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26 de Septiembre del 2013
Historias
Lectura: 9 minutos
26 de Septiembre del 2013
Desirée Yépez
Un libro que denuncia la inoperancia del Estado

Fotos: Gianna Benalcázar

 

Mientras se realizaba el lanzamiento, llegó la orden de prohibición para la difusión del libro. En la imagen, Fernando Carrión lee la resolución judicial a los asistentes.

 

Algunos de los asistentes salieron de la sala luego de que se leyó la resolución judicial. Los que se quedaron mostraron su indignación por la censura. 

 

Una tragedia ocultada, de Miguel Ángel Cabodevilla y Milagros Aguirre, pone en evidencia la nula intervención de las autoridades públicas en el conflicto que viven los pueblos aislados. El texto fue censurado por una jueza de Violencia contra la Mujer y la Familia de Pichincha, quien luego revocó su prohibición.

500 ejemplares se imprimieron del libro. Por el momento puede adquirirse en las librerías Rayuela y Librimundi. Pinchar para ver el PDF.

No va a ser la última matanza. Esa sentencia fue el inicio de la intervención de Miguel Ángel Cabodevilla, coautor del libro Una tragedia ocultada, durante el lanzamiento del texto que terminó por ser censurado, de acuerdo con una orden de una jueza de Violencia contra la Mujer y la Familia, de Pichincha. 

Decenas de personas abarrotaron el Hemiciclo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Quito) el pasado 25 de agosto. A eso de las 18:15, era tal el número de asistentes que se abrió un auditorio continuo para que se presencie la exposición de un libro que recoge los hechos que antecedieron y precedieron a la matanza ocurrida en marzo, entre los grupos waorani y tagaeri. Era tal la expectativa por el material contenido en el texto, pues, incluso, el misionero español había sido convocado por la Fiscalía General del Estado para que dos días antes de la exposición sea parte de una audiencia de indagación previa por el presunto delito de etnocidio en la Amazonía y, además, entregue dos ejemplares del libro. Pero no lo hizo.

“La próxima matanza está muy cerca”, decía enfático Cabodevilla, sentado en la mesa junto a Teodoro Bustamante y Fernando Carrión (ambos académicos de la Flacso) y Milagros Aguirre (coautora). Precisamente la sensación de que el Estado quiere ocultar lo que ha sucedido es lo que le motivó a redactar el libro. Para él transparentar el caso se trata de un deber humano.

Miguel Ángel Cabodevilla es uno de los autores del libro. Por este motivo fue requerido por la Físcalia.

Su indignación es producto de los actos que ocurrieron luego de que el 5 marzo Ompure y Buganey, dos ancianos Waorani, murieron lanceados por parte de un grupo Taromenani, indígenas en aislamiento. 25 días después, los familiares de las víctimas acabaron con la vida de más de 30 miembros del otro clan y raptaron dos niñas. En el texto del libro prohibido, en el capítulo Contra el olvido, el misionero capuchino denuncia que “Durante meses se ha objetado de muchas formas la masacre causada por un grupo waorani en los límites de las provincias de Orellana y Pastaza. O, podría decirse, la achican y enturbian como deseando hacerla desaparecer. Dirigentes de la organización waorani Nawe admitieron, desde un inicio, el linchamiento, pero fueron rebatidos por la Fiscalía y el Ministerio de Justicia; advertidos, además, con un deje de amenaza”.

"Los waorani estuvieron ahí como si fueran a una excursión, se fotografiaron a sí mismos. En el libro no he puesto las fotos, no los van a condenar por lo que yo diga, aunque eso quieren algunos”.

Por eso, como parte de su intervención, mientras el calor en la sala estorbaba pero no disminuía la atención de los asistentes, calificó de hipócritas las acciones tomadas hasta el momento por el Estado. “Si en España he podido enterarme, incluso ahí desarrollé el relato, ¿cómo no puede enterarse uno en Quito o en Coca? Mi problema no es quién mató ni a cuántos… Este no es un caso fiscal, es político, ético y social. El día 30 de marzo se produjo una matanza. Está fotografiada. Los waorani estuvieron ahí como si fueran a una excursión, se fotografiaron a sí mismos. En el libro no he puesto las fotos, no los van a condenar por lo que yo diga, aunque eso quieren algunos”.

