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1 de Febrero del 2017
Historias
Lectura: 40 minutos
1 de Febrero del 2017
Redacción Plan V
Caso Mazoyer: una noche fatal, siete años de via crucis

Fotos: Luis Argüello

Amira Herdoíza es médico, especialista en salud pública. Dirige la Fundación Kimirina, la cual atiende los derechos de los afectados por el VIH-Sida.

 

Un médico trata de salvar la vida de una joven ciudadana francesa, disparada a mansalva en Guápulo. La chica muere en la mesa de operaciones. El caso lleva siete años, y este 12 de enero último el médico que intentó salvarla —que fuera sentenciado a 12 meses de prisión— fue detenido. Este es el testimonio de su esposa, Amira Herdoíza, también médico. En la siguiente entrega, presentaremos el testimonio del abogado de la familia de Charlotte Mazoyer.

Dr. Carlos López Ayala

El doctor Carlos López Ayala, médico cirujano general, especialista en trauma, fue acusado y sentenciado a un año de prisión por el presunto delito de falta de atención a Charlotte Mazoyer, una joven ciudadana francesa que recibió, el 9 de diciembre del 2009, disparos de armas de fuego en Guápulo, presuntamente por delincuentes, y que falleció en la mesa de operaciones, mientras el doctor López intentó salvarla tras cinco horas de operación en uno de los quirófanos de la clínica Pichincha, de Quito. Según la acusación fiscal, "las investigaciones realizadas permitieron comprobar posibles malas acciones administrativas y médicas que impidieron que la paciente, Charlotte Mazoyer, reciba atención médica oportuna, lo que habría producido la complicación de su cuadro clínico. Entre estas acciones, distaba el hecho —según la acusación— de que los empleados de la casas de salud solicitaron una responsabilidad de pago a los amigos de la paciente antes de que sea atendida. Además, los galenos demoraron la operación sin causa aparente y quienes realizaron la intervención quirúrgica a Mazoyer no eran especialistas".


Plantón de los médicos frente a la Corte Nacional de Justicia, para exigir la libertad de Carlos López Ayala, quien guarda prisión por una sentencia.

Lea aquí la segunda parte de esta historia.

Esta historia lleva siete años. Pero volvió a la opinión pública cuando el doctor López fue detenido —al medio día del jueves 12 de enero del 2017— mientras salía del hospital donde trabaja, el H. Carlos Andrade Marín. Él es uno de los más reputados especialistas en trauma y emergencias. La detención provocó una de las más grandes movilizaciones del gremio médico y de estudiantes de medicina, los cuales exigieron ante la Corte Nacional de Justicia que se revea la detención y se atienda el recurso judicial de revisión por parte de la defensa, la cual ha denunciado su demora. 

Semanas después de la detención del doctor López, el presidente de la República, Rafael Correa, anunció que estudiaría un indulto para el médico. Lo cual fue rechazado por la defensa de López, la cual insiste en su inocencia. Según cita el oficialista diario El Telégrafo, Correa dijo que: "Y analizamos el caso Mazoyer,  pero por elemental delicadeza a la familia de la joven, le escribimos a Francia al padre de la chica Mazoyer, también es médico, y dijo: "Presidente, le ruego que no conceda el indulto porque aquí sí hubo tales y tales (sic) cosas (...). Sin embargo, estamos esperando que se acabe el proceso, que está en revisión, y luego de eso volveremos a analizar la posibilidad de in indulto si creemos que no ha habido las sanciones correctas por lo que ocurrió ese día".

  La llamada  

Jamás se habrían imaginado esta pareja de esposos y médicos que algo tan común en sus vidas, como una llamada de emergencia, hubiese derivado en años de angustia y finalmente la cárcel. Cuando Carlos López Ayala, cirujano general, recibió el aviso de emergencia de la clínica Pichincha, y dijo: me tengo que ir, su esposa, la doctora Amira Herdoíza, simplemente lo besó y entendió.

