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30 de Marzo del 2015
Historias
Lectura: 15 minutos
30 de Marzo del 2015
Lizardo Herrera

Es PhD  por la Universidad de Pittsburgh y tiene una maestría en estudios de la cultura en la Universidad Andina Simón Bolívar y una licenciatura en historia en la PUCE. Es profesor en Whittier College, California, Estados Unidos. 

Propaganda y redes sociales en el correísmo

Ignacio Ramonet es el director de Le Monde Diplomatique y uno de los teóricos más citados en la propaganda correísta.

 

La revolución digital utilizada por el aparato comunicacional del gobierno ecuatoriano en vez de traernos una perspectiva emancipatoria de la comunicación como lo desea Ignacio Ramonet, reproduce los vicios de la mercantilización de las megacorporaciones digitales y del control político de los servicios de inteligencia contemporáneos.

Lizardo Herrera, es profesor en el Whittier College.

El 19 de marzo pasado, Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, dio la charla, “Democracia y medios de comunicación”, en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) en Quito. El autor disertó sobre los cambios que la revolución digital ha generado en el ámbito de la comunicación. Esta revolución, sostiene, ha suprimido la linealidad en la comunicación; ahora, gracias a las nuevas tecnologías, la internet y las redes sociales, los lectores no son sólo receptores de información, sino que además pueden ser productores-difusores o productores-consumidores de la misma.

En la actualidad, de acuerdo con el periodista, los medios públicos enfrentan un escenario delicado por las medidas anti-populares tanto de las megacorporaciones digitales como de los servicios de inteligencia imperiales. En el ámbito económico, indica, corporaciones como Google, Facebook, Twiter, Netflix, entre otras, han desplazado a las antiguas corporaciones informativas tanto televisivas como periodísticas. Mientras que en lo político y gracias a las filtraciones de Edward Snowden, nos enteramos del manejo inapropiado de las nuevas tecnologías para montar un complejo sistema de inteligencia o espionaje por parte la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA).

Para contrarrestar el mercantilismo o el imperialismo en el uso de la información, el periodista Ramonet propone lanzar una contraofensiva a través de la alianza de las televisiones públicas

En este contexto, Ramonet considera que es imperativo que los medios públicos, en especial la televisión, estudien detenidamente los cambios tecnológicos contemporáneos y los incorporen de manera creativa a su quehacer comunicativo. Para contrarrestar el mercantilismo o el imperialismo en el uso de la información, el periodista propone lanzar una contraofensiva a través de la alianza de las televisiones públicas de “Nuestra América” y así promover una cultura de paz o lo que define como una perspectiva emancipatoria de la comunicación: 1) transmisión de conocimiento, 2) educación de valores cívicos, 3) iniciación al arte y la cultura y 4) la formación de un pensamiento crítico.

La presentación del Ramonet, sin embargo, tiene un vacío que pone en entredicho la alianza estratégica que recomienda. Su presentación no ofrece un análisis del funcionamiento de los que denomina medios públicos de “Nuestra América”, en particular, del Ecuador. Por eso, en este ensayo, me gustaría llenar este vacío y reflexionar sobre la forma en la que el gobierno de Rafael Correa lleva a cabo su contraofensiva –para usar el término propuesto por el periodista- en las redes sociales.

Por cuestiones de espacio, no voy a discutir cómo construyen la noticia los medios de comunicación que controla el correísmo ni las denuncias que el presidente realiza en las sabatinas en contra de ciertos los usuarios de las redes sociales o lo que considera como “las manipulaciones” de los medios privados. Mi análisis es más modesto y me limitaré a examinar el comercial, Mensaje de Rafael Correa a sus seguidores en las Redes Sociales, creado hace poco más de dos años en la campaña electoral del 2013. Elegí este video por dos razones. Primero, porque el presidente habla de la redes sociales y se dirige a sus usuarios. Segundo, porque es sintomático del aparato correísta de comunicación en tanto el fundamento de este último está en el uso recurrente de la publicidad y la radicalización del marketing político.

