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18 de Marzo del 2016
Historias
Lectura: 14 minutos
18 de Marzo del 2016
Redacción Plan V
La multitudinaria marcha a la que el luto del Aravá no detuvo

En las calles del Centro Histórico capitalino, miles de personas marcharon durante por lo menos tres horas en rechazo a la agenda laboral del Gobierno de Rafael Correa. 

 

Trabajadores, médicos, comerciantes, mujeres, estudiantes y un nutrido grupo de militares retirados se volcaron a las calles del Centro Histórico capitalino en señal de protesta contra las reformas en el trabajo, como la reducción de la jornada laboral y por ende, del salario básico, el seguro de desempleo y las licencias reproductivas, que el oficialismo aprobó con amplia mayoría en la Asamblea.

Los militares retirados habían sacado del baúl sus viejos uniformes. Un pelotón, comandando por el coronel (r) Mario Pazmiño, se había colocado unas boinas rojas en las cabezas y llegó, al trote, como en los tiempos del cuartel, al parque de El Ejido.


El coronel (r) Mario Pazmiño, ex jefe de Inteligencia Militar, encabezó un pelotón de militares en retiro con boinas rojas. 

El grupo de ex militares y sus familias era especialmente nutrido en la marcha que los movimientos sociales habían convocado contra las reformas laborales aprobadas por el Gobierno con su habitual y eficiente mayoría en el Legislativo. Las marchas en el Ejido son el termómetro de los sectores damnificados por el Gobierno: si durante la polémica por la supuesta "criminalización de la medicina" el grupo de médicos y estudiantes de medicina era especialmente grande, esta vez los ex militares y sus familias habían salido a la defensa del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (ISSFA).


Ex oficiales de las Fuerzas Armadas y sus familiares marcharon en señal de protesta por la situación del ISSFA. 

Entre los militares más conocidos estaban el general (r) Ernesto Pazmiño, el coronel (r) Patricio Haro, entre otros. El grupo de ex militares llegó con carteles, y uno de ellos lucía un antiguo casco de la infantería británica de la Primera Guerra Mundial mientras sostenía una bandera.

Entre los militares más conocidos estaban el general (r) Ernesto Pazmiño, el coronel (r) Patricio Haro, entre otros. El grupo de ex militares llegó con carteles, y uno de ellos lucía un antiguo casco de la infantería británica de la Primera Guerra Mundial mientras sostenía una bandera. 

La marcha fue creciendo rápidamente a partir de las 16:00. En la avenida Diez de Agosto, en la entrada del Edificio Matriz del IESS (al que los dirigentes insisten en llamar "La Caja del Seguro" no se sabe si por la forma o porque ahí funcionaba una dependencia ya desaparecida), un grupo de policías y agentes civiles de tránsito se preparaba para abrir paso a la concentración, que tenía la intensión de ingresar al Centro Histórico y llegar a la Plaza de Santo Domingo, al final de la calle Guayaquil. 

Los agentes de tránsito se mostraban apurados, intentando dar paso a los últimos trolebuses que van por esa ruta antes de cerrarla. A lo largo de la vía del trole, las obras de las nuevas paradas que construye el Municipio eran evidentes en montones de tierra y cemento y los manifestantes caminaban entre las obras municipales y se subían, a ratos, a las paradas provisionales puestas en la ruta. 


El grueso de la marcha estuvo conformado por sindicalistas de empresas públicas y privadas. 

Los canales de televisión, privados y del Gobierno, seguían como un enjambre a los dirigentes más mediáticos, en busca de declaraciones. Carlos Pérez Guartambel, presidente de la Ecuarunari, había llevado su saxofón y durante toda la ruta se dedicó a tocarlo con la tonada "Pobre Corazón", con la letra modificada con consignas políticas. Mientras Pérez tocaba para las cámaras, un Alberto Acosta de aire solemne explicaba a los medios los motivos por los cuales se debía rechazar la reforma aprobada por el Gobierno. Jorge Herrera, Salvador Quishpe y otros dirigentes de la Conaie formaban una pequeña delegación étnica, pues era evidente que, en esta ocasión, el grueso de los marchantes eran urbanos y mestizos. Pablo Serrano, presidente del FUT, también se hizo presente, al igual que otros dirigentes de la tendencia, como el ex rector de la Universidad Andina, Enrique Ayala Mora. 