“La profesión de Carlos, con muchas de sus especialidades, es muy dura, —dice su esposa en un testimonio para Plan V—. Pudo haberse dedicado tranquilamente a lo que sus colegas, cirujanos generales, hacen en su mayoría: operar cirugías programadas, que tienen una dosis apreciable de control. No fue esa la vida de nosotros, porque Carlos decidió, muy tempranamente dedicarse a trauma. Él es una persona que bajo todas las circunstancias, durante todos los años que ha ejercido la Medicina, jamás dijo que no. Su manera de ser era esa, siempre. Incluso yo solía bromear en la casa y decía que si un día mis hijas se casan —aún eran niñas cuando yo decía esto— van a tener que hacerlo en algún lugar perdido del mundo, donde no llegue señal alguna, porque ya nos había pasado que estando en una primera comunión, o en un cumpleaños o en cualquier evento, Carlos siempre atendía la llamada. Y debo confesar que yo tenía un cierto enojo como esposa. Muchas veces tuve reclamos contra eso, y sí, tenía insistencias con Carlos para que le diera alguna vez prioridad a la familia. Él me pedía que lo entienda porque era su vocación y su trabajo. A cualquier hora del día, en fin de semana, era siempre así. Alguna vez que salimos de vacaciones, me acuerdo claramente que yo misma compré el pasaje y nos fuimos a Buenos Aires y yo estaba muy molesta porque se la pasó colgado del teléfono hablando con los pacientes. Hemos, así cumplido treinta años de casados".

  La doctora Herdoíza es no solo esposa de Carlos López,   sino que, como médico experta en salud pública, dirige una de las entidades sin fines de lucro más exitosas en la lucha contra el VIH-sida y la protección de los derechos humanos de las víctimas. Ella relata su historia desde su oficina, en un largo testimonio humano de su paso por el desierto.

"Luego de la llamada él salió rápido a atenderla y regresó a la casa alrededor de las dos y media de la madrugada. Regresó muy golpeado de ánimo. Me dijo: es terrible que la inseguridad sea tan grande. Ella —Charlotte Mazoyer— era una jovencita más o menos de la edad de nuestras hijas. Y me dijo que sintió que esto podía pasar con cualquiera de sus hijas. Contó que era una chica muy atlética, de 1,80 m de estatura y era muy bonita. A él le llamó la atención. Estaba apesadumbrado, con sus brazos caídos: no pude, no pude, repetía. Creo que ningún médico, o ser humano en situación normal es insensible a la muerte. Lo que pasa es que el médico tiene que encontrar mecanismos de defensa. Sobre todo si trabaja en trauma o cáncer donde la muerte aparece con más frecuencia. De alguna manera, los médicos tratan de asimilar estas muertes. Para Carlos ha sido muy complicado esto porque él es sensible. Llama la atención porque así como se le pueden escapar las lágrimas con un poema, lo mismo pasa con un paciente, y en este caso él hizo mucha relación con sus hijas. Salir de una reunión, muy temprano, a las siete de la noche, y le disparan. Y además parece que le disparan cuando ella estaba de rodillas.

"La chica habló con Carlos y le pidió que la salvara y él le dijo: voy a hacer todo lo posible. Cuando ella entró a la clínica estaba consciente, pero estaba muy fría, mojada y Carlos tenía que hacer los exámenes. Hay un orificio de ingreso y no se puede saber a simple vista qué es lo dañado y la gravedad de las heridas. Para decidir qué hacer se tiene que estabilizar al paciente.  Asegurar que tenga la vía aérea, que tenga la sangre, todo lo que dice el protocolo. Además, nadie puede meter a alguien a un quirófano sin saber antes de su condición. Ni cuando las cirugías son programadas, porque a la persona le puede dar un paro solo con recibir la anestesia.

"Ella le contó que le dispararon y hubo otras palabras de ella,  que no quiero decir, porque requiere de una investigación.

