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29 de Agosto del 2016
Historias
Lectura: 16 minutos
29 de Agosto del 2016
Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

Temporada de patos

Foto: Luis Argüello

El general Paco Moncayo se perfila como el candidato natural de un frente de centro y centroizquierda. Pero la falta de definición de la tendencia puede pasarles factura.

 

La frustrada visita de Cynthia Viteri a la Venezuela chavista no era un acto de cortesía personal, sino que tenía una finalidad política que resultó favorable. Todo político, y más aún, todo candidato, debe contar con una historia personal que lo vuelva un personaje con el cual el electorado se sienta identificado. Y mejor si, de la identificación, se pasa a la simpatía que puede generar adhesión, dado el nivel aspiracional que muchas personas ven reflejado en la imagen mercadeada del candidato o candidata.

Nicolás Maduro, el actual presidente venezolano, acaba de anotar una vistosa carambola, un perfect hat-trick (tres goles en un mismo partido, por sus siglas en inglés), una canasta triple, un tres en raya; y lo más impactante de todo: sin jugar, sin planearlo; y casi por seguro, sin siquiera proponérselo. ¿Qué es exactamente lo que hizo?

Veamos:

Añadió otra raya más al tigre de la política exterior ecuatoriana, obligada a exponerse tal cual es, luego de que el Servicio de Inteligencia del gobierno de Nicolás Maduro expulsó de Venezuela  a la precandidata presidencial Cynthia Viteri, el pasado 26 de agosto, cuando ella pretendía visitar a la esposa del opositor venezolano Leopoldo López. 

Seguidamente, desnudó el mono-neural comportamiento del oficialismo ecuatoriano, incapaz de ofrecer una pincelada de inteligencia política en situaciones de crisis. Para ellos la ecuación fue simple: en la actual coyuntura el régimen de ningún modo patrocinará la defensa de derechos de una ciudadana o de un ciudadano de la oposición, ni dentro y peor fuera del país.  “Primero muertos antes que perder la vida”.

Por último, el buenazo de Nicolás contribuyó a apuntalar la imagen de una precandidata presidencial de derecha, enemiga del hermano gobierno revolucionario ecuatoriano. Cyntia salió fortalecida, su imagen de mujer comprometida con una visión de la libertad y su compromiso por defenderla más allá de los discursos, seguramente habrá calado en algunos sectores de opinión.
La torpeza de Maduro debería granjearle el ser nombrado Doctor Honoris Causa del gobierno ecuatoriano y Comandante en Jefe Honorífico de la campaña preelectoral de la abogada Cynthia Viteri.

El episodio que aludimos debe servir, por varias razones, como pedagogía para electores, analistas, comunicadores y gente común, a menos de seis meses de las elecciones en Ecuador.

la frustrada visita de Cynthia Viteri  no era un acto de cortesía personal, sino que tenía una finalidad política que resultó favorable. Todo candidato, debe contar con una historia personal que lo vuelva un personaje con el cual el electorado se sienta identificado.

Las campañas electorales son procesos en los cuales los estrategas activamos un abanico de opciones que suman creatividad e información, para direccionarlas a lograr objetivos específicos: robustecer la imagen deseada, defenderse de ataques de otros actores, contraatacar; en definitiva, para ganar. Deberían ser siempre jugadas definidas por la ética, pero no todos los consultores ni todos los políticos pensamos ni actuamos igual.

Nadie puede afirmar, y menos probar, que lo ocurrido con Cynthia Viteri fue provocado intencional y calculadamente, como una estratagema de sus asesores para posicionarla mejor en el tablero electoral donde compite abiertamente contra Guillermo Lasso, el otro candidato de la derecha, y contra el candidato del oficialismo que, de lo que se sabe, será Lenin Moreno; pero no descartar esa posibilidad solo mostraría la enorme ingenuidad política de muchos.

Lo que si es evidente, es que la frustrada visita de Cynthia Viteri  no era un acto de cortesía personal, sino que tenía una finalidad política que resultó favorable. Todo candidato, debe contar con una historia personal que lo vuelva un personaje con el cual el electorado se sienta identificado. Y mejor si de la identificación se pasa a la simpatía, que puede generar adhesión, dado el nivel aspiracional que muchas personas ven reflejado en la imagen mercadeada por el equipo de campaña.

Este camino pasa por construir y difundir el relato apropiado; los ejemplos hombres o mujeres levantados desde la pobreza; emprendedores exitosos, deportistas ganadores, militares patriotas, padres devotos, líderes indígenas justos y sacrificados, intelectuales mimetizados en una hoja de vida dedicada a combatir la corrupción o la violencia estatal.

