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13 de Abril del 2015
Historias
Lectura: 66 minutos
13 de Abril del 2015
Juan Carlos Calderón / Plan V
Paúl Carrasco en su fanesca

Hombre de origen humilde, Paúl Carrasco creció cerca al campo y los mercados de su provincia, y se vinculó a las bases de la Izquierda Democrática. Aquí con una dirigente que fue su mentora política.

 

El prefecto del Azuay busca dar el salto nacional para disputar el poder en el 2017. Plan V acompañó al político de izquierda durante tres días para conocer su pensamiento y mirar la forma en que trabaja. Una crónica.

Doce funcionarios y funcionarias del equipo administrativo y financiero de la Prefectura del Azuay, con sus portátiles abiertas, prestan atención a las palabras de Paúl Carrasco, el prefecto, quien los ha convocado para decidir qué hacer con el presupuesto de la entidad, y cómo reducir los gastos.

Cerca del dignatario están sus dos principales asistentes: María José y Enrique, jóvenes y acuciosos, la primera, cuencana, atiende los requerimientos de Carrasco; el segundo, quiteño, lleva su agenda y dispone las citas.

Con un puntero láser, el prefecto se ha sentado en la cabecera de la larga mesa, en el elegante centro de convenciones Jardines de San Joaquín. A su lado está la viceprefecta, María Cecilia Alvarado, quien no solo es su firme aliada política sino la persona que asume las cargas administrativas y políticas de la Prefectura cuando Carrasco pone su atención en lo nacional e internacional.

La reunión transcurre sin tensiones a pesar de la vehemencia del prefecto y de su voz gruesa que se impone por sobre los demás. Ese miércoles 8 de abril de 2015 se está discutiendo el destino de 116 partidas presupuestarias de las 3800 que tiene la institución. "Tenemos que cortar la salida de celulares, -dice Carrasco- y regular los viajes internos, a veces me encuentro con gente en Quito y yo no he autorizado", señala, en un alarde de franqueza que será su característica a lo largo de estos días.

También lo será su constante iniciativa para ponerse al mando de los debates y decisiones. En el salón donde se discute el presupuesto, no duda en ponerse al frente, y junto a la proyección explicar detalladamente a sus funcionarios lo que está tratando de hacer con el dinero escaso. Se habla de deuda, de cuentas por pagar, de los créditos que los bancos han detenido, de la tasa solidaria para la vialidad rural que el gobierno central ha golpeado con una medida administrativa…

El presupuesto del 2015 de la Prefectura del Azuay es de USD 67 millones, de los cuales USD 38 millones llegan por asignación directa del Estado, de acuerdo con la ley. Pero, por la crisis, dice la viceprefecta Alvarado, el Estado central asigna los recursos a mes vencido, cuando hasta fines del 2014 lo hacía anticipadamente.

El presupuesto del 2015 de la Prefectura del Azuay es de USD 67 millones, de los cuales USD 38 millones llegan por asignación directa del Estado, de acuerdo con la ley. Pero, por la crisis, dice la viceprefecta Alvarado, el Estado central asigna los recursos a mes vencido, cuando hasta fines del 2014 lo hacía anticipadamente. Eso ha causado líos sobre todo con pagos a proveedores y otros compromisos. El gobierno provincial tiene un déficit de USD 5,6 millones para este año, el cual se generó, dice uno de los funcionarios, por una decisión de la Agencia Nacional de Tránsito que estableció que la tasa que la Prefectura cobra a los propietarios de los vehículos para invertir en caminos vecinales, no es requisito para matricular el vehículo. La proyección de la tasa eran unos USD 7 millones este año y ese dinero se reparte entre los cantones de la provincia, de manera proporcional al tamaño del cantón y de las vías que lo cruzan. Pero este año serán dos millones menos, calculan los funcionarios, por lo cual se les viene también problemas políticos con las comunidades.

La danza de cifras transcurre en la mesa, durante el almuerzo, cuya entrada es una ensalada de mariscos y el plato fuerte una carne asada con salsa de hongos. Ahí, la sobremesa es más divertida que cualquier presupuesto. María Cecilia “La Chechi” Alvarado, cuenta las dificultades de su relación política con su hermana Rossana, vicepresidenta de la Asamblea Nacional y militante destacada de Alianza PAIS. Esto a propósito de que no fue a comer fanesca a la casa de sus padres para evitar confrontaciones. No hablamos de política, dice, para no afectar su excelente relación familiar.  En la charla, el tema de la fanesca es recurrente. Los funcionarios sonríen y creen que la referencia del presidente Correa al plato estrella de la Semana Santa para ironizar sobre la alianza de Carrasco con Jaime Nebot y Mauricio Rodas, ha sido superado con creces. Carrasco reivindica  la metáfora presidencial a su favor: la fanesca es apetecida por los ecuatorianos y los representa en su diversidad.

Las cifras vuelven luego del almuerzo y, a propósito de la política, Carrasco revela que el Banco de Desarrollo les ha negado todas las solicitudes de crédito de la Prefectura, por lo cual tuvieron que acudir a la banca privada para financiar obras. Una retaliación política ejercida desde el gobierno a partir del 23 de febrero de este año, según Carrasco, cuando se hizo pública la triple alianza de los gobiernos locales de Quito, Guayaquil y Azuay. Así que la concentración del equipo administrativo vuelve a las cifras y a la necesaria austeridad. Por ejemplo, el prefecto ve innecesario que se siga pagando USD 167 000 como cuota anual al Consejo de Gobiernos Autónomos Provinciales del Ecuador, ex Concope, por solo unos pocos cursos de capacitación.

El prefecto se traslada en un Ford Explorer automático de siete asientos y con acabados de madera. En la parte delantera, junto al chofer, está su jefe de seguridad; en los asientos del final van sus dos asistentes; contestan las llamadas, y resuelven cualquier duda técnica. Detrás del Ford va pegada una camioneta doble cabina con más miembros de su seguridad. "Lo pusimos recién, explica Carrasco, desde el asiento trasero derecho del Ford, porque en la campaña quisieron agredirme y tengo información de que el Gobierno quiere provocarme para que yo estalle, es que conoce como soy".

La veloz comitiva llega a la llamada casa de la provincia, una enorme y antigua construcción que está en remodelación.


El Preequipo financiero de la Prefectura durante la reunión para racionalizar el presupuesto del 2015. 

Ahí está el cuartel general de Carrasco, al cual entra por unas gradas de madera, de uso particular, y una puerta que solo se abre con una clave personal. El ingreso tiene una pequeña sala de estilo minimalista y madera de aglomerado oscuro, a mano izquierda un vestidor y un baño, y luego el despacho con una pequeña sala; nada del otro mundo.