"Esto ha durado siete años y cuatro meses. Cuando esto recién sucede llegan el padre de la chica y el cuñado. El padre es un médico radiólogo que además es profesor. No estaba en la práctica. Su cuñado también es médico. Su esposa es médico pediatra. Ellos piden la información de lo sucedido. Carlos se reúne con el padre, explica lo sucedido, todo lo que hizo, pero el señor estaba muy enojado. Ese momento estaba acompañado por las personas de la embajada de Francia

"Tras la actitud un poco agresiva pero comprensible del padre, Carlos me cuenta del encuentro y yo digo: sería bueno que se explicara de una manera menos técnica. El padre de Charlotte lo podía entender pero por el impacto emocional posiblemente no lo están entendiendo, sobre todo los personeros de la embajada de Francia.  Hable con ellos —por ser mi contraparte en un proyecto— y resulta que me recibieron con agresividad, y me dijeron que no era posible que en la clínica y mi esposo hubieran pedido tarjeta de crédito antes de intentar salvarla. Le expliqué que no sabía lo de la tarjeta, pero quería explicar lo que pasó porque se trataba de mi esposo. No me quisieron ni oír y durante muchos años que dejaron de invitarme a la embajada.

"Desde entonces ya se anunciaba esto como algo complicado. Cuando comenzaron las  indagaciones fiscales se empezó a escuchar, casi de inmediato, que había una opinión de muy altos personeros del gobierno de que eso no era posible y que la semana anterior al suceso había estado en la clínica un familiar de un ministro, en una situación supuestamente similar y que ya desde los más altos niveles había dicho que esa clínica debía cerrarse. Esta preocupación comenzó desde ahí.  Hicieron toda la indagación fiscal. No encontraron motivo para abrir un caso. Con esto  nosotros creíamos que estaríamos tranquilos, luego alguien pidió que se reabra la indagación fiscal. En esa época el fiscal general era Washington Pesantez. Al no encontrar causal se volvió a archivar el caso. Por segunda ocasión.

"Luego llegó el fiscal Galo Chiriboga y por esa época había el concurso para jueces y se presentó uno de los fiscales que desestimaron el caso —a quien no conozco— y hubo una nota de prensa donde se decía la Embajada de Francia estaba en desacuerdo en que a este fiscal se le tomara en cuenta para el concurso. Le desecharon del concurso. Con el fiscal Chiriboga se reabre el caso, luego dicen que sí hay causal para juicio, hacen el llamamiento a juicio y dan medidas cautelares, eso ya hace más de seis años. 

"Carlos tiene prohibición de salir del país. Tenemos una hija —la primera— que se fue a estudiar a Francia, terminó su carrera, hizo dos maestrías y se graduó con honores de un PhD, tiene 27 años. Carlos nunca ha podido acompañar a su hija en sus logros. Así mismo, a él le dieron dos premios internacionales como médico destacado de América Latina. En una ocasión se pidió un salvoconducto con el juez Jorge Blum para ir a recoger uno de estos premios y no le dieron. Pero además todos los 15 de cada mes tenía que presentarse n el juzgado y jamás faltó un día, siempre antes de las 9 de la mañana. Como él trabaja de siete a tres de la tarde en el hospital del Seguro, pedía permiso para salir a firmar. No era una persona que se les iba a escapar.  También se le puso prohibición de enajenar bienes y en eso no había  mucho problema porque a pesar de los años que tenemos de casados aun estamos pagando el departamento donde vivimos.

"Los primeros tres años y pico de este proceso Carlos estuvo incluido en la defensa con la clínica. La entidad dijo que comprendía totalmente la situación. Incluso ellos pidieron un peritaje de unos expertos de Colombia porque en ese país el tratamiento del trauma es de los mejores. Aunque la demanda no era por mala práctica médica, querían ver si la actuación de Carlos había sido la correcta. Estos peritajes no fueron parte del juicio pero se manejó a nivel interno, en el comité científico. Ahí se analizó el tratamiento médico hecho por Carlos y se vio que todo había estado perfecto. Entonces la clínica ofreció que la defensa sería conjunta. Carlos lo creyó adecuado en ese momento pero yo nunca lo creí así.

"Una de las cosas que impactan en esto de lo judicial son los temas económicos, en el sentido de que cuando se trata de un tema penal los abogados piden ingentes cantidades de dinero y cuando uno es de clase media y vive de lo que genera, no tiene capacidad de ahorro para pagar ese dinero. Por eso también se consideró adecuado y porque Carlos consideró que el problema con la paciente era por una cuestión administrativa. Lamentablemente, lo que nosotros con el tiempo identificamos que al tener una presunción de culpabilidad por parte de poderosas personas en el Estado siempre tendría que haber un culpable.