En 1936, en el contexto de la gran industria fordista, Walter Benjamin, en su texto clásico, “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica”, también reflexionó sobre los cambios que trajo consigo la reproducción masiva. Según este autor, la reproducción técnica significó la destrucción del aura; es decir, se dañó la autenticidad o el carácter ritual de la obra de arte y, de este modo, el valor de exposición desplazó al valor de culto. Dicho de otro modo, la irrepetibilidad o larga duración de la obra de arte perdió vigencia ante la repetibilidad y fugacidad que trajo consigo la reproducción técnica.

La reproductibilidad técnica, de acuerdo con Benjamin, tiene un gran poder democratizador, pues saca a la obra de arte de las iglesias o los museos hacia el hogar o el lugar en donde se encuentra el perceptor volviéndola completamente pública. Además, gracias a la reproducción técnica, los lectores pueden convertirse en escritores con mayor facilidad y cualquiera puede participar tanto en la observación como en la producción de una obra. Esto significa que la obra abandona el ámbito contemplativo de la teología del arte ingresando de lleno en el universo de las masas y acomodándose a los intereses de estas últimas.

El cine, a decir del filósofo alemán, es el arte masivo por excelencia y la forma artística que mejor da cuenta de la producción en masa o la masificación de la sociedad. Sin embargo, para Benjamin, hay dos fuerzas que amenazan su poder democratizador: 1) el culto a las grandes estrellas mediante el cual el capital cinematográfico coopta las posibilidades revolucionarias de la producción cinematográfica y 2) el culto al pueblo que desemboca en la estetización de la política corrompiendo el legitimo proceso de autoconocimiento de las masas y su conciencia de clase.

Hay una clara conciencia por parte del gobierno ecuatoriano de la importancia de la revolución digital y las redes sociales en la esfera de la comunicación

En el comercial antes mencionado, Rafael Correa saluda a sus seguidores en las redes sociales y les agradece el apoyo brindado. La propaganda dura un minuto y ocho segundos. Desde el inicio hasta el minuto 1:04, el video consiste en la alternancia de dos primeros planos del rostro de Correa ante un fondo de color gris. En la esquina inferior izquierda, aparecen las cuentas electrónicas del presidente en Twiter (@MashiRafael y @Ya TenemosPresidente), en Facebook (MASHI Rafael) o la pagina web www.yatenemospresidente.com. Los últimos cuatro segundos del comercial muestran cuatro planos más de Correa, tres de ellos dando discursos de campaña y el último, otro primer plano del perfil sonriente del presidente, pero ahora con un fondo anaranjado, más cálido que el anterior, y en donde destaca el slogan, “Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael”, en la mitad izquierda del plano. La banda sonora es una canción pop-rock en la que el coro repite: “Tenemos a Rafael”.

Aunque en el análisis de este comercial no examinamos la televisión pública que menciona Ramonet, existen dos elementos que lo vinculan directamente con la charla del periodista. Primero, hay una clara conciencia por parte del gobierno ecuatoriano de la importancia de la revolución digital y las redes sociales en la esfera de la comunicación; por eso, publicita sus cuentas en Twiter y Facebook y saluda a los usuarios de la redes sociales. Segundo, este comercial incorpora de manera muy ingeniosa y creativa los avances tecnológicos, especialmente, aquéllos logrados en el campo del video y de la publicidad. Esto significa que el correísmo desde hace más dos años, y quizás mucho antes, ya estaba al tanto de la necesidad de incorporar las redes sociales y la revolución tecnológica a su aparato comunicativo. Los análisis de Ramonet, en consecuencia, no aportan nuevos elementos en el ámbito de la comunicación en el Ecuador.

Por otra parte, a pesar de que aparece en el contexto de una campaña electoral en donde la propaganda política es un lugar común no sólo en el gobierno, sino también en el resto de los actores políticos, este comercial ofrece pistas importantes para comprender el funcionamiento del aparato correísta de comunicación en su conjunto. En la propaganda, Correa agradece a sus seguidores en las redes sociales, quienes, según él, comparten y comentan los contenidos de campaña y le envían mensajes de cariño o aliento. El presidente ecuatoriano dice lo siguiente:

"Un saludo muy especial... a las redes de apoyo que nos ayudan a difundir el mensaje porque desde el internet y las redes sociales, tú también puedes ayudar en la campaña, compartir cada foto, cada video. El comentario de aliento es hacer, desde donde estés, parte de esta revolución que no la para nada ni nadie porque somos la inmensa mayoría. Tú también estás construyendo el nuevo triunfo popular".