Detrás, separado por una pared de madera está su equipo de trabajo: seis personas que atienden el despacho. Y a puerta seguida la sala de reuniones. Ahí lo espera la Comisión de Límites para resolver los temas pendientes de los límites provinciales. Están presentes funcionarios, asesores y algunos consejeros, uno de ellos de PAIS. La relación es cordial, amable casi, y las bromas matizan la presión. Pero el tema no es para reírse: el cantón Camilo Ponce Enríquez ha sido una piedra en el zapato en los acuerdos de límites de la provincia y la Comisión de Límites debe preparar un informe para la decisión de la Cámara Provincial, cuyos miembros, que son todos los consejeros, alcaldes y delegados de las Juntas Parroquiales deberán decidir si le dan la razón a Cuenca o a Ponce Enríquez.

Carrasco se pone al frente de la sesión y abandona su asiento para colocarse al pie de la moderna pizarra líquida. "Estamos metidos en un liazo, se va a armar la grande", dice a sus ocho interlocutores. Y así es; la provincia ha resuelto 19 conflictos de modo pacífico, incluso algunos muy calientes con otras provincias, pero en los límites internos se han desatado las pasiones.  La sesión se concentra en los impactos políticos que puede haber entre Cuenca y Ponce Enríquez; por ejemplo, la viceprefecta Alvarado ha anunciado su voto por Cuenca, y Carrasco por el otro cantón. Pero lo que se teme es que estalle la violencia, pues los de Ponce llegará con gente a vigilar las votaciones; se pedirá apoyo policial e incluso se prevé una salida de emergencia para la Cámara Provincial.  El tema político es crucial.


Cálculos políticos a mano alzada: una exposición de Carrasco ante sus funcionarios sobre el tema de los límites provinciales. 

Marcador en mano, Carrasco hace los cálculos en la pizarra, sobre la votación de esta semana, pero también se habla de posibles revocatorias de mandato y hasta de consulta popular. No lo dicen abiertamente, pero se insinúa la mano del gobierno en la terquedad del alcalde de Ponce Enríquez. El consejero del PAIS guarda silencio. Carrasco escribe, mueve las manos, toma agua, domina el escenario.

Al final, la resolución es presentar un solo informe sin recomendaciones. Y hacer los cálculos para que se resuelva todo en paz. La difícil sesión termina cerca de las 19:00. Es miércoles y el prefecto debe acudir a su programa de televisión, de una hora de duración, que se trasmite en vivo y se llama AjíTV. Carrasco tiene también un programa de radio, los sábados a las seis de la mañana, que trasmiten varias emisoras. El prefecto no descuida su imagen mediática: está siempre acompañado de dos fotógrafos, una periodista y un camarógrafo.

Pero en el vestidor del despacho no hay testigos. De su apariencia informal, chaqueta, jean y botines, Carrasco se ha transformado en un elegante presentador de terno negro, camisa blanca y corbata fucsia. Pero antes ha pasado por la intimidad del peluquero.

Don Telmo Riera es un viejo peluquero que también arreglaba el cabello del padre de Carrasco. Frente al espejo, mientras don Telmo recorta la barba e iguala el cabello, Carrasco se reúne con dos miembros de su comisión política. El dilema que se decide es delicado para la política provincial: la asistencia o no a la sesión solemne por la fundación de Cuenca, que presidirá el alcalde Marcelo Cabrera. El tema es que faltan tres días y el prefecto no ha sido invitado, y tampoco ha recibido la llamada personal del alcalde cuencano, cosa que al parecer el protocolo estila.

En el baño del despacho de Carrasco se deja en claro que si el Presidente Correa va a la sesión, el prefecto  no irá: donde va Correa no va Carrasco, dice, por respeto al Azuay no se va a exponer a una ofensa presidencial. El tema es que la Presidencia aún no confirma quién irá a la sesión solemne. Finalmente llegaría Fernando Cordero, el cuencano ministro de Defensa, lo cual era previsible por los analistas reunidos en el baño. Con el babero sobre los hombros, Carrasco vuelve a su vocación pedagógica: en política hay que sentarse a conversar, la política es de actores, de adversarios no de enemigos. Estás en un cargo un día y luego ya no estás y no puedes llenarte de enemigos…

El maestro Riera termina los últimos detalles en la cabeza de Carrasco. Le dice Paulito, con esa delicadeza morlaca en el trato. Carrasco se levanta para ponerse el terno negro y prepararse para el programa de televisión. Riera recoge sus cosas y se prepara para un nuevo cliente, que puede ser el alcalde Cabrera, a quien corta también el cabello. 

El análisis de Carrasco y sus asesores políticos es que, políticamente, el alcalde cuencano está solo. A pesar de que una vez electo cambió dramáticamente su posición contraria al régimen, este, al parecer, lo ha dejado solo. Solo así se explica que envíe apenas un ministro, así sea Cordero, a la principal sesión solemne del año en Cuenca luego de las fiestas de independencia.

Pero piensa que su tarea como amigo y político no es dejar solo a Cabrera, pues Carrasco también necesita aliados. Esa fue la intención y el origen del llamado acuerdo de la unidad con Nebot y Rodas. Después del triunfo del 23 de febrero del 2014, en el cual el Prefecto asumió su tercer periodo, Carrasco intentó conversar con el gobierno de todas formas, no para ponerse de su lado, sino para evitar la orfandad política. No le pararon bola, ni siquiera devolvieron sus llamadas. 

Carrasco intentó conversar con el gobierno de todas formas, no para ponerse de su lado, sino para evitar la orfandad política. No le pararon bola, ni siquiera devolvieron sus llamadas.

Así que cambió de estrategia y buscó el apoyo de otros colegas electos, especialmente los más fuertes, de Quito y Guayaquil. Con ellos tampoco tuvo convocatoria, pero persistente como es en sus objetivos buscó la intermediación de una firma de consultoría política. Así se armó un acuerdo, que Carrasco justifica como la forma correcta de enfrentar a un gobierno que califica de centralista y abusivo. Es decir, a pesar de tener un 68% de aprobación (es otro político que desayuna y cena encuestas) se sabe lo suficientemente vulnerable para enfrentar al todo poderoso Estado, que ahora puede, gracias a sus decretos, acuerdos y leyes, botar de un plumazo cualquiera de sus mejores proyectos populares.


El famoso peluquero Telmo Riera afeita y corta el pelo de Carrasco, mientras comenta de política con Esteban Bernal, uno de sus asesores.

Carrasco hace estas reflexiones en el sofá de la sala de su despacho. No ha terminado de hablar cuando entra al lugar César Rodríguez, el ex asambleísta que abandonó PAIS y que ahora es el secretario nacional del movimiento Podemos, al cual pertenece el prefecto Carrasco con el movimiento provincial Participa.