"Cuando preguntábamos a amigos y conocidos nos decían: de aquí tiene que salir un culpable. En un momento identificamos que también desde la empresa hubo interés de que si tenía que haber un culpable sería el eslabón más débil, el médico. Cuando hay la audiencia previa, la jueza Geoconda Lorenses hace un dictamen  en el cual declara a Carlos López como único culpable y  retira de la culpabilidad a la clínica y al gerente.  La parte acusadora impugnó y volvieron a entrar a juicio, pero hubo un momento en el cual Carlos López quedó como único culpable.  Y eso demostró mis temores y que era necesario que separáramos las defensas. Las audiencias preparatorias comenzaron un lunes y el jueves, el abogado que venía actuando le escribió un email a Carlos y le dijo que le agradecía la confianza y que se retiraba de la defensa. Carlos queda en la indefensión 48 horas antes del juicio. Un amigo nos recomendó al doctor Rigoberto Ibarra, penalista. 

"Con toda esta situación me caí. Tuve un proceso de depresión que ameritó un pequeño tratamiento y del cual salí bien. Justamente con el apoyo y el cariño de Carlos y de mis hijas y familia en general".

"La audiencia de juzgamiento fue larga. Fue una semana con más de 15 horas diarias o más. Este abogado y otros hicieron una defensa muy grande porque debieron entrar en un caso donde se evidenciaba que no había independencia. Durante todo el tiempo hubo incidentes y problemas, en el sentido que la parte de la acusación privada se enfermaba, el abogado estaba de viaje y había mucha dilatación. Era evidente de que las cosas en el proceso no se estaban dando por la línea recta.

"En la vida cotidiana diría que fue "normal", pero diría que esta normalidad no obedeció al sistema de justicia sino a la personalidad de Carlos. El es muy positivo. Si hay un problema él intenta ver qué sale de positivo de ello. Además él ama mucho la cirugía. Otra cosa importante es que le gusta mucho enseñar. Se dedicó a la enseñanza con más énfasis y rodearse de juventud le dio muchos ánimos. Desde el punto de familia fue interesante porque Carlos comenzó a trabajar con más énfasis en el Seguro Social, haciendo cirugías largas y complejas de cánceres como páncreas, hígado, operaciones de 10 o 12 horas. Toda su capacidad profesional se volcó a la docencia. Él tiene muchas generaciones de alumnos, en muchas universidades y programas de residencia y posgrado. 

"Desde el punto de vista personal tuve un bajón muy grande. Tuve un proceso de fuerte depresión, justo cuando estábamos con el tema de la jueza Lorenses. Cuando esto sucedió comencé a tratar con diferentes actores, a explicarles la situación. Muchos de ellos estaban en el gobierno, eran asambleístas, yo circulaba por todo lado. Llegué a hablar con el padre Grazziano Mason, cercano al Presidente. Explicaba no solo el tema profesional del caso sino también hablaba del perfil de Carlos. Contaba que él trabajaba voluntariamente en el sector rural, sin cobrar durante años. Están equivocados, les decía, al pensar que Carlos no iba a cumplir con su responsabilidad médica por supuesta codicia, por una operación.

"Como tengo mucha relación con autoridades del Ministerio de Salud, recuerdo que una vez  hablé con uno de los viceministros. Él me dijo: no puedo creer que sea tu esposo. Aquí lo que sabemos es que el médico se sentó hasta que salga la tarjeta de crédito. Y respondía: a ver, ¿si una persona está en sus cabales, no digamos que médico, vas a permitir que una persona se desangra y no haces nada? Pero si eres médico y vas a ver esa situación, ¿no vas a hacer nada?

"Lo que comencé a sentir es que todo el mundo me escuchaba, todo el mundo me daba la palmada en el hombro, pero nadie hacía caso de mis explicaciones. Hablamos con amigos periodistas, llegamos a tener consejos de ellos, que me decían: a mira, esto no se va a solucionar en este gobierno, este es un tema que está definido...

