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27 de Noviembre del 2017
Historias
Lectura: 16 minutos
27 de Noviembre del 2017
Redacción Plan V
Caso David Romo: ¿se trama un montaje?

El primero que mencionó que David Romo estaría muerto fue el exministro José Serrano, hoy presidente de la Asamblea. Lo dijo en una entrevista cuando era candidato a esa dignidad.

 

La versión policial y de la Fiscalía sobre la causa de la desaparición y presunta muerte del estudiante David Romo —de quien no se tiene rastro hace más de cuatro años— se basa en el testimonio de una sola persona. Luego de la declaración del mismo, la defensa y este medio detectó una serie de contradicciones. ¿Es un montaje?

Incinerado con un soplete durante nueve horas que se alimentó de nueve tanques de gas. Así habría terminado el cuerpo de David Romo, desaparecido desde el 16 de mayo del 2013. El relato pertenece al único testigo que asegura haber visto cómo fue presuntamente asesinado el joven estudiante en una clínica clandestina de rehabilitación en Pisulí, la cual además funcionaba como un camal. En este lugar, según las investigaciones de la Fiscalía, habría sido el último lugar donde estuvo con vida Romo. Hasta el momento hay cinco procesados por el supuesto delito de asesinato, entre ellos los dueños de la clínica.

Los detalles fueron narrados por el testigo protegido Juan Francisco E., el pasado martes 21 de noviembre, en la Casa de la Justicia, en Carcelén. Pero su exposición de los hechos en la audiencia dejó dudas en más de uno. Era su testimonio anticipado, diligencia que se hizo a través de una videoconferencia. Los procesados también se conectaron desde la cárcel de Latacunga y desde el Centro de Detención Provisional (CDP) para escuchar la declaración del testigo, de 24 años de edad. Pero hubo retrasos. La defensa de los acusados pidió que se verifique que junto al testigo no se encuentre nadie, además de la sicóloga y el técnico que manejaba la cámara. “Hay versiones falsificadas y han forjado pruebas”, dijo el abogado de los acusados, Diego Chimbo.

El testigo dijo en la audiencia que quería ayudar a la mamá de David Romo, Alexandra Córdova, “para que no se ponga mal por la desaparición”.

Una vez hecho un breve paneo a la sala donde estaba el testigo, la fiscal Paola Gallardo comenzó con las preguntas. El joven contó primero cómo llegó a la clínica. Dijo que fue capturado mientras jugaba cosmos. Lo esposaron y lo llevaron en una camioneta a la clínica donde dijo haber sido maltratado hasta que se ganó la confianza del dueño del lugar, Carlos L. Ganarse la confianza significaba subir del primer al segundo piso. En la planta baja los internos, según dijo, pasaban esposados y encerrados. Arriba, en cambio, tenían la posibilidad de salir y de “hacer lo que me daba la gana”. Entre sus actividades estaban, por ejemplo, hacer ejercicios, matar toros, chanchos y gallinas para el camal que estaba junto a la clínica. También lavaba ropa y cuidaba al resto de internos. 

Estaba en la audiencia porque, dijo, quería ayudar a la mamá de Romo, Alexandra Córdova, “para que no se ponga mal por la desaparición”. Ella estuvo presente en la sala, junto a su abogado, el padre de David y más familiares y amigos.

“Le tengo en la Mitad del Mundo a David Romo”. La frase —según el testigo— la habría dicho un hombre de nacionalidad colombiana, de alias ‘Jaleo’, mientras hablaba con el dueño de la clínica Carlos L. una noche cuya fecha no supo precisar. El testigo aseguró haber escuchado el nombre del joven desaparecido y haber reconocido la voz de ‘Jaleo’. “Vamos a la captura”, respondió Carlos L. “¿Qué día ocurrió?”, le preguntó la fiscal. “No recuerdo, es mucho tiempo”, contestó. Cuando trajeron al joven, este se presentó como David Romo, agregó el testigo. Pero los internos no podían conversar con él porque caso contrario los castigaban, aunque no explicó por qué había esta disposición solo contra Romo.

Una madrugada, según narró, vio a Romo en el camal, junto a los dueños y otros dos internos. Al lugar habría llegado también ‘Jaleo’ con un hacha. Dijo que Romo estaba colgado de un tecle. Fue en ese momento cuando afirmó haber visto cómo el cuerpo fue “hecho pedacitos”. Dijo que los restos se quedaron en el camal hasta el siguiente día.

