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2 de Febrero del 2016
Historias
Lectura: 27 minutos
2 de Febrero del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Las trompetas trogloditas de Donald Trump

Foto: Reuters Media Express

A pesar de que los sectores más liberales de Estados Unidos han condenado su estilo, Trump encabeza una campaña que crece entre la población blanca que se siente amenazada por los inmigrantes. 

 

Como todo populista, Trump ha logrado sintonizar con la profunda decepción que una parte del electorado tiene con el “establishment”, tanto con el Gobierno en Washington como dentro del propio Partido Republicano. Ese grupo está furioso con lo que consideran el retroceso de EEUU, y su propio retroceso dentro de EEUU. La gran mayoría de partidarios de Donald Trump son blancos sin educación universitaria, que se sienten amenazados por los inmigrantes y por un Gobierno que sienten que no les defiende, les impone demasiadas restricciones e impuestos.

Fascinación, indignación e incredulidad provoca en América Latina la creciente aceptación de la figura del empresario inmobiliario y actor de programas de televisión Donald Trump en las filas del Partido Republicano de EEUU. Racista, narcisista, ignorante y prepotente, Trump fue visto al inicio, cuando se lanzó a mediados de 2015, como un payaso cuya estela pronto se desvanecería, pero su popularidad creció como la espuma, en un fenómeno típicamente populista que desplazó a todas las otras candidaturas republicanas.

Aunque no ganó este lunes 1 de febrero, logró resultados que hace siete meses parecían imposibles, propulsando su carrera hacia la candidatura presidencial para las elecciones de EEUU el 8 de noviembre de este año.

Los caucus (asambleas electorales) republicanos que la noche de este lunes se realizaron en Iowa dieron como triunfador a Ted Cruz (con 28%), un hombre cercano a los evangélicos practicantes que conformaban dos tercios de los reunidos en la asamblea, pero en realidad confirmaron que la carrera republicana a la presidencia se reducirá a tres candidatos: Cruz, Trump (24%) y Rubio (23%).

Racista, narcisista, ignorante y prepotente, Trump fue visto al inicio, cuando se lanzó a mediados de 2015, como un payaso cuya estela pronto se desvanecería, pero su popularidad creció como la espuma, en un fenómeno típicamente populista que desplazó a todas las otras candidaturas republicanas.

Los caucus de Iowa (en el lado Demócrata hubo un empate de 50% entre Hillary Clinton y Bernie Sanders) son la bandera de salida del calendario electoral estadounidense. El segundo capítulo para definir las candidaturas presidenciales son las primarias en New Hampshire de la próxima semana y, combinando los dos sistemas (caucus en algunos estados y votaciones en urnas en otros) el calendario pasará por una fecha clave el “supermartes” del 1 de marzo (cuando se las realizará en 15 estados). Cuando se completen todas las primarias ––en algunas de las cuales la regla dice que el ganador se lleva todo (winner takes all)–– quedarán escogidos los delegados estatales las convenciones nacionales de los dos partidos. De estas, que se realizarán en julio, saldrán los candidatos oficiales.

Este artículo busca responder algunas preguntas que quizás los lectores encuentren ilustrativas: ¿Quién es Donald Trump? ¿Qué plantea? ¿Cuál es la razón de su éxito? ¿Por qué el establishment republicano está furioso con Trump? Si Trump es el candidato republicano, ¿podrá ganar en las elecciones de noviembre? ¿Cuál es la trampa demográfica del extremismo republicano?

¿Quién es Donald Trump?

Donald Trump, quien cumplirá 70 años este junio, es más conocido para el público latinoamericano como el presentador del reality show de televisión “The Apprentice” (El aprendiz), estrenado en 2005 y en el que participaban en cada temporada de 16 a 18 empresarios que competían por un premio de 250.000 dólares y un contrato para dirigir una de las empresas de Trump. A inicios de 2015 renunció a continuar en el programa, un anticipo de que estaba pensando en ser candidato presidencial.