"Con toda esta situación me caí. Tuve un proceso de depresión que ameritó un pequeño tratamiento y del cual salí bien. Justamente con el apoyo y el cariño de Carlos y de mis hijas y familia en general.

"Mis hijas: María Belén, la que está en Francia, siempre estaba desesperada por tratar de hacer algo en ese país. Pero tuve recelo, no la dejé actuar. Le dije que, a diferencia de Ecuador, en Francia un extranjero no tiene la palabra. Tú eres una estudiante y quien sabe si, al contrario, truncamos tus estudios por este tema. 

"Para Gaby, la menor, la situación fue más difícil. Ella estudiaba Medicina y empezó con un entusiasmo maravilloso, pero la audiencia de juzgamiento fue tan dolorosa, tan fuerte... El último día, el de la sentencia con la presencia de ciudadanos franceses y amigos de la señorita Mazoyer, ellos saltaron, gritaron, nos insultaron, nos llamaron asesinos. Mi hija se puso a llorar y recuerdo que les dije: por favor, aquí hemos perdido todos, no ha ganado nadie. Aquí se perdió una vida. Les grité muy fuerte y se callaron. 

"Pero para mija eso fue terrible, y poco a poco fue recuperando el entusiasmo por la Medicina y la apoyamos para que en el ámbito rural recupere esa energía del principio. Y a la par estaba el tema del COIP y la lucha de los médicos por impedir la criminalización de su trabajo. Y mi hija absorbía toda esta negatividad y me decía: mami, nos llaman asesinos,  nos dicen asesinos. 

"Esa audiencia fue muy fuerte en varios sentidos. Uno sentía una presencia muy fuerte, como de tres grupos. El primero era más grande, que acompañaba a la familia Mazoyer, muchas extranjeros, amigos jóvenes, defensores de derechos. Había apoyo a Francisco López, exgerente de la Clínica, gente vinculada al empresariado y nosotros, básicamente mi familia cercana, mis cuñadas, algunos pacientes. La audiencia fue cerrada, no dejaban entrar y en la sala de junto había muchos testigos encerrados, algunos de ellos asustados.


Amira Herdoíza se dirige a sus colegas desde la Federación Médica Ecuatoriana, antes de empezar la marcha gremial en apoyo a su esposo.

"Este ambiente tenso recrudeció, porque cuando empezaron los interrogatorios, el abogado acusador—que es joven e histriónico, con una voz chillona— gritaba de tal manera en la audiencia interrogando a los testigos y nadie lo paraba, ni los jueces, y el público le hacía eco. Y veíamos que el grupo de fiscales estaba junto a la acusación particular, y pensábamos que si todos pagamos a los fiscales con nuestros impuestos estos debieran ser objetivos, al menos. Era una sola bancada. Y cito un caso de un interrogatorio al director médico de la clínica: usted conoce a tal persona, y él dijo que no lo conocía. Entonces el abogado sacó una lista  de médicos de la clínica, donde estaba el nombre de esa persona y tenía la firma del testigo. Y lo acusó de perjurio y ese momento lo detuvieron. Eso asustó a todos los testigos. Al director médico no le dieron tiempo de explicar que en su condición de tal no hacía entrevistas a los médicos, sino que como director, una vez revisados las carpetas de cada uno, ponía su firma. Un proceso administrativo y no mintió al decir que no le conocía. No tenía por qué conocerlo. 

"Otro testigo era una señora que se puso a llorar en el estrado y el abogado de la acusación la acosó de tal manera bajo el silencio de los jueces. Era la señora de la ventanilla de caja de la clínica y la detuvieron por pedido de la acusación, ese instante. 

