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3 de Octubre del 2016
Historias
Lectura: 16 minutos
3 de Octubre del 2016
Redacción Plan V
En la plaza de toros, Paco Moncayo toma "la alternativa"

Fotos: Adriana Galvis

Paco Moncayo, junto a Vilma Andrade, Lourdes Tibán y Lenin Hurtado, mientras cantan el Himno Nacional, en la plaza de toros Belmonte.

 

En una multicolor plaza de toros Belmonte, el general Paco Moncayo fue proclamado candidato presidencial del Acuerdo Nacional por el Cambio. Con los tendidos llenos, las banderas de diversos partidos y movimientos se mezclaron. Algo poco común en la política ecuatoriana. Moncayo arranca una campaña presidencial a sus 75 años de edad, apoyado por la izquierda antocorreísta, los movimientos sociales, gremios y los partidos del centro, como la ID, Suma y otros.

Antes de iniciar el festejo político programado a las nueve en punto de la mañana, el general Paco Moncayo, que iba a "tomar la alternativa", arropado por los movimientos sociales, la Izquierda Democrática, Pachakutik, Unidad Popular y otras veinte organizaciones y movimientos politicos, tuvo un primer encontrón con sus aliados en el sótano-parqueadero, de la Plaza de Toros Belmonte, que va a cumplir cien años de historia y cuyas viejas y taurinas gradas y alojaban ahora a cientro de enforverizados simpatizantes con banderas de todos los colores. 


Toma general de la Plaza antes del inicio del acto. Estuvo completamente llena.

El aforo del antiguo del coso de San Blas, un barrio tradicional del centro de Quito, tiene 3000 puestos y estaba repleto. En la arena, donde miles de tardes de sangre y sudor se enfrenaron matadores y astados, había unas mil sillas, para recibir a los dirigentes de las organziaciones del Acuedo Nacional por el Cambio. También estaba repleta. 

Mientras las gradas estaban colmadas, la mitad de ellas por parte de una nutrida y bulliciosa barra de la Unidad Popular (exMPD), debajo de las mismas se daba la discusión. Los principales líderes del ANC, léase Enrique Ayala Mora, Gustavo Larrea, Alberto Acosta, Lourdes Tibán, Lenín Hurtado, Solanda Goyes, Pablo Serrano, Jorge Herrera, Luis Caicedo, Vilma Andrade, entre otros estaban enfrascados ya diez minutos en un debate sobre quién y cómo salían a la plaza. Eran casi las diez de la mañana y un trío musical se había encargado de poner el toque de música nacional al evento. Puro pasillo y sanjuanito, nada de Venceremos, ni Comandante Che Guevara. La tarima estaba dispuesta, con una pantalla gigante en la parte posterior, y los conductores, Carmen Andrade y Juan Carlos Boada tenían listo el guión de la coreografía que estaba por presentarse.


Banderas y militantes de Unidad Popular, que ocuparon medio tendido.

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Banderas de la ID y de un movimiento provincial. El colorido mostró la diversidad política del acto.

El debate se demoraba y acaloraba. Lourdes Tibán no participaba de ello porque todo el mundo le pedía fotos, selfies y autógrafos. "Ya parezco la primera dama del Paco", dijo entre las risas de todo el mundo. Ese sería el primer indicio de la actitud de una líder indígena que mostraría su sangre liviana, su buen humor y destellos de alegría en una mañana gris. 

Entonces, el general Moncayo, personaje central de la escena, paró en seco la discusión del oscuro parqueadero y como buen comandante ordenó: ¡vamos! Y fueron. Tras él todos los demás, respetando en la prevalencia a los exprecandidatos, Tibán, Hurtado y Andrade, que habían declinado sus aspiraciones para bien de la unidad de la izquierda y la socialdemocracia. 

Aplausos, cientos de banderas de los partidos y del Ecuador, globos, consignas por los altoparlantes: se ve, se siente, Paco Presidente... La caso docena de líderes del ACN no hubieran tenido dónde sentarse en la primera fila delante de la tarima. Eso porque un grupo de espontáneo se había situado en los lugares de privilegio y no había poder humano que los levante. No se levantaron a pesar de los pedidos en todos los tonos. Así que les pusieron un fila de sillas por delante.


Enrique Ayala Mora, del Socialismo Revolucionario y coordinador del ANC, junto a David Rosero, de Unidad Popular.

En la arena, como invitados especiales, estaban decenas de dirigentes sociales y políticos. Los de la vieja y nueva guardia de la ID hacían su ingreso con sus chalecos y camisetas naranjas, Pachakutik co sus atavíos y arcoiris; Democracia Sí con camisetas blancas, Nosotras por la Democracia con sus tonos lilas y morados. Ahí llegó Andrés Vallejo Arcos, con María Paula Romo a su lado, una escena que se ha vuelto recurrente. Ahí estaban Acosta conversando con los dirigentes de la Conaie, y Gustavo Larrea enfrascado en diálogos con gente de la ID o dando entrevistas. Además, una serie de operadores políticos que conversaban siempre en tono conspirativo.