Pero, además de personaje televisivo, Trump es un empresario inmobiliario millonario, dueño de decenas de edificios, hoteles, casinos, resorts, campos de golf, en EEUU, Canadá, Dubái, Panamá, Brasil y el Caribe, y de otros negocios, como la franquicia de Miss Universo, un equipo de fútbol en Nueva Jersey y empresas de espectáculos y de deportes como boxeo y ciclismo. En 2015, la revista Forbes calculó que tenía una fortuna neta de 4.100 millones de dólares, aunque según otra revista, Business Insider, el propio Trump declara una fortuna de más de 8.000 millones de dólares, de los cuales 3.300 millones serían, en concepto de Trump, lo que vale su persona como capital. Como lo leen. Uno de sus rasgos es precisamente su megalomanía: no solo que pone su apellido a todo (Trump Organization, Trump Entertainment Resorts, Trump Tower, Trump Hotel & Tower, Trump Place, Trump National Doral Golf Resort & Spa, etc.) sino que se valoriza en US$ 3.300 millones, y se siente superior a todos los mortales y dueño de la verdad.

Sin embargo, ya quebró una vez. Hijo de un empresario de bienes raíces de Nueva York (a su vez hijo del inmigrante alemán Friedrich Drumpf, apellido que cambiaron a Trump) trabajó en la firma inmobiliaria de su padre mientras estudiaba universidad (dos años con los jesuitas en Fordham y dos en la Escuela de Negocios Wharton de la U. de Pensilvania donde obtuvo un Bachelor), firma a la que se unió oficialmente en 1966 y la controla desde 1971. Pero en 1991 la empresa entró en bancarrota por una serie de decisiones desacertadas de Trump. Se recuperó a finales de la década y reconstruyó su fortuna mediante exenciones de impuestos y créditos bancarios, volviendo a acumular varios miles de millones de dólares. Se ha casado tres veces, tiene cinco hijos y ocho nietos.

Ha publicado bajo su nombre tres libros: El arte de volver, sobre cómo logró recuperarse; Por qué queremos que tú seas rico, con Robert Kiyosaki, el autor de libros de ayuda financiera, y Piensa grande y patea traseros en los negocios y la vida.

¿Qué plantea Trump?

Durante varios años Trump ha coqueteado con la política, ha contribuido con su dinero a candidatos, sobre todo republicanos pero también a algunos demócratas, filtrándose su interés de ser candidato a gobernador de Nueva York y candidato republicano a la presidencia en 1988, 2004 y 2012.

Sin ser candidato, fue uno de los más enconados enemigos del candidato Barack Obama, cuya nacionalidad estadounidense puso en duda, burlándose también de que sus notas no eran demasiado buenas para entrar en la Escuela de Derecho de Harvard, implicando que había sido aceptado por ser negro.

Sin ser candidato, fue uno de los más enconados enemigos del candidato Barack Obama, cuya nacionalidad estadounidense puso en duda, burlándose también de que sus notas no eran demasiado buenas para entrar en la Escuela de Derecho de Harvard, implicando que había sido aceptado por ser negro. El 25 de abril de 2011, Trump desafió al ya presidente Obama a publicar su certificado de nacimiento íntegro, cosa que el presidente hizo dos días después, con lo que puso fin a la polémica sobre su nacionalidad. Trump no se sintió derrotado; al contrario, se ufanó de haber logrado arrinconar a Obama.

En sus tanteos para la candidatura presidencial las encuestas ya le ponían en posiciones de preferencia. Estos años se fue acercando al Tea Party, el grupo extremista del partido Republicano, así como a comités conservadores y se dice que ha gastado un millón de dólares en explorar las posibilidades de su candidatura presidencial y la estrategia que debía seguir. Finalmente, el 16 de junio de 2015, Trump anunció su precandidatura para las elecciones de 2016 por el Partido Republicano con el eslogan “Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo” (“We are going to make our country great again"). En ese discurso de presentación lanzó sus primeras posiciones extremistas, perfectamente pensadas para causar grandes titulares y generar controversia, contra el avance de China en la economía mundial y en especial contra el ingreso de inmigrantes mexicanos a EEUU, a quienes calificó de "corruptos, delincuentes y violadores", anunciando su propósito de construir un muro entre las fronteras de EEUU y México, que obligaría a que lo pague ese país.

