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27 de Noviembre del 2017
Historias
Lectura: 9 minutos
27 de Noviembre del 2017
Susana Morán
Una obra de arte para cazar corruptos

Foto: Susana Morán

Su obra consta en la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá; en el Ateneo Juan César García, de Cuba; en la colección privada  Kelliger Attourney, en Washington, entre otros. 

La artista visual Katya Romero creó la obra “Desde las entrañas”. Es una instalación que busca representar la corrupción del país y para eso recurrió a empresarios de El Quinche, donde vive, para hacer el prototipo. La obra principal será creada durante la Bienal Tridimensional de Río de Janeiro que arranca el próximo 8 de diciembre.

¿Qué forma física puede tener la corrupción?, ¿cómo representar esa acción innumerablemente mencionada como causa de los atrasos del país? Esa fue la tarea que se puso a cuestas la artista ecuatoriana Katya Romero, quien desde las últimas elecciones presidenciales le ha dado forma a un concepto tanto etéreo como escurridizo a la imaginación. El resultado: “Desde las entrañas”.

Ese es el nombre de una obra que no es bella, se adelanta la también escultora. ¡Cómo emular la corrupción con algo agradable! No había manera. Cuando Romero concibió la forma de la corrupción sintió que debía ser con algo que se asemeje a los parásitos. En la instalación de 6 metros de largo, 5,5 metros de ancho y 2 metros de alto se ven justamente esas formas. Extensas y enrolladas larvas que se mezclan entre sí, que se arrastran, que reptan. Unas más anchas que otras. Unas que sobresalen más que otras.

“Quiero representar estos parásitos que nos estuvieron carcomiendo durante los últimos 10 años, que la sociedad no se daba cuenta, pero estaban allí”,
Katya Romero.

“Quiero representar estos parásitos que nos estuvieron carcomiendo durante los últimos 10 años, que la sociedad no se daba cuenta, pero estaban allí”, resume su idea. Esta instalación se encuentra en el parque infantil del barrio La Cruz, en El Quinche, desde el pasado miércoles 22 de noviembre.

Romero utilizó 100 metros de malla de gallinero, 38 kilos de alambre y 5.000 amarres. No tiene soldaduras y todo el trabajo fue realizado a mano entre la artista y un ayudante. Pero cada elemento tiene un significado. Por ejemplo la malla simboliza el encierro. “No es que fuimos gallinas y no podíamos hablar, estábamos encerrados y no podíamos gritar”. La malla también le da la transparencia y la flexibilidad que necesitaba su obra. El alambre representan esas barricadas para impedir el paso de los protestantes. Y los amarres fueron hechos a mano porque la corrupción se maneja justamente así: “todo está amarrado”.


Katya Romero realizó estudios previos para dar forma a la obra final tridimensional que expondrá en Río de Janeiro.


El prototipo que se encuentra en El Quinche fue realizado en malla y los amarres a mano, sin suelda.  Utilizó 100 metros de malla de gallinero y 38 kilos de alambre. Foto: Susana Morán

La elaboración a mano dejó algunas cicatrices a la artista en sus manos. El pasado miércoles terminó de asegurar la obra a una estructura de madera para que mantuviera la forma. Con un mandil, un sombrero y una blusa de manga larga para evitar el intenso sol de El Quinche dio los últimos brochazos e hizo los últimos amarres. Los vecinos del barrio que pasaban veían con extrañeza aquellas formas. “Me preguntan: ¿esto es para cazar ratones? No, les digo. Es para cazar ladrones”, dice y estalla de risa. “Quise que se involucre el peatón, que pregunten desde los niños hasta los adultos”.

Para su elaboración, Romero recurrió a los directivos y empresarios del barrio. Se acercó a la junta del barrio, al señor de la ferretería, al de las pinturas. Consiguió que le donaran el material y le facilitaran los permisos para la instalación. Dueños de tiendas cercanas donaron colas y agua para la artista. O pagaron al ayudante por las semanas que trabajó en el montaje.


