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2 de Enero del 2024
Historias
Lectura: 20 minutos
2 de Enero del 2024
Ugo Stornaiolo (*)
Poder y corrupción: aliados inseparables en América Latina
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La situación económica y los casos de corrupción terminaron con el prestigio del gobierno de Fernández, en Argentina. Foto: EFE

 

Excepto en Chile y en Uruguay, en donde los procesos políticos transcurren de manera normal, en el resto de los países latinoamericanos el denominador común es que haya presidentes exiliados, prófugos o presos por diferentes delitos contra el Estado y los bienes públicos.


En el diario La Nación, de Buenos Aires, se preguntaban en una edición reciente ¿qué hacen los presidentes de América Latina cuando dejan el poder y cuánto cobran de pensión vitalicia? El tema tendría que ser sencillo, porque dejar el poder debería ser una característica formal de una transición democrática, no una lucha por seguir presentes en la política, porque sus gestiones se caracterizaron por la corrupción.

Excepto en Chile y en Uruguay, en donde los procesos políticos transcurren de manera normal, en el resto de los países latinoamericanos el denominador común es que haya presidentes exiliados, prófugos o presos por diferentes delitos contra el Estado y los bienes públicos.

Los casos recientes de Guillermo Lasso en el Ecuador (que dejó el poder con más pena que gloria, pero asegurándose no solo la pensión monetaria como exjefe de estado, sino seguridad personal a donde vaya) y de Alberto Fernández en Argentina, que se radicará en España por un período antes de volver a su rutina como docente en la Facultad de Derecho de la UBA (Universidad de Buenos Aires).

Fernández suscribió, a última hora, un decreto para el pago de por vida de servicios de seguridad para los exmandatarios (incluso en el exterior) y pensión vitalicia. ¿Se le pagará también a la sentenciada Cristina Fernández? Javier Milei puso en duda dicho decreto. Alberto Fernández prefiere el ostracismo —después de su oscura presidencia—, al contrario que sus antecesores Mauricio Macri y Cristina Fernández, aún presentes en la política argentina.

Lo que pasa en la Argentina es una muestra de una tendencia regional: son minoría los expresidentes que optan por lo privado, porque en general siguen en la política, ya sea de manera directa (con nuevos cargos o buscando una reelección) o indirecta, a través de sus “delfines” o herederos”, escriben para La Nación las periodistas Julieta Nassau y María del Pilar Castillo.

Para la profesora de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Rut Diamint, “la permanencia en el poder no es sólo un fenómeno latinoamericano”, pero que en la región “sucede más porque la limitada institucionalidad permite dibujar normas que permiten sucesiones, modificaciones constitucionales y el descrédito de la legalidad existente”. Lo corrobora Javier Corrales, profesor de Ciencia Política de Amherst College, al hablar del rol “prepotente” de los expresidentes en la política, tanto en el caso de que su partido siga en el oficialismo como si cruzan a la oposición. Representan el “nuevo caudillismo latinoamericano”.

Daniel Noboa, a la izquierda, en Carondelet junto al entonces presidente Guillermo Lasso, en el proceso de transición presidencnial. Foto: Presidencia de la República

Para esos caudillos es una falacia la división de poderes que planteaba Montesquieu. En tiempos de Correa se estableció en la Constitución de Montecristi la figura de cinco poderes (los tradicionales ejecutivo, legislativo y judicial, más el electoral  y el risible poder ciudadano del CPCCS). Un funcionario del correísmo, dijo que “había que jubilar el pensamiento de Montesquieu”.

Así, entran en juego los pactos o componendas de gobiernos que buscan la estabilidad o la ruptura total con los partidos —específicamente populistas— que sostienen la vigencia de los exmandatarios en la vida política, como una forma de supervivencia, que se hace más complicada con la ausencia del caudillo. Lo cierto es que el peronismo sin Perón en Argentina es actualmente un “híbrido ideológico” o lo que pasó con el trujillismo sin el líder en República Dominicana, el velasquismo sin Velasco Ibarra o el correísmo sin Correa, que se vuelven una paradoja emocional. Por eso se ha creado la idea del “gran ausente” -en los casos de Velasco y Correa- o la frase “déjenlo volver”, con la que Abdalá Bucaram trató de regresar de su exilio por casi veinte años en Panamá.

