representante del modelo clásico derechista, lo cual da un margen para ir construyendo la propuesta alternativa y figuras para las seccionales del 2019 y las presidenciales del 2021. Analicemos, sino, la gestación de la casi finalista peruana Verónika Mendoza.

Quizás es el tiempo de que la izquierda de un salto cualitativo hacia la diferenciación, lo que implica una inteligente y no ideologizada radicalización de su discurso. Muchos dicen que si Moncayo se mostraba radical pudo ser el Sanders ecuatoriano, pero el tiempo pos electoral no pelea votos, sino cambios en la correlación de fuerzas. Es tiempo que la izquierda se diferencie del correísmo y de la derecha en el espacio de la Asamblea Nacional, y aunque mínima en número, sea capaz de posicionar en esa tribuna las demandas de las diversas organizaciones, colectivos y sindicatos, evitando diluir sus esfuerzos en las imposiciones de la mayoría o en las negociaciones internas. Pero por sobre todo, la izquierda debe superar su atávico sectarismo y su ceguera estratégica.

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