"Lo otro fueron las pocas posibilidades de explicar y comunicar el caso desde el punto de vista médico. En la audiencia, la práctica médica, sus protocolos y procedimientos no fueron tomados en cuenta ni entendidos para nada. Como decía mi hija: para qué uno estudia Medicina siete años, si en diez minutos los abogados de la acusación y el fiscal ya saben todo. Cuando estos presentaban las situaciones, concluían que el doctor López hizo amagues de atender a la paciente porque le estaba poniendo agüitas y tubitos. Cuando Carlos explicó en su largo testimonio bajo juramento, que no fue tomado en cuenta, que poner un catéter subclavio es entrar a un baso sanguíneo muy grueso y que es como una operación quirúrgica —en videos ya editados de youtube, el procedimiento dura más de diez minutos— la cual demora mucho por todos los protocolos. No era de poner agüitas, era poner un tubo grande para pasar fluido de manera fuerte ante una herida grave. Y los tubitos... Los pulmones de la paciente aparecían con sangre en la radiografía, así que si no se retira la sangre los pulmones no pueden distenderse y el paciente muere por no poder respirar. Respirar es lo primero. Entonces se puso un tubo torácico, para drenar la sangre. Eso era "los tubitos" para permitirle respirar, y Carlos les explicaba que cuando hay una herida grave en la zona torácica lo primero que se debe garantizar es que el paciente respire. Los procedimientos médicos se hacen paso por paso.

"Desde la objetividad, todas las personas que testimoniaron, incluso testigos de la parte acusatoria, afirmaron que Carlos hizo todo lo posible por salvar a la chica".

"El tema técnico no tenía importancia para ellos, sacaron conclusiones basados en la ignorancia. Nos intentaron acompañar amigos médicos, de todas las generaciones. Algunos acompañaron varios días, y otros se fueron enfermos, no pudieron seguir escuchando lo que se decía en la audiencia. Además, con una grosería inmensa. Pisotearon sobre lo básico de la Medicina. Creo que si un médico de la Edad Media escuchaba lo que decían... una ignorancia total.

"Cuando desde la defensa propusieron peritos, gente de prestigio que está en el campo científico no aceptaron. Comenzaron a vetar los peritos por supuesto conflicto de interés. Para la acusación un conflicto de interés era que un médico —presentado como perito por la defensa— que trabajaba en el Metropolitano tenía conflicto de interés por ser de la medicina privada. La cosa es que impugnaron a todos los peritos y no permitieron uno solo planteado por la defensa. Pero sí aceptaron dos peritos: el uno que ya no atendía casos y no tenía inscrito su título de especialista en el Ecuador y otro, que tampoco tenía el título registrado y había sido expulsado de una clínica por supuestos malos manejos.  

"Pero el problema con los peritos no fue siquiera estas deficiencias. Fue cuando los abogados les preguntaron si el doctor Carlos López hizo todo lo posible, dijeron que sí. A Carlos lo condenaron por dizque negarse a atender a la paciente y los peritos dijeron que Carlos hizo todo lo posible. El tema es que ellos dicen que si Carlos hubiera sido un especialista cardiotorácico experimentado, enseguida hubiera operado el corazón. Esto es falso. Ellos están haciendo un aseveración posmorten. Carlos decía: yo también puedo operar un cadáver.  

"En el recurso de revisión que presentamos hay varios peritajes adicionales, porque ningún examen preoperatorio mostraba una posible lesión en el corazón. De hecho, la chica no muere por lesiones en el corazón porque estas fueron resueltas por Carlos. Ella muere por un sangrado hepático. En la radiografía no sale una lesión en el corazón; en el ecofast tampoco ni en la tomografía. Lo que sale aquí es la lesión hepática. Cuando Carlos entra es para operar el hígado. Cuando opera salen tres mil centímetros de sangre. Con esa salida tan rápida la chica hace un paro. Para sacarla del paro Carlos abre el tórax y él explicó en la audiencia que era mucho más efectivo el masaje directo.

"Al hacer el masaje directo y recuperar el latido él identifica dos orificios; el uno sutura y en ese momento, por fin, llega el cirujano cardiotorácico y Carlos le pide que acabe de suturar para que no sangre y regresa al hígado y lo empaqueta —para que no sangre— y ahí llega la descomposición general que la produce el sangrado del hígado. La bala estaba en el recto. Este médico cardiotorácico es el que estaba de turno esa noche y él les dice que está en Esmeraldas, no avisó que se iba de viaje. Luego presentó un examen del IESS de que estuvo en reposo. Esa noche llaman al segundo de la lista de turnos, y no contesta el teléfono; llaman a un tercero y dice que está de regreso de Cayambe. Y finalmente llaman al cirujano general, Carlos, que es el único que se moviliza y hace todo el procedimiento.

