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23 de Marzo del 2017
Historias
Lectura: 6 minutos
23 de Marzo del 2017
Desirée Yépez
30 Plus se quedó sin minutos

Fotos: Gianna Benalcázar

La periodista Janet Hinostroza estuvo al frente del programa investigativo durante casi 11 años.

 

Para la periodista en televisión es difícil hacer programas de calidad si la audiencia no los mira.

 

El pasado 11 de enero se emitió el último capítulo de '30 Minutos Plus', transmitido durante 11 años por Teleamazonas. Su directora, Janet Hinostroza, habla de lo que en estos días implica hacer periodismo investigativo, en televisión.

"El periodismo de investigación nunca ha sido rentable. Eso es una realidad. Si se quiere trabajar en televisión, en un proyecto que sea sostenible, la mejor opción es hacer farándula, comedia; cualquier cosa, menos en lo que nos demoramos hasta cinco años preparándonos.

Los programas investigativos nunca han sido los preferidos ni los más promovidos dentro de los canales de televisión por una razón simple, son muy costosos y no tienen el rating ni el nivel de ventas que pudiera tener una novela, un programa concurso o un reality de los que están de moda. Luego de estar casi 11 años al aire, 30 minutos Plus era una excepción dentro de la regla.

Un capítulo de 30 Plus, dependiendo de lo que se presentaba cada semana, en sus buenas épocas costaba entre 8000 y 10 000 dólares. Esa cifra es bastante austera, al tratarse de un programa semanal de investigación. Éramos un grupo pequeño y nos organizamos para trabajar con ese presupuesto.

10 000

dólares costaba producir un episodio de 30 Minutos Plus

Lamentablemente, los últimos años, el presupuesto bajó cada año. Cuando todos los costos -en general- suben, los del programa se ajustaban y se volvió insostenible. Al final se contaba con cerca de 7000 para cada episodio. Esa realidad limitó mucho los viajes, antes salíamos del país, por lo menos, dos o tres veces al año, ahora imposible. Se limitó la actividad. Sumado a eso, actualmente las puertas de las instituciones públicas están cien por ciento cerradas. Ninguna entrega datos como los periodistas necesitamos. Hay mucha información publicada en la web, pero, o no está completa, o tampoco puede ser explicada por sí misma. Necesitamos complementar con entrevistas a expertos, funcionarios responsables de la producción de ese material, pero eso está cerrado.

Las posibilidades de existencia de un programa de investigación en este momento son muy limitadas. A los problemas de tiempo, que siempre hemos tenido, ahora hay que sumarle la imposibilidad de conseguir datos.

De hecho, en los últimos tres años, cuando empeoró la cosa, tengo grabaciones de funcionarios diciéndome ‘usted es de Teleamazonas y por eso no le voy a entregar nada’. Eso es inaudito, inaceptable e increíble en un país que se jacta de vivir en una democracia y de tener total libertad de expresión.

Las épocas en que tuvimos acceso a la información y pudimos romper de alguna manera la agenda periodística con temas propios, nuevos y reveladores hubo niveles interesantes de audiencia. Por ejemplo, durante el gobierno de Lucio Gutiérrez, investigamos una importación de armas que no cumplía con los requisitos legales y que se hacía con la autorización del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Descubrimos que se estaban importando armas, supuestamente, para los uniformados, pero que finalmente serían vendidas al público. Lo develamos y el Gobierno canceló esa compra. Logramos culminar el proceso y cerrar el círculo de una investigación periodística. 

"En la salida de 30 Minutos Plus no hubo influencia política, en lo absoluto. Hay que sincerarse. Quiero, con todo respeto, lamentar la calidad de público que tenemos".

En ese contexto, hemos tenido una audiencia cautiva. El rating se mide entre Quito y Guayaquil, allí nos manteníamos entre cuatro y seis puntos. Teníamos una audiencia enorme en provincia, ahí es donde hará más falta un programa de ese tipo.

En la salida de 30 Minutos Plus no hubo influencia política, en lo absoluto. Hay que sincerarse. Quiero, con todo respeto, lamentar la calidad de público que tenemos. Los programas de noticias matutinos, de entrevistas, son muy vistos por cierta parte de la sociedad, la que genera opinión, escribe a los medios, manda cartas, está en Twitter, está interesada en opinar, a favor o en contra. Por ejemplo, fui parte del noticiero de la mañana y era frustrante tener una entrevista exclusiva, con una noticia bomba que rompía todos los esquemas, pero resulta que -al ver los ratings- se llevan la mayor parte de audiencia los canales que tienen crónica roja, farándula, presentadoras peleándose con médicos… Esa es la realidad. A la gente no le interesa lo que pasa en el país; si la economía sube, baja; si la inflación está igual; si el dólar va a desaparecer; si los Ministros circulan…

En la televisión comercial, de nada sirve hacer programas que valgan la pena si no hay quien quiera verlos.

Contar con un programa de investigación al aire se complica, porque además de los problemas de audiencia y económicos, está la Ley de Comunicación. ¿Quién quiere hacer contenido investigativo, si puede entrar a un lío legal con funcionarios o personas comunes que se molesten por lo que pueda publicar? Como periodistas, ya no tenemos ningún tipo de protección ni garantía.

Ahora es cuando los medios están menos interesados en apoyar ese tipo de propuestas. Antes había esos programas, pese a que no eran los más rentables. Eso cambió. Desde que se aprobó la Ley de Comunicación, se sinceraron. En los medios ya no quieren saber nada de esa programación, con el pretexto de que puede causar problemas".

*Este artículo fue publicado el 09 de Enero del 2014

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