Si de acuerdo con Ramonet, la revolución digital y, en particular, las redes sociales rompen la linealidad de la comunicación haciendo de los lectores también productores-difusores o productores-consumidores de la información, el comercial oficialista sigue el camino contrario. El aparato comunicativo del gobierno ecuatoriano no considera a los usuarios de las redes sociales como productores de información, sino que reduce su función a dar palabras de aliento o difundir los contenidos, fotos y videos previamente diseñados por la coordinación de la campaña. Esto significa que no estamos ante una democratización de la comunicación, sino ante un proceso de centralización de la información, cuya meta no es que los usuarios produzcan su propia información, sino que compartan los mensajes o imágenes que salen de las direcciones oficiales.

Esta visión centralista y vertical de la comunicación hace improcedente, por lo menos en el Ecuador, la alianza de las televisiones públicas que propone Ramonet. La contraofensiva mediática, en este caso, esta dada por el uso de estrategias publicitarias y no coincide con la creación de una cultura de paz o una visión emancipatoria de la comunicación; por el contrario, tiene como objetivo la implementación de un mayor control en los procesos comunicativos. Si utilizamos las contribuciones de Benjamin, el aparato comunicacional correísta más que alentar un proceso democrático para que las masas generen su propia información y reflexionen por sí mismas o sobre su posición de clase, está orientado a guiar a los usuarios de las redes sociales y contrarrestar interpretaciones heredoxas; o sea, a restringir el disenso social o los canales que pongan en entredicho la información producida por el gobierno.

El Mensaje de Rafael Correa a sus seguidores en las redes sociales también nos permite apreciar cómo el culto a la personalidad y el culto al pueblo impiden una democratización efectiva de la comunicación.

El mensaje de Rafael Correa a sus seguidores en las redes sociales también nos permite apreciar cómo el culto a la personalidad y el culto al pueblo impiden una democratización efectiva de la comunicación. En el primer caso, la figura de Rafael Correa ocupa todo el cuadro, en realidad todo el video, y junto con el slogan del coro, “Tenemos a Rafael”, adquiere más importancia que las palabras del mismo presidente. En este sentido, el valor de exposición no significa sumergir la obra de arte en el ámbito de las masas para que ellas lo manipulen y lo utilicen como un medio de autoconocimiento, sino justamente lo contrario; esto es, se produce una revalorización del valor de culto a la imagen del líder en favor del proselitismo político.

En el segundo, la revolución ciudadana se asocia como una “inmensa mayoría a la que no la para nada ni nadie”. Sin embargo, no es a la masa heterogénea y dispersa de receptores o lectores a quien se le permite transformarse en autora o productora de la información; sino que el rol protagónico lo ocupa la imagen/voz de Correa y su centro de campaña, quienes se encargan de orientar a los usuarios de las redes sociales proporcionándoles contenidos manufacturados para que éstos los distribuyan. Las masas, por consiguiente, sufren una homogeneización al ser imaginadas como “una inmensa mayoría” y parte de un proceso de revolución idealizado. Este culto no les permite a los usuarios de las redes sociales procesar o producir su propia información; pero, a cambio de ello, pueden identificarse con el “triunfo popular” y expresarse siempre y cuando alienten una revolución que continúa con su marcha arrolladora, pues “no la para nada ni nadie”.

En el comercial analizado, por tanto, en lugar de una politización de la comunicación, constatamos la estetización de la política y esto se aplica al aparato de comunicación del correísmo en su conjunto en tanto su eje está en la publicidad y el marketing político. Una politización de la comunicación o de las redes sociales permite que los usuarios procesen, produzcan y compartan su propia información. Mientras que la estetización de la política contemporánea se aprovecha de las nuevas posibilidades de exposición que brindan las nuevas tecnologías o las redes sociales tanto para reificar la imagen del líder como para enviar contenidos específicos con el fin de homogeneizar el imaginario social y evitar “producciones heterodoxas”. En este sentido, la revolución digital utilizada por el aparato comunicacional del gobierno ecuatoriano en vez de traernos una perspectiva emancipatoria de la comunicación como lo desea Ramonet, reproduce los vicios de la mercantilización de las megacorporaciones digitales y del control político de los servicios de inteligencia contemporáneos.

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