Un día después, continuó con su relato, fue junto a Blanca F., dueña de la clínica, a la casa de los padres de ella en Ponceano, norte de Quito, donde la familia quemaba las patas de toro que faenaban en el camal. El testigo dijo que descargó las patas y más vísceras del ganado en ese lugar. Luego fueron al mercado de La Ofelia, donde Blanca F. tiene un puesto de venta y al regresar a Ponceano, según el testigo, se encontraba el cuerpo de Romo en un costal. Fue cuando Carlos L. y ‘Jaleo’ habrían quemado en la terraza los restos con un soplete durante nueve horas y con nueve tanques de gas. Al lugar habría llegado supuestamente también Enrique F. hermano de la dueña de la clínica, a quien le habrían pedido que “no diga nada”. “Me sentía obligado y era obligado a estar allí”, dijo el testigo sobre su presencia en la escena. “No lo dije por miedo a que me pase algo,  me han amenazado”.

Alexandra Córdova asegura que en el proceso judicial faltan llamar al chofer y ayudante del bus donde estuvo su hijo. También habla de policías implicados.

¿Por qué matar de esa forma a Romo? Según el testigo, porque el estudiante se habría robado supuestamente parte de un bloque de droga. Añadió que a la clínica llegaba supuestamente cargamentos de pasta base de cocaína, que eran escondidos en huecos en el patio de la clínica. “David también nos ayudó a hacer huecos”.

Pero esta declaración contradice a estos relatos suyos anteriores. En su versión, del 30 de julio del 2015, dijo: “A los tres días siguientes que David Romo desapareció de la clínica, yo oí que llegó una camioneta negra a pitar a la Clínica y yo pensé que era la camioneta que se llevaba los toros pelados y no era así, yo me acerqué a la camioneta negra y el señor me dijo vengo a dejar el tanque de formol (...) bajamos el formol y a la siguiente semana don Carlos L. nos hizo hacer hueco al lado de la lavandería de 12 a 13 metros de profundidad, 2 metros de ancho, y ahí era que mi padrino (así llamaba a Carlos L.) dijo tranquilos muchachos dejen ahí los palos que yo voy a  trabajar solo y yo vi por la ventana que mi padrino vaciaba el tanque de formol en ese huevo y era miércoles de noche. Al otro día nos levantamos y encontramos el hueco ya tapado”.

El 27 de septiembre de 2016, narró lo siguiente: “al levantarme a las 05:00 para hacer ejercicio con los otros internos de la clínica ya no vi a David Romo, pregunté por él Roberto y a Jonathan (otros internos procesados) y no me supieron responder nada”. También el 28 de agosto del 2017, aparece su relato sobre el presunto asesinato: “(Carlos L.) sacó a David Romo puesto unas botas de caucho amarillas y un jean azul (...) y una chompa (...), lo llevaron al camal, le vendan los ojos y lo amarraron al tecle, donde se acostumbra amarrar al ganado antes de faenar, quedando suspendido de los brazos, en ese momento empieza Carlos L. a insultarlo y maltratarlo con la lado plano del machete (planazos) por todo el cuerpo, todo esto en presencia de Blanca F. y el terapista Mauro C., mientras seguía maltratando a David Romo llegó (...) ‘Jaleo’ con un hacha y le pega con el filo de la misma en la cabeza provocando que la misma se parta en dos y que muera de contado, para después bajarlo del tecle Mauro C. y doña Blanca le ayuda a zafar las manos, de ahí proceden a matarlo al toro (sic) y de ahí me fui soplado a mi casa”.

Dos días después de que los dueños de la clínica dieran esta entrevista a Plan V fueron detenidos en el mercado de La Ofelia. Carlos L. había terminado de cumplir una pena de dos años por trata de personas. Su esposa, Blanca F., fue declarada inocente en ese proceso. 

Con esta última versión, un mes después, el 29 de septiembre de 2017 fueron detenidos los dueños de la clínica. Dos días antes habían dado una entrevista a Plan V sobre su versión de los hechos y en la que negaban haber conocido a Romo. El testigo mencionó que había mentido en sus primeras versiones sobre el hueco con formol.

Era el turno de la defensa de los procesados. Antes de empezar el interrogatorio, el abogado Chimbo pidió que saliera de la sala un agente que se encontraba presente y que podría ser llamado como testigo a juicio si el caso llegaba a esa instancia. El agente se retiró junto a otros dos policías más que estaban en la audiencia vestidos de civil.