Como preveía Trump, sus expresiones causaron una controversia gigantesca, no solo en México sino en EEUU, donde las organizaciones latinas y de derechos humanos las criticaron duramente y varias empresas ––como las cadenas de televisión NBC y Univisión y los almacenes Macy’s–– cortaron relaciones comerciales con Trump. También en América Latina hubo alguna reacción: por ejemplo, Costa Rica se negó a enviar a su representante al concurso de Miss Universo.

Ni estas ni las posteriores pachotadas que ha lanzado Trump parecen haberle afectado y, a pesar de las críticas subió en pocas semanas en las preferencias para ponerse a la cabeza de los republicanos y luego ha ampliado consistentemente su ventaja. Este 1 de febrero tiene ––según el promedio de las encuestas de alcance nacional de la firma Real Clear Politics––, 35,8% de la intención de voto republicano estadounidense (siendo Ted Cruz, tanto o más radical que Trump, el segundo, con 19,6%, mientras Jeb Bush, que hace un año parecía tener segura la nominación se ha hundido y raspa los 4,8 puntos de preferencia).

Bush sostiene, contra toda evidencia científica, que la aplicación de las vacunas se relaciona con el desarrollo del autismo, que no existe cambio climático y que el calentamiento global es un engaño “creado por y para los chinos para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Según el Washington Post,Trump ha hecho hasta ahora 76 promesas en su campaña, entre las que están construir el muro con México, que será “un pie más alto que la Gran Muralla China” y será tan importante y artístico que algún día EEUU lo llamará “La Muralla Trump”. Prometió que si México se rehúsa a pagar incautará el pago de las remesas de todos los inmigrantes ilegales, cortará la ayuda externa a México, impondrá aranceles a los productos mexicanos, cancelará visas para todos los diplomáticos y líderes empresariales de ese país y hará que todos los mexicanos paguen más por las visas, las tarjetas de cruce de fronteras y la tasa de uso de puertos y aeropuertos.

Prometió que si es presidente todos dirán de nuevo “Feliz Navidad” (lo que se explica porque hay un creciente convencimiento en los evangélicos fanáticos de que hay un complot para acabar con la Navidad y que por eso se dice “Felices Fiestas” y ya no se usa el verde y rojo en las decoraciones). También que eliminará el currículum común de las escuelas, dando a cada distrito escolar libertad total para fijar las materias y que, incluso, probablemente eliminará el Departamento (Ministerio) de Educación y la Agencia de Protección del Ambiente. Prometió eliminar de inmediato el Obamacare, el programa de cobertura de salud que Obama logró hacer aprobar, y que lo reemplazará por algo “mucho mejor, mucho mejor, mucho mejor”.

También prometió prohibir la entrada de la mayoría de musulmanes que ahora llegan a EEUU “hasta que las autoridades puedan saber qué es lo que está pasando” (aunque el 7 de diciembre dijo que está en favor de un cierre “total y completo” del ingreso de cualquier musulmán a EEUU); prohibir la entrada de cualquier refugiado sirio y expulsar a cualquiera que ya haya entrado; hacer que los países ricos del Golfo Pérsico paguen para armar una “zona segura” en Siria; mantener vigilancia permanente de las mezquitas en EEUU e incluso cerrar algunas de ellas; crear una base de datos de los refugiados sirios sin descartar una base de datos de todos los musulmanes en EEUU.

Nunca tomar vacaciones mientras sea presidente de EEUU; enjuiciar a Hillary Clinton por haber usado un servidor privado de correo electrónico cuando fue Secretaria de Estado; detener el gasto estatal en la exploración espacial hasta arreglar los huecos por los que se va el dinero e impulsar el crecimiento de las compañías privadas de exploración espacial, son otras de sus promesas.