Tocando su saxofón, Carlos Pérez Guartambel ofreció una peculiar "serenata al presidente". 


El ex rector de la Universidad Andina, Enrique Ayala Mora, estuvo entre los participantes en la marcha. 


Dirigentes gremiales, sindicales y de organizaciones sociales formaron la vanguardia de la marcha hacia el Centro. 

El impacto político de la tragedia del Aravá

El correísmo, horas antes, había anunciado que, por respeto a la memoria de los 22 militares fallecidos en el accidente de un avión de entrenamiento de paracaidistas tipo Aravá, que se estrelló en la Amazonía, no había a realizar la concentración que tenía prevista en la Plaza de la Independencia. El Gobierno declaró inclusive dos días de duelo nacional, con banderas a media asta, en homenaje a los fallecidos en la tragedía del Aravá. Las señales del luto nacional eran visibles en algunos edificios públicos, como en la torre del Gobierno Provincial del Pichincha o en la Dirección de Movilización de las Fuerzas Armadas en San Blas. En el edificio el Banco Central, el asta monumental lucía, en cambio, vacía. 


Militares en retiro mostraron varios carteles con alusiones a la tragedia del avión Aravá. 

Mesías Tatamuez sostenía insistentemente ante las cámaras que lo que ocurre es que el régimen está perdiendo el apoyo de sus sindicatos satélite, como la CUT, y por ello aprovechó la dolorosa coyuntura de la tragedia del Aravá para no convocar a sus militantes.

Para los convocantes a la concentración, en cambio, la ausencia de correístas en la Plaza Mayor capitalina tenía que ver muy poco con la tragedia de los 22 militares. Mesías Tatamuez sostenía insistentemente ante las cámaras que lo que ocurre es que el régimen está perdiendo el apoyo de sus sindicatos satélite, como la CUT, y por ello aprovechó la dolorosa coyuntura para no convocar a sus militantes. 

Mientras los mensajes políticos se enviaban por medio de las cámaras de los canales, la gente, mayormente urbana, iba llegando hacia el sector de "La Caja del Seguro" y la concentración se hacía cada vez más grande. 

"Banda de guerra" feminista 

Si bien los ex militares, con carteles como "Activos y pasivos deben estar siempre unidos", y con sus trotes de estilo cuartelero habían llamado la atención, eran de los menos bulliciosos y marciales. Un grupo de feministas tenía toda una batería de tambores y trompetas, que tocaban con impecable disciplina, como si fueran la vanguardia implacable de un ejército en guerra. El ruido de los tambores de los mujeres no le pedía favor a ninguna banda militar, y marcaban el paso de los ex soldados y sus familias. 


Con tambores, este grupo de feministas marcaba el compás de la protesta en la calle Guayaquil. 

Un grupo de médicos, con mandiles de hospitales públicos y privados, acompañados de grupos de estudiantes de medicina, también formaban parte de la marcha, pero el grueso de la concentración lo conformaban trabajadores de sindicatos públicos y privados, con banderas rojas y blancas y grandes carteles, así como integrantes de las organizaciones de comerciantes minoristas, y una nutrida delegación de la Unidad Popular (ex MPD) comandanda por la pareja de Geovanny Atariguana y Natasha Rojas y conformada por profesores y estudiantes de la Universidad Central y de colegios públicos como el Montúfar. Los colegiales con uniforme del colegio del sur de Quito eran un grupo grande, aunque no se podía ver casi ninguno del Mejía, su tradicional rival. 

Fue en ese sector de la marcha donde los periodistas de la Cámara de Comercio de Quito, Jean Cano y Gianna Benalcázar, denunciaron haber sido agredidos físicamente por un individuo con uniforme de la Universidad Central del Ecuador, que los acusó de "infiltrados". La foto del presunto agresor fue difundida en redes sociales por los comunicadores.


El presunto agresor de dos periodistas de la Cámara de Comercio de Quito luce uniforme azul de la Universidad Central (UCE) mientras toma fotos cerca del IESS.  

