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25 de Junio del 2015
Historias
Lectura: 19 minutos
25 de Junio del 2015
Redacción Plan V
La semana que las calles gritaron a Correa

Foto: Wladimir Torres

Un grupo de manifestantes marcha por la 9 de Octubre con camisetas alusivas a la reunión de miles de ciudadanos el 24J en contra del gobierno.

 

Miles de personas se movilizaron en Quito, Guayaquil, Cuenca, Machala, Ambato y otras ciudades del país en contra del Gobierno. Líderes regionales como Mauricio Rodas, Jaime Nebot y Paúl Carrasco tomaron relevancia en la concentraciones, que el presidente Rafael Correa descalificó en su último enlace sabatino. Los sindicatos e indígenas perdieron el protagonismo social por las dudas frente a la fecha del paro nacional y el anzuelo correísta de la lucha entre ricos y pobres.

La disputa por cuántas personas llegaron el pasado 25 de junio de 2015 a la marcha convocada por Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, en el céntrico bulevar 9 de Octubre, fue el tópico político de la semana pasada. Eso, a pesar de que una gran cantidad de fotografías evidencian que todo el trazado de la avenida, desde el Malecón Simón Bolívar hasta el Malecón del Salado, incluyendo el Parque del Centenario, estaba lleno de manifestantes que el Municipio porteño estimó en no menos de 370 mil personas. 

De su lado, en la sabatina del 27 de junio, el presidente Rafael Correa sostuvo que apenas hubo 70 mil personas en la concentración convocada por Jaime Nebot, y se hizo eco de las fotografías que en su momento mostraron los partidarios del Gobierno en redes sociales, en donde se veían claros en la protesta convocada en la 9 de Octubre. 

Pero más allá de las cifras, el mensaje político de Jaime Nebot, quien proclamó el fin del llamado "Ecuador de Correa" impactó a escala nacional. El burgomaestre usó duros términos para referirse al correísmo, al que exigió rectificaciones en sus acciones políticas y en el manejo del país. Más o menos en la misma línea se pronunciaron otros líderes regionales, como el alcalde de Quito Mauricio Rodas, el prefecto del Azuay Paúl Carrasco, el alcalde de Machala, Carlos Falquez, entre otros. 

Esa misma tarde, miles de personas con banderas negras se concentraron en la avenida de Los Shyris, en el norte de Quito, para protestar. Aunque a primeras horas de la tarde no había más que banderas negras, poco a poco fueron apareciendo las banderas de Quito con un listón blanco, tal como había solicitado el alcalde metropotalino de Quito, Mauricio Rodas, que se hiciera. 


Concentrados en la tribuna de la avenida Los Shyris, los manifestantes vestidos de negro y con banderas del Ecuador.

Varios asesores de Mauricio Rodas anunciaron que el burgomaestre capitalino evaluaba llegar a la Shyris en pocos minutos más. Hizo una entrada al trote, con banderas de Quito y un grupo de partidarios.

La presencia policial en Los Shyris era mínima. Apenas un cordón de policías del servicio urbano custodiaba la sede del movimiento Alianza PAIS. Otros, en motos, vigilaban discretamente en los extremos de la Shyris. Muchas de las personas que asistían, pasadas las 17:00, habían podido ver los sucesos de Guayaquil, que fueron transmitidos en directo por los canales Ecuavisa y Teleamazonas, mientras los medios del gobierno guardaron silencio y mantuvieron su programación normal.  

Como la presencia policial era mínima, los manifestantes se tomaron la tribuna de Los Shyris. Algunos de ellos, con banderas negras, se subieron hasta lo alto de la visera de concreto de la tribuna. Ahí, inclusive, llegaron a quemar algunas banderas verde flex del oficialismo. También había un nutrido grupo de pobladores de Galápagos, quienes con la bandera de la provincia insular pedían apoyo para su lucha contra una reforma legal que limita los sueldos en las Islas Encantadas.


El plantón en Los Shyris también festejó el sánduche y el borrego que portaban dos manifestantes como burla a los militantes de Alianza PAIS.

El asambleísta por Pichincha, Andrés Páez, era el único político presente en la concentración, así como el activista Fernando Villavicencio y la hija del ex presidente Jaime Roldós, Martha, quien se sumó a la marcha capitalina. Páez, quien nuevamente lucía una chompa de calentador de la selección de fútbol, tomó el micrófono en lo alto de un camión-tarima ubicado en la intersección de Los Shyris y Holanda. El asambleísta de CREO repitió sus discursos de días anteriores, cuestionando al régimen correísta, pero la poca potencia de sus parlantes no dejaba que se escuche más que a pocos metros de distancia, pues la multitud gritaba sus propias consignas y hacía sonar cornetas de color amarillo. 