Y es que democracias empobrecidas -no solo por el deterioro económico de los Estados que las acomodan ni por la pobreza de amplios sectores, sino también por la aplicación de sistemas de suma cero, en los que el conjunto de decisiones tiene por consecuencia que todos pierden algo- son escenarios ideales para promocionar imágenes de salvadores o refundadores. Cuando todo está perdido o la nave del estado está a punto de naufragar, la emergencia de héroes o heroínas que pueden salvarnos del desastre, es siempre bienvenida. Este efecto es uno de los más importantes que catapultó inicialmente la asunción al poder de los neopopulismos que hoy se resquebrajan en Ecuador, Venezuela, Argentina, Brasil y Bolivia. 

Si el sistema fuese de suma positiva, es decir, si viviésemos en países en los cuales las decisiones de los gobiernos implican que todos los interesados obtienen algún beneficio de éstas, es decir, cuando las decisiones se negocian de forma que cada uno reciba un trozo del pastel, la composición de los escenarios electorales estaría menos condicionada a campañas donde el maniqueísmo fundado en el miedo sean los discursos principales. Los candidatos y las agrupaciones unidas eventualmente para alcanzar la victoria en las urnas, serían menos sospechosos ante los electores.


Nicolás Maduro le hizo un gran favor político a la precandidata presidencial. Habrá que ver si el incidente venezolano se traduce en mayores adhesiones para Cymthia Viteri.

En el Ecuador, el índice de indecisos a escasos seis meses de las elecciones es digno de estudio; lejos de disminuir del rango 40-50% en que se hallaba el año pasado, se ha incrementado en un 10%. Es decir, alrededor del 60% de electores aún no han decidido por quién votar, lo cual es síntoma de desconfianza, incertidumbre y hartazgo. Revertir estos factores resulta oficio primordial de los equipos de campaña en el tablero, por ello es de esperarse que estaremos expuestos a variadas tácticas y estratagemas de posicionamiento de los candidatos del oficialismo y de la oposición, en su búsqueda de plantar ante los votantes un guión convincente, y de presentar una oferta creíble para sacar al país de la crisis económica, y devolverle paz, trabajo y bienestar en un entorno democrático donde la corrupción y el debilitamiento de las libertades no sean el pan de cada día.

Alrededor del 60% de electores aún no han decidido por quién votar, lo cual es síntoma de desconfianza, incertidumbre y hartazgo. Revertir estos factores resulta oficio primordial de los equipos de campaña.

Por otro lado, en una campaña electoral es cuando más claramente se muestra la dificultad de mantener vigentes las ideologías o de deshacerse pragmáticamente de ellas, sin caer en el oportunismo político más ramplón. La línea que separa los conceptos de “derecha” y de “izquierda”, se vuelve cada vez más débil en el mundo electoral moderno.

Desde que se fantaseó con el apelativo de izquierda y se lo ligó con el monopolio retórico de la revolución social, se han reivindicado cosas tan bizarras como nuevas ciencias exactas de izquierda, nuevas formas de fabricar de izquierda, y otras sandeces como las del Buen Vivir.

Para los otros, en cambio, es más cómodo, simple y por ello menos cambiante eso de ser de “derechas”; son menos prosaicos, nunca se han vendido bien como virtuosos o solidarios, pues básicamente les interesa la búsqueda del enriquecimiento personal o corporativo, y se mercadean ante la sociedad y ante los electores como la tendencia más competente para resolver asuntos terrenales contables.

La izquierda siempre maneja las credenciales de buena fe y de ser gerente propietaria  de la utopía del bien universal. Por ello, cuando ha llegado al poder mostrándose ingenua, es más propensa a la corrupción y al abuso del poder, y luego le resulta más difícil lavarse la cara y las manos para presentarse en elecciones. He ahí una sencilla explicación de la vigencia del llamado “péndulo” electoral, y del raquitismo ideológico del centro político. 

En el Ecuador, la perdición de la izquierda ha sido reclamar virtuosismo y en la práctica pecar de sectaria, inepta y corrupta. La derecha se ha cuidado de fundamentarse en los mismos valores, para evidenciar tales falencias y desgastar al régimen. En semejante entorno ideológico el elector se encuentra confundido y de allí tanta indecisión.

Muchos electores ecuatorianos, por ejemplo, no están muy convencidos de que las alianzas forjadas muestren niveles de madurez política y reubicación ideológica, amalgamadas desinteresadamente y por el bien de un país a punto de colapsar. Antes y ahora, los medios de comunicación han evidenciado  los mismos traspiés de laoas acuerdos (las unidades) forjadas en campaña, que una vez en el gobierno han tirado a los electores de bruces contra el piso de la decepción.

