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7 de Diciembre del 2017
Historias
Lectura: 10 minutos
7 de Diciembre del 2017
Paulina Garzón
China y la nueva Ruta de la Seda

Imagen: Robbie

Las esclusas Gatun del Canal de Panama. China ha incorporado a Panamá a la Ruta de la Seda, el más ambicioso plan de infraestructura de la historia moderna. 

 

En el 2013 China anunció el plan más ambicioso de inter-conectividad transfronteriza en la historia de la humanidad: “La Ruta de la Seda y el Cinturón Económico, y la Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI”, hoy más conocido como la iniciativa: “Un Cinturón un Camino” (UCUC), un pilar fundamental de la estrategia china “going global”. Según el Comité Central del Partido Comunista y el Consejo de Estado de China, el UCUC será una manera de promover “la filosofía de la eco-civilización y alcanzar el desarrollo sostenible”. Es el plan global más ambicioso de la historia humana.

La ruta de la seda china está cada vez
más cerca de América Latina

El UCUC o Ruta de la Seda consiste en el establecimiento de dos rutas, una terrestre y otra marítima que conectan China con Europa, África y Asia Sur-Este. En estas dos rutas se construirán puertos, carreteras, trenes, aeropuertos, proyectos energéticos, oleoductos y gaseoductos, refinerías, zonas de libre comercio, entre otro tipo de infraestructura. El UCUC incluye a más de 70 países, costará alrededor de USD 1 trillón y se ejecutará en un plazo de 30 a 40 años. Como era de esperarse, China es el principal financista del UCUC, para ello no sólo ha equipado a los bancos chinos con capital, políticas y regulaciones, sino que ha creado el Banco Asiático para las Inversiones en Infraestructura (BAII) para ser el principal motor financiero del UCUC.

Pero, ¿qué tiene que ver el UCUC con América Latina? América Latina tiene una brecha de financiamiento en infraestructura en un rango de USD 170 a USD 260 mil millones durante la próxima década, y varios países han señalado su interés de desarrollar mega-proyectos de infraestructura transfronteriza que vincule a la región con China. Por otro lado, hay que recordar que los bancos chinos son grandes financistas de obras de infraestructura en la región y que la “ruta de la seda” entre China y México ya existió siglos atrás.

En noviembre del 2016, cuando el Presidente chino Xi Jinping visitó Ecuador, Perú y Chile, algunos anticipaban que el líder chino anunciaría la incorporación formal de América Latina en el UCUC a través de la “ruta de la seda marítima”. Esto no sucedió. No obstante, varios proyectos alineados a esa estrategia —y con participación china—  ya están encaminándose, como por ejemplo: la modernización del puerto “Panamá Colón Container Port” ; el Canal de Nicaragua (por el momento en stand-by); el tren bi-oceánico; el Túnel de Aguas Negras (Argentina-Chile); y la propuesta de Presidenta de Chile Bachelet de la construcción de un cable de fibra óptica Tras-Pacífico. Además, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Perú y Venezuela han presentado sus aplicaciones para ser miembros del BAII (Banco Asiático de Inversión en Infraestructura).  Todos estos países deben cumplir con una serie de requisitos previstos en los Artículos de Constitución del BAII hasta diciembre del 2018 para poder acceder al dicho financiamiento.

En noviembre del 2016, cuando el presidente chino Xi Jinping visitó Ecuador, Perú y Chile, algunos anticipaban que el líder chino anunciaría la incorporación formal de América Latina en el UCUC a través de la “ruta de la seda marítima”. Esto no sucedió.

A pesar de su reciente creación (2015), el BAII ha incorporado una serie de mecanismos para la evaluación y participación pública, como un Marco de Política de Salvaguardas Ambientales y Sociales, una Política de Información Interina (actualmente bajo consulta pública), y está diseñando un Mecanismo de Manejo de Quejas.  Aunque estos son buenos primeros pasos —sobre todo si se toma en cuenta que al Banco Mundial le tomo 67 años implementar una política de acceso a la información— no son suficientes. El BAII y el UCUC están todavía lejos de globalizar “la filosofía de la eco-civilización y alcanzar el desarrollo sostenible”. Así lo señalan 87 ONGs asiáticas, en respuesta a la decisión del BAII de financiar la construcción de plantas de carbón —actualmente prohibidas en China— por sus efectos contaminantes. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) vinculados al tema ambiental y derechos humanos destacan que, si el BAII quiere ser un "Banco verde, debe (…) apoyar una transición rápida y justa a los sistemas de energías renovables y limpias (…) y poner fin a los combustibles fósiles y otras energías nocivas lo antes posible (…)”.

