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4 de Enero del 2024
Historias
Lectura: 15 minutos
4 de Enero del 2024
Susana Morán
4.000 kilómetros para huir de la violencia
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En bus o caminando, Édison y su familia viajaron un mes desde Guayaquil hasta Ciudad de México. Salieron del país huyendo de las extorsiones. Fotos: Susana Morán. PlanV

 

Ciudad de México se ha convertido en un lugar paso de los migrantes ecuatorianos que buscan llegar a EEUU. Arriban con escasas pertenencias y violentados durante el duro trayecto por Centroamérica. La mayoría huye de la violencia en Ecuador, sobre todo de las extorsiones. Una familia narra su experiencia. Una crónica.


Desde Ciudad de México

Después de transitar más de 4.000 kilómetros, entre Ecuador y México, ahora cargan solo una pequeña mochila. La caminata por el Darién y el viaje por Centroamérica no solo mermó sus fuerzas sino también su equipaje. En el camino botaron desde carpas para acampar hasta ropa, o sufrieron robos de sus pertenencias. Édison, su esposa Érika y su hermana Mayra, oriundos de Guayaquil, llegaron la primera semana de diciembre pasado a Ciudad de México, con una niña de seis años y un adolescente de 16, ambos hijos de Mayra.

Pero cuando iniciaron el viaje -en noviembre pasado- eran más de 10 personas, entre más familiares y amigos, que se separaron en el camino, recordó Édison mientras tomaba un café. Esa fue su única bebida caliente desde que arribó a la capital mexicana, un día antes de la entrevista. Plan V encontró a esta familia ecuatoriana en los exteriores de la Central de Autobuses del Norte, donde decenas de migrantes llegan todos los días para seguir su viaje hacia EEUU.

Esta es la terminal más grande de la capital mexicana. Pero solo quienes tienen documentos pueden subirse a estos buses oficiales. En el caso de los migrantes, necesitan del pasaporte para comprar un boleto. Como muchos recién llegados no los tienen -porque sufrieron robos y los perdieron en el trayecto-, buscan los servicios de líneas no oficiales.

La Central de Autobuses  del Norte, en Ciudad de México, es un punto de encuentro de migrantes que buscan avanzar hacia la frontera con EEUU.

En los alrededores de esa terminal, existen otras estaciones que ofrecen viajes hacia los estados fronterizos con EEUU. Basta caminar cinco minutos por esas calles para observar esos pequeños locales donde decenas de haitianos se aprietan en escasos metros para comprar un pasaje. Pero la mayoría de esos buses no tienen permiso de operación, ni seguro de viaje ni verifican los documentos de los pasajeros. Estos transportes son los que, generalmente, sufren secuestros. Según datos de la OIM, solo 3.7 de cada 10 ecuatorianos llegaron a México con un pasaporte vigente.

Mientras tanto, los migrantes indecisos sobre cómo seguir con su trayecto deambulan fuera de esa estación. Esas calles se convirtieron en un gran campamento de migrantes. En carpas o al aire libre, miles de migrantes usaron esos espacios como refugio. Pero, las autoridades los desalojaron el pasado 10 de noviembre y desde entonces pequeños grupos se concentran en los alrededores.

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, solo 3.7 de cada 10 ecuatorianos llegaron a México con un pasaporte vigente.

Ese fue el caso de la familia de Édison, que durmió en los exteriores de esa central. Prefirió pasar frío que pagar 100 pesos mexicanos (unos 6 dólares) por cada miembro de su familia para dormir en el piso de una habitación. Los migrantes son un negocio. Por cada necesidad deben pagar. Por ejemplo, cargar la batería de un celular cuesta 15 pesos (casi 1 dólar). Bañarse, otra cantidad similar. No hay nada gratis para ellos y por eso comen y descansan lo mínimo.

En esas circunstancias, aprovechan cualquier oportunidad. El día de la entrevista fue un miércoles que registró temperaturas de 20 grados, pero la sensación térmica puede llegar a la mitad. Cuando amaneció, la familia ingresó a la terminal para dormir sentada y coger algo de calor. Al mediodía, salió para buscar comida y tuvo la suerte de encontrarse con un grupo de mexicanos que cada vez que pueden regalan sánduches, jugos y agua a los extranjeros. Otros les ofrecieron un café y un taco de pollo.

