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29 de Agosto del 2022
Historias
Lectura: 16 minutos
29 de Agosto del 2022
Fermín Vaca Santacruz
Ola Bini: nueva postergación mientras se publica "Colateral" de Diego Cazar
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Diego Cazar publicó Colateral, que narra el caso de Ola Bini.  Foto de Diego Cazar: Francisco Paz y Miño. Proyecto El Inventarium  @el_inventarium

 

La audiencia de juicio contra el programador sueco se postergó nuevamente esta semana. El europeo es acusado de acceso no consentido a un sistema informático por una foto del home de un servidor de CNT encontrada en su celular. El periodista Diego Cazar publicó su libro sobre el caso del programador, acusado de una conspiración durante el gobierno de Lenin Moreno y María Paula Romo.


Ola Bini debió volver a tribunales esta semana, en la continuación de la maratónica audiencia de juicio en donde deberá resolverse su caso, pero la falta de traductor al sueco —la lengua materna del informático— llevó a una nueva postergación. El programador aún no tiene una decisión de primera instancia de la justicia de Pichincha, ante la que la Fiscalía le ha acusado por acceso no consentido a un sistema informático.

Tanto la Fiscalía, cuando la defensa del programador, han recurrido a peritos y expertos en busca de desenmarañar la trama de la supuesta participación de Bini en algún tipo de delito informático, luego de que fuera encarcelado tras una declaración de la ex ministra de Gobierno de Lenin Moreno, María Paula Romo, quien denunció una supuesta conspiración de ciberespionaje relacionada con Julián Assange, Wikileaks, Ricardo Patiño y el retiro del asilo ecuatoriano al australiano, que fue entregado a la justicia británica y desde entonces se encuentra en una prisión del Reino Unido.

El periodista Diego Cazar, quien ha seguido de cerca la historia, publicó  en formato digital su libro Colateral en la que se acerca a los protagonistas y los hechos de la historia del sueco, quien llegó al Ecuador como parte de un colectivo de informáticos dedicados a investigar sobre seguridad y privacidad en internet. 

Colateral: un recuento completo

En casi 400 páginas, Diego Cazar, un periodista quiteño de 45 años, relata el caso del programador sueco al que la ex ministra María Paula Romo señaló como un integrante de una tenebrosa célula de espías informáticos, supuestamente conformada por más europeos —se habló de dos rusos— que estaban en el país en coordinación con el entorno de Julián Assange, el fundador de Wikileaks que había sido asilado por el Gobierno de Rafael Correa en la Embajada del Ecuador en Londres. 

Buena parte del libro de Cazar, que ha sido documentado con acceso a varios de los protagonistas, así como a las audiencias del caso, documentos judiciales y publicaciones de medios nacionales y extranjeros —así como una visita del autor a Suecia, en donde se reunió con la familia y amigos del programador, originario de la ciudad de Gotemburgo— se refiere a una minuciosa y precisa recopilación de cada detalle del caso, desde el momento mismo de la detención de Bini cuando intentaba abordar un avión para salir del Ecuador, pocas horas del señalamiento de Romo, hasta los momentos actuales, pasando por una completa crónica sobre cómo han sido cada una de las largas audiencias en la que los jueces han sido expuestos a explicaciones de la más alta complejidad tecnológica. 

Cazar ha documentado también los detalles del encarcelamiento del programador en la prisión de El Inca, al norte de Quito, en donde pasó las peripicias que a diario sufren quienes son encerrados en ese centro de detención provisional, que carece hasta de agua potable y espacio suficiente para los hombres que han sido privados de la libertad. Al respecto, Cazar reproduce las cartas que Ola Bini escribió desde su cautiverio, del que pudo salir luego que tuviera éxito un recurso de habeas corpus que presentó su defensa.

El periodista sigue la vida cotidiana de Bini, quien denuncia constante vigilancia por parte de la Policía, con vehículos, motos y agentes que hasta se disfrazan de mendigos para pasar la noche en el portal del edificio de departamentos del norte de Quito donde vive. Actualmente, el sueco cuenta con su propia seguridad privada.

Tras su liberación, el periodista sigue la vida cotidiana de Bini, quien denuncia constante vigilancia por parte de la Policía, con vehículos, motos y agentes que hasta se disfrazan de mendigos para pasar la noche en el portal del edificio de departamentos del norte de Quito donde vive. Actualmente, el sueco cuenta con su propia seguridad privada. 

El autor ha seguido de cerca la evolución del proceso y los documentos clave de la defensa, así como cada una de sus posturas frente a las acusaciones de la Fiscalía. 


