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3 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 31 minutos
3 de Noviembre del 2014
Luis Verdesoto Custode
Cientista político, catedrático en varias universidades de Ecuador y Bolivia. 
La Presidencia perpetua de Rafael Correa

Foto: Presidencia de la República

Como decía Perón: “la llave de este negocio me la llevo en la mortaja”. El caudillismo no tiene sucesores posibles y esto ha desarmado las posibles candidaturas para suceder a Rafael Correa. 

 

En las enmiendas no propusieron un período presidencial adicional, como en su momento lo hicieron Fujimori o Uribe. La apuesta (lenguaje que curiosamente han dejado de usar) es infinita, siendo, la única limitación la vida del presidente (Como los presidentes africanos: Mugabe, por ejemplo). Como los reyes.

Ocultarse tras el feriado fue un hecho simbólico. Como en las dictaduras militares surgidas de las vacaciones de carnaval, esta vez fue la decisión de la Corte Constitucional, mera prolongación de Carondelet, agazapada en el inicio de feriado, para que el descanso obligatorio ablandara el golpe. No lo podía hacer de cara a la opinión pública. Sabía de la oposición generalizada de la ciudadanía. Tras el símbolo hay una relación política costo-beneficio. La coyuntura es la materia de este artículo.

Analicemos la circunstancia política desde esa perspectiva. Es decir, las difíciles agendas gubernamental y social que se abrieron con la consagración de la reelección presidencial indefinida. La pregunta que nos guía es: ¿estamos frente a un punto de inflexión del ciclo de iniciativas y vital del régimen tanto como del repliegue y contención de la sociedad civil y de la sociedad política? Nada está dicho. Todo está por hacerse. Pero ¿Qué condiciones están dadas?

La sucesión presidencial es un nudo gordiano. La herencia política sólo tiene una salida para el régimen y para PAIS. La reelección presidencial indefinida. He sostenido que la adicción al poder –justificada de mil formas- tiene, inicialmente, un respaldo ideológico. Una vez que hemos logrado el poder (para el pueblo y el pueblo es Correa y PAIS) no lo soltaremos nunca, dice, en suma y edulcoradamente el discurso oficial. Y prosigue. Porque tenemos la razón histórica (de esa, la razón sofista, y de la historia destinada, solo a nosotros, Gobierno y PAIS). Ahora se adiciona una nueva columna ideológica. Estamos seguros de que nunca dejaremos el poder. Porque somos los dueños de la moral revolucionaria (casi emisarios divinos o enviados bíblicos).

Una vez que hemos logrado el poder (para el pueblo y el pueblo es Correa y PAIS) no lo soltaremos nunca, dice, en suma y edulcoradamente el discurso oficial.

En esas dos columnas ideológicas encontramos los cimientos, porque nunca piensan en los acuerdos y solo piensan en cómo aniquilar definitivamente a los adversarios, sus enemigos en ese proyecto.
Las dos columnas se fusionan en la reelección presidencial indefinida. Y en la reelección indefinida de todo el personal político, que presumen, que mañana o poco después, será todo de PAIS. En las enmiendas no propusieron un período presidencial adicional, como en su momento lo hicieron Fujimori o Uribe. La apuesta (lenguaje que curiosamente han dejado de usar) es infinita, siendo, la única limitación la vida del presidente (Como los presidentes africanos: Mugabe, por ejemplo). Como los reyes. Aunque el linaje no es la sangre sino la mayoría, la que siempre se puede “construir”. Además, lo importante es la Presidencia, pues el carisma del gobernante autoritario -para utilizar el lenguaje de Weber- es la única garantía para los renovados garantistas de los últimos años.

El caudillismo político y el populismo económico tienen nombre y apellido. La forma de gobernar y la personalidad del personaje hicieron que no pueda existir sucesión política posible. Como decía Perón: “la llave de este negocio me la llevo en la mortaja”. Y así será. La distancia de los segundos –los aspirantes- es diametral frente al jefe, al número uno, que no tiene ni número dos ni tres. Nunca podrá haber sucesión, cuando a los “delfines” les ha sido succionada toda su sangre y su energía política. Han debido entregarla al señor presidente, a quien “no informan bien”, se equivocan, trastrabillan y, en todo caso, son fichas de un tablero cuyo protocolo es la lealtad y no la capacidad. Y el pueblo lo sabe. Lo reconoce.

