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16 de Octubre del 2023
Historias
Lectura: 14 minutos
16 de Octubre del 2023
Fermín Vaca Santacruz
Luisa González: las lecciones que su derrota deja al correísmo
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La candidata correísta,Luisa González, obtuvo un desempeño similar al de Andrés Arauz en 2021. Foto: AP

 

El correísmo repite los resultados electorales del 2021 prácticamente idénticos, en términos porcentuales, pero no parece analizar las lecciones políticas. La receta fallida de plantear un candidato desconocido y la falta de renovación del liderazgo político del correísmo, que realiza Rafael Correa de forma telemática, son señalas por analistas como las causas de la imposibilidad de la Revolución Ciudadana de superar su techo electoral.


La derrota del correísmo en las presidenciales anticipadas de 2023 estaba anunciada. Encuestadores como Álvaro Marchante habían anticipado que una diferencia de entre tres y cinco puntos permitiría al candidato Daniel Noboa imponerse frente a Luisa González con relativa facilidad. Las encuestas evidenciaban un comportamiento del electorado muy similar al 2021, cuando por lo menos 400 mil votos dieron una cómoda ventaja a Guillermo Lasso sobre Andrés Arauz. 

Los resultados finales ratificaron estas mediciones: con un 98.40% de las actas procesadas, Daniel Noboa Azín se impuso con el 51.91%, equivalentes a 5´199.806 frente a un 48.09% de Luisa González, que representan 4´818.011 sufragios. El voto nulo se mantuvo dentro de su tendencia histórica, y alcanzó al 7.75% mientras que los blancos representaron solamente 0.76%. Aunque algunos analistas habían hecho una campaña contra el voto nulo, lo cierto es que no fue significativo ni modificó los resultados electorales.

Pero otras encuestas del correísmo hablaban de un margen mucho menor, e inclusive, adelantaban la posibilidad de que González remontara en votación antes del día del balotaje, pues sostenían que la presidenciable aún tenía posibilidades de alcanzar y superar a Noboa.

La realidad, sin embargo, se impuso. Aunque dos encuestas a boca de urna habían sido autorizadas, solamente una, la que contrató la campaña de Daniel Noboa, se hizo pública. Según la medición, difundida por el canal Teleamazonas, Daniel Noboa había obtenido el 53.85% de los votos frente al 46.25% de Luisa González.

La otra medición autorizada por el Consejo Nacional Electoral no llegó a hacerse pública. La encuesta a boca de urna daba cuenta de un diferencia de casi ocho puntos, pero finalmente llegaron a ser solamente menos de cuatro. Y aunque el resultado es apretado en términos porcentuales, lo cierto es que en votos fueron cerca de 380 mil sufragios con los que  Noboa aventajó a González, un margen parecido al que Lasso le sacó a Andrés Arauz en 2021.

El techo de concreto

La forma en la que los resultados electorales resultados casi idénticos que las elecciones pasadas confirmaron los temores del correísmo: la presencia de un techo electoral que se vuelve imposible de superar para una fuerza política que ha tenido éxito en elecciones seccionales, en donde se gana con un porcentaje menor de la votación, y en procesos políticos en la Asamblea Nacional, en donde se toman decisiones con pocas voluntades, pero que continúa siendo incapaz de lograr una representación nacional similar a la de los primeros años del correato. 

Si bien el correísmo ha avanzado desde 2021 en su trabajo político para captar dignidades locales, como por ejemplo en Quito, Guayaquil, Pichincha, Guayas o Manabí, así como tuvo éxito al promover el no en la consulta de Lasso y evitar la reforma del Consejo de Participación Ciudadana, las elecciones anticipadas dejaron a buena parte de la militancia la duda de la necesidad de renovar liderazgos y propuestas políticas.

Tales dudas se agudizan con miras al nuevo proceso electoral, pues el nuevo Gobierno de Daniel Noboa, que podría tomar posesión recién en diciembre de este año, debería concluir el 24 de mayo de 2025, lo que implica que la coyuntura preelectoral será la que marque prácticamente toda la gestión de Noboa, que será un gobierno todavía más corto que el interinazgo de Fabián Alarcón, entre 1997 y 1998. 

El correísmo y el 2025

¿Está el correísmo en posibilidad de enfrentar, en 2025, un nuevo periodo electoral y de tener una posibilidad clara de recuperar el poder? ¿Cuáles serán sus desafíos durante 2024 en la Asamblea, cuando cuenta con 48 legisladores pero carece de la mayoría absoluta? 

El analista Jacobo García sostiene que hay lecciones que el correísmo debe tomar en cuenta. La primera, que el liderazgo telemático de Rafael Correa desde Bélgica debería ser replanteado por líderes del partido que se encuentren en el Ecuador. Y entre los líderes que García menciona están figuras que han logrado imponerse en los gobiernos locales, como el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, o las prefectas de Pichincha y Guayas, Paola Pabón y Marcela Aguiñaga, así como el alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez.

García cree que una de las formas en las que el correísmo puede superar su techo electoral y lograr llegar a más electores, de manera que estén en posibilidades de llegar a una segunda vuelta, es que los líderes locales de la formación política reinventen el liderazgo político, lo que implica dejar de lado la presencia omnímoda de Rafael Correa desde el exilio.

El analista sostiene que esto no significa que líderes como Pabel Muñoz tengan que renunciar a su cargo con miras a trabajar una candidatura presidencial en 2025, pero sí que se hagan propuestas más serias desde los distintos ámbitos del correísmo que permitan plantear una nueva forma de liderazgo. 

Y es que muchos sectores del correísmo se pueden haber visto decepcionados por el desempeño de Luisa González, una militante cercana al ex presidente, de la que era asistente personal en Carondelet, pero totalmente desconocida para las bases y que, inclusive como legisladora, tuvo un papel más bien secundario.

