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25 de Abril del 2018
Historias
Lectura: 12 minutos
25 de Abril del 2018
Gustavo Isch

Consultor político, experto en campañas electorales. 

Terrorismo y comunicación en la estrategia correísta

Foto: Presidencia de la República

El correísmo ortodoxo pretende hacer creer que el régimen anterior no tuvo una política permisiva y hasta cómplice con las guerrillas de Colombia. 

 

La lógica más elemental señala que la falsa premisa del “no involucramiento en el conflicto colombiano” jugó durante el correato como un artificio diplomático para disimular precisamente lo contrario; nunca existió en los hechos la neutralidad que publicitaba el régimen, más bien, se negó reiteradamente a tratar a las milicias articuladas al narcotráfico como lo que eran; muchos ecuatorianos no han olvidado las abiertas muestras de simpatía y beneplácito que mutuamente se extendían entre jerarcas del régimen correísta y sus amigos pseudo marxistas.

Los recientes atentados y crímenes del narcoterrorismo que han segado la vida de siete compatriotas y mantienen secuestrada a una pareja de jóvenes, son producto del conflicto que el Estado colombiano mantiene durante más de cinco décadas con grupos armados de distinta naturaleza, muchos de cuyos integrantes, con el tiempo, han pasado a formar parte de carteles delincuenciales. Una de las bandas de disidentes de las Farc es directamente responsable de los dramáticos hechos que comentamos.

Visto en retrospectiva el conflicto colombiano ha afectado directa e indirectamente al Ecuador, en su economía, en sus prioridades militares y de seguridad, en su política exterior, y ha impactado negativamente en la calidad de vida los habitantes de la zona fronteriza, incrementando la pobreza, cobrando la muerte de inocentes, y provocando el desplazamiento de miles de campesinos, indígenas y colonos.

Los grupos beligerantes colombianos, en sus orígenes cobijados bajo propósitos políticos de reivindicación social, nacionalismo y soberanía, se enfrentaron con el Estado colombiano argumentando con vehemencia y convicción que se trataba de una guerra entre izquierdas y derechas. Sin embargo todo cambió cuando se vincularon al negocio de la droga hace más o menos tres décadas; los ideales de antaño se corrompieron y al juntarse con el narcotráfico, se convirtieron en injustificables prácticas terroristas responsables del sufrimiento y la sangre de miles de víctimas inocentes.

Todo cambió cuando se vincularon al negocio de la droga hace más o menos tres décadas; los ideales de antaño se corrompieron y al juntarse con el narcotráfico, se convirtieron en injustificables prácticas terroristas responsables del sufrimiento y la sangre de miles de víctimas inocentes.

Asimismo, es innegable que los grupos de poder dominantes fueron y son en la actualidad portadores del mismo mal y también de la violencia excecrable asociada a este fenómeno; las más importantes instituciones del Estado colombiano, políticos y gobernantes de distinto nivel, periodistas militares y policías fueron corrompidos y cooptados hacia una narcodemocracia incontrolable. En definitiva, una sociedad entera y varias de sus generaciones han sido marcadas n Colombia por la violencia y han sobrevivido aprisionadas por el sistema ruin levantado a la sombra del crimen transnacional organizado.

Hoy el terrorismo desatado por estos grupos pretende sembrar el miedo y el desconcierto en todos nosotros.

Durante el gobierno del expresidente Rafael Correa, las operaciones de estas columnas armadas en la frontera con el vecino del norte fueron encaletadas bajo un manto de propaganda política, el cual, la retórica del “Socialismo del siglo XXI” les confirió el estatus de “grupos irregulares”.

La lógica más elemental señala que la falsa premisa del “no involucramiento en el conflicto colombiano” jugó durante el correato como un artificio diplomático para disimular precisamente lo contrario; nunca existió en los hechos la neutralidad que publicitaba el régimen, más bien, se negó reiteradamente a tratar a las milicias articuladas al narcotráfico como lo que eran; muchos ecuatorianos no han olvidado las abiertas muestras de simpatía y beneplácito que mutuamente se extendían entre jerarcas del régimen correista y sus amigos pseudo marxistas colombianos.

Esta pose falsa y maniquea de la soberanía, alentó la nefasta permisividad del correato con esos grupos y que hace pocos días la cuestionó el presidente Lenín Moreno. Las distintas evidencias sobre esta inconveniente connivencia desbordan todos los análisis y apuntan directamente a Correa, sus funcionarios a cargo de seguridad e inteligencia, y a los responsables de su política exterior.

En estos días aciagos, el correato, secundado indirectamente por el sector más tonto de la derecha atrincherada en las redes sociales, pesca a rìo revuelto; los objetivos de su estrategia política y de comunicación son claros: 1) eludir su responsabilidad en la crisis de seguridad; 2) minar desde adentro y desde la esfera pública la imagen de Lenín Moreno para abonar a un clima de inestabilidad e ingobernabilidad, que propicien su reposicionamiento político; y 3) desviar la atención sobre los procesos judiciales que indagan sobre la corrupción en la “década ganada” y que por fin apuntan hacia Rafael Correa (Alias Mashi Rafael, en redes sociales).

