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13 de Noviembre del 2015
Historias
Lectura: 13 minutos
13 de Noviembre del 2015
Eduardo Gudynas

Uruguayo, nacido en 1960. Es Secretario Ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). MSc en Ecología Social, Multiversidad Franciscana de América Latina (Montevideo) y Pontificia Facultad San Buenaventura de Roma.

Colonialismo simpático y las contradicciones de nuestros progresismos

Foto: Luis Argüello

Eduardo Gudynas plantea, en su réplica a la réplica, las respuestas a sus reflexiones sobre el colonialismo simpático le ha servido para mejorar sus argumentos.

 

Nuevamente estamos frente a un clásico problema de “comprensión lectora”, donde uno dice “A”, pero recibe críticas como si hubiera dicho “Z”. Señalo esta dinámica porque es muy propia de posturas dogmáticas, y es usada tanto desde tiendas neoliberales como desde el progresismo fanático.

Semanas atrás compartí unas reflexiones sobre cómo hay gobiernos e intelectuales progresistas que toman algunas ideas propias de la izquierda global, y aprovechan sus limitaciones o las deforman. Sería un “colonialismo simpático” porque les permite mantener una retórica de izquierda mientras dejan en segundo plano sus contradicciones.

El ejemplo que usé fueron los usos de ciertos conceptos del geógrafo británico David Harvey, muy promovidos en Ecuador, Bolivia y otros países sudamericanos. Mi preocupación no estaba centrada en la persona, sino en cómo utilizan sus ideas los progresismos. Es un autor muy conocido por sus críticas al capitalismo, pero los progresismos aprovechan algunas limitaciones en sus conceptos para legitimarse.

Mencioné cuatro problemas destacados. El primero es el alto nivel de abstracción, enfocado criticar al capitalismo globalizado, lo que permite esquivar las contradicciones locales bajo nuestros gobiernos. El segundo es una minimización de la dimensión ecológica local, que es aprovechada para cuestionar al capitalismo pero tolerando la destrucción de la propia Naturaleza. La tercera es la limitada atención a las ideas indígenas, lo que permite decirse anticapitalista mientras se alejan de esas cosmovisiones y hostigan a sus organizaciones. Finalmente, las alternativas al capitalismo son acotadas al enfocarse en el valor de uso sobre valores de cambio, lo que no tiene nada de malo pero es insuficiente, ya que nos deja sin mucho lugar para los derechos de la Naturaleza.

Mi nota despertó unas cuantas respuestas. Agradezco esos aportes al ser muy útiles para mejorar mis argumentos. De todos modos creo necesarias algunas precisiones.

En primer lugar, me cuestionaron que señalara que el concepto de Harvey de “acumulación por desposesión” en “sus ideas básicas no es una novedad”. Esto es bastante sorpresivo y pido al lector un poco de paciencia con los detalles. Es que el propio Harvey reconoce que está basado en la idea de Marx de la acumulación primitiva u originaria, y propuso un nuevo término no tanto por diferencias sustanciales sino porque no es ni “primitiva” ni “originaria”, sino que está actualmente en marcha. Además, otros autores tienen posiciones similares a las mías, como Giovanni Arrighi, quien incluso dice que son sinónimos.

También entiendo que todos aceptamos que hay una larga lista de autores y militantes latinoamericanos que han denunciado las prácticas predatorias de apropiación de los recursos naturales de América Latina, de la usurpación de sus tierras y sus vidas, y de imponerles condiciones de opresión. Esas son las problemática a las que alude la “acumulación por desposesión”, y no tiene nada de malo reivindicar y privilegiar esos aportes son parte de nuestra tradición.

Mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos del sur para legitimarse.

En segundo lugar, el problema del “colonialismo simpático” no es un ataque a Harvey, ni tampoco implica un rechazo a todos los autores del norte, una negación del marxismo o cosas por el estilo. En cambio, mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos del sur para legitimarse. Mi artículo original dice: “No estamos frente a un problema con Harvey, sino ante una limitación en nosotros mismos, latinoamericanos.”