Mientras no había propuesta de enmiendas, la corte se movía intensa y disimuladamente. Recordaba a las cortes españolas medievales. Nadie podía matar al rey pero todos aportarían con una pequeña herida. Pero luego vino el acabose. La decena de auto-proclamados sucesores se cubrió de barro cuando surgió la instrucción de la reelección presidencial indefinida. ¿Acaso alguno de ellos cree que todo este esfuerzo político es meramente preventivo? ¿Para cuidar las espaldas al “proyecto” por si no encuentren o fabrican sucesor? ¿O que el presidente decida por su familia antes que por la patria? No son ilusos. Lo saben bien. Pero no se irán. Fuera del círculo presidencial, no hay poder. Porque el poder es el carisma.
Así, los candidatos a sucesor perdieron doblemente.

De un lado, PAIS es una confederación de intereses, que no podrá mantenerse cohesionada sino ante la posibilidad cierta del ejercicio del poder. La cohesión es la centralización en el caudillo de la asignación de recursos económicos y políticos para todos ellos, con la condición de que ninguno quiera sobresalir más que los otros. O acortar distancia con el “dueño” del poder. Sin el caudillo, PAIS se desbandará.

De otro lado, después del 17S, el acompañante presidencial ya no podrá ser de Guayaquil. Deberá responder a las provincias, en especial, de la Sierra. Las espaldas presidenciales para elegir a quien quiera, ya no son lo bastante robustas como para hacer “su regalada gana”. El primer desahuciado fue el vice-presidente Glass, que además de otros hechos, dejó de ser engendro de delfín y pasó a ser, desde ya, futuro ex delfín. Los otros del “grupo de Guayaquil” (expresión que no pretende ser regionalista sino descriptiva) no llegaron a ese estatuto. Quedan pocos. Pero que a ninguno se le ocurra aspirar a la Presidencia. Que los restantes solo sueñen con la herencia electoral. Y a que les presten la llave antes de que el caudillo la sumerja en un doblez de su mortaja (que les asesoren los velasquistas que aún viven de la añoranza). 

En suma, los costos de la sucesión son altos. Pero no existen alternativas. Cortar el nudo gordiano implica altos costos. Pero no existe otra para mantener los beneficios. Es la lógica del adicto. Siempre requiere más poder y corre más riesgos. Y todos, uniformemente, seguirán tras el caudillo, recogiendo el rebabe de poder.

La economía es un condicionante, pero no el gran elector. En nuestras economías dependientes de la renta petrolera (Ecuador lo es menos que Venezuela), la consecuencia política de la renta puede ser letal para el régimen. El mercado es canalla al respecto. Pero, por el momento, no es el caso ecuatoriano. El presupuesto de este año y el del siguiente están financiados. Con altos costos de endeudamiento externo e interno. El régimen no tendrá otra fuente que acudir al mercado internacional de papeles. Pasó la coyuntura de aspirar a la inversión externa convencional y a la inversión de China, Rusia e Irán. ¿Qué necesidad política debe cubrir el régimen con el refinanciamiento del presupuesto? Veamos.

El presidente es el “adalid” de ese gasto y él se preocupa, cada sábado, durante tres horas y media, de insistir ante la población que cada dólar gastado pasa por su decisión y su magnanimidad.

Estos primeros siete años de Revolución ciudadana han sido exitosos –como lo han sido en el resto de países de América Latina gobernados por la izquierda o la derecha- por la utilización política y electoral del gasto público. Ecuador es el primero en gasto público per cápita de la región. El crecimiento del gasto del Ejecutivo ha permitido crecimiento económico (no sustentable, a mi criterio, pues no densifica a la producción nacional sino solo estimula el consumo), el gasto social (cuyos nuevos escalones son cada vez más costosos) y el clientelismo territorial (la localización de obra pública en las provincias y cantones). El presidente es el “adalid” de ese gasto y él se preocupa, cada sábado, durante tres horas y media, de insistir ante la población que cada dólar gastado pasa por su decisión y su magnanimidad (que es compensación al apoyo electoral y, al mismo tiempo, escarmiento para quienes no votaron por PAIS).     

En esta lógica patrimonial del gasto público –el Estado y su gasto es propiedad del Presidente y de la Revolución ciudadana- que tuvo éxito por el “espectáculo” de obras públicas que nos ofrecieron, también tiene efectos perversos. Expliquémonos para pensar la coyuntura.