El programador Ola Bini junto con sus abogados José Cherry y Carlos Soria. Foto: El Universo

Héroes y villanos en el caso 

Otro elemento importante del libro tiene que ver con las entrevistas que Cazar ha realizado a varios de los personajes de la trama, entre ellos, el propio Ola Bini y sus abogados y personas de su entorno tanto en Ecuador cuanto en Suecia. El periodista estuvo en Gotemburgo, la ciudad natal del sueco, y pudo hablar con sus vecinos y su maestra de la escuela. Habló también con el fiscal del caso, Fabián Chávez, así como intentó, en varias ocasiones, contactar a la ex ministra María Paula Romo, de quien obtuvo tras mucha insistencia, según dijo, una breve respuesta por medio de mensajes de Whatsapp.

En su recorrido por el caso de Ola Bini, Diego Cazar también analiza la participación de los medios ecuatorianos y extranjeros, cuyo papel interpela.

En el libro, que en ciertos pasajes toma la forma de un alegato, Cazar no deja ningún cabo suelto con relación a los argumentos de la defensa. Cada palabra, cada idea, cada planteamiento de la defensa están consignados con rigor. Con frecuencia, la lectura de Cazar sobre el caso de Bini se deja llevar sobre todo por la visión de los dos abogados locales de Bini: Carlos Soria y José Cherry. 

Con frecuencia, la lectura de Cazar sobre el caso de Bini se deje llevar sobre todo por la visión de los dos abogados locales de Bini: Carlos Soria y José Cherry.

Ola misionero digital

Llama la atención la forma en la que Cazar retrata al propio Bini, una suerte de gurú de un creencia nacida en tiempos de la internet cuyas bases son la libertad y la privacidad. Una especie de héroe de un mundo digital en donde poderes tenebrosos nos vigilan, pero, al mismo tiempo, un hombre de cierta ingenuidad, incapaz de entender la mentalidad latinoamericana y su espíritu inquisitorial y leguleyo, herencia de tiempos coloniales.

A ratos, la descripción que Cazar hace de Ola Bini recuerda el aura mesiánica del Julián Assange retratado por Laura Poitras en su documental Risk: "una suerte de santón, se acaricia su melena blanca, y, aunque no es tan viejo, asume la postura de un gurú. En torno suyo, un grupo de jóvenes informáticos, lo escuchan hablar con cierta devoción", habíamos reportado en aquella ocasión. Ola Bini no es Assange, pero por momentos, parecería que ese mismo aire de hombre de internet jugando en las altas ligas de la política internacional se reflejara en la forma en la que se comporta. Y el retrato que Cazar hace de él abona mucho en ese sentido. 

Pero si Bini sale redimido en el libro de Cazar —es, en esencia, un hombre bueno, que solo quiere el bien de la humanidad por medio de la tecnología y al que la burocracia judicial ecuatoriana no puede comprender ni descifrar— hay otros personajes de la historia que quedan malparados. 


Ola Bini estuvo más de 70 días recluido en la Cárcel de El Inca, al norte de Quito.  Foto: EFE

El fiscal y la ministra: retratos sombríos

Como por ejemplo el fiscal Fabián Chávez, a quien Cazar entrevista e increpa sobre los detalles técnicos del caso. El funcionario, descrito como un hombre decrépito a ratos, que al parecer no entiende bien ni siquiera los criterios más elementales de la informática, es confrontado por un Cazar dispuesto a desmontar la tesis de la Fiscalía sobre las supuestas pruebas contra el sueco. Y en más de una ocasión se consigna su ignorancia en tecnología de forma tácita o expresa, dejando al operario de la vindicta pública fuertemente cuestionado. 

En más de una ocasión se consigna la ignorancia  del fiscalen tecnología de forma tácita o expresa, dejando al operario de la vindicta pública fuertemente cuestionado.

No le va mejor a la ex ministra María Paula Romo, a la que Cazar cuestiona no solamente por su accionar en el caso el sueco, sino por su camaoleónica práctica política y su sinuoso manejo de casi todos los asuntos en los que se involucró en su autoproclamado papel de "primera ministra" del Gobierno de Moreno.

Para Cazar, Romo es una política poco confiable, con dudosa ideología —no le queda muy claro que realmente en algún punto haya sido la feminista de izquierda que proclamaba— y que estaba rodeada de aduladoras —una de ellas condicionó una entrevista, narra Cazar, a que se le permita aflorar su "genio"— y de periodistas complacientes que solo le preguntaban lo que ella quería. Y en el caso de Bini en particular, más allá de las tremebundas acusaciones del primer día, poco o nada aportó para el juicio del sueco, pues según confiesa el fiscal Chávez en una parte de su diálogo, de los documentos de las "inteligencias" que sustentaban el caso poco o nada le llegó a la Fiscalía.