Para García, repetir con González la receta que ya no había dado resultado con Andrés Arauz, es decir, construir una figura y un liderazgo desde cero, en plena campaña electoral, contrariando el principio de la consultoría política de que el candidato debe ser conocido, dió un pobre resultado con González.

Y, en su criterio, la falta de un liderazgo político verdadero de la postulante, que fue vista como una simple caja de resonancia de Correa, quien pensaba tomar las decisiones por ella desde el exilio, fue uno de los aspectos que más afectó a la candidatura correísta.

En resumen, dice García, el correísmo debe intentar romper su techo electoral, pero ello pasa por reinventar su liderazgo político, en refrescar sus cuadros y, sobretodo, en evitar repetir el modelo que ha resultado fallido de pretender construir sobre la marcha una candidata o candidato totalmente desconocido que está totalmente ligado a la sombra de Rafael Correa. Y todo esto tendría que pasar durante el año 2024, de manera de que de alguna forma el correísmo esté en capacidad de competir nuevamente en el proceso electoral que tendrá lugar en el primer trimestre de 2025, frente a un Daniel Noboa que ha dicho claramente que pretende correr para la reelección desde el primer día de su gestión.

Luisa, una candidata que pudieron vender mejor

El analista Gabriel Hidalgo, que ha sido crítico del correísmo durante años, sostiene que Luisa González, a pesar de su desempeño electoral promedio, era mejor candidata que Andrés Arauz en 2021. Ello, sin embargo, no logró permitirle superar a su contrincante ni conseguir los 300 o 400 mil votos que requería para llegar a Carondelet. 

La figura de González, una mujer de clase media, del interior del país, que se ha hecho a sí misma, y que buscó sintonizar con las reinvindicaciones de género, pudo haber sido, destaca Hidalgo, mucho mejor cuadro de lo que terminó resultando.

Y la causa de esto, señala Hidalgo, es la presencia de Rafael Correa, que fue percibido por muchos electores como quien verdaderamente iba a ejercer el poder, lo que desprestigió a González por dar la impresión de carecer de liderazgo propio y por pretender convertirse en un instrumento de las represalias del correísmo, que no fueron desmentidas por sus dirigentes.

Hidalgo también señala que fue la sobreexposición de Rafael Correa junto al binomio de González y Arauz la que perjudicó a la postulación y le impidió superar su techo llegando a más votantes. Sostiene que el discurso ideológico de izquierdas del correísmo llega realmente a una minoría de clases medias ilustradas, pero no es la explicación del apoyo de provincias como Manabí al correato.

En Manabí y otras zonas de la Costa, opera más bien la identificación de ciertos sectores del electorado con las propuestas de los populismos autoritarios, sean de izquierdas o de derechas.

El correísmo, víctima de su liderazgo vertical y nocivo

Para el analista político y politólogo, Francisco Montahuano, este segundo golpe electoral al correísmo en tan poco tiempo debería llevar al correísmo a replantear su formación política y a superar el liderazgo vertical y nocivo de Rafael Correa. No hay recambio político ni formación interna, sostiene, y destaca que el correísmo carece de una interacción real con la sociedad civil ni parecen poder llegar a los votantes más jóvenes y a los liderazgos universitarios. 

Montahuano sostiene que el liderazgo vertical de Correa afecta la posibilidad de que sus líderes locales se sientan incluidos en la toma de decisiones del movimiento. Con sus 48 asambleístas, los correístas deberían buscar acuerdos viables para resolver los problemas del país. 

La postulación de Luisa González fue, claramente, un error, en especial, durante la campaña de primera vuelta, cuando Rafael Correa estaba omnipresente en la campaña. En la segunda vuelta, González se quiso desmarcar de la figura del ex mandatario, pero no lo logró del todo.

Las elecciones del 2025 aún son inciertas, sostiene Montahuano, pues la gestión de Daniel Noboa aún está en veremos. El techo electoral del correísmo, que alcanza al 33%, se muestra de manera más dramática en la resistencia que los correístas tienen en las provincias con votantes indígenas.

Si el contexto electoral en 2025 es adverso a un Noboa como candidato presidente, es posible que la tendencia electoral se revierta, advierte M ontahuano, quien destaca que a diferencia de Lasso, que ya está fuera del escenario político, Noboa será un presidente-candidato. 

Al momento, las dirigencias indígenas están apoyando, sin decirlo, a Noboa, pero si las demandas no son atendidas, es posible que pierda ese apoyo político. Aun Noboa tiene que evidenciar cuál va a ser su accionar político, y debe buscar un ministro de Gobierno que pueda atender acuerdos con la Asamblea Nacional y con el movimiento indígena.

Jacobo García sostiene, con relación a los indígenas, que una de las formas en las que el correísmo podría ampliar su base electoral es acercándose más a un Leonidas Iza que supuestamente simpatiza con su línea, pero con quien aún hay resentimientos por las persecuciones correístas contra los indígenas durante su Gobierno.Los votos que les faltan podrían salir de una alianza con los indígenas que sea pública y completa, y que inclusive, precisa García, incluya la participación en el Gabinete, de manera que la votación que se ha decantado por Noboa en esta elección pueda trasladarse hacia el correísmo con miras al 2025.

Ello, sin embargo, pasará por reconocer los errores del pasado y por cambiar la concepción que el correísmo tiene sobre los indígenas y otras fuerzas de izquierda, que deberían ser los aliados naturales del correato. Los analistas coinciden en que los próximos meses deberían ser de reflexión y de un cambio de estrategias del correísmo, tanto en el ámbito legislativo, cuanto en la forma en la que hace oposición. De ello podría depender aumentar las posibilidades en las elecciones de 2025. 

 

 

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