Back to top
25 de Julio del 2016
Historias
Lectura: 10 minutos
25 de Julio del 2016
Desirée Yépez

Periodista. Ha escrito para Revista Vanguardia, La Barra Espaciadora, Diario El Comercio y revista Plan V.

Las balas perdidas de Río de Janeiro

Fotos: Informe de Amnistía Internacional "Mataste a mi Hijo"

Un Policía Militar en el Complexo do Caju. Río de Janeiro. El argumento de la guerra contra las drogas ha convertido a Brasil  en el país donde el asesinato en manos policiales es el más alto del mundo.

 

En la sede de los Juegos Olímpicos 2016, 1 de cada 5 homicidios se comete por policías en acto de servicio. La mayoría de las víctimas: varones negros jóvenes que viven en favelas u otras zonas marginadas

Eduardo de Jesús tenía 10 años cuando policías militares lo asesinaron en el complejo de favelas de Alemão,  en la zona norte de Río de janeiro. Eran las cinco y media de la tarde del 2 de abril del 2015, cuando el niño se sentó en la puerta de su casa para esperar a su hermana, mientras jugaba con un teléfono celular. No había ningún tiroteo ni operación policial en curso.

En cuestión de segundos, la vida de la madre de Eduardo, Terezinha María de Jesús, cambió para siempre. Escuchó un estallido y un grito: ¨¡Mamá...!¨. Entonces salió corriendo y encontró la escena: Eduardo caído en el suelo y un grupo de policías militares. “¡Mataste a mi hijo, maldito desgraciado!”, gritó. El policía respondió: “Así como maté a tu hijo, también puedo matarte a ti, porque maté al hijo de un delincuente, al hijo de un vagabundo”.

La historia no es un cuento, ni un relato de ficción. Es el testimonio de una de las miles de víctimas que en Brasil, y precisamente en Río de Janeiro, conviven con la violencia policial, esa que diariamente sega la vida de cientos de jóvenes que viven en las zonas urbano marginales de la Cidade Maravilhosa.


Terezinha de Jesus, madre de Eduardo. Río de Janeiro, 24 de junio del 2015


Manifestación en el Complexo do Alemao contra las muertes de habitantes y del niño Eduardo, el 2 de abril del 2015.

La realidad en el país carioca es compleja. Brasil es el país con mayor número de homicidios del mundo: en 2012 hubo 56.000 víctimas, cifra que equivale a una tasa de 29 homicidios por 100.000 habitantes, según recoge el informe ‘Mataste a mi hijo’(2015), de Amnistía Internacional.  Ese año, más del 50% de las víctimas de homicidio tenía entre 15 y 29 años, y el 77% eran negros.

brasil-violencia-f4.jpg
Ana Paula, madre de Johnatha, muerto a manos de policías militares de la UPP de Manguinhos, el 14 de mayo del 2014

La investigación de Amnistía Internacional analiza las ejecuciones extrajudiciales, homicidios policiales y otras violaciones de derechos humanos cometidas por la Policía Militar de Río de Janeiro. De allí se desprende que en la próxima sede de los Juegos Olímpicos, son frecuentes ese tipo de homicidios, en el marco de la llamada “guerra contra las drogas”. En ese contexto, la Policía Militar emplea fuerza letal ocasionando la muerte de miles de personas. Con frecuencia las autoridades aplican el término jurídico “acto de resistencia” (del portugués “auto de resistência”, que se refiere a las muertes causadas por agentes de policía estando de servicio y en las que se esgrime la justificación de la legítima defensa) como cortina de humo para encubrir los homicidios.

En un encuentro mantenido en Río de Janeiro el pasado 21 de julio, entre representantes de medios de comunicación extranjeros –entre ellos PLAN V- y voceros de Amnistía, se expresó la preocupación de la ONG en vista de que el país parece estar repitiendo, a propósito de las Olimpiadas, violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad, tal como sucedió durante la celebración del Mundial de Fútbol, de 2014. Según representantes de Amnistía, las autoridades brasileñas y los órganos rectores deportivos de Río de Janeiro implementan las mismas políticas de seguridad que provocaron un aumento de los homicidios.

PDF del informe de Amnistía Internacional Mataste a mi Hijo.

Las cifras sostienen lo dicho. En el 2014, los homicidios resultantes de operaciones policiales aumentaron un 40 % , y un 11% más en 2015, con 645 personas asesinadas por la policía solamente en el estado de Río de Janeiro. Uno de cada cinco homicidios en la ciudad se cometió por policías en acto de servicio. A junio del 2016, más de 100 personas fueron víctimas de homicidio en la Cidade Maravilhosa. La mayoría: varones negros jóvenes que vivían en favelas u otras zonas marginadas.

"Ser negro en esta ciudad, estado, mundo, es nacer marcado para morir. El racismo está matando, mutilando, acabando con la población que ayudó a construir Brasil. La bala que mata en Estados Unidos (a propósito del racismo) es la misma que mata en Brasil", dijo en Río de Janeiro una de las madres de las víctimas el pasado 20 de julio, en otra reunión mantenida en la ciudad carioca.

