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13 de Agosto del 2014
Historias
Lectura: 13 minutos
13 de Agosto del 2014
Redacción Plan V
Opositores: ¿La hora de la unidad?

Foto: dplfblog.com

La presencia de líderes regionales como Mauricio Rodas y Paúl Carrasco en las fiestas de Guayaquil podría ser el inicio de una alianza de la oposición. 

 

Los gestos de acercamiento entre los alcaldes de Quito, Mauricio Rodas y de Guayaquil, Jaime Nebot, provocan distintas lecturas. Desde la presunta coordinación de una "restauración conservadora" según la "izquierda" correísta, hasta una nueva "camioneta", similar a la que se formó contra Abdalá Bucaram.

El reciente temblor que sacudió al norte de Quito, además de las lamentables pérdidas de vidas y el susto de millones de capitalinos, fue el momento ideal para que los políticos enviaran mensajes. 

Para el presidente Rafael Correa, fue la ocasión para responsabilizar al Municipio por la falta de control en una obra en su jurisdicción. 

Para el alcalde metropolitano, Mauricio Rodas, fue la ocasión perfecta para estrenar su liderazgo frente a un desastre natural, por lo que se apersonó en el centro del ECU 911 en el Itchimbía, se caló un chaleco de color rojo y se puso al frente del operativo de ayuda a los damnificados. 

Para el alcalde de Guayaquil, en cambio, fue la ocasión perfecta para mostrar un nuevo gesto de acercamiento hacia el novel alcalde quiteño, cuando trinó en Twitter que estaba dispuesto a enviar toda la ayuda que se requiera a su ciudad en caso de necesitarla en la capital. 

Una serie de gestos políticos: el puyazo del Presidente, el liderazgo del Alcalde metropolitano, el apoyo del Burgomaestre porteño que parecen reproducir las posiciones fijadas con ocasión de las fiestas de Fundación de Guayaquil, el pasado 25 de julio, cuando Rodas y otros líderes nacionales no alineados con el Gobierno fueron invitados de honor en una ceremonia tradicionalmente local y, en ocasiones, claramente localista. 

¿Se unirá la oposición?

La imagen de las fiestas de Guayaquil recordó a muchos los primeros pasos de lo que en Venezuela se llamó la Mesa de la Unidad Democrática: un grupo de políticos de oposición que unen esfuerzos contra el Gobierno tras el lento proceso de constatar su incapacidad de luchar solos. Otros, en cambio, piensan que la reunión de Guayaquil y los recientes gestos con relación al temblor en Quito, pueden ser la base de un pacto mínimo entre fuerzas políticas que se oponen al correísmo y defienden los valores que el oficialismo rechaza.

Luis Verdesoto, cientista social que ha seguido de cerca procesos de concentración de poder similares al correísta en Venezuela y Bolivia, estima que el gesto de los políticos de oposición -y la previsible reacción del Presidente, quien no ha dudado en denunciar lo que él denomina una "restauración conservadora"- puede ser el inicio de una plataforma política que se agrupe en torno a temas como la recolección de firmas para una eventual consulta popular sobre las enmiendas que el Gobierno quiere hacer a la Constitución. 

"Me parece sano que fuerzas políticas tan diversas reconozcan la necesidad de juntar el hombro ante lo que es una situación de emergencia nacional: la perpetuación del régimen de Rafael Correa, de la entronización del caudillo, esto ha llevado a la oposición a entender que deben responder de modo coordinado", señala Verdesoto. 

Para el analista, grupos políticos de distintas tendencias pueden y deben contribuir en una acción de defensa de la democracia, como sería el caso de una eventual unidad de la oposición frente al correísmo.

Verdesoto identifica algunos valores que serían compartidos por los integrantes de una nueva oposición: la defensa de la democracia, de los mínimos democráticos, lo que llevaría a una convergencia. 

"Es sano que fuerzas políticas tan diversas reconozcan la necesidad de juntar el hombro ante lo que es una situación de emergencia nacional: la perpetuación del régimen de Rafael Correa."

 

Luis Verdesoto

Al respecto, Verdosoto cree que es "razonable" que la primera convocatoria de estos acercamientos haya provenido del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, pues "la posición de (del alcalde de) Quito es todavia bastante frágil, en la medida que tiene una agenda de interrelación con el Gobierno Nacional que son muy complejas. Es necesario además que se consolide la posición del alcalde Rodas". La presencia de Paúl Carrasco, vinculado a los sectores de la izquierda azuaya, junto a sectores de la derecha tradicional, sería un fenómeno interesante para el análisis, estima Verdesoto.

"La oposición está en una posición muy frágil. No hay una plataforma ideológica común, no creo que exista una misma visión de cómo afrontar el desarrollo del país, pero sí una visión de defensa de la democracia, de mantenimiento de las garantías, de la división de poderes, de la alternabilidad, del respeto de los derechos humanos, del freno de la avalancha legislativa que está atropellando más que organizando el país, y de racionalizar sus recursos".

Por otro lado, Verdesoto considera que las últimas elecciones demostraron que el electorado está dividido en tres tercios: uno de voto duro del correísmo, un segundo de la oposición agregada -numérica no orgánica, precisa- y el último tercio de un electorado fluctuante, que puede sumarse a una u otra tendencia. 

"Una mínima plataforma que permita coordinar acciones y defender principios podría atraer a un porcentaje importante del segundo tercio", cree Verdesoto, lo cual sería el motivo por el cual el Gobierno no quiere ir a una consulta popular. 