Andrés Páez, de CREO, ha sido el asambleísta de oposición que más se ha subido a la tarima en estas protestas de Los Shyris.

Sin embargo, varios asesores de Mauricio Rodas anunciaron que el burgomaestre capitalino evaluaba llegar a la Shyris en pocos minutos más. Y, en efecto, mientras la gente gritaba, vestida de negro, en contra de Rafael Correa y su régimen, con grandes pancartas en donde se veían las imágenes de los dos aviones presidenciales que ha comprado el actual presidente para sus desplazamientos, un grupo de personas empezó a correr por la Shyris. Era el alcalde Mauricio Rodas y un grupo de partidarios, provistos de banderas de plástico de Quito, que iban entregando a los asistentes. 


El 25 de junio, la marcha de la clase media quiteña intentó entrar a la Plaza Grande, pero fue impedida por la Policía y miembros del ejército.


La presencia de la fuerza pública en la Plaza Grande. A la derecha, unos pocos manifestantes que apoyaban al gobierno.


Video de Jazmina Ojeda, de Plan V, a las 22:12 del 25 de junio en la Plaza Grande.

La hora de Rodas 

Rodas llegó al trote hacia el camión tarima de Shyris y Holanda, tomó posesión de él, y se preparó para dirigirse a la multitud. Hubo un momento incómodo: parecía que los dueños de esa tarima no le querían prestar el micrófono. Un espontáneo le alcanzó un megáfono, pero Rodas prefirió esperar que le habiliten el micrófono de la tarima. Cuando finalmente se lo prestaron, arremetió contra el Gobierno, anunciando que había ofrecido que iba a apoyar las marchas de la gente y que estaba cumpliendo. En una frase con reminiscencias socialcristianas, Rodas dijo: "Quito no se ahueva y yo tampoco", en respuesta al coro de centenares de voces que gritaban: ¡Quito no se ahueva, carajo! Esto motivó las críticas del presidente Rafael Correa, que recordó en su sabatina que la frase la patentó León Febres Cordero cuando, en la marcha que defendía al ex banquero Fernando Aspiazu, en 1999, dijo desde el balcón del Palacio Municipal de Guayaquil: "yo no me ahuevo jamás".

Pero la frase de Rodas fue bien recibida por la audiencia. Aunque cuando empezó a hablar hubo gritos de "ya era hora", que luego se convirtieron en "únete con Nebot" y en sonoros aplausos cuando anunció que seguiría formando parte de las movilizaciones. Rodas recuperó esa tarde el protagonismo político que había cedido en beneficio de otros actores.

Pero la frase de Rodas fue bien recibida por la audiencia. Aunque cuando empezó a hablar hubo gritos de "ya era hora", que luego se convirtieron en "únete con Nebot" y en sonoros aplausos cuando anunció que seguiría formando parte de las movilizaciones. Rodas recuperó esa tarde el protagonismo político que había cedido en beneficio de otros actores. 

Luego, los manifestantes empezaron a caminar hacia el Palacio de Gobierno, en el Centro Histórico. Piquetes de policía antimotines y del Ejército acordaron la sede del Ejecutivo y la Plaza de la Independencia, donde un grupo de seguidores del régimen, quienes estaban desde temprano en la Plaza de San Francisco, bajaron apresuradamente hacia la Plaza Grande para escuchar una arenga del vicepresidente Jorge Glas, quien salió al balcón de Palacio para defender su proyecto político y descalificar a sus opositores.

El propio presidente Correa se mostró sorprendido por la decisión de los manifestantes de dirigirse al Palacio presidencial, movida que, admitió, desbordó a los oficialistas. 

A pesar del perímetro de seguridad en torno al Palacio, los manifestantes lograron llegar a pocas cuadras de la sede del Gobierno, en donde no se encontraba el presidente Rafael Correa. Hasta la media noche hubo gente concentrada en las calles del Centro, manteniendo forcejeos con la policía que inclusive llegaron a intercambios de empujones y gas lacrimógeno, en la calle García Moreno. 

