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30 de Noviembre del 2015
Historias
Lectura: 13 minutos
30 de Noviembre del 2015
Redacción Plan V
Los cinco desafíos del Ecuador frente al VIH

En el Día Internacional del VIH, portadores, médicos, activistas y autoridades de Gobierno recuerdan la importancia de la prevención y el tratamiento oportuno de la infección por este virus. 

 

Por lo menos 31 mil personas viven en el país con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que se ha convertido en una enfermedad crónica que se controla con medicación. Pero la lucha del Ecuador contra la enfermedad enfrenta todavía varios desafíos. Una crónica a propósito del Día Mundial de la Lucha contra el VIH que se celebra este 1 de diciembre.

Juan Carlos es un joven delgado, con cara de niño, que, sentado en una sala del servicio de Infectología de un hospital público de Quito, espera que lo llamen para su control semestral. Tiene 21 años y desde hace tres es portador del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). El muchacho gay tiene un aspecto risueño, y ha concurrido a la consulta en compañía de un amigo.

Aunque nació en una de las provincias de la Costa, la mala relación que tenía con sus padres, involucrados en un culto evangélico, le motivó a huir a Quito a los 15 años. Desde entonces, se mantiene en la capital con trabajos ocasiones, pues no logró terminar el colegio en su pueblo natal. 

Hace poco, Juan Carlos intentó ingresar al programa de bachillero para mayores de 18 años que ofrecen algunos colegios públicos de Quito, con la intención de terminar sus estudios secundarios. Pero a la segunda semana, sin ninguna fuente de ingreso, tuvo que dejar su empeño educativo. No sabe cuándo podrá volver a intentarlo. Vive en un pequeño cuarto en un barrio popular del centro occidente capitalino, por el que paga USD 80 al mes. Cuando se atrasa en la renta, la casera coloca, sin tomar en cuenta ni leyes ni consideraciones, un candado en su cuarto y lo deja afuera. Entonces, busca posada con amigos y conocidos hasta poder ponerse al día en el arriendo. Hace tiempo que renunció a pedir ayuda a sus padres, pues siempre invocan razones religiosas para negársela. 

En la sala de espera de un hospital público, hay hombres y mujeres, niños y ancianos, heterosexuales, homosexuales y transexuales, a la espera de atender su caso de VIH. 

Pero todas las noches, sin falta, se toma una pastilla de tamaño mediano y color naranja, con la que controla el virus y evita que este produzca más complicaciones en su salud. También, cada mes, vuelve al hospital público donde lo atienden para retirar el frasco de 30 pastillas antirretrovirales genéricas, fabricadas en la India, que el Gobierno le entrega de forma gratuita.

Dice estar plenamente consciente de que deberá tomar la medicación de por vida, pues el virus no se elimina de su cuerpo, sino que está "escondido" en algunas células, y puede volver a aparecer en cualquier momento si se descuida. 

Al chico le gusta farrear, a veces, sin darse cuenta, bebe en exceso. Pero, afirma, esto no ha afectado negativamente su tratamiento. Sin embargo, y aunque los médicos le dicen que su enfermedad está controlada, Juan Carlos sufre de trastornos del sueño y erupciones en la piel que le incomodan. 

A su lado, en las sillas de la sala de espera, una pareja heterosexual con dos niños pequeños, de aspecto humilde, han concurrido también a consulta. Se trata de un matrimonio joven. El esposo se contagió sin tener idea de cuándo ni dónde. La esposa también fue contagiada y uno de los niños que tienen también porta el virus. La familia espera con resignación al médico, al que visitan cada seis meses con una completa batería de exámenes de laboratorio, que buscan monitorear el funcionamiento de sus órganos y su respuesta a la medicación.

De pronto, se escucha la voz del médico que llama: "Juan Carlos". El muchacho se levanta de la silla, y camina hacia el consultorio de uno de los varios galenos que atienden la clínica, que cuenta con médicos generales, dermatólogos y un ginecólogo que atiende a mujeres embarazadas y les trata para evitar el contagio al feto. 

Juan Carlos sale a los quince minutos, con una receta para más pastillas. Todo está bajo control, le ha dicho el médico, quien le ha anotado en un papel una fecha dentro de seis meses para la próxima cita. El chico mira con una sonrisa al amigo que le acompaña y juntos salen rumbo a la farmacia del hospital, en donde hacen una cola con el resto de pacientes que retiran medicación por cuenta del Estado. Este semestre, el joven tendrá un problema menos del cual preocuparse. 

Entre tanto, es el turno de la familia heterosexual. Ellos son reacios a contar más detalles de su caso, y caminan apresuradamente hacia el consultorio.

Así transcurre la mañana en la sala de espera, en donde pueden verse jóvenes y viejos, mujeres y niños, heterosexuales, homosexuales y transexuales, mientras en la estación de enfermería una pila de historias clínicas da cuenta de la cantidad de pacientes que acuden a estos centros de Estado, así como a la clínica con la que cuenta el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. 

La información oficial disponible sobre la situación del VIH en el Ecuador corresponde al 2012, y puede consultarse en la web del Ministerio de Salud.

Cinco desafíos

El doctor José Luis Proaño, médico familiar y especialista en VIH, dirige la clínica del Hospital Vozandes de Quito. 