No solamente ha habido derroche de dinero sino de ofrecimientos. El futuro de felicidad del “biosocialismo republicano” ya llegó de la mano presidencial y de PAIS para incrementarse hasta arribar al paraíso. La gente cree en los ofrecimientos. Y ensancha su demanda geométricamente (la lógica derivada del paraíso). Entonces, sólo se perciben mayores déficits que logros. Así, los ciudadanos –o los clientes de PAIS que para el efecto son lo mismo- entran en el camino de una reivindicación incremental. Ubican a los responsables de los “logros fracasados”, que no serán otros, en primera instancia, que los delegados políticos del presidente, los agentes locales de PAIS y sus aliados. Les dijeron que el nuevo Ecuador era de la conducción presidencial y que la gente podía subirse en ese carro. Que había mucho, mucho más.

Pero cada vez alcanza para menos (porque los comodities son bajan y las demandas suben). Así, frente a una torta cada vez más pequeña, se agudiza la disputa. “Mis” vacas gordas me hicieron popular, dice la propaganda oficial, expresado en mi lenguaje. Como resuelvo, el sostener creíblemente que las vacas flacas son ajenas, piensa la angustia oficial. Quizás el imperialismo, la globalización, la banca, los medios…

Los planificadores gubernamentales sabían que el excedente público no es infinito. Que un día no podrían seguir extrayéndolo de las fuentes impositivas, por razones económicas (el aparato productivo se detiene si se apela indefinidamente a impuestos directos) o por razones políticas (la reacción del público puede ser explosiva si se acude a nuevos impuestos indirectos). Entonces debían acudir a una forma de ahorro (pues ya se comieron todos los fondos que podían tener esa función). Y esa forma fue el reemplazo de la matriz energética (que conste que no estoy en contra, salvo en los casos de manifiesta mala administración).
El cálculo (con sabor a apuesta) fue que el momento en que las hidroeléctricas entren en actividad dejarián un ahorro sustancial para el Gobierno. Este momento debe coincidir con el tiempo político. Y reparar la cierta baja producida por haber desacelerado la inversión social y dedicado el excedente al cemento hidroeléctrico. La apuesta está corriendo. O coinciden el tiempo económico de la inversión y el tiempo político de las obras espectaculares y el 2017 habrá reelección presidencial, o no coinciden, y que a todos los ecuatorianos “nos agarren confesados”. Pues este país será un zafarrancho. Eso que llaman la disputa por el excedente...

Ese cálculo presidencial y de sus acólitos planificadores no contaba con un ambiente económico externo adverso. El precio del petróleo puede bajar más allá de los altos rangos que constan ahora en el presupuesto. Y desajustar a la fórmula de “alta” economía-política. Esto es, obligar a una desinversión social –ya que no podrá incrementarse en el ritmo y los temas deseados por la fórmula- con sus consecuencias de credibilidad y aceptación. Económicamente no tendrán problema para conseguir recursos a cualquier costo. Pero que tendrán que destinarlos a las hidroeléctricas, para que lleguen a cumplir su rol político. Y su rol económico. No existe otra.

El principal problema político de la economía ecuatoriana será la contención del derroche. Los servicios de salud deberán tener amplias y nuevas salas para el tratamiento de la adicción al gasto.

Pero la situación internacional obligará a medidas contra-cíclicas, que me huelen bastante convencionales y gastadas para el medio. De lo poco que se sabe, acudirán, una vez más, a la construcción para salvar el empleo y con la esperanza de arrastrar efectos en la economía real. ¿Más construcción? Para la clase media, difícil. Ya llegó a límites en su demanda. Para los sectores populares, deberán incrementar subsidios y salarios. Las plataformas gubernamentales. Pero esas no tienen retorno tangible en el corto plazo. Quizás inventen la “chatarización” de los nuevos puentes en el oriente y los vuelvan a construir. Ya en serio, el tema de las medidas contra-cíclicas de los bisoños economistas “cortesanos” no parece fácil.

En suma, el principal problema político de la economía ecuatoriana será la contención del derroche. Los servicios de salud deberán tener amplias y nuevas salas para el tratamiento de la adicción al gasto. 
Las estériles coaliciones políticas y las fértiles coaliciones sociales. Un día nos despertamos con la más grande “troncha” política gubernamental. Más de una decena de grupos políticos sin afinidad habían constituido un frente cuyo nombre no puedo recordar. Fue efímero. Como cuando en los barrios se juntan los de calles diferentes para tratar de jugar un campeonato de fútbol.