Rodríguez le enseña unos papeles y hablan del recorrido que el prefecto hará en mayo próximo: va a visitar 20 provincias para consolidar su imagen nacional, un periplo apretado  en el cual todo tiempo es corto. Empezarán por el sur del país, para reunirse con Marcelino Chumpi, Salvador Quishpe y consolidar la posición de Pachakutik que quiere aliarse con Carrasco y compañía para las próximas elecciones.

Rodríguez le dice conocer que Pachakutik está dividido y que un grupo buscará aliarse con Guillermo Lasso, otro con ellos y el otro quiere ir con candidato propio. Mientras hablan de política el personal del despacho merienda. Ellos no se irán mientras el jefe lo autorice; antes de partir a la estación de televisión, Carrasco da las últimas indicaciones. Luego informa que está por publicar un libro auspiciado por la Universidad George Washington, de la capital estadounidense.

El prefecto tiene una fuerte agenda internacional. Este ingeniero agropecuario es considerado un experto en desarrollo local, y en su calidad de presidente mundial de los gobiernos locales, el Foro Global de Regiones, tiene un asiento permanente en las Naciones Unidas. Obtuvo la presidencia gracias a un acuerdo político con los partidos socialistas europeos, el organismo agrupa a 900 regiones del orbe. También es vicepresidente mundial del Global Task Force, que preside el alcalde de Estambul. Pero le tiene cuidado a esas agendas, dice. La gente en Azuay -dice- no perdona que el prefecto deba dedicarse a tanto tema por fuera de los límites y necesidades provinciales. La gente le puede castigar políticamente por ello, aunque no abandona su enorme autoestima que tiene y la propia confianza en su carisma.

La gente en Azuay no perdona, cree, que el prefecto deba dedicarse a tanto tema por fuera de los límites y necesidades provinciales. La gente le puede castigar políticamente por ello, aunque lo dice la enorme autoestima que tiene y la confianza en su carisma.

El prefecto cuenta de todo esto en el camino a una conferencia que dará en el hotel Crespo, en plena Calle Larga, para unos delegados nacionales e internacionales a un seminario de la Prefectura sobre ecodesarrollo. La charla es corta porque el tiempo apremia. El programa de televisión es en vivo y la estrella no puede faltar, así que la movilización es a toda velocidad por las calles estrechas de la ciudad antigua. María José mira el reloj y desespera. Carrasco se baja del Ford a toda carrera y sube de dos en dos las gradas de los tres pisos de Unción TV, la emisora regional que trasmite su programa. El set está preparado con un fondo de pared y horno de barro. El conductor, Fernando Valencia, que trabaja también para Comunicación Social de la Prefectura, lo espera muy rígido en su asiento. El productor, David Neira, se pasea por el gran set y pide que todos apaguen sus celulares, preparados, cinco, cuatro, tres, dos… empezamos.


En el set de Unción TV, de Cuenca, todo está listo para el programa del prefecto. Su asistente, María José, agita una carpeta para evitar que el prefecto sude. 


El Prefecto domina el escenario mientras da consejos ante las cámaras y entrevista a los presentes. 

El Prefecto es un showman. Domina el escenario así como hace con las reuniones políticas o de la Prefectura. Hace las preguntas y tiene las respuestas, pone entusiasmo en su equipo de funcionarios, ahí presentes, listos para responder las preguntas que Carrasco haga sobre cualquier tema.

El programa es una rendición de cuentas entreverada con reportajes promocionales de la Prefectura sobre obras y proyectos. Esa noche cuentan sobre la producción de Agro Azuay y sortean una canasta de verduras producidas en las granjas de la institución; hablan maravillas de los productos derivados de la leche de la fábrica Jubones, y exhiben el yogur, el queso…

También aparece una bicicleta para promocionar los programas de deportes de la entidad, y se presentan los atléticos promotores de la bailoterapia, el programa masivo de la Prefectura que funciona todas las noches en 60 puntos de Cuenca. El prefecto se levanta de su asiento, habla a la cámara, corrige datos, entrevista a los bailarines, da consejos a los televidentes… Una hora en la cual se lo nota divertido. No ha perdido una gota de energía en todo el día. Cuando termina el programa el mismo reparte el queso De la vaca, que produce la fábrica de la Prefectura y se toma un yogurt pues no ha cenado. Antes de salir, el productor le pregunta si renuevan el contrato de publicidad con Ecuadoradio y Regresando con Andrés Carrión, y Carrasco no lo duda ni un segundo: "hazlo de inmediato", ordena.

Son casi las once de la noche cuando inicia el retorno a casa. No se le nota cansado pero sí nostálgico ante la pregunta de cómo la familia encaja ese ritmo tan frenético. Habla de su esposa María Augusta, Mayu, de sus tres hijos varones, al primero de los cuales los conflictos políticos del padre lo han alejado un poco. Su esposa dejó de trabajar para sostener el ritmo de Carrasco.

Enrique, su asistente, es el último en acostarse esa noche. Les espera una jornada desde las seis de la mañana, pues debe estar en ese mismo canal para una entrevista en el noticiero. El joven político de 29 años vive en Cuenca desde hace tres meses y asumió el pesado cargo por recomendación de su amigo Juan Sebastián Roldán, de Ruptura, movimiento que tiene una alianza con Participa. Roldán es parte de la comisión política de 18 miembros que asesora políticamente a Carrasco y a Participa a escala nacional. El movimiento también tiene un cuarto de guerra, que resuelve las crisis y da línea política sobre acuerdos e iniciativas.

Antes de la entrevista, el periodista Piedra comenta con Carrasco sobre el presidente Correa. La conversación fuera de micrófonos se dirige a que el Presidente tiene reacciones cada vez más viscerales. Hablan de Correa como quien se refiere a un hermano menor descarriado.

Al llegar a Unción TV, a las siete de la mañana, lo aguarda ya su equipo de prensa  y un fotógrafo. Carrasco tiene que esperar a que termine una entrevista con Eliecer Cárdenas, el autor del clásico Polvo y Ceniza y director de la biblioteca de la ciudad. Habla de la historia de la región del Azuay, de los orígenes ancestrales. Al salir se abraza cariñosamente con Carrasco. El tema de la entrevista con el prefecto es si irá o no a la sesión solemne; pero aún no está nada resuelto, y repite lo que acordaron con su equipo político mientras le cortaban el cabello. Lanza un mensaje al alcalde: "aún no me ha llamado, espero que me llame".  Luego habla de la tasa solidaria, un tema que lo persigue a toda sombra. Lo mismo hablará en la radio La Voz del Tomebamba, en su siguiente parada, en el programa de noticias que dirige Jorge Piedra, hijo. La cabina de la radio es estrecha y antes de entrar Enrique le pasa los papeles con los principales datos que deberá responder. Hay un problema adicional, dice el prefecto, a quien al parecer los problemas no le faltan: una ordenanza del Municipio, impulsada por los animalistas, prohíbe las peleas de gallos, y en la zona rural del Azuay, de la cual Carrasco es responsable político, hay nada menos que 1200 galleros y esa medida puede poner en riesgo unos 5000 empleos. 

