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13 de Septiembre del 2022
Historias
Lectura: 9 minutos
13 de Septiembre del 2022
Gustavo Isch

Consultor político, experto en campañas electorales. 

Una consulta que no cambiará nada
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Quito, 12 de septiembre del 2022. El presidente del Ecuador, Guillermo Lasso Mendoza, en un evento masivo en el sector de Carapunto, norte de Quito, presentó ante la ciudadania la propuesta de la consulta ciudadana. Foto: Eduardo Santillan / Presidencia Ecuador.

 

Es el peor momento para que el régimen juegue a "blofear". Una mala apuesta terminaría entregando, a esa oposición angurrienta y desesperada por controlar las entidades de fiscalización y control, el pobrísimo capital político que posee el Gobierno, en un juego con todo en su contra.



Durante un acto realizado en el populoso sector de Carapungo, en Quito, el presidente Guillermo Lasso, acompañado por algunos ministros, presentó los temas de la consulta popular y referendo sobre los que deberá pronunciarse la ciudadanía en fecha por definirse.

Que el anuncio se haya realizado en una barriada popular de Quito, es un gesto simbólico, de baja intensidad publicitaria y por demás evidente, que no amerita mayor comentario.

Tampoco es importante el simulado ejercicio de interacción directa con los asistentes utilizado por el Jefe de Estado para presentar las razones que justifican la selección de las 8 preguntas que, en el escenario ideal del régimen, aglutinarán el voto afirmativo de la mayoría a favor de su idea de un país más seguro, con instituciones independientes, transparentes y más eficientes.

Pero en política, apostar a una idea no es igual a impulsar una visión; al igual que una consulta sobre “propuestas y soluciones inmediatas”, no equivale a una hoja de ruta para sacar al país del callejón sin salida en que se encuentra. Y si algo no ha tenido este gobierno a lo largo de toda su gestión, es visión política.

Frente al nuevo evento plebiscitario que se avecina, conviene subrayar que en la política no solo existe —ni es el más común— el escenario ideal. El gobierno y su equipo lo saben, o al menos eso es de esperarse.

Dentro de una prospectiva levantada para enfrentar la crisis política y de resultados que lo ahoga, al menos caben dos escenarios adicionales: uno, que las preguntas de la consulta y el referéndum no alcancen en bloque las respuestas afirmativas que darían un respiro a la asfixia del gobierno; y otro, el peor, en el que las bajísimas cifras de aprobación que arrastra desde meses atrás desemboquen en el voto negativo de la mayoría de ciudadanos.

Este último escenario es común cuando gobiernos desgastados usan las consultas arrimándolas a procesos electorales, o incluso cuando gozando de popularidad fracasan por erradas apreciaciones alimentadas por arrogancia. El reciente caso chileno es ilustrativo.

no hay que descartar que la consulta oculte otras finalidades. No sería una sorpresa, dada la extraña futilidad de lo que se pregunta y quiere reformarse la constitución, frente a la magnitud de las amenazas que se ciernen sobre el país.

En el escenario ideal, los resultados se producirían de acuerdo a la idílica ensoñación de los promotores de esta nueva aventura. Difícil creer que ello ocurra, porque desde mayo del 2021 en que Guillermo Lasso asumió su mandato, las estrategias del régimen no han pasado de ser pataletas cargadas de retórica y mechas mojadas que desgastaron su propia imagen.

En cualquiera de los otros dos escenarios, es de suponer que su equipo asesor y operativo estará preparado para controlar todas las variantes que podrían entorpecer sus anhelos de doblegar —al menos parcial o temporalmente— a la oposición del “triunvirato desestabilizador”, que vive prendida como perro con hambre a los huesos del presidente, y a la cual obsesivamente Lasso endilga como en una diaria letanía, la responsabilidad de la ingobernabilidad y el caos.

Sin embargo, no hay que descartar que la consulta oculte otras finalidades. No sería una sorpresa, dada la extraña futilidad de lo que se pregunta y quiere reformarse la Constitución, frente a la magnitud de las amenazas que se ciernen sobre el país.

Si esta hipótesis no cabe, entonces vale advertir que es el peor momento para que el régimen juegue a blofear; una mala apuesta terminaría entregando a esa oposición angurrienta y desesperada por controlar las entidades de fiscalización y control, el pobrísimo capital político que posee el gobierno en un juego con todo en su contra.


