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6 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 10 minutos
6 de Noviembre del 2014
Redacción Plan V
Samper en la Mitad del Mundo: aquí está... y aquí se queda

Fotos: Luis Argüello

Acompañado del ex canciller Francisco Carrión, el ex presidente de Colombia se dirige a un auditorio de estudiantes de la Flacso y embajadores de países amigos.

 

El político colombiano sabe manejar bien a la concurrencia: aquí posando entre el magistrado del Tribunal Andino, José Vicente Troya (izq) y el presidente de la Corte Nacional de Justicia, Carlos Ramírez. 

 

El ex presidente de Colombia Ernesto Samper Pizano, muy metido en su papel de portavoz de la integración latinoamericana, se muestra cordial y anecdótico con un auditorio complaciente en la Flacso. El hombre que, siendo presidente de su país, pensó en suicidarse si Estados Unidos lo detenía para investigarlo por narcotráfico, muestra sus coincidencias con el discurso correísta y hace gala de su distancia con Washington.

El ex canciller Francisco Carrión, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Alfredo Palacio, podrá haber dejado el servicio exterior, pero no ha dejado sus maneras diplomáticas.

Actualmente es director de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), una institución en donde el correísmo tiene un fortín y una cantera. Fortín ideológico y cantera de cuadros para la Revolución.

La tarde del 6 de noviembre del 2014, Carrión espera -chaqueta café, afeitado impecable- en la vereda de la calle La Pradera, al pie del complejo de edificios de la Flacso, al norte de Quito, la llegada del ex presidente de Colombia y actual secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper Pizano. 

El ex presidente se baja de un Audi A6 de color negro. Usa chaqueta gris y una corbata de color naranja. Tiene ya el pelo totalmente cano. Quien según su biografía desciende de nobles de la Nueva Granada y próceres bogotanos -como el mismísimo Antonio Nariño- saluda con el ex titular del Palacio de Najas.

Carrión está solo, mira su reloj, y se da cuenta que el secretario de la Unasur, conferencista invitado en el Hemiciclo de la Flacso esa tarde, está retrasado diez minutos. El ex jefe de la diplomacia ecuatoriana y ex embajador del Ecuador en España mira hacia la calle. De pronto, irrumpe con escolta policial el cortejo de Samper. El ex presidente se baja de un Audi A6 de color negro. Usa chaqueta gris y una corbata de color naranja. Tiene ya el pelo totalmente cano. Quien según su biografía desciende de nobles de la Nueva Granada y próceres bogotanos -como el mismísimo Antonio Nariño- saluda con el ex titular del Palacio de Najas.

Este, con ademán ceremonioso, lo escolta hacia el Hemiciclo, que es un salón en un subsuelo, el de los grandes eventos de la Flacso. Son ya las 18:15 cuando Samper y Carrión toman asiento en la mesa de honor. La sala está totalmente llena.

En la primera fila, algunos diplomáticos. Luce su traje de indígena aymará -sombrero en forma de hongo, aksu (manta) de color café, alfileres o topus en hombros y faja- la embajadora de Bolivia, Ruzena Maribel Santamaria Mamani. La enviada del Estado Plurinacional llega poco antes que Samper y la invitan a sentarse junto a su colega de Venezuela, la médica María Lourdes Urbaneja Durant. Junto a las embajadoras del eje Caracas-La Paz se ha sentado el representante del Gobierno del Brasil, Fernando Simas Magalhães, el único que es diplomático de carrera. Completan la primera fila el presidente de la Corte Nacional de Justicia, Carlos Ramírez, y el magistrado del Tribunal de Justicia Andino, José Vicente Troya. Los tres caballeros lucen traje y corbata.

Las embajadoras de Bolivia, Ruzena  Santamaria Mamani y Venezuela, María Lourdes Urbaneja, junto al embajador del Brasil, Fernando Simas Magalhães.

Hay otras personalidades en el auditorio. Entre estos, el presentador estrella y comentarista político del correísmo, Carlos Rabascall, acompañado de un camarógrafo del canal estatizado TC Televisión, quien sube y baja escaleras para hacer tomas del evento desde todos los sitios y ángulos posibles. Están, también, estudiantes de posgrado de la Flacso y algunos de otras universidades. No obstante, el grueso de la concurrencia es mayormente estudiantil y joven.

Samper es brevemente presentado por Carrión, quien anuncia que el ex presidente del país vecino ha pedido, expresamente, que haya una interacción con el público. Samper toma la palabra y habla poco más de 20 minutos. Hace una defensa de la necesidad de mirar hacia la región y su integración. Se nota que se siente en el centro de Suramérica: aquí está y aquí se queda. Sabe que el auditorio es complaciente y que nadie va a salir con ninguna altisonancia.