No pasaron, los del Frente Amplio de Defensa del Empleo Público (pongamos este nombre provisional) de la redacción del estatuto deportivo. No pudieron ponerse de acuerdo. Porque yo no figuro en la misma cama, compartiendo objetivos, por ejemplo, al partido del Prefecto de Manabí con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Me apenó, fuertemente, debo confesarlo, mirar como retrocede AVANZA.

Había logrado una parcela de poder local, pero PAIS astutamente los “encarceló” en los confines de otros, que no son sus pares, pero que le impondrán sus criterios. En fin, me pregunté, si se pueden juntar ellos entre dispares, por qué no la oposición.

El Gobierno vive de la incapacidad de la oposición política para elaborar estrategias. Pero fundamentalmente de su inefectividad política. Que no solo depende de su astucia sino de la capacidad de contención del caudillo, “al que no le entran balas políticas”. Algunos se dedican a crear agendas y construir el escenario. Pero otros a bordar una hipotética banda presidencial. Falta renunciamiento y sentido estratégico. La historia les cobrará la cuenta de no ponderar adecuadamente la significación de cada coyuntura. De esta coyuntura. 

Tanto en el Gobierno como en la oposición social hay fertilidad. Mucha.

El Gobierno, luego de su estruendosa pérdida en las elecciones locales, ha sabido sutilmente acercarse a los empresarios que han aceptado la sumisión y el control a cambio de incrementar la ganancia. El incremento del consumo y las ganancias de los proveedores tuvo sus resultados a lo largo de estos siete años.

Un primer segmento de empresarios que se convirtió en base social del Gobierno a partir de la apoliticidad cómplice de la coyuntura de ganancia extraordinaria.

Un segundo segmento de empresarios ha sabido acomodarse a las actividades de promoción del sector externo, fundamentalmente el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Lo veremos avanzar más en el futuro mientras se abran nuevos acuerdos comerciales, especialmente en el área pacífica (Supongo que para estos efectos el presidente Correa no es un “lacayo” –por excepción amistosa- según el calificativo del presidente Morales a los presidentes que se acerquen a esa área).

Me he preguntado –y esta es una cuestión académica y política- cómo están conformados los grupos económicos de Ecuador, que el Gobierno pudo enfrentarse, sin bajas, con el empresario más poderoso, que talvez ya no lo era tanto, Alvaro Noboa.

Y el tercer segmento de empresarios está formado por los beneficiarios de la “sustitución selectiva de importaciones”. Todos sabemos que la sustitución de importaciones es un proceso de más honda complejidad y de variados enlaces, que va más allá de la protección de mercado. Pero también sabemos que la protección de mercado genera unas ganancias, que bien valen el sustento político al régimen.    

Me he preguntado –y esta es una cuestión académica y política- cómo están conformados los grupos económicos de Ecuador, que el Gobierno pudo enfrentarse, sin bajas, con el empresario más poderoso, que talvez ya no lo era tanto, Alvaro Noboa. Y cómo se enfrenta con los principales bancos afectando sus utilidades y ofreciendo a los grupos regionales promocionar su ascenso a la primacía financiera. Allí hay una trama de cultura y práctica empresarial y de discurso y práctica gubernamental. Pero es materia de otro texto.

La oposición social hizo su debut el 17 S. Exitoso. Reconocido internacionalmente más, incluso, que nacionalmente. Generó estertores gubernamentales y respuestas rápidas. Dieron marcha atrás con el Código Laboral. Pero tienen el garrote escondido en la espalda. Lo usarán al primer descuido de los trabajadores. Divisionismo, por lo pronto. El 15 de noviembre habrá una marcha en Guayaquil, para decir que también hay sindicalismo verde-flex. Y para desplegar nuevas banderas que opongan a la masa indiferenciada, más difusa, electoralmente manipulable contra los trabajadores organizados.