El doctor José Luis Proaño es el director de la clínica de VIH del Hospital Vozandes de Quito. Es médico familiar, con un posgrado y amplia experiencia en tratar casos de VIH. La clínica de VIH del Vozandes empezó en 1992, con la presencia en el país de dos expertos norteamericanos. Llegó a atender a por lo menos 300 personas al año, y actualmente tiene por lo menos 160 pacientes habituales. Muchos de ellos prefieren no concurrir a la consulta pública y algunos, explica el galeno, compran su propia medicación. La clínica privada no forma parte del Programa Nacional del VIH que maneja el Ministerio de Salud Pública, debido a que los funcionarios consideran que la casa de salud tiene fines de lucro. Esto impide a los médicos del Vozandes prescribir la medicina que tiene el Estado, por lo que muchos de sus pacientes han optado por hacerse tratar en los hospitales públicos. No obstante. Proaño sostiene que en su clínica es posible una atención integral y la atención de enfermedades oportunistas. 

En todo caso, Proaño hace un diagnóstico de la situación del VIH en el país e identifica los cinco desafíos de la lucha contra el virus en nuestro medio.

1. Lograr identificar todos los casos 

Proaño cita estadísticas oficiales según las cuales, hay en el país por lo menos 31 mil casos de VIH registrados. Pero estima que hay por lo menos 10 mil más que no están declarados ni atendidos. Por ello, piensa que un primer desafío es lograr que todos los casos puedan ser registrados y que esas personas puedan acceder al tratamiento. El subregistro que se estaría produciendo en el país se debería a que muchas personas no buscan atención médica por efectos de su idiosincracia y del acceso a los centros de salud. Se estima que de estas 31 mil personas, por lo menos 15 mil reciben tratamiento del Estado, y de las 16 restantes por lo menos 8 mil se encontrarían ya en la etapa de sida, mientras que las otras 8 mil estarían sin necesidad de tratamiento,

Se estima que de estas 31 personas, por lo menos 15 mil reciben tratamiento del Estado, y de las 16 restantes por lo menos 8 mil se encontrarían ya en la etapa de sida, mientras que las otras 8 mil estarían sin necesidad de tratamiento.

La medicación que se usa en el país, afirma el médico, es adecuada, pues ha logrado el objetivo de reducir la carga viral y es bien tolerada entre los pacientes. El Programa Nacional, afirma, está suficientemente dotado de medicamentos en la actualidad, de forma que se puedan ofrecer opciones para el tratamiento adecuadas a cada caso. Hasta el momento, nuevas opciones terapeuticas no serían necesarias en el país, a pesar de que en el mercado mundial y en Estados Unidos y Europa se están presentando nuevas medicinas cada año. 

2. La educación debe apuntar a la prevención

Para Proaño, es necesario que la educación sexual tenga un mayor énfasis en la prevención del contagio del VIH. En su opinión, en todos los niveles educativos la educación sexual debe incluir el VIH como una enfermedad de transmisión sexual, aspecto que no ha sido lo suficientemente profundizado en los currículos del tema. Sostiene que, además de entregar preservativos y otros medios de protección, es preferible evitar la promiscuidad. Gracias a la Internet, cree Proaño, es mayor la cantidad de personas que saben que el VIH es una enfermadad crónica controlable, e inclusive, en la clínica del Vozandes, hay pacientes que han sobrevivido 20 años al virus. La toma de la medicación, una buena alimentación y un estilo de vida sano, permiten, sostiene el médico, que la persona no sufra mayores alteraciones en su vida normal. Inclusive, cree que en nuestro medio ya se entiende que es una enfermedad crónica, comparable a a la diabetes o la hipertensión. 

3. Lograr diagnósticos tempranos

Otro desafio, sostiene el médico, es lograr aumentar el diagnóstico temprano. En su experiencia, los diagnósticos tempranos no superan el 20% de los casos. Se deben establecer mecanismos de identificación de grupos poblacionales en situación de riesgo y campañas orientadas hacia estos grupos. Piensa que se deben realizar campañas en centros de estudio y en el ámbito laboral, manteniendo la suficiente confidencialidad. En la actualidad, ya se realizan controles a mujeres embaradazas en varias etapas de la gestación en busca de atender un posible caso que afecte al feto. 

El médico sostiene que, en la actualidad, el VIH no está ya restringuido a la homosexualidad, y en la actualidad el grupo primariamente expuesto al virus en nuestro medio son las amas de casa.

4. Superar el estigma

En la experiencia del médico, la sociedad ecuatoriana sigue mostrándose reacia a superar el discrimen frente al VIH. En la clínica privada, dice, hay muchas personas que han concurrido en busca de una mayor confidencialidad que la ofrece el sistema público. Para Proaño, se debe buscar un manejo integral de los pacientes que incluya aspectos sicólogicos. El médico sostiene que, en la actualidad, el VIH no está ya restringuido a la homosexualidad, y el grupo primariamente expuesto al virus en nuestro medio son las amas de casa. 

5. Capacitar a los profesionales médicos

Aunque el médico afirma que, dado que el VIH es una enfermedad crónica, es posible que sea atendido por galenos de atención primaria. Si bien el especialista en etapas complicadas de la enfermedad puede ser un infectólogo, Proaño dice que es necesaria una mayor capacitación a los médicos en aspectos ya establecidos en las guías y protocolos que ya se han definido. Los médicos de atención primaria, deben ser más capacitados, pues aunque los médicos recién graduados han conocido el tema del VIH, hay nuevos programas de posgrado en medicina familiar en el país en donde ya se ha incluido el manejo de pacientes con VIH. No obstante, piensa que el Ministerio de Salud debería generar más cursos de capacitación. Actualmente, asegura el médico, es necesario un trabajo en equipo. 

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