La obra fue financiada por empresarios locales de El Quinche. La realizó en su casa en ese sector durante dos meses. La obra principal la hará en la Bienal Tridimensional de Río de Janeiro, en ocho días. Foto: Cortesía

Para su suerte, estos ciudadanos coincidieron con su visión de la política: una sensación de hartazgo. “Los miembros de la junta me decían que a los años podían hablar con tranquilidad, había mucha decepción del proyecto de la revolución”, narra Romero. “Se habla de los sobreprecios y han cobrado más del doble en casi todo”, decía Marcelo Chávez, presidente del barrio La Cruz, junto a la estructura de metal.

Este es solo un prototipo, pues la instalación final será realizada durante la Bienal Tridimensional de Río de Janeiro que arranca el próximo 8 de diciembre. Pero necesitaba un montaje previo en un lugar público. Y lo hizo en El Quinche porque Romero vive allí, donde comparte su tiempo artístico con el cultivo de legumbres y hortalizas en su  terreno. Pero la artista, ha ganado premios y menciones de honor en Ecuador, Panamá, El Salvador, Guatemala, Estados Unidos, Canadá, Colombia, entre otros. Por ejemplo, en el 2009 recibió una mención de honor en la galería Joan Hisaoka de Smith Farm, en Washington; en el 2003 obtuvo el premio mayor en la Exposición Latinoamericana en Viñeta, presentada en el Museo Botero; y en el 2002, el Gobierno ecuatoriano le entregó la medalla de la orden nacional “al mérito” en el Grado de Caballero, por su aporte a la cultura pictórica.


La obra fue financiada por empresarios locales de El Quinche. La realizó en su casa en ese sector durante dos meses. La obra principal la hará en la Bienal Tridimensional de Río de Janeiro, en ocho días. Foto: Cortesía

Katya Romero es una artista visual multidisciplinaria y gestora cultural independiente. Se inició en las artes visuales en 1988. La obra de Katya Romero ha sido introspectiva y se ha caracterizado por los nudos y las lianas.

Pero reconoce que en el país su trabajo es desconocido. Vivió 20 años fuera y regresó hace apenas dos. “Me di cuenta que la sociedad está polarizada, desarticulada en muchos sectores y estos parásitos habían carcomido a la sociedad. Me fui hace 20 años cuando había mucha corrupción, pero lo que vi desde hace dos años que estoy en el país para mí es algo insólito”.

También encontró poco apoyo al arte y escasos lugares para exposiciones. Decidió volver a salir y en Perú el año pasado conoció a Alexandre Murucci, curador de la TRIO Biennial de Río que este año estará dividida en tres módulos: aire, agua y tierra. Vio la obra de Romero y le llamó la atención el discurso político detrás de su propuesta. Así que la invitó a la edición de este año llamada “Dressing the world”.

Es la primera vez que un artista ecuatoriano expondrá en esa Bienal. Romero estará en el espacio dedicado a “tierra”. “Desde las entrañas” se instalará en un parque en el Jardín Botánico de Río. Una excompañera suya del colegio que vive allá convocará a estudiantes y a la comunidad para que participen en la obra. ¡Hay mucho por amarrar! Tiene previsto terminar la instalación en ocho días y trabajar 15 horas diarias. Comprará el material en la ciudad carioca y desde ya ha pedido respaldo a patrocinadores privados porque el Ministerio de Cultura le negó su apoyo, según contó la artista a Plan V.

Confiesa que esta es su primera obra política. Pero no su primera participación política. Por ejemplo, en El Salvador, donde vivió 10 años, lideró una coalición de artistas durante 100 días cuando eliminaron el mural de La Catedral de San Salvador.

Para ser parte de la Bienal, la obra debía acompañarse de un texto que expresara su sentido. La pluma de la investigadora y antropóloga cultural, María Amelia Viteri, fue la escogida. Y su texto tiene un arranque devastador:

Un engranaje de orugas gigantes se cuelan en esos espacios y cual lombrices —o más bien parásitos— van ensamblando las violencias, ahora subjetivadas.  Esas mismas violencias, dislocan geografías y paisajes como la Amazonía Ecuatoriana vendida al mejor postor con discursos civilizatorios disfrazados de desarrollo.   

Los engranajes se encuentran, follan, se desencuentran, buscan, salen, vuelven.  La autora nos traduce, en esta grandilocuente obra, el temor y antagonismo institucionalizado.  El resultado es un tejido de alambres, tubos, material de deshecho que, como los parásitos, son pensados como descartables (más están hechos para quedarse)”.

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