"El caso de Quito evidencia esto: Rodas gana en los terrenos del régimen, como el Sur de Quito, que era un coto privado de caza del Gobierno. Aunque el Gobierno conserva el control del electorado del viejo populismo, hay todavía fuerzas como Pachakutik que todavía tienen una gran capacidad política. No se puede decir que la oposición no ha avanzado: la capacidad electoral de Correa no se mantiene como antes, aunque sí un cierto grado de credibilidad. Las agresiones continuas contra la sociedad, este continuo atropellar, el informe Pasara, evidencia la manipulación de la justicia en el país. Estas acumulaciones se pueden volver sostenibles para la oposición en el mediano plazo".

La lectura de la izquierda: ¿una nueva camioneta y después qué?

Natalia Sierra, catedrática de la Universidad Católica de Quito y militante de la izquierda más crítica al correísmo, descarta que los gestos de los últimos días sean meramente anecdóticos. 

Para Sierra son evidentes los intentos de acercamiento, que no le sorprenden entre Nebot y Rodas. Le llama la atención la presencia de Paúl Carrasco, pero estima que se explica por las prácticas políticas de Alianza PAIS, cuya vocación a quitar espacios a otras  formas políticas recuerda claramente al PRI mexicano. 

En su opinión, PAIS le ha apuntado a copar los espacios de movimientos considerados de izquierda, como el MPD, lo que llevaría a la oposición a buscar combatir el "modelo totalitario" del correísmo con una postura de unidad. 

"Tal vez piensan que deben hacer lo mismo que se hizo en Venezuela contra el chavismo. Pero eso es complicado: la exigencia de unirse frente a Alianza PAIS no podría resultar en la unidad de posturas tan antagónicas".

Sierra cree que no podría haber un proyecto político común entre una oposición tan variopinta como la actual. Además, estima que los intereses de grupos económicos poderosos pueden estar tanto en Gobierno cuanto en oposición, como un eje transversal muy poderoso. "No debemos hacer lecturas confusas, que desprendan la política de los intereses económicos", dice Sierra. 

Aunque en su opinión, Alianza PAIS perdió cualitativamente en las últimas elecciones, poco se han transparentado las vinculaciones económicas de cierta derecha tanto dentro cuanto fuera del Gobierno. 

"El 23 de febrero ganó la derecha, dentro y fuera del Gobierno. Los grandes perdedores fueron los socialdemocrátas en Alianza PAIS".

En este marco, considera que se busca una alianza global de la oposición,  cuyo eje sería simplemente una disputa política que frene la acumulación del poder de Correa. Una especie de segunda "camioneta", dice Sierra, recordando la imagen de los líderes de la derecha de Guayaquil y los izquierdistas de diversas tendencias en el derrocamiento de Abdalá Bucaram.

Pero ni Correa es Bucaram, ni las circunstancias son en absoluto las mismas del camionetazo de 1995. La oposición, en su criterio, se ha dado cuenta de que no puede enfrentar a PAIS por separado. "Hay tácticas políticas en las que sectores de oposición coinciden: tanto Guillermo Lasso cuanto el movimiento indígena quieren llamar a consulta popular para el tema de las enmiendas constitucionales. Pero los motivos de esa táctica no son los mismos", destaca.

Por el momento, el eje aglutinador es detener la concentración del poder del correísmo, que perjudica tanto a cierta derecha cuanto a los sectores populares. Esto, a pesar de que Sierra cree que el proyecto económico del actual Gobierno está claramente orientado hacia los intereses de la derecha.

"El 23 de febrero ganó la derecha, dentro y fuera del Gobierno. Los grandes perdedores fueron los socialdemocrátas en Alianza PAIS"

 

Natalia Sierra

"Hay un acuerdo para frenar lo que ocurre. Como cuando frente a gobiernos fascistas, las fuerzas de oposición se juntaron todas para frenar la expansión de un poder concentrador y totalitario", estima Sierra. 

Sierra comparte con Verdesoto la lectura de que los resultados de las últimas elecciones evidencian que el Gobierno no es invencible en las urnas. La posibilidad cierta de una alianza de oposición con posibilidades electorales sería el trasfondo de los gestos políticos de acercamiento. 

La propaganda, el control ideológico, en criterio de Sierra, sin precedentes en el Ecuador, serían las principales fortalezas del régimen de Correa, sin perjuicio de lo cual es víctima de un evidente desgaste político. 

¿Pero tiene futuro esta alianza en ciernes? Para Sierra se busca configurar una alianza de "centro" porque declararse de "derecha" ya no es buena carta de presentación. Por ello, se le apuesta a una postura democrática "en el sentido más tradicional de la democracia burguesa", en la que Rodas "suaviza" la imagen de Nebot, y, por otro lado, se busca un nuevo papel político para las alcaldías de las principales ciudades del país: convertirlos en escenarios de política nacional.

La analista estima que el papel de los movimientos sociales en este nuevo escenario está por definirse. El rol de Pachakutik, en su criterio el último partido de izquierda, al unirse con Nebot o Rodas, aun no está claro.

"El proyecto de la derecha ya está en marcha. Si hay otro candidato en lugar de Correa, me pregunto si cambiarán realmente las cosas. El marco que deja listo este Gobierno, de control como el que han implementado, simplemente será utilizado por un eventual sucesor de Correa", estima Sierra, quien es escéptica sobre que un pacto de oposición que venza al correísmo en las urnas implemente un proceso de desmantelamiento del andamiaje legal de control social que actualmente está vigente.

¿Cuál sería el escenario de un post correísmo, sea el origen que tenga? Sierra no cree que las figuras de una eventual alianza de oposición anulen leyes polémicas del correísmo, como la Ley de Comunicación o el flamante Código Penal que han consagrado el control casi total del Estado frente a la sociedad. 

"El proyecto económico actual necesitaba de un proyecto político autoritario, que detuviera la movilización de una sociedad que estaba organizada y movilizada".

En ese posible futuro, "¿qué van a hacer los movimientos sociales?" finaliza Sierra. 

 

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