Para esos caudillos es una falacia la división de poderes que planteaba Montesquieu. En tiempos de Correa se estableció en la Constitución de Montecristi la figura de cinco poderes (los tradicionales ejecutivo, legislativo y judicial, más el electoral —tan cuestionado desde entonces— y el risible poder ciudadano del CPCCS -que ya debió haber sido eliminado). Un funcionario del correísmo, mejor recordado por su música en Pueblo Nuevo, dijo que “había que jubilar el pensamiento de Montesquieu”.

“Si la división de poderes funcionara correctamente, habría más respeto por las decisiones judiciales, pero muchos ven a una justicia revanchista, atada a un poder de turno, y utilizan o politizan la justicia para eliminar adversarios políticos”, señala Diamint.

Presidentes prófugos, condenados, sentenciados o presos

Solo dos países no entran en esta ola de exmandatarios implicados en casos de corrupción: Chile y Uruguay. Se trata de naciones que cuentan con sistemas democráticos muy sólidos e instituciones fuertes, y no es raro mirar a los expresidentes juntos en algún mitin o dándose un abrazo, como ocurrió hace poco en Uruguay con los exmandatarios Sanguinetti y Mujica, de tendencias diametralmente opuestas.

Lo cierto es que la “soledad del poder”, como la calificaba el exmandatario ecuatoriano Rodrigo Borja, se hace mucho más evidente cuando lo dejan y después de haberlo tenido todo, llega un momento en el que no tienen nada y perviven sus recuerdos o sus rencores. Es notorio el caso del expresidente Correa, quien aún mueve los hilos de su agrupación y de instancias políticas y judiciales desde su ático en Lovaina. Además, como es un fervoroso usuario de la red social X (antes Twitter) descarga toda su artillería pesada contra sus rivales y contra los que piensan distinto a él. Y de paso, también se mete en líos, como en el caso Metástasis…

En algunos países los exmandatarios cuentan con una pensión vitalicia que les permiten sostener una vida digna después del poder. Solo en tres países esa pensión ha sido suprimida: México, Brasil y Uruguay.

En la investigación del diario La Nación se cita el caso de Bolivia, donde los exmandatarios tienen una pensión de $ 3420, pero no frena el deseo de personajes como Evo Morales de seguir activos en política. La última expresidenta Jeanine Áñez está en la cárcel por, presuntamente, encabezar un golpe de estado contra Morales, luego de su destitución por las FF. AA. en 2019, tras el intento de éste -inconstitucionalmente- de un cuarto mandato, cuyas elecciones fueron denunciadas por fraude ese mismo año.

En Brasil es donde más se relaciona al poder con la corrupción. Los antecedentes vienen desde la década de los 90, cuando Fernando Collor de Mello fue destituido de su presidencia (1992) y lo mismo pasó con su sucesor José Sarney. Otros exmandatarios que tienen problemas con la justicia, como el actual presidente Lula da Silva.

Actualmente Morales está alejado de su “delfín”, su exitoso ministro de finanzas y actual presidente, Luis Arce. No sería raro que se enfrenten en un posible balotaje en las próximas elecciones presidenciales. Otros expresidentes intentaron mantenerse en la palestra: Carlos Mesa, Jaime Paz Zamora o Jorge Quiroga, pero sin relevancia.

El ex presidente de Bolivia, Evo Morales, durante una conferencia de prensa el 11 de octubre, en La Paz. Foto: AFP Aizar Raldes

En Brasil es donde más se relaciona al poder con la corrupción. Los antecedentes vienen desde la década de los 90, cuando Fernando Collor de Mello fue destituido de su presidencia (1992) y lo mismo pasó con su sucesor José Sarney. Otros exmandatarios que tienen problemas con la justicia, como el actual presidente Lula da Silva (que estuvo preso y aún mantiene sentencias por su participación en el caso Lava Jato) y su sucesora Dilma Rousseff (por las misas causas). No está ausente de la lista el anterior presidente Jair Bolsonaro, acusado por incitar las protestas de enero de 2023 en el congreso contra la posesión de Lula y por manejos presupuestarios dudosos.

Solo Fernando Henrique Cardoso (presidente entre 1995 y 2002), padre del Plan Real, parece haber sido el único que rompió esa “tradición”. Una vez que dejó el poder se dedicó al mundo académico y sigue presidiendo la social democracia brasileña.