Antes de la entrevista, el periodista Piedra comenta con Carrasco sobre el presidente Correa: se lo ve golpeado, dice este hombre de mediana edad, calva incipiente y ademanes y voz apacibles. La conversación fuera de micrófonos se dirige a que el Presidente tiene reacciones cada vez más viscerales, que ha perdido cuatro a uno en las redes sociales, que no le quedan argumentos sino los mismos. Hablan de Correa como quien se refiere a un hermano menor descarriado. Antes de entrar a micrófonos Carrasco remata: tengo la impresión de que la gente dice, bueno estuvo, bueno está, pero ya basta.


Antes de entrar a la entrevista, Enrique, su asistente, muestra a Carrasco la evolución de los precios en el mercado. 

Lo que el prefecto ha contado entre bastidores lo repite en los micrófonos: que hicieron todos los intentos para hablar con el gobierno luego del 23F del 2014, pero lo de Correa es una negativa total a dialogar y una creciente tendencia a imponer sus posiciones. Justifica el pacto con Nebot y Rodas y torea la pregunta de Piedra de cómo se sienten sus aliados de izquierda con ese pacto con lo más granado de la derecha política. Dice apenas que hay que aprender a dialogar con todos los sectores y que la gente lo apoya, pero que la gente está preocupada de los precios, y muestra una encuesta que la Prefectura ha hecho en cuatro mercados de Cuenca para demostrar cómo algunos productos, como la cebolla paiteña, han subido hasta el 50%. Habla de la autonomía local, de cómo el gobierno está centralizando el país nuevamente y luego pasan a Guillermo Lasso: si hay algo que me han enseñado los diez años de Prefectura es aprender a escuchar al otro, dice, pero Lasso no puede hablar de unidad para el 2017 o para la lucha contra las enmiendas con su candidatura por delante.

Desde los micrófonos propone a Lasso que deseche públicamente sus pretensiones electorales para conversar de igual a igual, algo a lo que está dispuesto. Y de nuevo la pedagogía política en los micrófonos de La Voz del Tomebamba: "mire Jorge, sobre la alianza con Nebot, todo país tiene una historia y un pasado, pero no podemos quedarnos en el pasado, hay que dejar de lado las confrontaciones y forjar una alternativa común".


Carrasco en La Voz del Tomebamba, jundo al director Jorge Piedra, de camisa a rayas y lentes.

En el camino de regreso a la Prefectura profundiza en lo dicho en la radio. Cree que debe dar el salto a lo nacional, pues el ciclo provincial está agotado. Está en su tercer y seguramente último periodo, ¿y luego?

Él cree que los cuencanos siempre han estado atrás de otros, se han sibido siempre a un caballo prestado, y que han sido poco proactivos por dar un presidente cuencano al país por mérito propio, pues Cuenca y el Azuay han aportado al Ecuador y tienen mucho más que dar de su modelo de desarrollo.

“Los políticos de Quito me critican porque no soy un académico, tipo Alberto Acosta, dice,  en un rapto de sinceridad, soy hijo de un agricultor”. Pero Carrasco es hijo también de la política. Su familia, también por Carpio, está llena de políticos conservadores y de izquierda.

“Los políticos de Quito me critican porque no soy un académico, dice,  en un rapto de sinceridad, soy hijo de un agricultor”. Pero Carrasco es hijo también de la política. Su familia, también por Carpio, está llena de políticos conservadores y de izquierda. Él optó por este lado de la historia. Desde los veinte años buscó una entrada en la entonces poderosa Izquierda Democrática, fue consejero provincial y luego prefecto con ese partido. Luego de la debacle del mismo fundó otros movimientos, pero no dejó de seguir el pulso de los movimientos sociales, hasta que llegó al acuerdo con PAIS y luego de un año su salida de la órbita correísta. Su familia del lado de la izquierda no comprendió esa decisión y lo satanizó por  varios años. Hasta cuando pdudaba de su campaña para un tercer periodo lo convocaron a una reunión familiar y le dijeron que tenía toda la razón de oponerse a Correa, y le dieron su apoyo y bendición para su tercer mandato. Ese día lloró de la emoción.

En el salón del edificio antiguo de la Prefectura, Carrasco se sienta frente a una sala llena de aliados políticos, funcionarias y funcionarias. Preside una sesión de información sobre el modelo de gestión de la Prefectura.

Al prefecto le encantan las presentaciones y pide que cada uno de los presentes lo haga. Empieza la viceprefecta María Cecilia Alvarado, pero hay otros rostros conocidos: Mónica Chuji, Irene Pesantez, Rosendo Rojas… A ellos se suman varios ejecutivos, la mayoría jóvenes, que dirigen los proyectos y programas de la Prefectura: René Lucero, Dolores Tacuri, Eduardo Clavijo, Fernando Carpio, Juan Pablo Carpio, Fernando Valencia, Marco Delgado, Catalina Zalamea, René Inga, Javier Ordóñez, Esteban Bernal…

La exposición es sobre las 15 políticas públicas, los 29 programas y los 76 proyectos que llevarán adelante en el quinquenio 2014-2019. Y se habla de toda la construcción teórica de la participación social, de cómo es el proceso de la toma colectiva de las decisiones y de la prioridad del gasto; se habla del concepto de democracia radical, que se resume en escuchar a la gente y respetar su palabra, algo que parece de sentido común, pero, como dice "La Cheche" Alvarado, los políticos se olvidan cuando llegan al poder.

En esa reunión es evidente la relación entre el movimiento Participa y la gestión institucional. Está claro el sentido político de esa relación, que la encarna René Lucero, presidente de Participa y a la vez presidente de las 61 juntas parroquiales de la provincia.


María Cecilia Alvarado, la viceprefecta, mantiene una relación fluida con el prefecto Carrasco.

El modelo se llama “Pentágono de la gestión pública”, por los cinco ejes: democracia radical, que son los fundamentos ideológicos; gestión pública, cuyo eje es la deliberación de la comunidad; gestión del mapa estratégico; gestión política de lo público y la evaluación, transparencia y rendición de cuentas.

En la reunión de dos horas se emiten varios conceptos que equivalen a una declaración de principios: redistribución del poder, toma de decisiones con la comunidad, priorización sobre la base de necesidades, parlamentos populares para la toma de decisiones, escuchar a la gente, corresponsabilidad, encadenamientos productivos, aspiraciones colectivas.

Hay en esas voluntades políticas el convencimiento de que están haciendo una propuesta novedosa que significa que la gente, sus electores, tengan el poder real de las decisiones y por eso repiten una de las frases de Carrasco: no hay que tenerle miedo al disenso. Irene Pesantez traduce el concepto citando frases del Prefecto: la democracia radical es la capacidad de hacer acuerdos legítimos para garantizar la participación ciudadana. Es el antídoto para el autoritarismo.