Prometió fortalecer a las Fuerzas Armadas de EEUU de manera que sean “tan grandes, tan fuertes y tan grandiosas” que nadie “va a molestarnos”; ser impredecible (“Nadie nos va a tocar porque yo soy tan impredecible”); permitir que Rusia solucione el problema del Estado Islámico en Siria y/o “cooperar con Vladimir Putin para eliminar nuestros enemigos comunes”; “bombardear hasta sacarle la mierda al Estado Islámico”; bombardear los campos petroleros controlados por el Estado Islámico, apropiarse de ese petróleo y dar las ganancias a los veteranos que sean heridos en la batalla; buscar y matar a los familiares de los terroristas; cerrar partes de Internet de manera que los terroristas del Estado Islámico no puedan usarlo para reclutar a chicos estadounidenses; volver a utilizar el ahogamiento en agua como técnica de interrogatorio (algo que el Gobierno de Obama prohibió por considerarlo tortura); incluso emplear métodos más radicales que el ahogamiento en agua pues, aunque no funcionen “ellos se lo merecen por lo que están haciendo”.

No retirar las tropas estadounidenses en Afganistán “porque es tal relajo”; proteger Israel, y aumentar la presencia de EEUU en los mares del Sur y Este de China. Renegociar por completo el tratado nuclear recién acordado con Irán. Oponerse a matar periodistas (“A algunos de estos les odio, pero nunca les mataría”). Recobrar los puestos de trabajo que se han perdido con China, México y otros países. “Seré el más grande presidente para crear trabajos que Dios creó”. Oponerse agresivamente al poder de China en el mundo, declarándola manipuladora del tipo de cambio, adoptando una política de cero tolerancia al robo de propiedad intelectual y a la transferencia forzosa de tecnología e impidiendo las prácticas laxas de China sobre la mano de obra y el ambiente; en resumen, “someter a China porque está logrando que a EEUU le sea imposible competir”.

Otra de sus promesas es renegociar todos los tratados de libre comercio, con los mejores negociadores de EEUU, para remplazar el libre comercio con el comercio justo (replace free trade with fair trade); decir a la Ford que a menos que cancele sus planes de construir una inmensa planta en México, esta compañía tendrá que pagar un impuesto de 35% sobre los autos que importe a EEUU (según Trump esto lo logrará antes de posesionarse en el cargo; el año pasado dijo equivocadamente que ya lo había logrado). Forzar a Nabisco a fabricar de nuevo en EEUU sus galletas Oreo y obligar a Apple a que haga sus “malditas computadoras” en EEUU: poner aranceles a muchos productos importados (ha dicho diferentes valores, 32, 33 y 35%).

Llevar el crecimiento del PIB de EEUU a 6% por lo menos; recortar la deuda nacional de US$ 18 millones de millones, eliminando “el desperdicio, el fraude y el abuso en el gobierno federal, clausurando programas inútiles y haciendo crecer la economía para aumentar la recolección de impuestos”. Recortar 20% del presupuesto nacional, simplemente renegociándolo. Derogar las leyes de Reforma de Wall Street y de Protección al Consumidor. Reducir impuestos a las corporaciones a una tasa única del 15%, rebajar los impuestos, eliminar el impuesto mínimo.

Asegurarse que todos los estadounidenses puedan jugar golf, es otra de sus promesas; como lo es que, en su primer día en el cargo, eliminará todas las zonas libres de armas en bases militares y escuelas.

Asegurarse que todos los estadounidenses puedan jugar golf, es otra de sus promesas; como lo es que, en su primer día en el cargo, eliminará todas las zonas libres de armas en bases militares y escuelas. Promete “usar el sentido común para arreglar el sistema de salud mental y eliminar los tiroteos masivos”; encontrar la forma de dar armas a los “chicos buenos” como él, que pueden eliminar a los “sickos” (por psicópatas); suprimir las restricciones de manera que las “personas buenas y honestas” puedan comprar las armas que quieran; firmar una orden ejecutiva imponiendo la pena de muerte para cualquier persona culpable de matar a un oficial de policía.

Una de sus más repetidas promesas es deportar a los casi 11 millones de inmigrantes que viven ilegalmente en EEUU; triplicar el número de funcionarios del sistema de Inmigración y Aduanas; terminar con el derecho a la ciudadanía a quienes nacen en EEUU.