Los estereotipos negativos vinculados a la delincuencia y asociados a los jóvenes, sobre todo a los hombres jóvenes afrodescendientes que viven en favelas, contribuyen a la banalización y aceptación de la violencia. Datos de acceso público reflejan que en Río de Janeiro, de los 1.275 casos registrados de homicidios cometidos por agentes de servicio entre 2010 y 2013, el 99,5% de las víctimas eran hombres, el 79% eran negros y el 75% tenía entre 15 y 29 años.

La disponibilidad de armas de fuego en el país, la presencia de la delincuencia organizada y la falta de una política pública nacional de reducción de homicidios son factores generales que contribuyen a la elevada tasa de homicidios.

79%

de las muertes de jóvenes en Río de Janeiro en manos de la policía es de afrodescendientes.

Alan de Souza Lima tenía 16 años cuando policías militares lo mataron en el barrio Honório Gurgel de la favela de Palmeirinha, en la zona norte de Río de Janeiro. El 20 de febrero de 2015, alrededor de las once de la noche, Alan conversaba con dos amigos, habían vuelto de un centro comercial, pidieron una pizza y esperaban la entrega. Mientras tanto, jugaban y grababan un video con un celular. El barrio estaba parcialmente sin luz.

En la filmación se observa un rato de diversión entre los jóvenes. Tras un minuto de grabación, se oyen unos disparos y el teléfono cae al suelo. Entonces se escucha la agonía de los heridos y las voces de dos policías militares que se acercan. Uno de ellos pregunta a los chicos por qué corrían. “Estábamos jugando, señor”, responde uno de los muchachos.

Cuando esto ocurría, la madre de Alan dormía. Su sueño lo interrumpió el llamado de una vecina: “¡Corre, Irene! La policía hirió a Alan”. Testigos contaron a Amnistía Internacional que los policías militares estaban dentro de un auto, que dispararon –sin ningún aviso ni aproximación previos– y que las balas alcanzaron a Alan y a su amigo Chauan, de 19 años. Se congregaron muchos vecinos alrededor del lugar en el que se disparó a los chicos. Los policías pusieron a Chauan (que sobrevivió al disparo) y el cuerpo de Alan en uno de los vehículos, y se fueron. No se preservó la escena del crimen. Según la autopsia del cadáver, Alan recibió cuatro disparos.


Policía Militar en el Complexo da Maré de Río de Janeiro, el 30 de marzo del 2014.

De acuerdo a Amnistía Internacional, cuando una persona muere como resultado de la intervención policial, el agente de policía llena un parte de incidencia para determinar si el homicidio se cometió en defensa propia o si procede iniciar una investigación penal. En la práctica, la legislación sobre “actos de resistencia” dificulta la realización de investigaciones independientes e imparciales, que podrían dilucidar si el uso de la fuerza letal fue legítimo, necesario y proporcionado.  Paralelamente, las declaraciones de los agentes implicados en los homicidios describen lo ocurrido como un enfrentamiento con presuntos delincuentes. Esa versión es el punto de partida de las investigaciones policiales.

En un periodo de diez años (2005-2014), en el estado de Río de Janeiro se registraron 8.471 casos de homicidios policiales, de los cuales 5.132 tuvieron lugar en la ciudad de Río de Janeiro. Aunque la cifra disminuyó en el 2011, aumentó un 39,4% entre el 2013 y el 2014. El número de homicidios policiales constituye un porcentaje significativo de la cifra total de asesinatos: el 15,6%, en 2014.

Amnistía Internacional detectó que a menudo se alteran las escenas del crimen, pues los agentes de policía retiran el cadáver sin la diligencia debida o colocan junto a él armas u otras pruebas inculpatorias falsificadas.

*Artículo realizado gracias a una residencia en Casa Pública, ofrecida por Agencia Pública, en Río de Janeiro

[RELA CIONA DAS]

Las narcoprotestas que sacudieron a México
Redacción Plan V
Los riesgos de la democracia
Rodrigo Tenorio Ambrossi
El infierno no llega al Ecuador... Todavía
Juan Cuvi
Hay ocho muertos, los que sean … no hay ningún problema
Hugo Cahueñas Muñoz
Para los ecuatorianos, golpear a los niños es necesario para su crecimiento personal
Redacción Plan V
GALERÍA
Las balas perdidas de Río de Janeiro
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Cuidar las semillas es un modo de vida
Susana Morán
Cuidar las semillas es un modo de vida
Susana Morán
Andrés Michelena: tenemos un retraso de 15 años en lo digital
Redacción Plan V
"Hay un discurso guerrerista-templario en el Gobierno": Nelson Reascos
Fermín Vaca Santacruz

[MÁS LEÍ DAS]

El estudio que revela cómo el minero Proyecto Mirador afecta a la salud de los moradores
Redacción Plan V
Sobornos: Pugna entre la Fiscal y los abogados por el cohecho
Redacción Plan V
La crisis de los puertos ecuatorianos: pérdidas por USD 184 millones
Redacción Plan V
La OEA y su elección de Secretaría General
Adrian Bonilla