La sociedad civil latinoamericana tiene poco tiempo —antes de que sus gobiernos empiecen a endeudarse con el BAII— para conocer mejor al banco y los impactos económicos, ambientales y sociales del UCUC en otros continentes, y tratar de hacer un trabajo preventivo; como dijo el embajador de Perú en China: “tarde o temprano todos los países latinoamericanos van a tener que voltear la mirada hacia ese nuevo organismo multilateral de financiamiento”. Aunque el UCUC parezca una propuesta lejana, ya está inserta en América Latina y pronto será potenciado con una nueva ola de financiamiento del BAII.

La Ruta de la Seda aterriza en el Canal de Panamá

El establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y la China el 12 de junio del 2017 es de crucial importancia para Panamá, pero también para toda América Latina y el Caribe (ALC), la razón principal: el Canal de Panamá y la Iniciativa de la Ruta de la Seda.

A sólo cinco meses del establecimiento de relaciones diplomáticas, Panamá y China firmaron 19 acuerdos de cooperación bilateral. Según un resumen de los acuerdos publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, el Banco de Desarrollo de la China abrirá una sede en Panamá; se establecerá un mecanismo de cooperación para el financiamiento de proyectos; se iniciará un estudio de factibilidad para la firma de un Tratado de Libre Comercio; y se prevé financiamiento chino en las áreas de hidroelectricidad, energía, infraestructura de transporte, y el sector agrícola.

Aunque todos estos acuerdos dan cuenta de un ambicioso paquete de cooperación bilateral, hay un acuerdo que marca un nuevo hito en la relación de la región con China, éste es el Memorándum de Entendimiento (MdE) sobre la Cooperación en el Marco de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Iniciativa Marítima de la Ruta de la Seda del Siglo XXI.

La Ruta de la Seda fue anunciada por China en el 2013 y es el plan más ambicioso de inter-conectividad transfronteriza en la historia de la humanidad, incluye más de 70 países en Asia, Europa Sur-Central, el Medio Oriente y África del Norte, y costará alrededor de USD 1 trillón. Aunque no es la primera vez que un país latinoamericano aparece en una declaración oficial sobre la Ruta de la Seda, si es la primera vez que China firma un acuerdo específico para incorporar a un país latinoamericano a esta iniciativa.

Más del 70% de las exportaciones de Latinoamérica a China están concentradas en solo cuatro productos: soya, petróleo, minerales de hierro y cobre.

La Cacillería panameña señala que “Panamá se adhiere a la iniciativa china de la Ruta de la Seda, potenciando su rol como «la gran conexión» con el Canal de Panamá…”  y que “la adhesión de Panamá a la Franja y la Ruta está alineada con el papel que juega el país ante la región y el mundo… potenciando aún más el comercio marítimo mundial”. Para ello, además del Canal, se impulsarán a través de los acuerdos, otras obras para facilitar la circulación, mantenimiento y abastecimiento de grandes y modernas embarcaciones; por ejemplo, se construirá un ferrocarril que conecte los océanos Pacífico y Atlántico, y zonas económicas especiales.

El mismo 12 de junio (día que se establecieron las relaciones diplomáticas) la China Landbrige Group (una de las grandes empresas privadas chinas), inició la construcción del mega-puerto Panamá Colón Container Port que contará con muelles para los barcos Super Post-Panamax. La incorporación de Panamá a la Ruta de la Seda plantea un adiós al Canal de Nicaragua y por lo menos tres cuestiones claves a panameños y latinoamericanos.

La primera es recordar que más del 70% de las exportaciones de Latinoamérica a China están concentradas en solo cuatro productos: soya, petróleo, minerales de hierro y cobre, por lo que la relación comercial con China ha llevado a varios países de la región a una reprimarización de sus exportaciones, mientras los países latinoamericanos son grandes importadores de manufacturas chinas. América Latina necesitaría pensar con qué productos quiere llenar los Super Post-Panamax que se dirigirán a China y otros destinos comerciales (ojalá que con menos materias primas y más productos con valor agregado) y cómo lograrlo.

Segundo, evaluar los resultados del endeudamiento con China. Panamá tiene los ejemplos cercanos en Venezuela y Ecuador que se endeudaron masivamente con China —en gran parte para cubrir los costos de grandes obras de infraestructura construidos por empresas chinas— y que ahora, desesperadamente, están acudiendo a China para pedir la re-negociación de los préstamos que no pueden pagar.

Tercero, y quizá lo más importante, Panamá y América Latina deben definir sus prioridades y límites frente al financiamiento y el comercio con China y con el mundo. La región sabe que el petróleo, el gas, los minerales, los bosques y el agua son productos finitos, y que ni sus ecosistemas ni las comunidades locales resistirán una integración no planificada a la Ruta de la Seda ni a una nueva ola del voraz consumo irresponsable.

 

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