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15 de Febrero del 2020
Historias
Lectura: 9 minutos
15 de Febrero del 2020
Alexandra Cárdenas @AlecCardenas
Alec Cárdenas: día 23 de encierro en Guangzhou
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Foto: Alec Cárdenas

El hijo de Alexandra Cárdenas, al igual que millones de niños y jóvenes en China, no asiste a clases pero realiza sus tareas en casa. Lo acompaña su mascota. 

 

Guangzhou queda tan lejos, o tan cerca, de Wuham como Quito de Bogotá. Wuhan y toda la provincia de Hubei, están sitiadas. Si logro pensar sólo en mi realidad, el escenario es muy alentador; pero no logro sacarme de la mente a la gente de Hubei y a esos nueve ecuatorianos que estan allí.

Por una razón u otra, todos hemos sentido alguna vez un nudo en el estómago.  A veces se activa con la llamada de un número desconocido en horas de trabajo. Lo que es más,  yo a ese número lo registré entre mis contactos como “Boletin Ada”.  Es ese nudo que también se activa con la llamada  de un ser querido en horas de la madrugada. No vayan a confundirlo con el nudo en la garganta, ese es un nudo completamente diferente.  El del estómago es mucho más hondo, es una “bola” más vieja, de hilos largos y rígidos.  La mayor diferencia está en que el nudo en la garganta se va cuando lloras, y el otro no.

Día 23 de encierro en Guangzhou. 

Le he encontrado la punta al nudo de mi estómago, y al halarlo me encuentro con el terror de que mi hijo llegase a contagiarse del coronavirus. Veo en las noticias la historia de un niño que lo contrajo y fue separado de sus padres para ser atendido. También vi la historia de un niño que fue el único de su familia que NO contrajo el virus, y quedó al cuidado de 28 enfermeras que se turnaban. Las dos historias han tenido un final feliz. 

Cómo podría mi hijo sobrevivir en un hospital, solo y sin idioma?  Sí, ese es mi plan: si llega a enfermar mi hijo me enfermaré con él. Toseré y toseré y muchas casas derribaré, si es necesario.

La calidad humana de la gente en China es inmensa, el respeto que dedican a los niños es digno de replicar. Sin embargo, esa idea me causa una pesadez profunda. Si mi hijo llegase a contraer el virus tendría que enfermar a la fuerza junto con él. ¿Cómo podría mi hijo sobrevivir en un hospital, solo y sin idioma? Sí, ese es mi plan: si llega a enfermar mi hijo me enfermaré con él. Toseré y toseré y muchas casas derribaré, si es necesario. Si enfermase mi esposo, hemos quedado en que se iría solo y yo permanecería con nuestro hijo. Con ese magnífico plan siento que tengo algo de claridad, me doy la vuelta en la cama y me duermo. Mi marido sabe que yo necesito hacer mis “checklists” de plan A y plan B cuando estamos en emergencia. El plan B es soltar y desprenderme de la preocupación, confiar que el tratamiento que recibiríamos en el hospital aquí en Guangzhou sería el mejor que podríamos recibir.  El plan B en Quito se llamaria: ¡Ya nadaf!

En Guangzhou hay pocos casos de contagio y nadie ha muerto todavía a causa del virus. Además, la ciudad es organizada, moderna, limpia, con buenos servicios, y los hospitales son de calidad y eficientes, lo cual me da mucha confianza. Aquí hay capacidad para atender a muchos pacientes con coronavirus sin mayor dificultad. Hoy, precisamente, ha habido UN solo nuevo contagio en Guangzhou.  Si pasan cuatro días sin nuevos contagios podríamos susurrar una victoria. Guangzhou queda tan lejos, o tan cerca, de Wuhan, como Quito de Bogotá. Wuhan y toda la provincia de Hubei, están sitiadas.  Si logro pensar sólo en mi realidad, el escenario es muy alentador; pero no logro sacarme de la mente a la gente de Hubei y a esos nueve ecuatorianos que estan allí.

En Guangzhou hay pocos casos de contagio y nadie ha muerto todavía a causa del virus. Además, la ciudad es organizada, moderna, limpia, con buenos servicios, y los hospitales son de calidad y eficientes, lo cual me da mucha confianza.


Las grandes ciudades de China lucen desiertas ante el temor a la nueva enfermedad infecciosa

Como dijo el Dr. Leong Hoe Nam, especialista en enfermedades infecciosas de Singapur y sobreviviente del SARS, había una sola manera de contener al virus: sitiar el epicentro del contagio.  Hoy sabemos que el Gobierno no fue generoso con la información al descubrir que el virus pasaba de persona a persona, y no solo de animal a humano, como se pensó al principio. El Gobierno no alertó a la ciudadania de la virulencia rápida del COVID-19 , pero al parecer así logró contener a infectados y portadores. Callar esa información, quizás, haya salvado a miles de millones de personas en China y en el remoto lugar de donde me estás leyendo. Así piensa el Dr. Leong Hoe y me es imposible no estar de acuerdo con él. Puede parecer desalmado en un primer y superficial plano, y al mismo tiempo es una difícil decisión, tal vez tomada por el bien del resto de la humanidad.

Los virus como este viven en especies exóticas y siempre están buscando nuevos anfitriones, dice Hoe. Estos virus saltan a animales menos exóticos cuando se encuentran en mercados, porque de otro modo no tendrían contacto, y de esos animales saltan a los humanos. La indefensión de los humanos parece gustarles por la facilidad de transmisión. Es una invasión que asegura victoria para el virus.

Estos virus saltan a animales menos exóticos cuando se encuentran en mercados, porque de otro modo no tendrían contacto, y de esos animales saltan a los humanos. La indefensión de los humanos parece gustarles por la facilidad de transmisión. Es una invasión que asegura victoria para el virus.

Aunque estoy en la cama con los ojos cerrados haciéndome la dormida,  no logro esconderme del nudo que en el estómago me azota. Al seguir halando el hilo me enfrento con lo que pasó de ser un dilema a ser una certeza: la interacción del humano con la naturaleza TIENE que cambiar. 

¿Qué nos hace pensar que sólo en América del Sur y en África no haya casos de COVID-19? ¿Será, quizás, que en los países pobres no se han detectado casos por falta de recursos, orden, disciplina, corrupción, o será que somos más resistentes? ¿Qué puedo hacer para convivir en armonía con la naturaleza? ¿Por dónde empiezo? ¿Qué tan importante es la proteína animal para fortalecer nuestro sistema inmunológico?

Y de esta manera sigo tirando del hilo para descubrir que tras todas esas preguntas al final está EL MIEDO.   En mi simpleza humana y con tantos días de tener el cuerpo, y más que nada la mente, encerrados, no me queda más que reducir todas las preguntas a dos opciones: el amor o el miedo…

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