Irene Pesantez traduce el concepto citando frases del Prefecto: la democracia radical es la capacidad de hacer acuerdos legítimos para garantizar la participación ciudadana. Es el antídoto para el autoritarismo.

Y otro punto fundamental del modelo es la producción social, la construcción de empresas mixtas que permitan suplir necesidades y romper monopolios; se habla ahí de la lechera Jubones, de la empresa vial Asfaltar, que se formó para garantizar los insumos para la vialidad en la provincia y ahora brinda servicios a otros gobiernos seccionales… Hay 35 000 pequeñas y medianas empresas en el Azuay, de estas el 38% son agrícolas y se buscan los encadenamientos productivos para competir en un mercado oligopólico. Preferimos estar cerca de la gente que de Carondelet, dice María Cecilia Alvarado para terminar. Hay convicción, profesionalismo y sobre todo autocrítica en ese grupo de colaboradores, la médula ósea de la política de Carrasco.


La prensa asiste a la rueda de prensa de la Prefectura por la visita de la jueza Carmen Velásquez, de traje gris.

Marco Delgado acepta continuar la charla por separado en un restaurante del centro donde se puede pedir huevos preparados de cualquier manera. Él dirige el proyecto social Equidar, el cual entrega un litro de leche a 9600 familias todos los días. Un proyecto de impacto dice este joven ejecutivo desde la mesa del restaurante, donde se encuentran muchos turistas y residentes extranjeros, en esta urbe que ha dado el salto de la parroquia a una ciudad cosmopolita sin perder su encanto tradicional. Dávalos es un hombre comprometido con Carrasco: lo conoce desde hace varios años, cuando se convirtió en su asistente personal.

Eso significó horarios imposibles, madrugadas, anochecidas, viajes y el consecuente abandono de la familia. Duró tres años a ese ritmo y estuvo a punto de perder en el ring familiar por abandono. Carrasco es franco, sincero y querendón, dice de entrada, pero reconoce que “era un cuadrado” cuando empezó en la Prefectura; dueño de la verdad, quería imponérsela a otros.

Estos diez años en el servicio público en Azuay le han enseñado a respetar y valorar la diversidad, sobre todo a aceptar la crítica del otro y enfrentarse al hecho de estar equivocado. Tiene un carácter fuerte e impone orden también, reconoce Delgado. Para decirlo suave, cuando se enoja realmente hay que tenerle miedo…

El propio Carrasco reconoce su carácter explosivo que ha aprendido a dominar, sobre todo cuando sus padres, hermanos y su esposa se tomaron la molestia de decírselo en la cara cuando cierta vez se pasó de la raya. Y sabe que su carácter puede ser un factor en contra, no en vano, insiste, cree que hay grupos de provocadores entre sus enemigos políticos que lo buscan para sacarlo de casillas “porque me conocen”. Yo era un creído, pero también aprendí a escuchar las críticias y a reconocer que había personas en mi entorno que no compartían mis políticas. Entre el Carrasco del 2005 y del 2015 median diez años de intenso aprendizaje, que ha pulido su espíritu y ha motivado su voluntad de poder, dice Delgado.


Carrasco junto a la jueza Carmen Velásquez en el mercado central de Cuenca.

Voluntad de poder es lo que tiene Carrasco. Se le nota en la mirada, en los gestos, en la forma de hacer la política. Es un hombre que se ha propuesto entre ceja y ceja ser presidente de la República, dice Fernando Vega, ex asambleísta y otro apóstata del correísmo.

El ex sacerdote Fernando Vega reconoce que Carrasco ha cambiado, es alguien con quien se puede conversar ahora, pero cree que sigue repitiendo el tipo de liderazgo populista que caracteriza a los pequeños y grandes caudillos: el mando vertical, el culto a la personalidad…

El ex sacerdote reconoce que Carrasco ha cambiado, es alguien con quien se puede conversar ahora, pero cree que sigue repitiendo el tipo de liderazgo populista que caracteriza a los pequeños y grandes caudillos: el mando vertical, el culto a la personalidad… Carrasco sabe de sus propios defectos y sus límites. Se considera un hombre vinculado a la ética de lo popular, y por eso ahora no comulga con la que llama izquierda académica: es horrorosa la forma en que esa izquierda se aprovecha de las personas, las utiliza, las manipula y luego las escupe. En esa, su crítica, claro, incluye sobre todo a sus ex compañeros del correísmo. Pero ahora parece haber entendido que la gente es diversa, y hay que sentarse a conversar con todos. Viendo su comportamiento en esas horas se puede suponer que hace un gran esfuerzo por dominar sus pasiones. Pero no puede dejar de rendirse a su gran pasión, la política.

"Nosotros vamos a ser gobierno, compañeros", dice Carrasco desde la cabecera de la mesa de reuniones y toca madera tres veces. La frase, dicha de modo rotundo por el prefecto causa risas nerviosas por la sorpresa, no es broma. Es la una de la tarde de ese jueves, y la comisión política de Participa se da tiempo para una reunión a puerta cerrada en la oficina del director administrativo financiero de la Prefectura. Participan dos concejalas del Municipio de Cuenca, y otros asesores políticos, junto a María Cecilia Alvarado.

La reunión es para resolver varias cosas, como la sesión solemne por la fundación de Cuenca, la relación con el alcalde, la votación en la Cámara Provincial y la situación de PAIS y del gobierno y la forma en que está arremetiendo contra la Prefectura. Hay prudencia y hasta recelo en los reunidos, pero Carrasco les insiste en que valoren lo que tienen: un partido político con amplio respaldo, el 68% de apoyo y llama a su gente a dar golpes políticos, a pasar a la ofensiva en lugar de defenderse de los golpes del gobierno central. 


Constructures y fiscalizadores se enfrascan en un debate en media calle con el prefecto Carrasco para resolver los tiempos de la vía El Valle-Cuenca.

Minutos antes de esta reunión donde se ha decidido la táctica coyuntural de la política provincial y se han ventilado las aspiraciones nacionales, la viceprefecta Alvarado estaba sentada junto al prefecto en una rueda de prensa con la jueza Carmen Velásquez, quien ha arribado de visita a Cuenca. Atender a la magistrada ecuatoriana, primera en llegar a la Corte Suprema del condado de Queens, es un acto protocolar que les tomará hasta media tarde de ese día. 

Carrasco ha hecho esperar a la magistrada y a su delegación para saludar con beso y abrazo a todas y cada una de las vendedoras del mercado, levantar a sus hijos y abrazar a quien se acerque.

