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25 de Junio del 2015
Historias
Lectura: 23 minutos
25 de Junio del 2015
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Paco Moncayo: recomiendo a Correa que no se aferre al poder

Fotos: Luis Argüello

El general Moncayo habla desde su despacho, ubicado en la Av. La Coruña, en el centro norte de Quito.

 

El general Paco Moncayo, héroe del Cenepa, exalcalde de Quito y exlegislador nacional dice que la salida democrática y pacífica es que el presidente termine su periodo el 2017, abandonando el proyecto de las reformas constitucionales para la reelección indefinida. "No hay proyecto, por bueno que sea, y este no lo es, que justifique el romper las reglas del juego de la democracia para perennizarse en el poder", dice.

Paco Moncayo

Ex jefe del Comando Conjunto de las FF.AA., héroe del Cenepa, exalcalde de Quito, exlegislador. Catedrático universitario y de institutos miltares. Autor de varios libros.

¿Cómo analiza usted la situación actual del gobierno y la reacción de un buen sector de la sociedad?

Creo que la mayor parte de los ecuatorianos nos sentimos desconcertados, agobiados y poco a poco nos vamos desesperando. Porque amando como amamos a nuestro país lo vemos, en junio del 2015, como a alguien que perdió las mejores oportunidades para mejorar. Vemos a un país que tenía problemas, sobre todo una enorme inestabilidad -la cual era dañina para el Ecuador- pasar a una estabilidad sin democracia, que es lo peor que le puede pasar al país. Hoy, en junio del 2015, puedo decir que estamos viviendo la suma de trampas de un gobierno antidemocrático, autoritario, dirigido por una persona que no tiene las condiciones de estadista. Un país que ha pasado de trampa en trampa: hicieron trampa para la consulta para meter la mano en la justicia; hicieron trampa para la reforma a la ley electoral, cuando en la Asamblea enviamos un proyecto para que los funcionarios y dignatarios no usen el aparato del Estado, nos regresó al revés, para que puedan gastar sin límites de los recursos de todos los ecuatorianos y con el famoso método de Hont para tomarse la Asamblea; trampa para la Ley de Comunicación, ley en la cual nunca se debatió el tema de convertir en jurídicas las normas deontológicas que es una aberración, ni menos se discutió crear esa horrible Superintendencia mordaza para vergüenza de los ecuatorianos, que hoy tenemos la peor ley de Comunicación, la más agresiva y abusiva en contra de las libertades; es decir, trampa para todo, trampas que han ido encerrando a la sociedad en una situación tan compleja que vivimos en conflicto permanente, divididos, por regiones, por ingresos…

¿Y por qué caemos fácilmente en tantas trampas?

Creo que hemos caído en las trampas por dos razones, y eso muestra la historia del Ecuador: cuando hay bonanza económica la gente adormece sus inquietudes. Cada boom económico ha sido estable en lo político. Incluso el doctor Velasco Ibarra terminó su mandato por una sola vez en el boom del banano, cuando tuvimos cuatro gobiernos consecutivos que culminaron sus periodos. Hemos tenido ahora años de bonanza, que han permitido al mandatario autoritario legitimarse a través de la obra, los subsidios y respaldados por una propaganda de la peor especie. Esa es una razón para que hayamos caído de trampa en trampa. Y la otra razón es que siempre sucede así con la sociedad. Es clásico el ejemplo de la Alemania nazi, cuando se decía: ahora se está persiguiendo a los socialdemócratas, pero es que esos son medio bolcheviques; que están persiguiendo a los judíos… Y cuando ya todos cayeron en la gran trampa de ese gobierno autoritario, inhumano. También nos ha pasado eso: no que es contra los banqueros, contra los periodistas, contra los maestros, los indios… ahora es contra todos los que no pensamos igual de lo que piensa el oficialismo.

¿Cómo salir de las trampas? ¿El país se está moviendo en esa dirección?