Y, por ello, cuenta anécdotas graciosas, como aquella de que cuando se escapó de la cárcel un narco llamado "Chupeta", en el primer día de su Gobierno, entendió que ser Presidente de Colombia es todo un doctorado en temas de narcotráfico. La concurrencia ríe cuando Samper cuenta que, tanto llamaban al Palacio de Nariño a contarle y consultarle sobre la evasión de "Chupeta", que, molesto, ya les dijo que en el Palacio no estaba el narco evadido, que lo dejaran trabajar.

Ni una palabra del ex presidente sobre el Proceso 8000, cuando el Congreso y la justicia de su país lo investigaron por, presuntamente, haber recibido dinero de narcotraficantes para su campaña presidencial, en 1994. Ni una palabra, tampoco, de cuando Estados Unidos le quitó la visa, siendo presidente, por esas presunciones. Menos, aún, de cuando, según reveló en su libro Aquí estoy y aquí me quedo había pensado en el suicidio con una cápsula de cianuro si, durante un viaje a Nueva York, lo detenían los Estados Unidos para investigarlo. A lo sumo, dos veladas alusiones de su antiyanquismo que, posiblemente, fueron parte de las credenciales con las que obtuvo el apoyo de algunos gobiernos de la región. La primera, la afirmación de que "en Estados Unidos no hay dictadura, porque allá no hay embajador de Estados Unidos" y el otro, precisar la dirección de la nueva sede de Unasur, el famoso edificio del "volado", que está en la Mitad del Mundo, pero "en el Hemisferio Sur". 

Su polémica presidencia de Colombia, entre 1994 y 1998, es historia antigua. Y, Samper lo sabe, la mayor parte del auditorio es joven y no la tiene presente. Por ello, cuando habla de narcotráfico, se limita a contar el gracioso cuento de la fuga del "Chupeta", y a hacerle un guiño al correísmo cuando responde una pregunta sobre la posible despenalización de ciertas drogas: hemos perseguido demasiado a los adictos y a las mulas. 

La palabra preferida del secretario de la Unasur es "proceso". La repite con insistencia: todo es un proceso en la retórica de Samper: la integración, la economía, la política. El proceso mismo es un proceso. Es una tautología que reitera con su dulce acento bogotano -cachaco como dicen en su país-, que nadie parece advertir.

No es ese el único momento en que Samper se refiere, sin nombrarlo, al discurso oficial del Ecuador. Samper habla de que es el momento de pensar no solo en extraer recursos naturales -como, destaca, ha hecho tan bien Bolivia en los últimos diez años-, sino que se debe pensar también en el cambio de las matrices productivas, en la sustitución de importaciones y en la industrialización. Después de todo, afirma Samper, ese modelo, con todas sus limitaciones, permitió reducir la pobreza y un crecimiento mayor que el esquema neoliberal.

Las coincidencias con el discurso oficial ecuatoriano siguen: la integración, dice, debe darse por la libre circulación de personas y capital en la región. 

La palabra preferida del secretario de la Unasur es "proceso". La repite con insistencia: todo es un proceso en la retórica de Samper: la integración, la economía, la política. El proceso mismo es un proceso. Es una tautología que reitera con su dulce acento bogotano -cachaco como dicen en su país-, que nadie parece advertir.

Samper transmite determinación y parece ser de aquellos que creen que hay que esperar a ver qué ocurre antes de tomar cualquier decisión. Y su reputación lo precede: en los momentos más difíciles del juicio en su contra en el Congreso de su país, cuando había presiones para que renuncie, no solo que no renunció, sino que les ganó la partida a sus opositores políticos al lograr que el Congreso archive el proceso, sin declararlo ni culpable ni inocente. Aunque uno de los hijos del líder del Cártel de Cali reveló, recientemente, que la campaña de Samper recibió un total de USD 10 millones. 

Mientras habla, Ernesto Samper hace varias alusiones al Brasil. El delegado de Brasilia asiente complacido, corresponde con atentas sonrisas. Cuando termina su breve intervención, empieza la ronda de preguntas. Francisco Carrión le pregunta si no será mejor que conteste de izquierda a derecha. Nuevas sonrisas cordiales. A Samper nadie lo puso en apuros. Con la misma tranquilidad con la que llegó, 15 minutos tarde, el ex presidente de Colombia se retira del Hemiciclo.

Samper está aquí, en la Mitad del Mundo. Y aquí se queda. 

 

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