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20 de Enero del 2020
Historias
Lectura: 5 minutos
20 de Enero del 2020
Patricio Crespo Coello
Apocalypse Now
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Si las generaciones actuales desconfían de la idea de futuro tanto individual, como del futuro de la especie y hasta del planeta, entonces, ¿cómo pueden comprometerse con el aquí y el ahora?

Los senderos son ásperos.
Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil.
¡Qué lejos los pájaros y las fuentes!

Arthur Rimbaud

Este es el segundo de varios análisis sobre el paro de octubre. Lea la PRIMERA PARTE, SEGUNDA PARTE, TERCERA PARTE, CUARTA PARTE, QUINTA PARTE, SEXTA PARTE

¿Existe un ingrediente escatológico en las convulsiones sociales de la actualidad? ¿Qué efectos están teniendo en los jóvenes las distopías literarias y cinematográficas de amplia divulgación? ¿El paradigma ambiental, acaso está inyectando en las venas y en los cerebros de los jóvenes la conciencia de su propia extinción?

Un reciente estudio del Comité Internacional de la Cruz Roja, difundido por Europa Press, muestra que el 54% de los jóvenes encuestados (16.000 jóvenes de 16 países de entre 25 a 30 años) creen que existen altas probabilidades de un ataque nuclear en los siguientes diez años y casi la mitad de los jóvenes creen altamente probable que se produzca una tercera guerra mundial en el transcurso de sus vidas. Un 74% consideran que las guerras son inevitables.

Y, desde la perspectiva individual, las historias de vida de 33 jóvenes narcos de México investigados por Karina García Reyes (Diario El País, 10 de enero de 2020), coinciden en un punto: “morir es un alivio”. Tal como explica la investigadora, “los jóvenes asumen que la gente pobre no tiene futuro y que por lo tanto no tienen nada que perder”.

Un reciente estudio del Comité Internacional de la Cruz Roja, difundido por Europa Press, muestra que el 54% de los jóvenes encuestados (16.000 jóvenes de 16 países de entre 25 a 30 años) creen que existen altas probabilidades de un ataque nuclear en los siguientes diez años.

El filósofo Enmanuel Kant postulaba que la necesidad de perfeccionamiento moral proviene de dos fuerzas contrapuestas y complementarias: por un lado, la conciencia racional de la muerte personal y, por otro lado, la conciencia de la eternidad del ser humano como especie. Pero si las generaciones actuales desconfían de la idea de futuro tanto individual, como del futuro de la especie y hasta del planeta, entonces, ¿cómo pueden comprometerse con el aquí y el ahora? ¿De qué sirve tener un proyecto de vida si no hay futuro posible ni para la persona ni para la especie? Si el futuro es solamente una ilusión vana ¿qué puede perder un joven que vive en una situación de violenta marginalidad? 

Las visiones apocalípticas del mundo siempre estuvieron acompañadas de relatos religiosos. Ahora, posiblemente, surgen de relatos laicos y racionales, pero no menos épicos. No faltan las evidencias para la construcción de relatos apocalípticos y aquí también la comunicación global funciona como un catalizador. Si en el mundo predomina una narrativa apocalíptica, ¿para qué cuidar de la moral, de la democracia o de la vida propia?

Jóvenes de ambos sexos que no quieren tener hijos, la deconstrucción del sentido de la propiedad con la expansión de la economía del alquiler que crece en todos los ámbitos, la pérdida de las raíces (tu vida puede ser hecha en cualquier lugar del mundo), la vinculación de los jóvenes a negocios ilícitos y a la informalidad laboral, la globalización y la pérdida de horizontes nacionales y, en general, la falta de permanencia, de compromiso y de solidez, todo aquello que anunció y explicó Sygmunt Bauman.

Quizás estamos viviendo, como un ingrediente más, el coletazo existencial del ambientalismo con su escenario más dramático, esto es, el cambio climático sostenido desde el discurso científico. La vida sometida a los miedos más profundos derivados del racionalismo llevado a sus extremos. ¡Qué trágica paradoja! Quizás ahora el ser humano requiera de un sentimiento religioso que lo vuelva a conectar con el mundo empírico y no con un paraíso perdido, pues la razón puede constituir la invitación más sugestiva al suicidio colectivo.

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