La desconfianza de Cazar frente a la Policía y al sistema de justicia, corrupto y burocrático, queda evidenciada en varios pasajes del libro en donde también hace varias alusiones a la desaparición  de los hermanos Restrepo, ocurrida en los 80 y cometida por la Policía Nacional, que desapareció los cuerpos pero finalmente tuvo que reconocer el crimen. 

Autocrítica a la prensa

Cazar es también crítico con otros medios. Y no está por demás, porque en estos tiempos en que la mordaza de las leyes antiprensa quieren resucitar, recordar que la autorregulación pasa por la autocrítica es clave.

El periodista cuestiona sobre todo publicaciones desfavorables al caso de Ola Bini, como las realizadas por Primicias bajo la firma de Arturo Torres, o las que publicaron en 4Pelagatos José Hernández y Martín Pallares. También rechaza un reporte de Periodismo de Investigación, de Fernando Villavicencio y Christian Zurita, en donde se relataba cómo desde la panadería de los presos en la Cárcel de El Inca, Bini habría montado un centro de espionaje cibernético, supuestamente para favorecer al gobierno de sus captores: Moreno y Romo.

Cazar cuestiona las fuentes y pone en duda las motivaciones de todos ellos, y consigna que habló al respecto con Torres y Pallares, de los que obtuvo evasivas. No se mete a analizar las publicaciones de otros medios o de la televisión, que también ha cubierto el caso, centrándose sobre todo en los digitales. 

Cazar no se mete a analizar las publicaciones de otros medios o de la televisión, que también ha cubierto el caso, centrándose sobre todo en los digitales.

Es, en cambio, más indulgente con las publicaciones, más favorables al caso, de Andersson Boscán y La Posta. Reseña extensamente un vídeo en donde La Posta presentó la teoría de una supuesta conspiración de policías y agentes de inteligencia contra Ola Bini para satisfacer la agenda política de Romo, que es uno de los argumentos de sus abogados para un supuesto fraude procesal.

En la comarca sueca

Aprovechando una invitación a España, Diego Cazar puso rumbo a los países nórdicos y pudo conocer Gotemburgo, la comarca sueca de donde proviene Ola Bini, así como los lugares en donde creció antes de migrar hacia otros países de Europa y América en busca de oportunidades para su talento de informático. Cazar se reunió con los padres del programador, con su maestra de escuela y se aproximó a la cultura de los suecos, un país un tanto más secular y ordenado que el Ecuador. Y aunque constató las marcadas diferencias culturales entre el lejano reino nórdico y nuestro país equinoccional, Cazar destaca como Bini vive cómodamente en Ecuador y sostiene que le gustaría seguir aquí. Si bien lo referente a la visita a Suecia pudo haber sido más amplio y las descripciones más extensas, la visita de Cazar al hogar de Ola Bini ayuda al perfil de personaje. 

Los cabos sueltos

El libro de Diego Cazar deja algunas dudas. Es poco lo que se aporta sobre cuáles serían las motivaciones tanto de la prisión cuanto del procesamiento de Ola Bini. Se dejan entrever presiones de grandes potencias sobre el endeble gobierno de Moreno, cuya política entreguista fue la clave de su relativo éxito en algunos ámbitos internacionales. Se reitera la posibilidad de una conspiración de policías y agentes de inteligencia, deseosos de congraciarse con  sus nuevos jefes del morenismo, y las agendas y los egos de los funcionarios y funcionarias de Moreno, que parecen haber encontrado en el caso del sueco la cereza en el pastel del operativo para sacar a Assange de la Embajada ecuatoriana en Londres. Pero es poco lo que se aporta sobre qué trasfondo hay en el caso del sueco y su paso por el Ecuador, pues se acepta sin mucho reparo la tesis de una suerte de misionero digital que se estableció en este recoleto rincón de América Latina para predicar sobre los peligros del infierno virtual. 

Es poco lo que se aporta sobre cuáles serían las motivaciones tanto de la prisión cuanto del procesamiento de Ola Bini. Se dejan entrever presiones de grandes potencias sobre el endeble gobierno de Moreno, cuya política entreguista fue la clave de su relativo éxito en algunos ámbitos internacionales.

El libro de Cazar se presenta cuando aún  no se terminan las audiencias ni hay ninguna sentencia, por lo que , además de una investigación es una suerte de alegato diseñado para apuntalar la postura de la defensa de Bini. El libro no tiene aún epílogo, pues no se sabe qué decisión tomarán los jueces y cuál será la suerte de Ola Bini, quien sigue a la espera de una sentencia que seguramente abrirá el camino de nuevas apelaciones y recursos. 

La tesis de Cazar se sintetiza en el título del libro: Ola Bini sería un inocente convertido en mero daño colateral de las operaciones políticas y mediáticas y de las ambiciones y frivolidades desmedidas del morenismo. 

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