“¿Quién te contactó (para dar el testimonio)?”, preguntó el jurista al testigo. “Yo fui”, dijo y agregó que por su cuenta fue a la Fiscalía a rendir su versión en cuatro ocasiones. “Presenciaste el asesinato y huiste, ¿es verdad?”, fue otra pregunta. “Me volvieron a capturar dos después de huir”, respondió. “¿Entonces el cuerpo estuvo dos días?”, siguió el defensor. Previamente el testigo dijo haber visto el cuerpo un día después del asesinato en Ponceano. Entonces el joven se descompuso e hizo gestos de llanto. Dijo haberse sentido intimidado por Carlos L. que estaba en la otra pantalla. La audiencia se suspendió por alrededor de 15 minutos. En ese receso, la madre de David Romo lloró y fue consolada por la fiscal. “Es duro”. Al tiempo que los familiares de los procesados también sollozaban en los asientos del lado derecho de la sala.

Al reinstalarse la diligencia, respondió alrededor de 50 preguntas de los defensores. Le preguntaron las características del soplete, que no recordó. Si Romo estuvo en el tecle con los brazos amarrados o en posición de crucificado con las manos abiertas; dijo que abiertas, “pero igual estaba amarrado”. Le cuestionaron si escuchó exactamente a Carlos L. decir “vamos a capturar a David Romo”; dijo que sí. En el interrogatorio agregó que la droga por la que supuestamente fue asesinado Romo la encontraron debajo de su cama. “¿Antes se había perdido droga?”, le preguntaron. “No”, contestó. Todo esto en medio de reiterados llamados de atención al testigo para que viera a la cámara y no al piso. Los procesados, en cambio, se llevaron en varios momentos las manos a la cabeza. Les solicitaron que no hagan ningún ademán durante el testimonio.


Panorámica de la casa donde funcionó la clínica. A la derecha, funciona el camal.

También le preguntaron si el 7 de noviembre se había reunido con policías. “Nunca”, respondió. Pero esa es la fecha de un parte informativo de la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida (Dinased) firmado por los policías Francisco Hernández, Javier Franco, Fabricio Loor y Andrés Miño. En ese documento, los oficiales relatan haber visitado al testigo para verificar el estado de salud y es en ese momento cuando el testigo, dice el escrito, “nos menciona voluntariamente querer hablar con nosotros de manera espontánea, queriendo relatarnos hechos importantes sobre la desaparición y presunta muerte del ciudadano David Romo”.

Según un parte informativo de la Dinased, el testigo cuenta a 4 policías "voluntariamente" hechos sobre la desaparición y presunta muerte de David Romo. Con esa declaración se vinculó a tres personas más en el proceso por asesinato del estudiante.

En ese parte informativo, el testigo dice haber limpiado los restos humanos, que estuvo en una casa en Ponceano de los padres de Blanca F. y que la incineración del joven se dio en presencia de los esposos y de cinco personas más. Entre ellos José F., hermano de Blanca F. y dos ex internos de la clínica, Roberto E. y Jonatan R, quienes fueron detenidos y vinculados al proceso por asesinato el pasado 8 de noviembre.. También en el crimen supuestamente estuvo el terapista de la clínica y alias ‘Jaleo’, quien fue sentenciado a una pena de 22 años de cárcel por el asesinato de otro interno de la clínica, que según las investigaciones de la Fiscalía habría sido testigo de la presencia de Romo en la clínica. ‘Jaleo’ está prófugo.

Alexandra Córdova, al final de la diligencia, dijo que se quedaba con muchas más dudas, que con certezas. “Me llama la atención de que aquí no están involucradas todas las personas. Faltan las personas donde mi hijo fue visto por última vez que fueron las personas del bus. Falta la policía porque hay varios miembros policiales que están involucrados, porque había un UPC de la zona que se encargaban de llevar a los jóvenes a esa clínica a cambio de dinero. Eso lo tiene muy claro el Ministerio del Interior porque incluso hay un procedimiento contra estos policías de Pisulí. También es en la Mitad del Mundo y en Calderón. Porque justamente en esos 25 cuerpos que estuvieron más de dos años en reserva constan las versiones de las personas que relatan que los policías están involucrados. No sé si los policías lo desaparecieron, pero esto esto un delito de estado en el que están involucrados miembros policias y personas particulares”.

El abogado Chimbo, a la salida de la diligencia, se mantuvo en que hay forjamiento de evidencias y que esas versiones son falsas. “Ahora el testigo reconoce que hace 15 días no ha hablado con ningún agente policial”. Se refiere a la respuesta que diera Juan Francisco E. cuando fue preguntado si se había reunido con policías el 7 de noviembre de 2017. “Nunca”, manifestó.

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