Creo que la crisis va a llevar al país a salir de la trampa. Tengo el defecto de acudir a los ejemplos históricos. La Revolución Juliana se dio en un momento de grave crisis en la economía ecuatoriana, cuando se dejó de vender el cacao, cuando la escoba de la bruja afectó a la fruta y esa crisis despertó a la clase media y a los militares. Un segmento muy importante de la clase media que dio al traste con la plutocracia y permitió un gobierno de gran progreso como fue el de Ayora. Esta crisis está despertando a los ecuatorianos, porque sabemos que estamos en una grave situación, la cual no se puede tapar a los ojos de la gente ni se puede cubrir con irresponsable endeudamiento o buscando cargas impositivas insoportables. Esta crisis va a ser un momento de cambio, que tiene que ser democrático.

¿Qué implica que sea democrático?

Implica que el gobierno no quiera perpetuarse en el poder, con otra trampa: la de querer hacer cambios constitucionales profundos por el simple trámite de una asamblea tramposamente constituida.

Usted dice, en suma, que es un gobierno tramposo, ¿cómo es que habiendo tanta gente con experiencia e inteligencia política y legal en la oposición, el gobierno siempre se haya salido con la suya?

Hay varias razones. La primera razón es el oscuro pasado del cual todos queríamos salir. No olvidemos, y de eso soy testigo, lo que pasó para quebrar al Ecuador como lo quebraron a fin de siglo. Cómo se aplicaron recetas neoliberales mal digeridas que acabaron con nuestra economía. Recuerdo con claridad, porque fui diputado nacional, cómo no quisieron oír el clamor de gente patriótica. No éramos sabios pero nos preguntábamos cómo podían suprimir el impuesto a la renta, el que mejor redistribuye la riqueza. Cómo podían constituir una Agencia de Garantía de Depósitos mediante la cual todos los ecuatorianos íbamos a pagar los abusos e irresponsabilidad de algunos banqueros. Esas personas, que destruyeron al economía del país, la fe en el Ecuador, la esperanza son una base para que a futuro la gente diga: para volver a eso, sigamos nomás con este señor que por lo menos hace carreteras.

¿Pero cuál es la otra alternativa. Usted dice que debe haber una salida democrática, y el fuera Correa que se grita en las ciudades tendría que decir que el 2017 se vaya Correa? Pero el gobierno buscan perpetuarse ¿puede generar más conflicto?

Hay que esperar que, aunque sea hasta por miedo al fracaso al que nos ha conducido, el Presidente recapacite y permita que haya una competencia democrática, que nos permita a la gente progresista de nuestro país buscar un camino que no sea el propio Correa.

Si es que de este gobierno autoritario se sale por una vía no democrática y violenta, lo cual nadie quiere, habrá un solo responsable: el presidente Correa, porque él no es dueño de hacienda, no es patrón. Nosotros somos ciudadanos y la base de la constitución es esa, que el protagonismo vaya a la sociedad. Las encuestas sirven también para eso, no solamente las urnas  nos dicen eso. Si el 80% de los mandantes pide consulta para la reelección indefinida, y ellos se empecinan en mantener su voluntad por encima de la voluntad del mandante, entonces el mandatario se ha convertido en mandante. Entonces van cerrando los espacios de solución pacífica de un conflicto que ya existe. Todo ser humano racional busca soluciones jurídicas, pacíficas; solo las personas que han bloqueado toda visión de compromiso con su propio país puede buscar la violencia como salida. La historia nos dice que este tipo de gobiernos van cerrando todos los espacios a los acuerdos, los cuales se han vuelto mala palabra. Aquí acuerdo es mala palabra, paz social es mala palabra y se llama a hacer la guerra porque "por no hacerla estamos donde estamos". Ese es el discurso de todos los días. Entonces, si consenso es mala palabra, qué camino dejan a la sociedad: las calles, el reclamo. Y si aún eso no es escuchado, la historia nos dice que viene la violencia. Y eso, como ecuatoriano, jamás quisiera que pase en nuestro país.  Hay que esperar que, aunque sea hasta por miedo al fracaso al que nos ha conducido, el Presidente recapacite y permita que haya una competencia democrática, que nos permita a la gente progresista de nuestro país buscar un camino que no sea el propio Correa, pero que tampoco sea la vuelta al pasado, la vuelta a los mismos que ya destruyeron este país como una alternativa pendular. Hay que evitar que ese péndulo se mueva a  un pasado que ya fue nefasto.