Eso también se expone en la página 26 de Una tragedia ocultada. Ahí se dice que algunos funcionarios de la Fiscalía están actuando con una desproporción en sus funciones que sorprende... Según ellos, nadie debe saber del caso, ni investigar, fuera de ellos. Les molesta que se opine en público sobre el asunto; se han mostrado retadores contra algunos que lo han hecho. Han advertido que los llamarán a declarar, mientras dejan tranquilos a los protagonistas del atropello. Y ese fue su caso.

La jueza Hilda Garcés firmó la orden que prohíbe la circulación de la obra. 

A través de un comunicado el gobierno respaldó a los autores del libro.

En la obra también se recogen testimonios, aunque no se dan nombres, de quienes habrían participado en la masacre. No obstante, Cabodevilla confiesa que existen detalles inexactos, ya que hizo un resumen que contenga lo más importante de los relatos waorani. “Cuando he hablado con ellos, en el primer momento, son narraciones de guerra, exaltados, cada uno dice he matado a 15, 20. Pero más tarde, lo cuentan de otra manera… Lo que me parece fundamental del asunto, es que ellos (wao) intentan exterminarlos a todos (tagaeri)”.
Precisamente cuando el español terminó su intervención, luego de dejar en evidencia la inoperancia del Estado en el tema ya que después de seis meses de ocurridos los sucesos no hay respuesta... el clima en el Hemiciclo se transformó.
Una mujer ingresó a la sala y se acercó hacia los ponentes. Allí, se mezclaron caras de asombro, ironía, e incluso temor. Fernando Carrión tomó la palabra. Ella entregó una orden proveniente de la Unidad de la Familia de Pichincha,  que prohibía la circulación y difusión de la obra por cualquier medio. La providencia, firmada por la jueza Hilda Yolanda Garcés, de la Unidad de la Familia, que depende de la Corte Provincial,  alegaba que en la invitación al lanzamiento se usaba la imagen de una niña, lo cual violaría el Código de la Niñez. La denuncia que motivó la intervención de la justicia de Mujer y Familia provino de la Defensoría del Pueblo. 
Ese momento el desconcierto contagió al auditorio. Incluso hubo quienes, víctimas del pánico, abandonaron la sala corriendo, pensando que en cualquier momento llegaría la fuerza pública. Nada de eso pasó. Tampoco hubo policías incautando libros, como se publicó en redes sociales. 

“Nada es tan relevante como para que se prohíba la circulación. Quiero creer que no son las autoridades de este país, sino alguien desinformado que viendo la invitación que circuló desde Flacso, la cual fue uno de los varios intentos de portada, se asustó”, comentó Milagros Aguirre, al salir del auditorio. Entre abrazos y palabras de apoyo, la coautora abandonó el hemiciclo y ofreció breves entrevistas a los distintos medios que cubrían el conversatorio.

Desde su perspectiva, el libro recoge situaciones que han sido vox populi, los waorani narran su testimonio, no hay nombres ni fotos con cara. “No sé qué puede preocupar tanto, lo que queremos es que se conozca que hay un problema complicado entre esos clanes. Ya he asistido a varios funerales”. Ella insta a las autoridades a no negar, ocultar, y a tomar medidas para que no vuelva a pasar.

Esa misma tarde, varios usuarios de redes sociales difundieron el texto pese a la censura. Y desde, la Presidencia de la República, se redactó un comunicado que rechaza la prohibición proveniente de la Corte. El oficio, en el cual incluso se expresa solidaridad con los autores, fue difundido desde la madrugada del 26 a través de los medios del Gobierno.

En la mañana del 27 de septiembre, mediante un comunicado de la Defensoría del Pueblo, se solicitó la revocatoria de la prohibición. Wilton Guaranda Mendoza, defensor de los Derechos Humanos y la Naturaleza, corroboró que los autores del libro tomaron las debidas precauciones para proteger la imagen de los niños y niñas que aparecen en las fotografías, lo cual motivó su denuncia judicial.

Por ello, la jueza Garcés revocó la orden que prohibía la difusión y la obra impresa llegó a las librerías. Por su parte, Miguel Ángel Cabodevilla regresará a España el próximo 2 de octubre. Los autores distribuyen Una tragedia ocultada en las librerias Rayuela y Librimundi de Quito. 

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