"Él es instructor del ATLS (Advanced Trauma Life Support®) que es el procedimiento que se debe usar en pacientes con trauma. Y así no fuese un cirujano especializado en trauma, es un médico que nunca ha dejado de atender a un paciente y menos en esas circunstancias. En el juicio, este cardiotorácico que no contestó la llamada —Carlos dijo que si hubiera trabajado desde el principio con un cardiotorácico hubiese bajado la mortalidad. Trabajar al tiempo en dos cavidades hubiera sido bueno— dijo que cuando el llegó la paciente ya estaba muerta, estaba con las pupilas dilatadas. Siempre hemos dicho que para reanimar a la paciente luego del paro hay que darle atropina y esta produce dilatación. Y si hubiera estado ya muerta cuando el cardiotorácico llega, ¿por qué trabajó en la paciente desde las 11 de la noche hasta la una y media de la mañana? ¿Por qué se quedó acompañando a su colega que "trabajaba con un cadáver"? Es una barbaridad. Este señor era médico de la Fiscalía. Su testimonio es el único que dijo que cuando llegó la paciente ya estaba muerta. Además dice que Carlos le había llamado a decir que pase los miles de dólares de honorarios. Tratando de meter la intriga de que era un asunto de codicia. Este testimonio impactó mucho. Ese testimonio es el que dio pretexto a los jueces para decir que Carlos estaba esperando la tarjeta de crédito para empezar a operar. 

"Desde la objetividad, todas las personas que testimoniaron, incluso testigos de la parte acusatoria, afirmaron que Carlos hizo todo lo posible por salvar a la chica y que además nunca pidió tarjeta de crédito.  La señora Leticia Pozo, que es quien puso la tarjeta de crédito —madre de algunos amigos de la señorita Mazoyer— fue interrogada específicamente sobre esto y ella dijo: el doctor López no me pidió algún tipo de pago. Él les había informado el estado de la paciente antes de operarla. Y la acusación alegó que cuando Carlos estaba "amagando" le hizo unos exámenes que no valían ni cien dólares, y que cuando se pagó la tarjeta ahí sí entraron a operar. Eso no es cierto".

  La detención  

"Yo estaba en Zamora. Yo trabajo en salud pública y estábamos haciendo un diagnóstico de salud comunitaria que nos pidió una comunidad cercada a Yantzaza. A las tres de la tarde, cuando íbamos a entrar a una reunión me llama Carlos y me dice: Amira, me están cogiendo preso, llama a Juan Pablo (Albán, el abogado), no me contesta.  Intenté regresar y había suspensión de vuelos, derrumbes... Gracias a la sensibilidad de un coronel logré llegar en un vuelo logístico el viernes. Carlos estaba saliendo de su trabajo con una colega. Lo interceptan tres personas y lo quieren esposas, él se niega y les dice que no se va a escapar, que él les acompañaba. Parece que ahí salieron muchos colegas a protestar por la detención y luego Carlos no aparece en el sistema (informático del Consejo de la Judicatura Ndlr.) hasta el día siguiente. Nos decían que estaba en Flagrancia, en la PJ, por acá, por allá. Mi hija y mi hermana padecieron esto. No le permitieron hablar con su abogado.

"El viernes en la tarde pude verlo unos minutos en la cárcel cuatro. No sabíamos de una orden de captura. Cuando no fue aceptado el petitorio constitucional —con un documento de media página ante un alegato de 60 páginas— hicimos el petitorio de revisión porque el juez Jorge Blum no dejó hablar a los abogados de la defensa.  En el tribunal de justicia, dos de tres jueces que no conocían el caso. Un caso de siete años con miles de páginas en los cuerpos. Por ese se pidió la nulidad, que no fue aceptada. Luego ampliación y aclaración que no fueron aceptadas. Sabíamos que la sentencia estaba en firme pero no sabíamos que hubiera orden de captura. Fue una sorpresa, pensábamos que de una y otra manera todo el trabajo de información del caso había logrado algún nivel de entendimiento del sistema judicial de que se estaban equivocando terriblemente.