Jorge Herrera, presidente de la Conaie dialoga con Giovanni Atarihuana (de espaldas) antes de iniciar la convención.


Natasha Rojas (izquierda) y Mery Zamora, de Unidad Popular.

Enrique Ayala arrancó la serie de discursos, que en principio serían nada más que nueve. Antes se la plaza había entonado el himno nacional, todos de pie, el general Moncayo con la mano izquierda en el corazón.

Dos días antes otro debate intenso había quedado en que no todos podían hablar en la tarima y que "solo" 21 dirigentes harían uso de la palabra. Ayala, fogoso orador, no tardó ni cinco minutos para introducir el acto y levantar el ánimo de los asistentes. Como coordinador del ANC destacó el arduo proceso de unidad y los generosos renunciamientos de los partidos de la izquierda para permitir el amplio frente con partidos del centro. Dijo que esa unidad del ANC no era fruto de acuerdos de escritorio, que había nacido en las calles y plazas del país durante las luchas nacionales del 2014 y del 2015, y "aquí estamos, sin sánduches ni plata malhabida". Aplausos. 


Raúl Illaquiche, dirigente de Pachakutik y Jorge Escala, de Unidad Popular.

Luego se habrían de suceder los discursos: Pablo Serrano en nombre del Frente Unitario de los Trabajadores; Rosana Palacios, presidenta de la Unión Nacional de Educadores. Ella, de figura menuda  subió al estrado envuelta en la bandera de la UNE. Un discurso emotivo, fogoso, sentido. Dijo que ahí estaban todos a quienes el correísmo quiso desaparecer y no pudo. Quienes han resistido. Emtregó la bandera al general Moncayo, pidiendo su restitución apenas sea presidente. Todos en el bloque de la Unidad Popular se pusieron de pie para apludirla. En el bloque de la ID se quedaron sentados. 


Alberto Acosta y Julio César Trujillo (derecha).

Jorge Herrara, en nombre de la Conaie, ataviado con su sombrero negro y camisa blanca, volvió a insistir en que el ANC debía su consolidación a las luchas callejeras, especialmente las de agosto del 2015, que obligaron a Correa a renunciar a la reelección indefinida. En los corrillos de la plaza, esa insistencia en el discurso sobre las movilizaciones se interpretaba como un mensaje recordatorio a la dirigencia de la ID, ausente de las mismas. Herrera remató con una exigencia, la primera de varias que se la harían a Moncayo: no queremos más arrepentimientos, general. 


María Paula Romo conversa con un delegado de la ID antes de que empiece el acto.

Una casi afónica Solanada Goyes, en nombre del feminismo ecuatoriano y del colectivo Nosotras por la Democracia, tomó la palabra. Su discurso tuvo la dudosa virtud de bajar los ánimos exaltados por los dos discursos anteriores. Ella la emprendió contra la realidad de la violencia contra de las mujeres y citó datos de violaciones y feminicidios que, paradógicamente, hizo a muchos bajar la mirada.  La euforia cayó casí a cero mientras Goyes pedía, también, la general que esa realidad debía cambiar en su presupuestado gobierno, y exigió la eliminación de la criminalización del aborto en medio de aplausos de media plaza. 

A Vilma Andrade no le fue mejor. Aunque su discurso era esperado por ser la presidenta de la ID, su tono fue monótono y plano. Se refirió más a la figura de Paco Moncayo y en el diálogo como base de la unidad, quizá previendo futuros desencuentro. Así cayeron los ánimos y tampoco la voluminosa presencia del líder y precandidato de Unidad Popular, Lenín Hurtado, podría levantarlos. Un discurso ideológico destacó que esta década solo había sido ganada por aquellos que hicieron sus grandes fortunas, y advirtió que pronto tendrían que justificarlas. Aplausos. Se refirió a su padre, el líder negro Jaime Hurtado a quien rindió homenaje. 


Gustavo Larrea, de Democracia Sí, Geovanni Atarihuana, de Unidad Popular y Luis Caicedo, de la Izquierda Democrática.

Sería otra mujer, indígena, Lourdes Tibán, quien con sus resplandores de alegría y buen humor devolvería la algarabía en los tendidos. Empezó su discurso en quichua y al final de varias frases habló del mashi Paco Moncayo. Aplausos del tendido. "Sí saben quichua, no? Parece que en diez años de sabatinas algo han aprendido". Risas. El quichua es un idioma sagrado, dijo ya en tono más solemne, y no sirve para insultar ni ofender, sino para llevarse bien entre todos.


Lourdes Tibán se roba la película con una intervención llena de humor.