En Chile los expresidentes mantienen buena aceptación al dejar el poder. Michelle Bachelet (quien fue Alta Comisionada de la ONU para los DD HH) y Sebastián Piñera. En ese país se respetan mucho los criterios de los exmandatarios Ricardo Lagos y Eduardo Frei, que mostraron sus opiniones -aunque contrarias- sobre el plebiscito de la nueva constitución en Chile, luego del fracaso de la izquierda en los comicios previos de 2021. Después de La Moneda, los exmandatarios optan por lo privado.

En Colombia, los últimos dos expresidentes pasaron al sector privado . Iván Duque trabaja para el Woodrow Wilson Center de EE.UU. y sigue activo en algunos foros, mientras que Juan Manuel Santos da clases en Harvard y en la Universidad Nacional de Colombia. También es miembro de la junta de la Fundación Rockefeller y accionista de diario El Tiempo de Bogotá.

Álvaro Uribe sigue muy activo tras dejar el cargo. Apoyó la elección de Santos, aunque luego fue su principal opositor. Luego fue senador y se opuso a los acuerdos de paz con las FARC-EP. Otros tres expresidentes vivos, César Gaviria (fue exsecretario de la OEA), Ernesto Samper (de ingrata recordación en su período como secretario de UNASUR) y Andrés Pastrana, han mantenido algún vínculo político.

En el Ecuador, hay una lista de expresidentes que terminaron en la cárcel o el exilio, pero algunos siguieron en la política. Una reforma de la LOSEP estableció una pensión mensual por el 75% del salario que tenían en su mandato. En 2022 fueron excluidos del beneficio los mandatarios destituidos o condenados, como Rafael Correa.

Tres de nueve expresidentes vivos viven fuera del país. Jamil Mahuad, derrocado por dolarizar la economía está desde entonces en EE.UU. y es profesor en Harvard. Acusa a Correa por haber reabierto su causa en 2008 —por el feriado bancario de 1999— y probablemente no regrese nunca más al país. Rafael Correa vive en Bélgica —el país de su esposa— desde 2017. En 2020, fue condenado a ocho años de prisión e inhabilitación política por corrupción y dos años después obtuvo asilo político en Bruselas. A casi 10.000 kilómetros de su país, sigue siendo el gran titiritero de la política ecuatoriana.

El expresidente de Ecuador Rafael Correa. Foto Archivo AFP

Tras ser destituido en la llamada “rebelión de los forajidos”, Lucio Gutiérrez se exilió en Brasil, luego en EE. UU y Colombia. Se entregó a la justicia a su regreso y pasó preso un año. Actualmente es asambleísta. Su exvicepresidente, Alfredo Palacio ejerce privadamente la medicina. Oswaldo Hurtado y Rodrigo Borja han combinado su salida del poder entre la academia y la política.

Su sucesor —con quien Correa terminó peleado—, Lenin Moreno, vive en Paraguay, donde es comisionado de la OEA sobre discapacidades. Debe presentarse mensualmente en la embajada en Asunción, y cada cuatro meses en Quito, por un proceso por pago de sobornos (los INA Papers). Abdalá Bucaram, presidente por seis meses fue destituido por “incapacidad física y mental”, estuvo exiliado en Panamá con más de 50 causas judiciales en su contra. En 2017, al prescribir los procesos, volvió y busca la presidencia en 2025.

Tras ser destituido en la llamada “rebelión de los forajidos”, Lucio Gutiérrez se exilió en Brasil, luego en EE. UU y Colombia. Se entregó a la justicia a su regreso y pasó preso un año. Actualmente es asambleísta. Su exvicepresidente, Alfredo Palacio ejerce privadamente la medicina. Oswaldo Hurtado y Rodrigo Borja han combinado su salida del poder entre la academia y la política. Son autores de textos muy consultados sobre la realidad social. El expresidente interino Fabián Alarcón estuvo en la cárcel y hasta hace poco ejercía la abogacía de manera privada.

En otros países

En México, de los cinco últimos mandatarios, tres viven en el exterior, por razones distintas: Ernesto Zedillo es docente en Yale; el discutido y tildado como corrupto Carlos Salinas de Gortari huyó del país cuando su hermano fue arrestado por tráfico de influencias, evasión fiscal y autoría intelectual del asesinato de un gobernador. Salinas vivió en Cuba y actualmente en Irlanda (país sin tratado de extradición con México).

De Enrique Peña Nieto se sabe poco. Se dice que vive en España y que adquirió un local comercial por medio millón de dólares, lo que desmintió ante acusaciones por lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. Felipe Calderón, con su esposa, la diputada Margarita Zavala lideran la agrupación “México Libre”, acusada en las elecciones de 2020 por falta de transparencia en su financiamiento. Andrés Manuel López Obrador eliminó las pensiones vitalicias al legar al poder en 2018.