¿Ese pasado está encarnado en Nebot y Lasso?

A mi juicio así es, al margen de los méritos personales de estos importantes ecuatorianos. Pienso que debe haber una alternativa democrática progresista, la cual permitió que haya una constituyente, que voto mayoritariamente por esta constitución, que ha votado en dos ocasiones para que el presidente Correa gobierne.

¿Volver a la promesa del 2006?

Creo que hay que volver a construir la promesa del siglo XXI. Recuerdo como Alcalde la visión de Quito del siglo XXI, y en esa decíamos, en un gran debate con 1500 personas representantes de muchos sectores, decíamos entonces que no podemos seguir haciendo más de lo mismo con los mismos, porque los resultados serán los mismos. Teníamos la esperanza de empezar este siglo con cambios fundamentales. Decíamos que cada cambio de siglo empezamos con procesos importantes en el Ecuador: del siglo 18 al 19 independencia, del 19 al 20 revolución alfarista; yo decía que del 20 al 21 debemos dar un paso en firme para construir un mejor Ecuador. Y esa fue la esperanza que ha sido frustrada por este gobierno. Nunca en el Ecuador tuvo la mejor ocasión para cambiar la estructura del país, porque tuvo recursos para hacerlo.

Si nos vamos a la versión oficial, el presidente y su gobiernó dicen que ha sido este el mejor de la historia después de Eloy Alfaro.

Hoy, en junio del 2015, puedo decir que estamos viviendo la suma de trampas de un gobierno antidemocrático, autoritario, dirigido por una persona que no tiene las condiciones de estadista.

La verdad es que en este país hemos tenido pésimos gobernantes. Cuando entro al Salón Amarillo y veo los retratos me digo que por eso el país está así; vaya y vea a todos. Por eso es que cuatro o cinco son excepciones. Entonces Correa será buen presidente, pero ¿comparado con quién? Ahora, avances ha habido. Lo que tendríamos que ver es si estos avances están de acuerdo con los recursos. Si los avances están de acuerdo con la oferta. Porque cuando inició Alianza PAIS como movimiento, y para la primera eleccion hubo una oferta, que entre otras cosas decía: un país sin caudillos, sin personas iluminadas, un país que sea una construcción colectiva. ¿Es eso lo que tenemos ahora? Cuando PAIS quiere perpetuarse frente a la opción de que sin Correa son nadie. Entonces no hemos avanzado. Yo no digo que no haya cambios importantes, que eran necesarios, pero creo que entre lo que pudo haberse hecho, en las condiciones en las cuales se ha gobernado y lo realizado realmente, hay una enorme deuda de Correa con la historia.

El Presidente ha basado su hegemonía política en la polarización; ahora plantea una más, que es la de ricos versus pobres a propósito de la ley de las herencias. El gobierno hace lo mismo que hace ocho años, ¿cree que la gente volverá a comprar el discurso de la polarización?