En el mercado de Cuenca, donde estas dignidades almuerzan hornado y mote con la jueza y su nutrida delegación, Paúl Carrasco es el rey. Ha hecho esperar a la magistrada y a su delegación para saludar con beso y abrazo a todas y cada una de las vendedoras del mercado, levantar a sus hijos y abrazar a quien se acerque. Los fotógrafos de la Prefectura no lo desamparan, lo mismo que los miembros de su seguridad. Luego lo esperan en el opíparo almuerzo. En el mercado, Carrasco está como en casa. Las vendedoras lo reciben entre besos y abrazos, y un cariño sincero; el prefecto corresponde. No habla mucho con la jueza invitada, la cual chapotea también entre varias muestras de cariño, pero tiene una conversación larga y casi en solitario con Rosa Matute y otras vendedoras de comida.


Carrasco no desaprovecha oportunidad para darse un baño de popularidad. Aquí en el mercado central de Cuenca saluda con las vendedoras, mientras el fotógrafo oficial no deja de hacerle fotos.

Rosa fue fundadora de la Izquierda Democrática, y ahí vio el nacimiento político del "Paulito", el cual desde muy joven manejaba un camión de su padre donde llevaba frutas y verduras al mercado. En la charla ella recuerda vivamente al doctor (Rodrigo) Borja. Dice que lloró cuando lo vio en el relanzamiento de la ID el año pasado. Y no pierde la esperanza de que Carrasco retorne al redil cuando sean de nuevo partido. Pero mientras tanto lo apoya, le pide que se cuide, quieren dañarlo le advierte. Carrasco asiente como si del consejo de una hermana mayor se tratara. Luego se despide y sale acompañando la delegación de la jueza.

Pero el intercambio de besos es el mismo a la salida que la entrada y eso causa demora. Ya son pasadas las tres de la tarde y en la Prefectura le espera un grupo de presidentes y promotores de juntas parroquiales.  En el camino por la  calle el prefecto se encuentra con varios amigos, la gente lo saluda o hace sonar el claxon levantando la mano.

El político en su papayal, se nota que le encanta aunque por lo pronto se queja de cansancio. No hay como creerle, se ve la chispa en sus ojos, cuando explica que resolvió dar el salto a lo nacional, apostar por la Presidencia, por pura frustración: frustración de que cualquier proyecto que se desarrolle en lo local sea bajado de un plumazo por un poder centralista y autoritario que hace lo que le da la gana. Son sus palabras y las dice con una mirada concentrada.

Frustración que lo abruma porque no puede conseguir mucho de lo que quiere mientras sea poder local, y por eso se siente como un animal poderoso pero atrapado, con la rienda corta. Y se propone cambiar, o intentarlo al menos, el modelo administrativo, político y económico del país, que lo define actualmente como centralista, vertical y oligopólico en todos esos sentidos. Y esto se repite en todos los gobiernos y cree que seguirá así por siempre si no se vuelve a la gente para generar una participación real y toma de decisiones compartidas.

Con una de las expresiones de esa participación real se da la siguiente reunión. Los delegados de las juntas, que pertenecen al movimiento Participa se agrupan alrededor de una mesa para definir las atribuciones de esa representación local en el control y mantenimiento de las vías.

El mantenimiento de las vías que controla la Prefectura puede llegar a valer un promedio de USD 15000 por kilómetro, pero con la minga y en un proceso de codesarrollo se ha bajado a USD 4000. La crisis obliga a ser creativos y ese es el contenido de esa charla.

Para ello se requiere una ordenanza provincial y lo que hacen los delegados, muchos de ellos muy jóvenes, es definir los términos del mismo. Lo que dan en llamar la geometría vial. No solo se trata de aplicar ese concepto de democracia radical en las carreteras, sino de ahorrar dinero. El mantenimiento de las vías que controla la Prefectura puede llegar a valer un promedio de USD 15000 por kilómetro, pero con la minga y en un proceso de codesarrollo se ha bajado a USD 4000. La crisis obliga a ser creativos y ese es el contenido de esa charla. Finalmente definen los ejes políticos para la ordenanza y la manera como la van a vender a las comunidades, pues para lograr ese ahorro hay que apelar a la minga ancestral y a la cooperación mutua. Estos dirigentes parroquiales saben lo que dicen, se conocen de memoria la Ley de Caminos, cuyas multas aún están en sucres,  y quieren pelear por sus competencias. Ellos creen que la descentralización puede ser una utopía pero por lo pronto es un fracaso a escala nacional. Consideran que no hay en ninguna otra provincia, salvo el Azuay, una participación tan activa y determinante de las juntas parroquiales y las comunidades en la toma de decisiones. Dirigentes que más de una vez se han puesto contra el prefecto cuando hay contradicciones con las comunidades.

Al final de la reunión, Carrasco está listo para hablar de números. El modelo económico que propone parte de combatir el mercado oligopólico ecuatoriano, una estructura que favorece a los más grandes al servicio de los cuales se ha puesto el gobierno “revolucionario”. Ese es el diagnóstico: en términos de la economía real, el gobierno ha hecho más ricos a los ricos y ha creado nuevos grupos económicos bajo el mismo esquema y lo que Carrasco plantea como antídoto es lo que busca aplicar en la provincia, un modelo social de producción. Que los pequeños y medianos productores tengan acceso igualitario a crédito, bienes de capital, tecnología, al mercado… Él visualiza un país con corredores productivos nacionales, con clusters industriales en cada uno de los 24 territorios provinciales, encadenados de acuerdo a las necesidades del mercado y de cada sector. En los cuales participen los productores, los gobiernos locales y el gobierno nacional de acuerdo a los saberes productivos de cada territorio.


Carrasco habla con representantes de la Juntas Parroquiales. A su izquierda René Lucero, el motor político de las asambleas populares en las parroquias y presidente de las juntas parroquiales.

El modelo económico que propone parte de combatir el mercado oligopólico ecuatoriano, una estructura que favorece a los más grandes al servicio de los cuales se ha puesto el Gobierno “revolucionario”.

Por la noche, Carrasco y su esposa han invitado a cenar a la jueza Velásquez y a su comitiva de Queens. Da instrucciones por teléfono a sus asistentes para que encuentre el lugar más adecuado y hospitalario.

Se irá a su casa a cambiar de ropa y planea acostarse temprano para el recorrido de obras que hará al día siguiente, pues algunas comunidades lo esperarán desde las seis de la mañana. Pero la cita social se prolonga hasta las cuatro de la madrugada de ese viernes y lo programado se retrasa dos horas cuando Carrasco aparece en la puerta de su casa, ubicada en la falda de una colina cercana a Cuenca, mientras su equipo de seguridad y sus asistentes esperan desde las seis de la mañana. Finalmente se termina de salir casi a las nueve. La primera cita es en la plaza de Sayausí. Carrasco viste enteramente de tela jean y botas, y ante la inminencia del contacto directo con la gente explica que él se considera un político al estilo costeño, no al estilo "acartonado" de Quito y vuelve a decirlo: yo soy hijo de un agricultor.