Pero ya antes, de modo menos conciso y más heterogéneo, la oposición el 23 F dio un duro golpe al paraíso de la felicidad. Es cierto que las oposiciones son muchas. Pero hay un gran unificador. Los territorios están sujetos a un duro asedio por el Gobierno nacional, que los chantajea. Los alcaldes y los prefectos deberán dar pruebas de hasta donde ha llegado su madurez política y si están capacitados para hacer respetar los grados de autonomía que consiguieron. O si se están dispuestos a someterse al control y sumisión. Su reproducción como políticos locales está en juego. Su carrera política puede truncarse si no reconocen las nuevas condiciones del país. Y las demandas de la ciudadanía.

En suma, los sustentos sociales del régimen y de la oposición han cambiado. El régimen ha conseguido que un grupo importante de empresarios intercambie la posibilidad de pensar con su propia cabeza y representarse en la política, por una bolsa económica de jugosas aunque circunstanciales ganancias. La oposición ha perdido algunos de sus componentes y ha ganado sindicalistas y territorios. La disputa ideológica en la sociedad se sitúa más bien en el centro. La disputa práctica se sitúa en la capacidad de la oposición para orientar a la espontaneidad popular y de los sectores medios asediados por la incertidumbre que será incontenible para el Gobierno.  

La desdichada globalización acosa al paraíso. La coyuntura internacional está formada por los “malos” y acosa a los “buenos”, sobre todo si hacen tan bien las cosas. Vean el caso de Venezuela. Hace tan bien sus tareas de gestión, especialmente económica, y le castigan teniendo que importar petróleo, pese a sus reservas, las primeras del mundo. También esos vientos soplan con los “buenos” ecuatorianos.

Hay que abrirse en dos direcciones nos dicen nuestros “faro, luz y guía” internacionales. Desde el sur hacia el sur y desde el sur hacia las economías emergentes (BRICS). Los primeros porque ese intercambio es digno y justo, fortalece a la integración y podemos ofrecer nuestro liderazgo. Los segundos porque frente al descenso de occidente –léase Estados Unidos y la Unión Europea- surgen los países BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- que les disputan hegemonía. Y como les disputan hegemonía económica a los malos, son automáticamente buenos. No importa la democracia de su interior ni su posición frente a la democracia internacional. Hay que alinearse. Pronto. Como en la “guerra fría”. Somos un “ejemplo planetario” y podemos ser un “jugador planetario”. No coments…

La desdichada globalización acosa al paraíso. La coyuntura internacional está formada por los “malos” y acosa a los “buenos”, sobre todo si hacen tan bien las cosas. Vean el caso de Venezuela.

De pronto dejamos de escuchar de Rusia e Irán en nuestros medios. Están en otros juegos. Parece que los temas de Crimea y el Estado Islámico atraen su atención. Pero fundamentalmente reformulan su juego de alianzas geopolíticas. La consecuencia con América Latina pareciera no ser tan sólida. Más claro es el tema de China, que reduce su demanda de materias primas y su oferta de financiamiento (de inversión siempre fue baja). Acá no podemos sentirnos engañados. No comprendemos cantonés ni su gestualidad.

Brasil es otro tema. Mientras Ecuador se apresta a encontrar donde queda Brasil en el mapa (para poder ubicar con precisión dónde invertirá en un sólido edificio de cemento para su embajada), Brasil se dispone a suturar sus heridas de campaña electoral, seguramente aproximándose hacia el sur industrializado de su territorio, dándole salidas de exportación, excedente que requiere para cubrir sus ofertas al norte y nordeste leal con las justas. En ese contexto, preocuparse por redefinir una de sus relaciones más débiles en Sudamérica (Ecuador) es una posibilidad muy distante. Más aún, si su relación con los países ALBA pasará a un tercer plano. Venezuela no es una competencia, un cooperante energético, ni un aliado en MERCOSUR. Es solo un peligro de un conflicto desequilibrante en la región.

A propósito de la ALBA, presentada como una integración “de verdad”, es una instancia pre-mortis (que como muchas internacionales se resistirá a una defunción formal). Antes de la desaparición del coronel Chávez, la ALBA comenzó a declinar es sus intervenciones. Muchos convenios con Ecuador (más o menos un centenar) y poco condumio. La oferta de abrir el Pacífico ecuatoriano como puerta para PDVSA se ha disuelto en el camino. Sin gloria y con pena. El clientelismo internacional más impúdico –los cheques en los pueblos rurales bolivianos- son ahora una deuda a pagar (no se sabe cuánto). Y PETROCARIBE es un compromiso con muchos pueblos –especialmente Cuba y República Dominicana-, que no se podrá cubrir, aunque ya se embarcó a esas economías. Dicho rápidamente, la ALBA es una mesa en la no tiene importancia sentarse… peor aún disputar la cabecera.