En Paraguay, el expresidente Horacio Carles se enfrentó no solo con la justicia de su país, sino con la de EE.UU que lo calificó como corrupto por tener vínculos con la guerrilla islámica del Hezbullah, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y hasta por el asesinato del fiscal Marcelo Pecci (ocurrido en Cartagena-Colombia). Tras sortear estos inconvenientes, fue importante para la llegada al poder del actual presidente, Santiago Peña.

Raúl Cubas se exilió en Brasil tras renunciar acusado de conspirar para el asesinato de su vicepresidente, Luis María Argaña. Su sucesor, Luis Ángel González Macchi fue condenado a seis años de prisión por el origen ilegítimo de fondos en una cuenta en Suiza. Apeló la sentencia y quedó libre. Siguen en política el destituido exsacerdote Fernando Lugo y Nicanor Duarte. El último expresidente, Mario Abdo ha optado por un perfil bajo tras entregar el poder en agosto.

Francisco Sagasti es el único expresidente peruano vivo que no terminó preso o procesado por delitos en el ejercicio del cargo. Pedro Castillo tiene dos condenas en prisión -18 y 36 meses- por rebelión y por liderar una presunta red criminal tras un intento fallido de autogolpe. En la misma cárcel de Barbadillo, en espera de su juicio está Alejandro Toledo, extraditado desde EE. UU. este año, por recibir más de $ 25 millones de la constructora brasileña Odebrecht para obtener contratos de obras públicas.

Francisco Sagasti es el único expresidente peruano vivo que no terminó preso o procesado por delitos en el ejercicio del cargo. Pedro Castillo tiene dos condenas en prisión -18 y 36 meses- por rebelión y por liderar una presunta red criminal tras un intento fallido de autogolpe.

Alberto Fujimori, con 85 años, fue liberado de esa cárcel recientemente tras ser condenado hace 16 años por abusos contra los derechos humanos. Ollanta Humala también estuvo preso tras su entrega voluntaria en 2017, por lavado de activos y asociación para delinquir en el caso Lava Jato. Pedro Pablo Kuczynski, por su edad, se salvó de la cárcel, aunque tuvo un arresto domiciliario luego de ser procesado por presuntas transferencias de dinero de Odebrecht a sus empresas.

Fotografía de archivo del expresidente peruano Alberto Fujimori, recientemente liberado por la justicia peruana. EFE

Ni Martín Vizcarra ni Manuel Merino fueron a la cárcel, pero ambos tuvieron problemas con la justicia. Merino, mantiene seguridad personal y pidió al Congreso pagar su movilidad aunque su mandato duró cinco días. Denunciado penalmente por homicidio calificado, abuso de autoridad y lesiones, después de que dos jóvenes murieran en las protestas en su breve mandato. Vizcarra está inhabilitado desde 2021 para ejercer cargos públicos por diez años tras el juicio político en su contra por infracciones a la Constitución por el caso “Vacunagate” (vacunas VIP durante la pandemia).

En Uruguay los expresidentes cumplen un rol institucional: tres de ellos que siguen vivos y acompañaron al presidente Lacalle Pou en los actos por los 50 años del último golpe de estado. Ninguno tiene juicios ni condenas. Quizás el punto a favor de Chile y Uruguay es que no se permite la reelección sucesiva, garantizando que la ambición por el poder se postergue, si es que persiste. En Uruguay los mandatarios se acogen al mismo sistema de jubilación de cualquier trabajador (desde los 60 años con el número de aportes requeridos por la seguridad social).

Julio María Sanguinetti, José Mujica y Luis Lacalle padre siguen con su vida. Los tres cerraron su carrera como senadores. Sanguinetti y Mujica se dieron un abrazo para “mostrarle a la nueva generación lo que es la convivencia republicana”. Publicaron un libro con sus conversaciones. “Ninguno de los dos estamos retirados de la vida pública, sí de la contienda electoral”, dijo Sanguinetti, quien todavía es secretario general de su partido, presidente honorario del club de fútbol Peñarol, hace periodismo (columnas en La Nación) y es académico, como cuando colaboró con la Universidad de Georgetown. Mujica es consultor de grupos de la izquierda latinoamericana (es de los pocos que son respetados) y colabora con programas de opinión en su país y en el exterior.

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