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13 de Octubre del 2019
Historias
Lectura: 13 minutos
13 de Octubre del 2019
Gustavo Isch

Consultor político, experto en campañas electorales. 

La tormenta perfecta
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

El Centro Histórico de Quito es una zona de guerra, aunque el Municipio hace esfuerzos por limpiar el sector.

 

No solo el gobierno de Lenin Moreno, sino todo el Ecuador entraron a una tormenta perfecta, de la cual aún falta todavía mucho camino para salir, y cuando ello se logre será titánico el esfuerzo que sus mejores ciudadanos deberán hacer para levantar el futuro de entre los escombros del presente.

El impuesto al IVA es recesivo, y afecta a todos; la eliminación de subsidios a los combustibles, debidamente focalizada no tiene ese efecto. La especulación que provoca puede ser controlada...

Parecería que bajo esta premisa el Gobierno cambió repentinamente su propósito inicial de aumentar el IVA, a sabiendas de que esta medida  sería vetada en la Asamblea y habría generado la oposición de todo el país, implicando una derrota política que lo ataría de manos para enfrentar la crisis económica que requiere urgentemente parar el endeudamiento, obtener liquidez, y reactivar la producción y el empleo. Pero el régimen tomó la decisión de eliminar los subsidios a los combustibles sin dialogar ni consensuar adecuadamente con sectores fundamentales; ello sin contar con la oposición de los sindicalistas al paquete de reformas laborales que tenía previsto enviar al Legislativo, en la segunda semana de octubre. Error de bulto que gatilló la crisis de octubre de 2019.

Este hecho revela inexperiencia, ingenuidad y torpeza enormes de su equipo asesor y una lectura marcada por la presión fiscal.

Este hecho revela inexperiencia, ingenuidad y torpeza enormes de su equipo asesor y una lectura marcada por la presión fiscal.

Hay razones económicas que nunca podrán imponerse sobre percepciones sociales enraizadas durante más de medio siglo, incrementar el precio de los combustibles es una de ellas. Sin un proceso largo, asertivo y técnicamente procesado desde la comunicación política, es prácticamente un suicidio imponer una medida tan explosiva en sociedades con economías en recesión.

La "inteligencia" policial y militar deben explicar cómo  se permitió que ocurra lo que todos hemos atestiguado. Si lo sabían y lo callaron son responsables, si no lo vieron venir, también, por ineptos; pero lo más grave sería que habiendo advertido lo que se venía, en el nivel político se hayan tomado las decisiones que hoy todos lamentamos. El país merece una explicación.

Ecuador entró fragmentado a la crisis de octubre, luego de 12 años de un discurso de odio alimentado desde el correismo y respondido en el mismo nivel por la oposición. La polarización y el resentimiento social estallaron. Cientos de años de explotación a los indígenas, se sumaron a una frustración popular creciente, que en los últimos años instaló la incertidumbre, la decepción y el descrédito sobre la política. Una clase media amenazada en la subsistencia de sus familias por el desempleo, la inseguridad, la corrupción y la impunidad; cientos de miles de jóvenes sin acceso a la universidad y sin trabajo. Esas percepciones sobrecargaron la esfera pública desde la permanente acción de los medios masivos y las redes sociales, que abonaron a un sentimiento inmensamente negativo sobre el presente y el futuro del país.


Indígenas en los exteriores de la Casa de la Cultura en Quito

El correismo sabía todo esto. Es comensal en el legislativo, en el ejecutivo, en la administración pública, en la administración de justicia, al interior de los propios medios de comunicación, y un permanente activista en redes sociales.

El correismo sabía todo esto. Es comensal en el Legislativo, en el Ejecutivo, en la administración pública, en la administración de Justicia, al interior de los propios medios de comunicación, y un permanente activista en redes sociales. Con apenas dos prefecturas ganadas en las últimas elecciones, supo contaminar desde territorio en el tejido social y desde los medios que, ingenuamente, entrevistan a sus voceros -dizque por  equilibrar y contrastar la información- amplió su presencia real y el contenido crítico de sus mensajes.

Sus operadores se aprovecharon de estas condiciones y se infiltraron en la movilización,  con el objetivo de desestabilizar el país y provocar un golpe de estado, porque adelantar las elecciones es, en la práctica, casi un golpe de Estado.

El régimen de Moreno entró de lleno en una tormenta política perfecta.

Los socialcristianos le siguieron el juego al correismo desde hace muchos meses atrás; sutilmente su líder evadió confrontarlos y en su estrategia electoral buscaron polarizar anticipadamente las elecciones del 2021 posicionando a Nebot y al correismo como las únicas tendencias con chance de gana en en las próximas elecciones.

Desde Guayaquil, los desencuentros entre Nebot y Cynthia Viteri se desnudaron en esta crisis, cuando la alcaldesa movió su retórica en clave populista haciendo un guiño a los transportistas,  y Nebot debió apurar su respuesta para  "poner la casa en orden".

Probablemente, debido al que muchos han calificado como un exabrupto  irrespetuoso, racista y regionalista de Nebot, montado en el desgastado espectáculo propagandístico  octubrino, el líder socialcristiano nunca será presidente del Ecuador. El grandilocuente orador literalmente envió a los indígenas movilizados, de vuelta al páramo frente a miles de personas; ese mensaje lo perseguirá hasta el fin de su carrera política.

Pero muy importante también, es la diferencia que en la crisis marcó la reacción política de las élites y los ciudadanos en Quito y Guayaquil, precisamente las dos ciudades que serán determinantes en la configuración inmediata del próximo proceso electoral.