Correa había pasado el día en la provincia de Manabí, celebrando la provincialización de la patria chica de Eloy Alfaro, cuyo natalicio también se recordaba. Nuevamente, el presidente Correa no se resistió a compararse con el líder liberal y a su propuesta con la Revolución del 5 de junio de 1895. No se supo a qué hora volvió a la capital. 

Pero las del 25 de junio no fueron las únicas marchas que el Gobierno tuvo que enfrentar. 

Lasso, camina una cuadra 

A las 10:30 del día miércoles 24 de junio alrededor de trescientas personas se reunieron en el parque del Arbolito para marchar junto a Guillermo Lasso hacia la Asamblea Nacional. El líder de CREO había decidido caminar con sus partidarios la cuadra que separa el Palacio Legislativo del parque. 

César Montúfar de Concertación, Fausto Cobo de Sociedad Patriótica, y  Mae Montaño y César Monge de CREO, lo acompañaban tras una pancarta que rezaba “Por la familia ecuatoriana”. Encabezaban la marcha, también, el asambleísta Patricio Donoso y Juan Carlos Solines, ex candidato a vicepresidente con Lasso.

 Los marchantes llevaban también pancartas en las que se leía “No al Estado gallinazo”, “72 % te decimos no”, y el famoso pájaro carroñero de plumas verdes que la propaganda de CREO ha usado para referirse al Gobierno. Todas estas pancartas se sumaban a camisetas y banderas de Quito y Ecuador. 


Guillermo Lasso y César Montúfar encabezaron el 23 de junio una movilización a la Asamblea para exigir el archivo definitivo de las llamadas leyes de la herencia y de la plusvalía.

Desde los parlantes de un camión resuena “Mi lindo Ecuador”, mientras los simpatizantes de Lasso, en su mayoría de origen humilde, caminan el escaso trecho que los separa del Palacio Legislativo. La presencia de Lasso no despertó mayor interés ni siquiera entre quienes formaban parte de la concentración. Esta cierta indiferencia fue aprovechada por  los reporteros de un medio estatal, quienes entrevistaban agresivamente a los presentes, lo que motivó la reacción de los organizadores de la marcha.

Entonces el discurso de Guillermo Lasso llega al clímax y cae casi en el éxtasis religioso: “¡Es que Dios nos quiere santos, no pendejos, carajo!”

Los reporteros oficiales insistían una  y otra vez con la misma pregunta al ex banquero: "¿Pertenece usted al dos por ciento afectado por la ley de herencias?"

Cansado, Lasso les respondió: "usted, mi amigo, pertenece al 0.008 por ciento de la nueva burguesía que se enriquece del pueblo ecuatoriano. Permítame avanzar", dice finalmente.

Y la marcha arranca, con banda de pueblo a la vanguardia.Unos pocos policías abrian paso de la marcha de CREO.    

Una vez allí frente al Palacio Legislativo, Lasso toma el micrófono y tiene dificultades para hablar: una tos seca lo acompaña tras cada grito. Al fin logra regular el volumen, y empieza a esgrimir sus argumentos: Que, en promedio, los funcionaros públicos de PAÍS apenas pagan USD 9000 de impuesto a la renta; que ellos forman parte de una nueva burguesía que lucran del sacrificio del ciudadano; que quieren utilizar la llegada del Papa para calmar los ánimos; que el buen cristiano cuida de sí y de su familia no para que el Estado le quite su patrimonio.

Entonces llega al clímax de su discurso: “¡Es que Dios nos quiere santos, no pendejos, carajo!”

La jornada cierra con el Himno Nacional que se entona con cierta ironía y pantomima. No todos los presentes correan la canción patria. El fuego se ha consumido;  la caravana da media vuelta y se aleja; por otra calle, los músicos de la banda de pueblo, abandonados a su suerte, dan su propia vuelta.

Los trabajadores desconcertados, o cómo la dirigencia volvió a caer en el anzuelo correísta

En la tarde, unas dos mil personas se congregan en la caja del Seguro Social, en la Diez de Agosto, frente al Ejido. Avanzarán desde ahí hasta la Plaza de Santo Domingo. Esta marcha, sin discursos ni conmoción, una vez alcanzado su destino, se disuelve pronto. Es un preludio –dicen los manifestantes– de futuras marchas y de un paro eventual.

Las organizaciones reunidas no son improvisadas, tampoco marchan bajo una sola bandera. Esto queda retratado en las diversas mutaciones de la hoz y el martillo de los grupos sindicalistas, el jaguar de los Yasunidos, así como en los carteles de los habitantes de Pacto opuestos a la minería.