Chile fue un aliado histórico de Ecuador. Esperanzados los gubernamentales, aspiraban a que podríamos tomar de la mano a Bachelet y entrar juntos –oleados de soberanía y unidad popular- en el Pacífico. Pero los viejos alineamientos internacionales ya no se reproducen. Tenemos relaciones “de arrastre” con Chile. Y Chile prefiere nuevas relaciones con Brasil para ir hacia el Pacífico. Ecuador ya desechó el camino de Colombia y Perú. Ahora es sólo un avestruz en esa instancia. Y esta es una necesidad ineludible del largo plazo ecuatoriano.

La Unión Europea torció la mano a la Revolución ciudadana, justo cuando la Unión ya no es ese mercado de calidad y precios. Los Estados Unidos dejaron de “comer cuento” de que Ecuador era distinto de Venezuela y Bolivia, para los efectos de su política exterior. Los costos del “nacionalismo básico” se presentan del modo menos solicitado. La indiferencia. Si Ecuador les declara la guerra, probablemente tarden en responder a la notificación.

¿Y ahora qué? He centrado la lectura de la coyuntura en la escena oficial. Al Gobierno no le será fácil tratar esta agenda, pese a la sonrisa irónica, con la que suelen tratarnos como imbéciles. Tampoco a los imbéciles de la sociedad civil y de la sociedad política nos será fácil tratar esa agenda.

Las clases medias tradicionales y la oposición política están aún aturdidas. Casi en el limbo. Han sido sensibles con la represión de otros. Los Yasunidos todavía no se recuperan del golpe recibido.

La fortaleza: luego del 23 F y del 17 S la oposición social está de subida. La espontaneidad popular ha podido superar incluso a la inmovilidad de la oposición política. Más aun, la sociedad está de subida. Las encuestas nos muestran que los derechos de los miembros de la familia son mejor reivindicados, que los medios de comunicación recuperan su credibilidad, que varias instituciones –no necesariamente del Ejecutivo- recuperan espacios. Los trabajadores han salido del armario. Los nuevos poseedores de servicios están asustados porque se les ha anunciado que hasta aquí no más llegaron, es decir, que son extremadamente vulnerables. Y a los extremadamente pobres, que recibieron el “gracioso” regalo de los bonos, se los retiran sin explicación, ni compensación. Es el momento de la espontaneidad social, previa a la expresión electoral.  

La debilidad: la abigarrada agenda política y económica es de difícil tratamiento para el oficialismo, pese al nuevo bloque de poder –fundamentalmente empresarial- que lo sostiene. El contexto internacional es especialmente negativo contra el régimen. Las respuestas se ubicarán en diversos rangos. Seguramente, un discurso más radical estará acompañado de unas intervenciones más apegadas a la empresa privada que se ha sometido al control. El riesgo consistirá en que la presión económica puede llevar a una excesiva manipulación del mercado. Y que la necesidad de protagonismo internacional, les lleve a intervenciones esquizoides.

Las clases medias tradicionales y la oposición política están aún aturdidas. Casi en el limbo. Han sido sensibles con la represión de otros. Los Yasunidos todavía no se recuperan del golpe recibido. Los trabajadores de las empresas de comunicación esbozan tímidas respuestas a la utilización de sus utilidades. Los maestros expoliados de sus reservas no se manifiestan. Las universidades sometidas a una reforma sin su deliberación parecen enajenadas. Los intelectuales caminan detrás de los cambios de la opinión pública.

Pero la reelección presidencial indefinida puede ser el punto de fusión de numerosos conflictos dispersos. El gobierno se ha especializado en, prepotentemente, “pisar todos los callos” al mismo tiempo (finalmente nunca dejarán el poder). La puerta de entrada puede ser la recolección de firmas para solicitar, como iniciativa ciudadana, una consulta popular que la impida. La condición. Encontrar una fórmula para superar a los individualismos.

Un razonamiento de salida. Liderar el proceso de recolección de firmas no es tan importante como parece. El proceso plebiscitario tendrá el liderazgo que se destaque. Y el resultado de la consulta pondrá en la mesa nuevas agendas, cuyo beneficio nadir puede garantizar ahora. Recuerden, queridos lectores, por favor, el NO en 1986.

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