Sentado en una mesa de una pequeña taquería que tiene a todo volumen una cumbia sanjuanera, Édison contó que dejó Ecuador por las extorsiones. En su celular aún carga tres audios con la voz de un hombre que se identifica como parte de una banda, que le solicita 5.000 dólares. Édison es un maestro ebanista. Un día, en su taller, encontró un panfleto que le exigía pagos y luego le enviaron los audios con las amenazas. A su hermana, Mayra, también le llegó la advertencia a su local de chifles artesanales para encebollados.

La familia no quiso cambiarse de ciudad porque las extorsiones están por todo lado, lamentó Édison. Entonces él y su hermana vendieron sus negocios, pidieron dinero al chulquero y salieron hacia el norte. En el camino se juntaron con más ecuatorianos y otros migrantes con quienes se hicieron amigos. Pero el trayecto es tan largo que unos se quedan y otros se adelantan.

Mientras atendía la entrevista, una joven ecuatoriana escribió por WhatsApp a Érika, esposa de Édison. La muchacha y otra ecuatoriana -que conocieron en la peregrinación- estaban a punto de viajar desde Ciudad de México hacia la frontera con EEUU escondidas en el maletero de un bus. Un mensaje cerró la conversación: “No se amiga si saldremos vivas”.

Los migrantes se hacen amigos en el camino y mantienen su comunicación. En la imagen, una ecuatoriana envió una foto suya a la esposa de Édison previo a partir hacia la frontera con EEUU metida en el maletero de un bus.

****

En las oficinas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Ciudad de México, hay un mapa dibujado a mano de ese país con la ubicación de sus oficinas, que están en casi toda la ruta migratoria. Evelyn Bernal, del equipo de Emergencias de esa organización internacional, señala a Tapachula, en Chiapas -un estado fronterizo con Guatemala-, como el punto de ingreso de los migrantes al territorio mexicano. Pero Tapachula casi no ha registrado el paso de ecuatorianos, pues allí se confunden con los centroamericanos.

En las oficinas de la OIM en Ciudad de México, Evelyn Bernal, del equipo de Emergencias de esa organización, señala la ruta de los migrantes hacia EEUU.

Bernal contó que se dieron cuenta de su llegada cuando hicieron una encuesta en cinco ciudades mexicanas, donde el mayor número de ecuatorianos estaba en Ciudad de México. Desde octubre del año pasado, la OIM observó el incremento de connacionales que arribaban a este país en condiciones vulnerables. Esto coincide con las cifras migratorias de Panamá sobre el cruce del Darién: de 387 ecuatorianos en el 2021 a más de 54.000 hasta noviembre pasado. Este camino se convirtió en una opción a las restricciones que implementaron los países que están en el trayecto. En el caso de los ecuatorianos, México volvió a imponer una visa para su ingreso.

En la encuesta que realizó la OIM a 100 ecuatorianos, halló que la edad promedio de los ecuatorianos es 27 años y que el 54% viajaba solo. Pero también había un grupo importante que migran en familia, pero no solo padres e hijos sino también primos, tíos y hasta abuelos, refirió Bernal. El sondeo identificó grupos familiares de hasta nueve personas. En género, por cada seis hombres migra una mujer. La mayoría viaja con cédula de identidad (84%) y solo el 37% llevaba un pasaporte vigente. Entre los principales motivos para su salida de Ecuador estuvo la inseguridad y la violencia, seguida de las condiciones socioeconómicas, las razones políticas y la reunificación familiar.

Pero en esas entrevistas, encontraron algo preocupante: mucha desinformación. Bernal refirió que los ecuatorianos llegan con información falsa sobre cómo pasar a EEUU. Por ejemplo, en relación al CBP One, que es una aplicación del Gobierno de EEUU para quienes buscan asilo, hay diversas estafas. Bernal explicó que este sistema permite sacar citas para que los migrantes se presenten a un puerto de ingreso de EEUU para que su caso sea evaluado. Pero no significa que sea un permiso legal para residir en EEUU. El CBP One es un sistema que entra en vigencia cuando el migrante está en México. Pero Bernal lo describió como una lotería. “En CBP One me puede salir la cita para mañana y tengo que llegar a EEUU mañana. O puedo intentarlo todos los días y que no me salga”.

Entre los principales motivos para la salida de ecuatorianos del país estuvo la inseguridad y la violencia, seguida de las condiciones socioeconómicas, las razones políticas y la reunificación familiar, según una encuesta de la OIM.