A la plaza de la Juventud, de Carapunto, al norte de Quito, fueron convocadas cientos de personas, en un ejercicio de "participación popular" para el lanzamiento de la consulta ciudadana . Foto: Eduardo Santillán / Presidencia de la República

Blofear es igual a mentir, Sr. Presidente

Si se espera que la fecha máxima para realizar la consulta popular coincida con las elecciones provinciales y municipales del 5 de febrero del 2023, es muy probable que el espíritu positivo que para algunos puede encontrarse en las preguntas, se esfume por el rechazo de sectores populares empobrecidos, y el resentimiento de capas medias golpeadas por el grosero impuesto a la renta aprobado por “el ministerio de la ley” (en complicidad con el correísmo), contra el mismo sector medio sacudido por desempleo, subempleo, deudas y sin política social que lo proteja.

Pedir a la gente votar comprometida y con cabeza fría por preguntas que no le dan esperanza de mejorar su condición de vida a corto plazo, no parece muy inteligente. 

El régimen convoca una consulta en condiciones de suprema debilidad política, debida a una gestión errática, notoriamente improvisada, sectaria, incapaz de cumplir ofertas electorales sustantivas, sin incidencia en territorio, es decir sin militancia organizada y unida alrededor de un liderazgo fuerte, ni de una visión política.

El régimen convoca una consulta en condiciones de suprema debilidad política, debida a una gestión errática, notoriamente improvisada, sectaria, incapaz de cumplir ofertas electorales sustantivas, sin incidencia en territorio, es decir sin militancia organizada y unida alrededor de un liderazgo fuerte, ni de una visión política.

Gerenciar no es igual a gobernar

En materia de seguridad, el país está infectado hasta el tuétano por el crimen organizado, la delincuencia más violenta de su historia y cercado internamente por el narcotráfico, que está a punto de convertir al Ecuador en una narco-democracia. El gobierno en este punto ha fracasado rotundamente en su intención de combatir este gravísimo problema; los Decretos de Excepción emitidos cada vez y cuando por el Ejecutivo son un chiste que se cuenta solo. Consultar si se apoya la extradición de narcotraficantes, cuando en las cárceles y en las calles los carteles y pandilleros asesinan a mansalva, es insultar la sensibilidad y el sentido común.

En lo institucional, consultar sobre las competencias del Consejo de la Judicatura, o el fortalecimiento de la Fiscalía suena a regalar obviedades; y cobijarse con la aversión de millones de ciudadanos hacia la Asamblea Nacional para consultar sobre su reestructuración es solo pirotecnia para lapidar en redes y medios a una nefasta institución levantada con las mismas piedras. Quien se sirva del desprestigio que el Legislativo arrastra desde hace décadas, no podrá eludir el hecho de que, en éste, o en cualquier país del mundo, todo Parlamento no es más que la cara visible de la cultura política de cada sociedad.


La consulta contiene preguntas sobre las atribuciones del Consejo de la Judicatura y la autonomía de la Fiscalía General del Estado. Foto: PlanV

Los problemas estructurales que han paralizado al Ecuador no van a solucionarse con una consulta tan elemental como la que anima ahora al presidente Lasso. Y tampoco los problemas de gobernabilidad del régimen, perdido entre la falta de resultados indispensables para legitimarse, en lo que le queda. 

Atacar la infección desde la raíz, es una de las medidas que hacen falta, y la raíz está carcomida por el sistema político asociado con la corrupción que se desborda desde hace mucho en el sector público, aliado no pocas veces con el sector privado en un juego de mutuos beneficios; una raíz ahora abonada por el crimen organizado y que convive —¡oh, sorpresa!— con políticos de la peor calaña; el mismo sistema político que diseñó un Código de la Democracia a medida de aventureros, oportunistas, prontuariados, y cuasi analfabetas, o pueriles bachilleres convertidos en mesías de ocasión, que pululan en cada elección, amparados todos en el derecho a la “participación ciudadana” consagrado en Montecristi.

Gane o pierda, su consulta, Sr. Presidente, no cambiará nada.

* Gustavo Isch Garcés es consultor político, especialista en comunicación electoral, de gobierno, y comunicación en escenarios de crisis. Docente de la UASB.

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