El correísmo y lo más tonto de la derecha pretenden ahora: 1) eludir su responsabilidad en la crisis de seguridad; 2) minar desde adentro y desde la esfera pública la imagen de Lenín Moreno para abonar a un clima de inestabilidad e ingobernabilidad, que propicien su reposicionamiento político; y 3) desviar la atención sobre los procesos judiciales que indagan sobre la corrupción en la “década ganada” y que por fin apuntan hacia Rafael Correa.

La estrategia de comunicación de Correa juega sus cartas en redes sociales mediante una incesante campaña de desprestigio que señala al presidente Moreno como el único responsable de la crisis; además el correismo evita atacar al gobierno en su conjunto y centra sus ataques en Moreno, a sabiendas de que muchos de sus exfuncionarios y leales seguidores gobierno rodean al presidente y dificultan aún más la transición que con gran dificultad impulsa el mandatario.

Adicionalmente la estrategia de comunicación correista cierra su mordida en el cuello de cualquier actor político que pudiese evidenciarlos. Sus trolls difunden videos para difamar a figuras públicas que se les oponen y respalden a Moreno. Con esta maniobra pretenden contaminar indirectamente al presidente. La estrategia de comunicación se consolida en la esfera pública con la presencia en entrevistas de prensa del excanciller, exministro de defensa de Correa y activista responsable de la conformación de los “comitès de defensa de la revoluciòn”, Ricardo Patiño.

Su libreto ante la prensa defiende con cinismo digno de un record enciclopédico, la falacia de que durante el gobierno de Correa esta crisis nunca se produjo gracias al adecuado manejo político, militar y de seguridad que acreditan haber impulsado; tal argumento es efectivo en una sociedad mal informada, asustada y de memoria frágil; la pretendida eficiencia se usa para encubrir su responsabilidad y para lograr impunidad.

Los ecuatorianos deben formularse varias preguntas elementales:

¿Cómo Correa y sus operadores lograron mantener el control en una “zona caliente” infectada hace años por el tráfico de droga protegida por las milicias terroristas de las Farc y de otros grupos?

¿Cuánto ayudó para ese “eficiente” manejo, la institucionalidad tejida durante una década en la que el correísmo mantuvo a la Justicia, la Asamblea, la Fiscalìa y la Contraloría copada por Alianza Paìs?

El permanente debilitamiento de la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas y de su institucionalidad, el constante cambio de sus mandos, el haber usado a la policía y a la SENAIN para perseguir periodistas y opositores políticos ¿Cómo influyó en el supuestamente “exitoso” manejo de la zona caliente?

¿Qué repercusión tuvo en el aumento del narcotráfico en el Ecuador el que el gobierno de Correa haya liberado a mulas del narcotráfico y haya legalizado una tabla mínima de consumo de droga que disparó el microtráfico en escuelas y colegios?

¿Cuánto debilitó la capacidad de planificación preventiva y de respuesta del Ecuador, el hecho de que el gobierno pasado haya impulsado una política exterior a contracorriente de la racionalidad que aconsejaba la asistencia y cooperación de otros estados para enfrentar este delito transnacional?

Desplegar un cazabobos discurso supuestamente antimperialista ¿benefició o no el albedrío de la narco guerrilla en la zona de frontera?

Hoy Correa se lamenta en redes sociales y pide disculpas a los colombianos por la decisión del presidente Moreno de dar por terminada la colaboración del Estado ecuatoriano en los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional, mientras el ELN siga secuestrando y operando militarmente.

Frente a todo este escenario, una vez más, Correa se desenmascara como lo que siempre ha sido: el irresponsable líder de una revolución más falsa que billete de tres dólares. El expresidente debe ser investigado seriamente para determinar su grado de responsabilidad en la configuración del escenario de violencia que hoy lamentamos.

Correa se desenmascara como lo que siempre ha sido: el irresponsable líder de una revolución más falsa que billete de tres dólares. El expresidente debe ser investigado seriamente para determinar su grado de responsabilidad en la configuración del escenario de violencia que hoy lamentamos.

En Colombia, la estrategia de las Farc de convertirse en partido político mientras sus exjefes militares de segundo orden mantienen el control sobre el tráfico de droga en sus zonas de injerencia, parece resultarles sumamente convenientes; han ganado un frente político legal mientras mantienen una retaguardia armada en su frontera sur, precisamente la que ha asesinado y secuestrado a ecuatorianos inocentes.

Hasta el momento, la falta de una comunicación asertiva, capaz de generar confianza y credibilidad, sustentada en actos de la política que demuestren capacidad para formular e implementar una estrategia adecuada desde el gobierno nacional, ha puesto al país en una posición de alta vulnerabilidad. Por lo pronto, alias Mashi (en redes sociales) y alias Guacho nos han ganado la partida, nos han cambiado la vida. El primero en un mes y con cinco secuestros a su haber; el segundo con 11 años de iniciativa política y 16 millones de secuestrados, simbólicamente hablando.

El terrorismo se caracteriza precisamente por instalar el terror y cambiar conductas de sociedades; impone el miedo como doctrina y la cobardía como medicina para sobrellevar la vida cotidiana. Ataca al azar para que nadie pueda creerse exento. Si el Ecuador se deja atrapar por la estrategia política y militar del narcoterrorismo, no solo gana alias Guacho: Correa también habrá ganado a todo lo largo y con su peso muerto, el control del centro del tablero político nacional.

El país solo podrá enfrentar exitosamente este nuevo capítulo de su historia, si se une para condenar y combatir al terrorismo y desenmascarar a tiempo a sus aliados.

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