El primer grupo en avanzar es el de los Socialistas, encabezado por el rector de la Universidad Andina, Enrique Ayala Mora que espera, a la altura de la Alameda, que la marcha se le una. Quiere que sean testigos del performance que han preparado: riegan agua en la acera, preguntan por detergente y hacen espuma con unas escobas coloradas. Entonces se hace más evidente el hashtag que las escobas llevan impreso: #abarrerlacorrupción. El acto, sin embargo, es contemplado sólo por el Che Guevara que decora con su rostro la antorcha encendida de la bandera del Partido Socialista. 

Las organizaciones reunidas no son improvisadas, tampoco marchan bajo una sola bandera. Esto queda retratado en las diversas mutaciones de la hoz y el martillo de los grupos sindicalistas, el jaguar de los Yasunidos, así como en los carteles de los habitantes de Pacto opuestos a la minería.

Esta marcha, con más compromiso evidentemente que la de Lasso, reúne consignas clasistas y de movimientos sociales que identifican a los grupos entre los que está, además, el de amigos y familiares de los tres chicos detenidos en las protestas del colegio Mejía.

A los grupos reunidos no les toma demasiado tiempo llegar a la Plaza de Santo Domingo ni abandonarla después. La marcha de los trabajadores es una mínima sombra de las grandes movilizaciones protagonizadas en meses anteriores, y que tuvieron su culmen en las decenas de miles que salieron el Primero de Mayo. A todas luces, la marcha del 24 de junio lució desmotivada, repetitiva y notablemente disminuida. El bajón, según comentaron algunos asistentes, se dio por la no definición de la dirigencia sindical respecto a su posición frente al gobierno. En un intento por "no hacerle el juego a la derecha", el movimiento sindical e indígena optaron por no sumarse a los reclamos por las leyes de la herencia y plusvalía y dar la espalada a las movilizaciones de Los Shyris, Guayaquil, y otras ciudades.

La convención unitaria de organizaciones populares, del 30 de mayo último en Riobamba, evitó fijar la fecha de un paro nacional y posteriormente sus dirigentes mostraron coincidencias con la postura del gobierno respecto a las herencias. Sin embargo, resolvieron empujar sus propias agendas de derechos laborales, con lo cual el protagonismo de la coyuntura pasó a la centro derecha y dividió a la oposición y, que es lo que buscaba el gobierno al haber lanzado el anzuelo con el llamado debate nacional por la igualadad y la equidad.

Mientras, en la Plaza Grande, otra pequeña contramarcha se concentra frente al Palacio presidencial, para no dejar las calles del Centro en manos de los opositores de manera definitiva. 

Cuenca y Machala y el exterior

Entre tanto, en el Austro también hubo concentraciones. Paúl Carrasco convocó su propia marcha en Cuenca, el pasado 27 de junio, en donde también pidió airadamente rectificaciones al Jefe del Estado. Carrasco había mantenido varios duelos verbales antes con el Jefe del Estado, y el apoyo de los cuencanos a su concentración en el centro de la ciudad fue importante. 


Una toma de la protesta de migrantes ecuatorianos en Buenos Aires en contra del gobierno.

En Machala, el 26 de junio, el alcalde Carlos Falquez y su padre convocaron también una gran manifestación contra el régimen que recorrió las calles céntricas de la capital de El Oro y también exigió rectificaciones. Los Falquez mantiene su liderazgo en la provincia bananera, mientras que Alianza PAIS no presentó mayores contramarchas en ambas capitales. 

Hubo ciudadanos autoconvocados en Ambato, Riobamba y Loja, así como en otras ciudades del interior de la República.

En el exterior, entre tanto, ecuatorianos protestaron frente a las sedes diplomáticas del Ecuador, como ocurrió en Buenos Aires, Argentina, donde un nutrido grupo se manifestó en contra del presidente Rafael Correa.

En los Estados Unidos, hubo protestas de compatriotas en Nueva York y Miami. En la Gran Manzana, los ecuatorianos se reunieron en la principal avenida del barrio de Queens, donde muchos de ellos viven, para protestar contra Correa. También se manifestaron frente a los consulados ecuatorianos en la zona de Nueva York y Nueva Jersey. 


Manifestaciones en Buenos Aires  en contra del gobierno de Rafael Correa.

 

GALERÍA
La semana que las calles gritaron a Correa
 


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