Anunció que cuando Pachakutik la nombró como candidata presidencial empezó a hacer su gabinete, y que Paco Moncayo sería su ministro de Defensa. Aunque también pensaba en el general René Yandún, ahí presente. Y que Ayala Mora iría al Senescyt, entre otras nominaciones. Pero cuando escuchó que Moreno y Glas iban por más, del puro susto y como mujer orgánica resolvió junto con la Conaie y PK que el general Moncayo era el más indicado para dar esa pelea. Y que ella estaría junto al general: yo me voy con Paco a donde me lleve. Lo obligó entonces a subor a la tarima, y un atlético general, con las mangas de la camisa arremangadas, recibió la wipala, el arcoiris de la identidad, junto a las palabras de Tibán: aquí esta niestro símbolo, Paco, te pido que lo respetes, porque si no lo respetas yo seré la primera en estar en las calles para reclamar. Y no me vas a criminalizar por eso. Un estrecho abrazó selló el gesto simbólico. 


Enrique Ayala entrega la "bandera de la victoria del 95" al general Moncayo. Lo propio hace Tiban con la wipala, bandera de la Conaie y del movimiento indígena.

Con el ánimo levantado bajo la amenaza de lluvia, la plaza se dispuso a recibir a Paco Moncayo. Lourdes se retiró. Moncayo retornó a su asiento mientras Enriqe Ayala, leía las resoluciones del Acuerdo Nacional y pidió votación para nominar al general a la Presidencia de la República. Toda la plaza respondió con las manos en alto y con un rugido. También se aprobaron los mencanismos de la campaña, que en esencia señalaban el acuerdo para presentar listas conjuntas en las provincias mientras que en las listas nacionales cada partido, con número, presentaría los mejores cuadros. 

Así, una vez nominado, Moncayo subió a la tarima, acompañado por una veintena de jóvenes de diversas partes del país, portando banderas del Ecuador. Aunque no se pudo evitar que uno que otro espontáneo de algún partido subiera también a lucir al disimulo los colores de su tienda política. Ayala, con su oratoria inflamada, tomó la bandera y le dijo a Moncayo: tome esta bandera, así como la condujo a la victoria del 1995 (en la guerra del Cenepa)  el pueblo le da la orden de que la conduzca a la victoria del 2017. General Moncayo, vaya a ganar. Aplausos, baderas y consignas. La plaza estaba para estallar.


El tango de la unidad. Enrique Ayala abraza a Moncayo y le ofrece el micrófono para el discurso de aceptación de la candidatura.

El discurso del general, que suele ser monótono y en todo profesoral, resumaba exaltación. Aunque en un momento de sus 15 minutos cayó en la tentación de dar una cátedra sobre la democracia y explicar ciertos conceptos, también improvisó, tomó la bandera, alzó la voz, levantó al público y terminó con un Viva la Patria, a la usanza de Jaime Roldós. No habló de un plan de gobierno, sino que en términos generales, estuvo acorde al momento: un acto simbólico donde dijo que en su larga vida de servicio al país, jamás le dio la espalda al pueblo. Y reconoció la generosidad de los partidos políticos de renunciar a sus aspiraciones particulares para pensar en el Ecuador. Los invitó a seguirlo haciendo y abogó por una campaña limpia, sin insultos.

El acto en el cual Moncayo, en términos taurinos, tomó la alternativa, terminó a las 12 en punto. Un minuto después un aguacero se precipitó sobre el sector de la plaza Belmonte. Aunque no se cumplieron todos los previstos en esta coreografía política, todos quedaron satisfechos. En redes, la etiqueta #PacoPresidente, superó con el doble a la de Lenín Moreno, pero el oficialismo tomó una ventaja a todas luces ilegal: usó los medios públicos e incautados para trasmitir en vivo su acto proselitista. Con la complacencia y el silencio del Consejo Electoral y la Contraloría, y porqué no, de la oposición, que ha guardado silencio sobre este hecho. 


Momento en el cual Moncayo es proclamado candidato del Acuerdo Nacional por el Cambio y la ID.

Para el Acuerdo Nacional por el Cambio quedan tareas pendientes, las más duras. Nombrar binomio. Eso será  a fines de octubre, pues se tomarán este mes para aprovechar el envión del general Moncayo y consolidar su figura. Se apostará como estrategia a destacar su hoja de servicios, mientras que se negocia con SUMA, del acalde de Quito Mauricio Rodas y Guillermo Celi, y con Centro Democrático, de Jimmy Jairala, un acuerdo político con vistas a un binomio costeño ...o costeña. Jairala era hasta hace poco uno de los líderes de apoyo al correismo y un hombre fuerte del oficialismo en el Guayas rural. 

Lo otro es conformar el aparato para la campaña electoral. Voceros de la campaña de Moncayo, dijeron extraoficialmente que esa es una desventaja del ANC frente a candidaturas del oficialismo y la centro derecha, pues sin un aparato de campaña poco o nada podían hacer para aprovechar el crecimiento del general Moncayo, que sitúan en un 12% para arrancar la carrera a Carondelet.

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