El aparato propagandístico del gobierno es muy grande. No hay duda de la enorme capacidad histriónica del liderazgo del presidente Correa. Tampoco hay duda de esa capacidad de trabajo, de estar en todas partes, y bueno hubiera sido que esos esfuerzos pudieran usarse para bien. Por todo lo anterior, el daño es peor, porque si toda esa energía, si toda esa capacidad de comunicación, si todo ese esfuerzo se hubiera encausado correctamente no necesitarían ser tramposos. El problema es que todo tiene un límite, y también el discurso se desgasta. Aquí hemos tenido un gran elector, que ha sido Álvaro Noboa: por no votar por Noboa votaron por Mahuad, por no votar por Noboa votaron por Gutiérrez, por no votar por Noboa votamos por Correa. Qué pasa: si no hay algún proyecto comparable o mejor que el de Correa, la gente va a votar por Correa. Eso es lo que debiera entenderse: la gente no quiere volver al país quebrado, al país sin fe ni esperanza, al país que expulsó a millones de ecuatorianos porque no tenía sueños que ofrecerle y para que vaya a vivir sus sueños frustrados en Europa o Estados Unidos. Eso puede pasar, y en esa medida es que se necesita un proyecto que la cautive, o por lo menos le de seguridad para lo que está por venir. Porque ya no es invento ni mentira, todo el mundo sabe que estamos en una situación angustiosa, que no hay salidas, que hemos llegado al límite en endeudarnos, en los impuestos y que sigue habiendo déficits peligrosos. Todos sabemos, y el propio Presidente lo ha reconocido, lo grave que es tener balanzas negativas en una economía dolarizada. Todos sabemos que una transformación real, para dejar de ser el país dependiente de las exportaciones primarias no se ha dado. Solo es cuestión de leer que el porcentaje de nuestras exportaciones petroleras, con relación a las exportaciones más exitosas de productos derivados de la pesca, por ejemplo, tiene un brecha enorme. Si no hay petróleo no hay nada. 

Está bien, nadie quiere volver a este pasado, pero tampoco quiere que las cosas sigan como está, y el Presidente no da visos de rectificación, ¿cuál es la salida?

Una tercera vía. Yo soy franco, no se necesita ser gran economista ni un filósofo de la historia para decir esto: ¿dónde está el sueño de la revolución (soviética) de 1917, que pretendía crear un mundo en el que cada cual entrege su trabajo a la sociedad conforme a su capacidad y reciba de ella conforme a su necesidad? Vaya a Rusia ahora y verá a las oligarquías mafiosas gobernando y a los trabajadores tan mal como antes. ¿Dónde están los proletarios que dizque gobiernan a través de un partido en China, y ganan menos que en cualquier otra parte del mundo y, es más, hasta ven deprimidos más sus salarios al punto que muchas multinacionales, hábidas de ganancias, van a ubicarse en China? ¿Dónde está el sueño del socialismo del siglo XXI? Hay que ver Venezuela. Ahora, veamos también del otro lado. ¿Dónde está la utopía neoliberal, que se construyó en los años 90 del siglo pasado, tras el colapso de la Unión Soviética? ¿A qué nos ha llevado? A un mundo en el cual el 1% de los seres humanos es propietario de la mitad de la riqueza que producen todos sobre la Tierra. A un mundo en que hay centenas de millones de seres humanos viviendo con menos de un dólar diario. Aquí, entre estas utopías, la única esperanza que puedo plantear es la de un sistema que recogiendo lo mejor de las revoluciones del siglo dieciocho y o mejor de las revoluciones del siglo veinte nos permita, como humanidad -porque lo que estamos hablando del Ecuador es un problema del mundo- encontrar un camino.

¿Y cuál es ese modelo exitoso?

Yo creo que el socialismo debe ser un paso adelante en todo, no retroceder en todas las conquistas que los seres humanos hemos realizado con luchas sangrientas.

Yo creo que sí han habido modelos exitosos en el mundo, que no hay que copiar tampoco. Y esos modelos exitosos son los de Europa del norte. Vaya a ver en Noruega, cómo el socialismo no pierde los valores de las revoluciones francesa y americana. Yo creo que el socialismo debe ser un paso adelante en todo, no retroceder en todas las conquistas que los seres humanos hemos realizado con luchas sangrientas, para ganar en un campo que es el más importante en la vida de los seres humanos. Porque si bien es importante tener pan, casa, recursos, mas importante es tener libertad, nuestros derechos preservados. Creo que puede haber un sistema que una las dos cosas, y que no se quiera a costa de nuestras libertades ofrecernos una sociedad en la cual todos vamos a tener recursos, pero todos más pobres y tutelados por un Estado todopoderoso. No olvidemos que los peores abusos en contra de los derechos humanos no han sido realizados por oligarcas, por banqueros, por periodistas o militares. Los peores genocidios se han producidos en países totalitarios. Los de Stalin, de Hitler, de Mussolini...