Pocos monigotes 

Esta vez, había pocos monigotes en la marcha, pues los protestantes habían preferido más los carteles. Estuvo, sin embargo, el infaltable ataúd y el cortejo fúnebre, estaba vez, con relación al IESS, pues un grupo de jubilados reclamaba por el retiro del 40% de los dineros de las pensiones jubilares efectuado por el Gobierno. 

Poco después de las 17:00, la marcha empezó a caminar hacia el Centro Histórico capitalino. Este portal pudo constatar que la presencia de los sectores sociales eran tan nutrida que tomaba por lo menos media hora verla pasar. La concentración avanzaba en medio de consignas, mientras se repartían periódicos como "Opción" cercano a la Unidad Popular y panfletos de clara inspiración marxista. Al entrar a las angostas calles del casco antiguo, la concentración se detenía por momentos. 

Serenata al Presidente

Al llegar a la esquina de Guayaquil y Chile, y frente a una muralla de policías con chalecos fosforescentes, trajes antimotines, vallas y un flamante trucutú, que impedían el paso hacia el Palacio de Gobierno, Carlos Pérez Guartambel se detuvo a darle al presidente una serenata con su saxofón.

Al llegar a la esquina de Guayaquil y Chile, y frente a una muralla de policías con chalecos fosforescentes, trajes antimotines, vallas y un flamante trucutú, que impedían el paso hacia el Palacio de Gobierno, Carlos Pérez Guartambel se detuvo a darle al presidente una serenata con su saxofón. "Pobre Rafael, entristecido, ya no quiere más, gobernar", coreaban Pérez Guartambel y sus seguidores ante la mirada impasible de la muralla de policías. Lo que paraba la marcha a momentos era que, en esa esquina, que se encuentra a una cuadra apenas de la Plaza de la Independencia, los dirigentes se detenían a gritar consignas en contra del régimen.

El blindaje del Palacio presidencial se extendía a lo largo de la calle Guayaquil,con piquetes de fuerzas antimotines que, inclusive, se habían atrincherado en los accesos del Palacio Municipal que dan hacia la Plaza Chica de Espejo y Guayaquil, para impedir toda posibilidad de que los manifestantes alcancen la sede del Gobierno.

Pero aparte de detenerse en la esquina de San Agustín a gritar consignas, los manifestantes no tuvieron mayores roces con la Policía y siguieron su camino hacia la Plaza de Santo Domingo, a la que la cabeza de la marcha arribó cerca de las 18:25.

Sin tarima, pero con pedestal 

Pablo Serrano y los dirigentes se colocaron en el pedestal del monumento al Mariscal Antonio José de Sucre, en el centro de la Plaza, se proveyeron de un megáfono y denunciaron que, a pesar de haber pedido y obtenido del Municipio capitalino el permiso para colocar una tarima en el sitio, la Intendencia de Policía de Pichincha desalojó a la fuerza a quienes montaban la tarima y el audio.

Tras la denuncia de Serrano tomó la palabra Tatamuez, quien sostuvo que no hay apoyo de sector sindical a las reformas del Gobierno, y que tampoco se ha producido una verdadera reforma agraria. Como no hubo tarima, la concentración salió del casco antiguo hacia el norte sin que se produjeran enfrentamientos, a pesar de los anuncios del régimen de que los protestantes buscaban "un muerto". Para las 20:00 la gran mayoría de los manifestantes se había retirado del Centro Histórico.


Los dirigentes de la protesta tomaron la palabra desde el pedestal del monumento al Mariscal Antonio José de Sucre. 

Manifestaciones en otras ciudades

En ciudades del interior de la República como Guayaquil, Cuenca, Ambato y Riobamba hubo también marchas en rechazo a las reformas aprobadas por el Gobierno. En las tres capitales provinciales las marchas recorrieron varias calles del centro y se repitieron las consignas de la concentración en Quito. En Guayaquil salieron del parque Centenario, mientras que en Cuenca llegaron cerca al Parque Abdón Calderón y quemaron algunas llantas en la Plaza de San Blas. La misma tónica se pudo apreciar en Riobamba y Ambato. 

 

 

 

 

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