Quito vivió una de sus jornadas políticas más importantes de los últimos 20 años. Con enorme convicción y valentía, muchos jóvenes y pobladores,  volcaron su solidaridad hacia el movimiento indígena,  pero otros muchos también, reaccionaron en contra del vandalismo y la violencia que sacudieron la ciudad. La capital, asediada por los golpistas, fue escenario de enfrentamientos violentos sin precedentes quizá, entre los movilizados y la policía, y evidenció un vergonzoso vacío de liderazgo que sin duda pasará factura al actual alcalde Yunda, seriamente cuestionado e innegablemente desbordado por los acontecimientos.

Los propios líderes de la CONAIE reconocieron el fin de semana sus diferencias internas y el grave hecho de que la movilización se les escapó de las manos. Ello no alcanza para justificar y evadir responsabilidades sobre el vandalismo y la violencia en la que habrían sido arrastrados por los operadores de la desestabilización.

El que la CONAIE se haya desmarcado del correismo luego de 9 días de cruentas protestas es un golpe de muerte para los golpistas, pero es una grave responsabilidad de la dirigencia indígena no haberlo hecho antes. Han dejado un tufo de complicidad irracional con esta facción política que cuando gobernó el país, los persiguió, los dividió, los reprimió y los empobreció bajo el autoritarismo del déspota Rafael Correa. Si la movilización salió con fines pacíficos, todos los eventos suscitados a lo largo de estos días, la devolverá a las comunidades con el peso de los muertos, encarcelados, y heridos resultado de la represión policial en medio del estado de excepción. Esta carga, ciertamente la compartirá el régimen.

El terrorismo desatado contra la Cruz Roja, contra los bomberos que fueron impedidos de controlar el fuego en Teleamazonas, poniendo intencionalmente en riesgo la vida de las personas que se hallaban en el canal, el ataque a diario El Comercio, la destrucción de la Contraloría, el intento de toma del cuartel de la Balbina, las agresiones e intimidación a comercios, empresas, y a pobladores son algunos de los saldos en rojo que la dirigencia de la CONAIE acumula merced a la infiltración de los desestabilizadores, y parecen afectarán más de 40 años de credibilidad y empatía construidas en todo el país, y particularmente en Quito, con importantes sectores de las clases medias.

Por si ello no fuera suficiente, al final del día, su justa lucha contra la pobreza y el impacto de la eliminación de los subsidios, de imponerse a raja tabla, seguirá beneficiando a las mafias de contrabandistas y a los que viven de la explotación de combustibles fósiles y contaminantes.

La capital, asediada por los golpistas, fue escenario de  enfrentamientos violentos sin precedentes quizá, entre los movilizados y la policía, y evidenció un vergonzoso vacío de liderazgo.


En la 6 de Diciembre y Patria. La jornada del 12 de octubre fue una de las más violentas que recuerde la capital.

El correismo es una anomalía de la democracia, un virus que surge en los pliegues de la pobreza, de la frustración, del revanchismo, de la falta de educación y del oportunismo.

La represión a los indígenas deja más de un millar de detenidos, otro tanto de heridos, y un incierto número de muertos, según versiones no confirmadas. Es algo inaceptable.  Cuando un gobierno pone en manos de sus fuerzas armadas y policía el control de sus propios ciudadanos, demuestra que políticamente ha fracasado en la generación de condiciones de confianza y gobernabilidad. Si bien la democracia permite legalmente por delegación ciudadana a sus autoridades, esa competencia, el efecto suele operar exacerbando el temor y rechazo alimentados desde la oposición, y ampliando las  percepciones ciudadanas sobre un Estado que está contra las cuerdas. El miedo es la consecuencia inmediata y el peor consejero en estos escenarios.

La crisis económica heredada pesó demasiado, y aunque haber recuperado la institucionalidad democrática y detener los afanes de perpetuarse en el poder a la delincuencia política organizada son méritos de enorme importancia para Moreno, nunca fueron de la mano con el manejo de una propuesta económica socialmente aceptable.

Al momento, la derogatoria del decreto 883 que muros miran como una derrota del régimen de Moreno, tiene también otra lectura en muchos sectores que reconocen que la rectificación es una victoria de la democracia y la paz, que debe ser valorada, pues desde ella es fundamental encauzar una conducción política que conjuntamente con los ciudadanos, las instituciones, la Academia, el sector privado y ciertamente los movimientos sociales garanticen la estabilidad democrática a futuro.

El correismo es una anomalía de la democracia, un virus que surge en los pliegues de la pobreza, de la frustración, del revanchismo, de la falta de educación y del oportunismo. En Ecuador ya ni siquiera es una fuerza orgánica de consideración, pero como un virus, tiene la capacidad de contaminar y pudrir todo el tejido social, porque las condiciones en las que se produce y multiplica siguen intocadas. Como expresión política  es una variante  más perniciosa que  el peor de los populismos, y no importa el nombre del líder u organización que lo represente, el virus seguirá latente por los intersticios de este país, si no se combaten las inequidades sociales y la impunidad.

Ni solo el gobierno de Lenin Moreno, sino todo el Ecuador entraron a una tormenta perfecta, de la que aún falta todavía camino para salir, y cuando ello se logre, será titánico el esfuerzo que sus mejores ciudadanos deberán hacer para levantar el futuro de entre los escombros del presente dejado por la crisis de octubre.

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