En la precampaña ecuatoriana, si bien la agrupación de tendencias de derecha, centro izquierda, y el populismo derechista de Alianza PAIS es cada vez menos confuso y fragmentado, causa sospecha entre muchos escépticos ver juntos a un político con cero intención de voto, pero de una reputación honorable, y al que se le acusó de mal uso de fondos públicos. O ver  a los principales líderes de la Costa con una figura de la serranía que paseó un mono enjaulado y quemó la bandera de Guayaquil, hace no muchos años, en medio de un ejercicio de inobjetable regionalismo. ¿Madurez o interés? ¿Cómo explicarle al elector la actuación de líderes indígenas aliados con la derecha, u otros oficiando de amables recaderos de quienes quieren fraccionar aún más la ya dividida entrada del movimiento indígena en esta campaña, regateando el derecho a ser binomio, o al menos colarse en cualquier lista que les ofrezca una curul parlamentaria o les garantice una prefectura o alcaldía?

La campaña que se avecina, es un desafío de creatividad y entendimiento para candidatos y electores.

La respuesta de los más débiles o los más astutos a los llamados a conformar unidades por sobre diferencias personales o partidistas, va cuajando. Así es la política, así ha sido siempre; y no es que muchos electores no lo sepan, es solo que hasta el momento no hay, de parte de ninguna agrupación en lid, una propuesta clara y fiable para inclinar su decisión de voto. 

Cynthia Viteri es un buen producto de marketing, pero, ¿es suficiente la pretensión de que Nebot le endose votos o prestigio, cuando él mismo no se convenció de ser una figura nacional y prefirió mantenerse como alcalde de Guayaquil? ¿Podrá Cynthia superar los límites del pretendido endoso? Ella es mujer, inteligente, madre, esposa, profesional, política firme y de encendida oratoria, consecuente con la ideología que representa. La antítesis de cualquier hombre o mujer del oficialismo, caracterizados por la sumisión al proyecto y la obediencia al líder, y de lejos, mucho más carismática que Guillermo Lasso.

El candidato Guillermo Lasso avanza con orden, técnica y trata de transmitir seguridad. Se ha rodeado de figuras que no aportan muchos votos, pero sí ciertos niveles de prestigio, y posicionan la imagen de un entorno más abierto y democrático. Dar la idea de que en su gobierno habrá cama para tanta gente, parce ser una línea privilegiada para sumar aliados.

Ante la hegemonía de candidatos y figuras costeñas, el oficialista Lenin Moreno es un rostro serrano que desde ese nivel busca equilibrar la balanza regional, aparte de afincar su imagen de amable revolucionario; pero un binomio suyo con Jorge Glas Espinel puede convertirse en un inmanejable error.

Del  general Paco Moncayo, héroe del Cenepa, militar ilustrado y ex alcalde de Quito, queda la impresión de que debería ser el candidato ideal para completar el escenario electoral en representación del centro y sumar a la izquierda menos dogmática u oportunista. En esa tendencia no hay mejor candidato, los sondeos en este aspecto no mienten.

Su auspiciante natural es la Izquierda Democrática, más una nostalgia que un partido fuerte. Sin embargo, esta tienda hasta ahora no le ha propuesto la candidatura, como tampoco lo han hecho otras agrupaciones de centro o de izquierda. Y ello es curioso, por decir lo menos. El argumento de que la ID esperaba ser calificada por el Consejo Nacional Electoral no es muy convincente puertas afuera de esa agrupación.

Huele más a que el centro es un vaso vacío, sin liderazgo, sin figuras, y sin propuesta para recomponer el país, esperando a ser llenado. El mostrar miles de firmas para registrarse electoralmente no significa tener ese capital político en las urnas. Hay organizaciones que arañan su inscripción electoral, pero en campaña aumentan exponencialmente el número de simpatizantes y votos. También ocurre lo contrario.

Moncayo es socialdemócrata y requiere que su candidatura sea lanzada desde el centro hacia la izquierda, no al revés. Tiene además, a su favor, que cualquier intento por desprestigiarlo o limitar su candidatura lo victimizará y fortalecerá frente a los abusos de serviles operarios del fraude. Retrasar su nominación  o la de cualquier otro candidato de la tendencia, impide tener lista una estrategia de campaña, armar un equipo técnico eficaz, y moverse con una oferta electoral  convincente.

Muy particularmente en la Izquierda Democrática, parece haber un error de bulto en sus cálculos electorales. Años por fuera de la política real parecen estar pasando factura. El sentido común del elector diferencia perfectamente un buen candidato de un potencial buen presidente de la República. La unión de centro izquierda alrededor de una figura fuerte, con experiencia y capaz de generar confianza, tiene todavía alguna posibilidad real de convertirse en la opción que muchos electores aún no encuentran para enfrentar a las dos derechas y al populismo. Pero el tiempo vuela, y la tendencia parece atada a una piedra de molino.

Se sabe que en temporada de patos, el  ave que muere no solo es la que se descuida y sale de la formación, sino la que se cansa, o la que por mala fortuna, recibe el impacto de cazadores que disparan a granel. Guiar la bandada para que arribe a salvo a la tierra prometida es la función de un verdadero líder. En temporada electoral se bromea sentenciando que aunque los electores creen elegir patos, una débil democracia solo sirve gallaretas.

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