Pero siempre en nombre del pueblo, del bien común y de la felicidad.

Pero ni siquiera de utopías, porque esta implica un avance en valores. Por eso se dice que el papel de la utopía es que cuando más nos acercamos más se aleja. Se ha hecho todo eso no en nombre de las utopías sino de aberraciones ideológicas, bloqueos sociales, liderazgos perversos. ¿Qué ideología puede sustentar lo que hizo Hitler con el pueblo judío?  

¿Qué recomendaría al presidente Correa ahora?

Al presidente Correa lo único que puedo recomendarle, aun sabiendo que estas frases no van a ser escuchadas, es que no se aferre al poder. Que permita un desarrollo político del país en democracia. Que no hay proyecto, por bueno que sea, y este no lo es, que justifique el romper las reglas del juego de la democracia para perennizarse en el poder. Que deje el paso; porque también es un gran fracaso para él no tener en su movimiento otra figura. ¿Qué quiere decir eso? Que se ha rodeado de cualquier clase de gente. Que ha expulsado de su proximidad a cuantas gentes valiosas, que crearon el proyecto que ahora está en sus manos. Que respete la voluntad expresada por el pueblo en encuestas, en marchas, de mil maneras; que se vaya tranquilo habiendo cumplido un periodo importantísimo en la vida del Ecuador. Él ya está en la historia; el puede salir ahora y luego ser juzgado por lo bueno o malo que hizo, pero si se aferra al poder no hay salida buena. Juan José Flores se aferró  al poder, ¿y cómo salió? García Moreno se aferró al poder ¿y cómo terminó? Ignacio de Veintimilla se aferró al poder; el propio Eloy Alfaro no supo deshacerse a tiempo del poder. Este es el consejo de un hombre que ha vivido más que él y que debiera escuchar.

Creo que cuando todos nos unamos para hacer un mejor país podemos hacerlo. No se gobierna sobre la base del odio, no se gobierna sobre la base de enfrentar a una parte de la sociedad con otra.

¿Y al Ecuador, qué le diría?

Al país, decirle que hay salidas, que nos tocan momentos muy duros. Que nos mal enseñamos a un consumismo exagerado, que nuestra clase media tapa con una tarjeta la deuda que hizo con la otra, que vivamos sobre nuestras realidades, sobre nuestras reales posibilidades; porque el país sigue siendo pobre, dependiente del petróleo, que vamos a tener un alivio con la electricidad -grandes proyectos que van a perennizar el nombre del actual Presidente- pero no vamos a mejorar sustancialmente; entonces tenemos que acostumbrarnos a que también tenemos que aportar con el futuro. El papa Francisco lo dice clarísimo: si no cambiamos nuestros hábitos de vida y consumo no solo destruimos la sociedad sino al planeta. Esto lo digo con la mayor modestia, no hay fórmulas, no hay recetas; pero sí creo que cuando todos nos unamos para hacer un mejor país, podremos hacerlo. No se gobierna sobre la base del odio, no se gobierna sobre la base de enfrentar a una parte de la sociedad con otra; la lucha de clases que vio Marx ya fracasó. Creo en la sabiduría de Marx en cuanto al análisis de la sociedad de clases, pero creo que la sociedad dividida en clases tiene espacios políticos para resolver las confrontaciones. Porque cuando se ha llegado a los espacios de las armas y la violencia, los resultados están a la vista. Hay que aprender de la historia, la historia es una maestra.

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