"El hecho es que lo juzgaron sin pruebas. Ninguna de las pruebas con las cuales Carlos fue sentenciado fueron objetivas; fueron opiniones subjetivas, manipuladas por el abogado acusador". 

  El impacto  

"Carlos tiene 30 años de carrera. Él ha sido formador de generaciones y tiene mucha gente que lo aprecia. Su coherencia de vida es absoluta. Su reputación profesional es altísima, es muy estudioso y con este cariño que tiene por enseñar es muy apreciado.  Y muchos colegas pensaban que por ser él, Carlos López, esto iba a parar en algún momento, porque aunque le rebusquen en las costuras —decían— no iban a encontrarle nada. Carlos es muy cariñoso con los pacientes, y hay personas que se han ido movilizando a su favor por eso, precisamente.

"Lo que es fundamental entender es el impacto de todo esto en la práctica médica. Un caso así deja un precedente nefasto. Cualquier médico que sea llamado, por un atropellamiento, un accidente, un abaleado... va a irse a atender con susto. Todos los médicos acudimos a salvar a un paciente porque tenemos un juramento, pero hay un gran temor, sobre todo en los médicos jóvenes. La acusación de que Carlos atendió a la paciente sin ser especialista torácico es otro antecedente nefasto. Pasa a menudo que médicos tienen que atender emergencias que no son de su especialidad. Un parto por ejemplo ¿Los van a demandar por eso? Con esto pierde toda la sociedad. Hay médicos especialistas de muy alta capacidad que resolvieron retirarse y están de profesores o escribiendo libros... Gente para la que es impensable terminar una larga y respetable su carrera en una cárcel; no porque vayan a hacer algo mal, sino que el riesgo de ir a la cárcel es muy alto. Creo que hay mucha extorsión a los médicos también. 

La chica fue disparada en Guápulo, a muy pocos minutos del Hospital Militar, que en cualquier país del  mundo debiera ser el especializado en este tipo de trauma.

"Al final del día esta experiencia ha sido muy dura para la familia. Oigo a mis hijas que al no tener una gota de confianza vemos que todo lo resuelven —los que no son honestos—  a través del dinero. Todo es el dinero. Es muy grave. Aquí se han dado cosas muy graves. A la señorita Mazoyer le dispararon a las siete de la noche en la calle. Esta niña fue herida gravemente y ella permaneció sentada en la vereda, y hubo un buen samaritano, el doctor Ricardo Crespo, que es uno de los testigos, que la atendió y llamó a los mecanismos de auxilio y, de lo que yo me acuerdo siquiera hubo una espera de 45 minutos.

"Llega, entonces, una ambulancia de los bomberos. Cuando la trasladan llaman al Hospital Eugenio Espejo y les dicen que no la pueden recibir porque no tienen capacidad física y los paramédicos resuelven llevarla a la San Francisco porque pasaban por ahí. Y el chofer de la ambulancia —no el sistema de emergencias— decide llevarla a la clínica Pichincha. En eso trascurre una hora. La chica fue disparada en Guápulo, a muy pocos minutos del Hospital Militar, que en cualquier país del  mundo debiera ser el especializado en este tipo de trauma.  Pero en nuestro sistema de salud no había ni la idea de que esta hubiera sido una solución inmediata para atender a esta niña en lo que se llama la Hora Dorada.  Cuando hay este tipo de traumas la primera hora es fundamental. Ella llega a la clínica Pichincha a la hora y 9 minutos de haber recibido el disparo. Y a nadie se le ocurrió llevarla al Hospital Militar, a pocos minutos de Guápulo. Un médico, que estaba muy lejos de ahí, Carlos López, llegó en cinco minutos a la clínica, mucho más rápido que la ambulancia.  Y ese médico está preso. Porque había que encontrar un culpable".

Próxima entrega: la versión del abogado de la familia de Charlotte Mazoyer.

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