Ocho vehículos de la Prefectura se suman a la caravana de recorrido de obras, ahí van los directores departamentales y de las empresas públicas. La idea es que ninguno de los funcionarios se pierda detalle de lo que la comunidad siente y pide. El prefecto ateinde y escucha con atención a todo el que se le acerca,  mientras unas 25 personas caminan detrás suyo y a su alrededor y los fotógrafos y camarógrafo revolotean dando clicks.

Carrasco conversa con los ingenieros de la vía que costará USD 420 000 mientras la maquinaria apisona la grava antes de echar el pavimento. ¿Qué pasará con la tasa solidaria? es la pregunta recurrente para el prefecto. El tema de las vías y de la obra es fundamental en su administración, él mismo lo reconoce. Puedes tener una Prefectura con todos los servicios, con medicina, educación, industrias, programas sociales y productivos de todo tipo, pero la gente quiere ante todo y sobre todo vías en buen estado, bien mantenidas, y quiere ver maquinaria trabajando. Si no tienes eso, dice Carrasco, el resto no sirve para nada.

A la luz de esas palabras se puede colegir que eso es lo que seguramente comprendió el gobierno de PAIS al hacer de las carreteras y la obra pública los ejes visibles de la política y la propaganda. El cemento y el asfalto como política de Estado. Pero a Carrasco y seguramente a todos los alcaldes y prefectos del país no les queda otro destino que ese. Así que negar el dinero o el material puede ser –y de hecho lo es- un poderoso instrumento de chantaje político hacia los gobiernos locales.

Unos doscientos niños y niñas de la escuela “Cornelio Ruilova Sánchez” esperan al prefecto a la vera de la vía en la cual la maquinaria trabaja. Es una carretera que han esperado desde el 2010 pero se ha retrasado pro problemas de gestión. Los chicos y chicas saludan con algarabía infantil y, en media calle, Carrasco improvisa un juego, ellos lo siguen divertidos. Los alza, los besa, recibe además todo lo que le ofrecen: gaseosa, galletas, canelazos para frío… Luego aparecen unos veinte pequeñines del Centro Infantil del Buen Vivir ”Bellavista”. A las niñas se las ha ataviado de cholitas cuencanas para recibir al ilustre visitante.

Una de las promotoras del Centro Infantil, que regenta el Ministerio de Inclusión Social le pide al Prefecto que interceda con el Gobierno por sus salarios, no les han pagado desde enero y ya no saben cómo hacer. Carrasco, que nunca ofrece lo que no puede cumplir según pregona, le dice que no puede, cualquiera menos él, pero vera la forma de hacerlo indirectamente.

Mientras se le prenden a las piernas como un racimo de uvas, Carrasco las levanta en sus brazos una por una y pregunta sus nombres, no tiene derecho al cansancio que seguramente sentirá luego de apenas cuatro horas de sueño.

Una de las promotoras del Centro Infantil, que regenta el Ministerio de Inclusión Social pide al prefecto que interceda con el gobierno por sus salarios, no les han pagado desde enero y ya no saben cómo hacer. Carrasco, que nunca ofrece lo que no puede cumplir según pregona, dice que no puede, cualquiera menos él, pero ofrece que verá la forma de hacerlo indirectamente.

Luego vienen las fotos y pedidos adicionales de los dirigentes de la comunidad: la pavimentación del acceso, del patio central de la escuela… necesidades no faltan y el prefecto dispone de inmediato las obras, las modificaciones, los convenios, para el efecto ahí está el contratista.


El prefecto imporvisa un juego con los niños de Sayausí, que lo esperan para "agradecerle" por la construcción de la vía.

La siguiente etapa del recorrido es la inspección de la carpeta asfáltica y mejoramiento de la transitada y estratégica vía El Valle-Cuenca. Es la vía estrella de su gestión, pues la inversión es de USD 15 millones, casi la mitad del presupuesto de USD 33 millones de ese rubro para toda la provincia.

Los ingenieros del Consorcio Austral y los fiscalizadores rodean al prefecto, cuya larga comitiva se ha detenido justo donde una gran maquinaria distribuye el asfalto que provee la empresa pública Asfaltar, de la propia entidad. El prefecto pide cambios en los horarios para no afectar las horas pico, y que se trabaje de noche. Los ingenieros, con chabacanería y amabilidad, le dicen que si pone 17 camiones de asfalto por día terminan en dos semanas.

El gerente de Asfaltar interviene y se compromete, todos contentos. Los ingenieros rodean al prefecto, es el centro de atención, un concilio de apóstoles de la obra pública con cascos blancos. La misma caravana se dirige unos cinco kilómetros más adelante para enseñar al prefecto cómo están quedando las veredas y las tomas de agua de la misma vía. Se detienen en una curva de modo peligroso, tanto que un patrullero de la alcaldía les llama la atención. Carrasco se para en medio de la vereda y les dice que no está conforme con que el contrato no contemple puentes peatonales pues hay decenas de escuelas en la zona. Pide que se trueque puentes por veredas; los ingenieros asienten, sus asistentes toman nota. Carrasco luce contento y en su papayal, “bienvenido a mi mundo”, dice.

Carrasco está enfurecido; explica a los que quieran oírlo que de los USD 38 millones que el Estado asigna al Azuay cada año, USD 33 millones se invierten en vías. No pueden entonces decretar la emergencia y quitar la competencia le dicen sus asesores. Carrasco refuta en una muestra de real politik: pueden hacer lo que les da la gana.

Pero el mundo que considera propio también puede ser cruel. Dos asesores de su equipo de comunicación social se acercan con cara de noticia grave. Esta llega desde Quito, para variar: una fuente del Ministerio de Transporte y Obras Públicas les ha asegurado que está listo el decreto para declarar la emergencia vial en el Azuay. El argumento sería que la Prefectura no ha invertido lo suficiente en las obras viales y también significaría que, por un decreto del presidente de la República, el Estado puede intervenir en el gobierno local y quitarle la competencia si es que se comprueba que no ha usado el dinero en las obras. Lo cual, dice Carrasco algo alterado por el tema, significa que nos pueden quitar la competencia vial si les da la gana, y "ahí sí nos hacen mierda, hermano", le dice al heraldo de las malas nuevas.

Los rostros se oscurecen y Carrasco está enfurecido; explica a los que quieran oírlo que de los USD 38 millones que el Estado asigna al Azuay cada año, USD 33 millones se invierten en vías. No pueden entonces decretar la emergencia y quitar la competencia le dicen sus asesores. Carrasco refuta en una muestra de real politik: pueden hacer lo que les da la gana. No queda sino actuar. De inmediato se improvisa una reunión sobre la vereda. Asesores, ingenieros, técnicos deciden promocionar en todos los medios locales las acciones de la Prefectura en vialidad, para adelantarse a lo que pueda hacer el gobierno. Llega de inmediato el jefe de Comunicación Social que ha sido llamado de urgencia y recibe las instrucciones de Carrasco. Otro asesor insiste que hay que tender un puente con algún ministro cuencano para neutralizar ese decreto; se decide hacer varias llamadas a personajes cercanos a Carondelet. La reunión se disuelve y todos salen disparados a cumplir las órdenes. Es una emergencia. La ministra del Transporte es la “bruja malvada” del cuento.