Las estafas comienzan cuando personas cerca de las terminales de buses ofrecen citas del CBP One a los migrantes. En los alrededores de la Central de Autobuses Norte, hay papelerías que les entregan citas falsas a cambio de 2.000 pesos (unos 117 dólares). Los migrantes, en su desesperación, caen en estos fraudes y cuando se presentan a los puertos, los regresan. Por el contrario, si logran sacar una cita real, los migrantes pueden subirse a los buses oficiales, aunque no tengan documentos.

Los ecuatorianos por lo general toman la ruta hacia Ciudad Juárez, según la OIM, y muchos utilizan trenes de carga para avanzar al norte donde sufren accidentes. Cuando llegan, están enfermos por el clima y no encuentran albergues porque están saturados. En esa frontera, las temperaturas pueden caer a menos 10 grados. A las personas que van en el tren se les pega la piel al metal o pasan por hipotermia.

A esto se suma la inseguridad de la frontera con EEUU y los ecuatorianos, como otros migrantes, son víctimas de delitos. Pero no denuncian por miedo a ser encarcelados. En México, migrar sin documentos no es delito, aunque sí es una falta administrativa. Hay centros de detención donde pasan unas horas. Antes eran deportados, pero esa medida está suspendida por falta de presupuesto, informó Bernal. Además, en México, los extranjeros tienen derecho a pedir una tarjeta de visitante por razones humanitarias.

Las opciones son tan difíciles que algunos han optado por regresar al país de origen. La OIM tiene un programa de Retorno Voluntario Asistido. Deben acudir a una entrevista y si pasan pueden acceder a ese beneficio. En 2022, 12 ecuatorianos en México aplicaron a ese programa. En 2023, fueron 82.

***

Mayra, hermana de Édison, no quitaba su mirada a Esteban*, de 16 años, quien tiene una discapacidad intelectual. El adolescente devoraba un taco de pollo mientras su madre contaba que a su hijo le pegaron en Guatemala cuando transitaban en un bus lleno de migrantes. Hombres armados se subieron al vehículo y preguntaron a cada uno su procedencia. Cuando se dieron cuenta que ella y el resto de sus acompañantes eran ecuatorianos les pidieron dólares. Cada persona debía pagar 20 dólares. Cuando alguien les decía que no tenía dinero, le registraban cada parte de su cuerpo. A Esteban lo confundieron con un adulto y, como no entendió la orden de levantarse, le pegaron. Cada 20 minutos, volvía la pesadilla: nuevos hombres armados paraban al bus para pedir dinero a los migrantes y si no tenían, les robaban.

La experiencia en Guatemala, sin embargo, no fue tan abrumadora como el cruce del Tapón del Darién, una selva que conecta a Colombia con Panamá. O un infierno como la ha calificado la organización Human Rights Watch. Hay tantos migrantes por allí que Mayra lo compara con la procesión del Cristo del Consuelo, de su natal Guayaquil. Se encontró con muchos ecuatorianos, sobre todo de la Sierra.

Pero el camino es tan difícil que muchos se quedan allí para siempre. Mayra vio caer gente en el río y desaparecer. A ella misma y a su familia casi se las lleva el río. El que se enferma o se accidenta queda solo porque todos guardan sus escasas energías para sí mismos. Una señora haitiana -recordó- le picó una culebra, pero los migrantes siguieron sin auxiliarla. En el trayecto también observó una carpa con cuerpos en descomposición. Fueron dos días de subir la montaña y dos más para bajar, doce horas de caminata diarias, de pasar mojados y de comer -en el mejor de los casos- una sopa de fideo. Mayra llegó deshidratada a Panamá. Los equipos de socorro le pusieron suero y a su hija, de 6 años, que también la acompañaba. En Ecuador, dejó a tres hijos más, uno de ellos de solo un año.

No hubo tiempo para más historias. La familia ecuatoriana quería visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe, que está a 45 minutos a pie desde la central de autobuses. Esa es una distancia insignificante para los 4.000 kilómetros que han recorrido a pie y en transporte desde Guayaquil. Aún les faltaba otros 1.700 kilómetros más para llegar a su destino. Pero querían aprovechar su paso por la capital de México para conocer a la Guadalupana. Estaban entusiasmados por llegar al lugar donde las leyendas cuentan que fue vista. Necesitaban rezar antes de seguir con su camino.

*Identidad protegida por ser menor de edad

GALERÍA
4.000 kilómetros para huir de la violencia
 


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