Ha prometido seguir diciendo cosas que son políticamente incorrectas, porque el país no tiene tiempo que perder con la corrección política. Hacer que EEUU sea de nuevo grande, y fuerte porque se ha debilitado mucho; ser el porrista de EEUU y hacer que recobre su espíritu, hacer que vuelva el sueño americano, volver a ganar: “Vamos a ganar tanto, triunfo tras triunfo, que ustedes me van a rogar ‘¡Por favor, señor Presidente, déjennos perder una vez o dos! ¡No podemos soportar ganar tantas veces!’. Y yo voy a decirles ‘De ninguna manera. Vamos a seguir ganando. Nunca vamos a perder. Nunca jamás vamos a perder’”.

¿Cuál es la razón de su éxito?

Como todo populista, Trump ha logrado sintonizar con la profunda decepción que una parte del electorado tiene con el “establishment”, tanto con el Gobierno en Washington como dentro del propio Partido Republicano. Ese grupo está furioso con lo que consideran el retroceso de EEUU, y su propio retroceso dentro de EEUU. La gran mayoría de partidarios de Trump son blancos sin educación universitaria, que se sienten amenazados por los inmigrantes y por un Gobierno que sienten que no les defiende, les impone demasiadas restricciones e impuestos. En épocas de inseguridad económica le ha sido muy fácil encabezar la reacción contra los inmigrantes. Por eso levanta rugidos de satisfacción cuando dice que hay que impedir la entrada de los mexicanos o de los refugiados sirios; por eso le aplauden a rabiar cuando hace su promesa de volver a tener unas Fuerzas Armadas que hagan respetar a EEUU en el mundo y sometan a China, la gran rival.

La gran mayoría de partidarios de Trump son blancos sin educación universitaria, que se sienten amenazados por los inmigrantes y por un Gobierno que sienten que no les defiende, les impone demasiadas restricciones e impuestos.

Es, además, un showman, que habla sencillo, hace bromas de mal gusto (muchas claramente misóginas), repite mucho las frases que dice para grabarlas en la mente de los oyentes y apela a su necesidad de reivindicación y venganza. Por eso, aunque se pensaba que con tanta barbaridad como dice pronto caería en las encuestas, ha sido al revés: cada una de esas pachotadas, e incluso su arrogancia y prepotencia personal, ha reafirmado a sus seguidores y ha ido haciendo que quienes antes lo rechazaban en el partido lo vean como un posible candidato.

Su segundo lugar en Iowa, que ya se dijo tiene una mayoría de votantes evangélicos, es notable para una persona divorciada dos y casada tres veces, que ha quebrado, que posee casinos y que ha sido visto como un libertino. Los republicanos, por lo que parece, están tan enojados e insatisfechos con “la política usual de siempre” que están tomando una decisión absolutamente insólita: nominar a un candidato que no tiene experiencia en el gobierno, que no sabe mucho de religión ni le ha importado (hasta ahora) y que tampoco está dispuesto a dar las respuestas sobrias y meditadas de un líder político de un país respetable o nominar a alguien tan beligerante como Ted Cruz que desde ahora avisa que no aceptará ningún compromiso con sus opositores políticos.

¿Por qué el establishment republicano está furioso con Trump?

La elitista dirección del partido Republicano ha restringido desde hace años el manejo del partido a una casta política y económica. Ello ya dio lugar al Tea Party, una revolución desde la derecha del partido, de personas que estaban hastiadas de los compromisos de sus líderes. Pero lo de Trump es mucho más amplio, atrae a una masa mucho mayor de descontentos que se encantan con que Trump diga cosas políticamente incorrectas y desafíe al liderazgo del partido.

Por otro lado, sus planteamientos no son los de un conservador. En algunas cosas Trump está con tesis demócratas (reconstruir la infraestructura; mantener el Medicare y el Medicaid). Y eso enfurece a los conservadores. Tanto que la prestigiosa revista conservadora National Review acaba de sacar un número monográfico titulado “Against Trump” con un editorial principal y 22 artículos firmados en que sostiene que Trump es una amenaza para EEUU ya que reemplazará el conservadurismo por un populismo oportunista y sin control.