Existe una competencia soterrada o abierta con el  Estado por hacer vías y llevarse el crédito político. Carrasco lo cree así y no es paranoia. Sabe perfectamente lo que se está jugando si el gobierno ataca a fondo en el tema vial. Así actúa el Estado contra los gobiernos seccionales que no le han expresado servidumbre, explica: con el chantaje, la intromisión en las atribuciones locales, la arbitrariedad…

Pero el recorrido –como la vida- tiene que seguir. En Jadán lo espera la comunidad reunida en asamblea para decidir sobre la prioridad en algunas obras. Ahí se verá en vivo el ejercicio de la democracia radical, se supone. La amplia caravana llega a un pequeño pueblo, rodeado de verdes colinas en cuyas laderas están salpicadas las casas de los campesinos. Apenas dos tiendas circundan el patio central, que no parque, al pie de la iglesia blanca de paredes de barro.

Y en la parte principal de la plaza, la sala de reuniones que en ese momento se encuentra llena de mujeres ataviadas con chalinas de colores y sobreros de paja toquilla, algunas de las cuales cardan lana de borrego mientras escuchan y participan. Es territorio comunitario y lo preside René Lucero, el mismo que estuvo en las reuniones previas con el prefecto sobre la vialidad parroquial o el modelo de participación popular. Lucero tiene cuarenta años de edad y está en política activa desde los veinte. Es pequeño, moreno y tiene un aire intelectual, quizá debido a sus lentes cuadrados. Él dirige la asamblea a la cual han llegado –tarde- Carrasco y su comitiva. Lucero está en uso de la palabra frente a la asamblea, que convoca a once comunidades y a las personas de planificación de la Prefectura. 

En esa reunión, las comunidades han decidido invertir los recursos de la Junta Parroquial en un proyecto de mejoramiento del parque y no han esperado la llegada del prefecto para tener listo el convenio con el gobierno seccional. El monto es de USD 110 000 y se organizan las mingas para la obra. Carrasco solo tiene que firmar el papel en el cual se compromete institucionalmente, pero antes ha tomado la palabra en un discurso donde mezcla alabanzas a Lucero, a la sazón presidente 16 años de la Junta Parroquial de Jadán, y chistes a veces con doble sentido los cuales las mujeres reciben con contenida sonrisa y los hombres a carcajadas.


La asamblea de las comunidades de Jadán escucha las palabras del prefecto.

El vehículo entonces se desliza suave pero rápidamente hacia la capital del Azuay, con un Carrasco semidormido tarareando sus canciones. Esa debe ser la sensación del poder pienso yo: que uno pueda ser conducido en su ensoñación, entonando a todo volúmen la música me gusta y protegido por cuatro personas cuyo único trabajo sea cuidarme.

Carrasco está un poco aturdido por el sueño, el cansancio y las muestras líquidas de cariño de los habitantes de las comunidades que ha visitado. Pero no lo hace notar y sigue hablando al corazón de la gente; habla de u familia y de Lucero, sobre cuyos méritos se explaya. Y puede que tenga razón en esto último luego de hacer conocer que Lucero es el motorcito que mueve la máquina de la participación rural en el Azuay. Fue uno de los ideólogos y gestores para que la Constitución de Montecristi diera poder a las Juntas Parroquiales y reconozca su estatus.  Eso será parte de la charla del almuerzo de cuy y gallina con el cual los habitantes de Jadán harán un agrado al prefecto Carrasco y sus funcionarios. La comilona y posterior charla política de sobremesa es en una sala de reuniones de la casa de la Junta Parroquial; medio cuy para cada comensal y jugo de tomate de árbol.  Varias vecinas de Jadán sirven la comida. Una cosa que no se ha podido cambiar en este proceso, reconocen los dirigentes, es la poca participación de las mujeres. Aún es un tema pendiente. Pero no es solo eso: el otro gran reto es lograr la visibilidad política del campo a través de las juntas y las comunidades. En un país donde solo las ciudades tienen voz, los ciudadanos no existen en el campo, existen solo los campesinos. Las relaciones del gobierno central con las juntas son nulas, las prefecturas no las toman en cuenta y más aún, han aceptado que unidades ejecutoras como Ecuador Estratégico reemplacen las atribuciones de los gobiernos locales.

Los conceptos y los análisis van y vienen en ese abigarrado y joven grupo de promotores campesinos de la prefectura del Azuay. La mayoría tiene menos de 30 años de edad pero mucha experiencia en el trabajo campesino porque son de ahí mismo. Ellos sacan pecho cuando afirman que en ninguna otra prefectura del país existen asambleas populares que toman decisiones sobre la planificación, las competencias y uso de recursos; que en ninguna otra parte el verdadero poder rural se ha empoderado tanto como en sus pagos, al punto que son los primeros fiscalizadores de las obras del gobierno local. La palabra es cogobierno, dice Lucero, y pueden hacerlo porque dicen tener una red de 50 000 que participa activamente en la toma de decisiones, y como Participa tiene 44 de las 61 juntas parroquiales están blindados políticamente.

Carrasco no puede más con el cansancio. Al cabo de muchas horas de intenso trajín da la orden de regresar a Cuenca. Todo el mundo se moviliza al instante mientras el prefecto sube a su "nave" siempre por el lado derecho. El empezar el retorno, casi al final de la tarde, el Ford baja a buena velocidad por una vía pavimentada y muy bien señalizada. "Yo hice esto, dice Carrasco, esta vía es nuestra, cómo está de hermosa". Luego pide que pongan la música que le gusta, exige al chofer que suba a tope el volumen del radio cuando empieza a sonar una racha de baladas de los años setenta. "Esta es mi música", dice emocionado al escuchar a José Luis Perales y luego se duerme. Entonces su jefe de seguridad pide detener el vehículo, se baja, abre la puerta del prefecto y cuidadosamente, casi paternalmente, le coloca el cinturón de seguridad para que su cuerpo inerte no se bambolee en las curvas. Sus asistentes en la parte de atrás miran qué música poner a través del bluetooth del celular. El vehículo entonces se desliza suave pero rápidamente hacia la capital del Azuay, con un Carrasco semidormido tarareando sus canciones. Esa debe ser la sensación del poder pienso yo: que uno pueda ser conducido en su ensoñación, entonando a todo volúmen la música me gusta y protegido por cuatro personas cuyo único trabajo sea cuidar de mi.

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