Si Trump es el candidato republicano, ¿podrá ganar en las elecciones de noviembre?

Justamente allí está el quid de la incomodidad de los dirigentes republicanos. Si Trump lograse la nominación (cosa que aún está por verse y depende no de Iowa, que no decide ninguna elección, sino de las primarias de marzo y probablemente de abril), será un mal candidato frente a Hillary Clinton.

De los tres candidatos que van a sobrevivir, Trump, Cruz y Rubio, solamente este último podría ganar a Clinton, de acuerdo a los pronósticos de los analistas electorales estadounidenses. Es decir, podría suceder lo que ya pasó cuando el populista de derecha Barry Goldwater le ganó la nominación a Nelson Rockefeller solo para perder abrumadoramente contra Lyndon Johnson (43 millones de votos sacó el presidente en su reelección, y su oponente solo 27 millones).

Claro que la situación actual de los Demócratas no es tan favorable como entonces. Incluso Hillary Clinton está enfrentando un fuerte desafío de parte del senador Bernie Sanders, quien le empató en Iowa y probablemente le gane en New Hampshire y le puede dar pelea en algunos otros estados. Además, la recuperación de la economía ha sido más lenta en unos estados que en otros y eso no favorece a la continuidad del partido Demócrata.

Pero, de todas maneras, el hecho de que Trump sea tan fuerte en un segmento concreto de la población estadounidense resulta una trampa de la que no podrá salir.

¿Cuál es la trampa demográfica del extremismo republicano?

Como lo han mostrado varios analistas, el atraer a los blancos menos educados, con menor ingreso y mayores en la escala de edad va a hacer aparecer a la campaña y al propio partido Republicano como enemigo de todos los que no son blancos (latinos, negros, asiáticos) y de los blancos con mayor educación, dañando aún más al partido en sus aspiraciones presidenciales para el futuro.
Como dice Ryan Lizza del New Yorker, mostraría una candidatura y un partido definidos por el etno-nacionalismo. Puede que Trump consiga aumentar el porcentaje de votos de la clase trabajadora blanca (incluso atrayendo a algunos demócratas) pero en cambio provocará el éxodo de los profesionales de clase media y confirmará el alejamiento de los republicanos de los grupos no-blancos, que es donde, los números del censo lo dicen, va a crecer el electorado los próximos años. Esta es la trampa demográfica de Trump y el extremismo republicano. 

Puede que, como dice otro analista, Timothy Carney,  la estrategia de Trump esté basada en la premisa de que su mezcla de populismo, proteccionismo, bloqueo a la inmigración, nacionalismo estadounidense y reivindicación de la grandeza de ese país, es el secreto para atraer a la mayoría de votantes blancos de las clases bajas que se quedaron en casa en 2012. “Parece que Trump ha encontrado al votante blanco perdido”, dice Carney.

La pregunta es si eso más bien no será un tiro en el pie para el partido Republicano, como ya lo han dicho demógrafos estadounidenses desde hace varios años.

Pero si eso es verdad, la pregunta es si eso más bien no será un tiro en el pie para el partido Republicano, como ya lo han dicho demógrafos estadounidenses desde hace varios años. Eso podría pasar incluso si el candidato no es Trump sino Cruz que, aunque no ha llegado a soplar las mismas trompetas trogloditas y xenofóbicas de Trump, sí se ha alineado con él en su demagogia contra los musulmanes y se opone totalmente a la legalización de los 11 millones de inmigrantes indocumentados. 

En todo caso, una campaña que enfile furiosamente contra el gobierno central, el cambio social y los inmigrantes no va a atraer a la mayoría de la población estadounidense. Pero Trump es demasiado presuntuoso y cree que algo es verdad porque él lo dice, así que difícilmente moderará su estrategia para llegar a los otros segmentos de la población que ahora son necesarios para ganar una elección en EEUU.

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