A pesar de todas esas advertencias pasó lo que tenía que pasar: recibí críticas donde insisten en que el foco estaba en cuestionar a Harvey. Y con ello queda por detrás, otra vez, el desempeño de los progresismos. Nuevamente estamos frente a un clásico problema de “comprensión lectora”, donde uno dice “A”, pero recibe críticas como si hubiera dicho “Z”. Señalo esta dinámica porque es muy propia de posturas dogmáticas, y es usada tanto desde tiendas neoliberales como desde el progresismo fanático. Entonces regreso a los dichos de mi artículo: “insisto en que muchas de sus tesis (de Harvey) son compartibles al ofrecer un valioso instrumental para entender el capitalismo global”. Si queda alguna duda, ahora agrego que no tengo ningún interés en un enfrentamiento personalizado.

En tercer lugar, ahora sí podemos abordar mi preocupación: el aprovecharse de las insuficiencias o limitaciones de las ideas de Harvey, como las de otros autores (por ejemplo Toni Negri), para entender la actual América Latina. En esto, el cuestionamiento más duro vino desde un Centro de Investigación sobre Temas de Territorio (CENEDET), dentro del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), en Quito (1).

Ellos entienden que mi nota fue una crítica a Harvey, pero una buena parte de su reacción no se enfoca en el problema central de mi artículo, o sea, en cómo los progresismos usan algunas ideas para construir discursos anticapitalistas sin asumir las propias contradicciones ni intentar cambiarlas. Apuntan, en cambio, en defender a Harvey. Aunque tienen esa intensión, su argumento principal no descansa tanto en las cualidades de sus ideas, sino en denunciar que las posiciones sobre los extractivismos están equivocadas en general (y asumo que sobre todo mis aportes en particular), y que incluso son parte de una mirada burguesa. Sorpresivamente se mezcla en el debate el papel de los “extractivismos”, tales como la explotación minera, petrolera o agrícola, en grandes volúmenes que serán exportados.

Les propongo analizar la cuestión con calma y en dos pasos. El primero es asumir, por un minuto, que los cuestionamientos desde el CENEDET-IAEN acertaron y que todo lo dicho sobre los extractivismos, por ejemplo las alertas ante la megaminería o la explotación petrolera en la Amazonia, son una enorme equivocación o fruto del pensamiento burgués. Si ese fuese el caso, ¿esto convierte al uso que hace ese grupo de las ideas de Harvey en una verdad? ¿Eso convierte a la megaminería en una estrategia anticapitalista? Ciertamente que no. Estamos hablando de cuestiones muy distintas, la acumulación por desposesión y los extractivismos. Son muy diferentes en sus contenidos, propósitos, alcances y marcos conceptuales.

Estamos frente a un error metodológico que se ha vuelto muy común, donde se intenta anular una perspectiva, sin analizarla en sí misma, sino que se critican cuestiones colaterales.

Claramente estamos frente a un error metodológico que se ha vuelto muy común, donde se intenta anular una perspectiva, sin analizarla en sí misma, sino que se critican cuestiones colaterales. Es el mismo error que ocurre cuando las advertencias y alertas sobre los extractivismos no son sopesadas en sí mismas, sino que son tildadas de ser expresiones conservadoras, burguesas o infantiles.

El segundo paso consiste en examinar la validez o rigurosidad de los cuestionamientos de CENEDET-IAEN. Apelaré a un par de ejemplos. Comencemos por el primero. CENEDET-IAEN afirma muy enfáticamente que en mi artículo original digo que el “concepto de valor de uso no tiene aplicación en América Latina”. En ningún lugar de mi artículo se dice eso. Otra vez estamos frente a problemas de comprensión lectora.

Lo que en realidad dice mi artículo es que las alternativas que desandan la primacía del valor de cambio (como ocurre con la economía financiarizada), hacia los valores de uso, tienen limitaciones. Otra vez más aclaro: no es que eso esté mal, y por cierto son aportes muy importantes, pero son insuficientes. Eso se debe a que en América Latina hay reflexiones y prácticas ciudadanas que van más allá del valor de uso y de cambio, y entre ellas se destaca al reconocimiento de los derechos de la Naturaleza en Ecuador. Si no se reconocen esas otras pluralidades de valoración, los derechos de la Naturaleza reconocidos en la Constitución de Montecristi, quedan relegados.

Por lo tanto, el sentido de la réplica del CENEDET-IAEN mostraría que no logran ver o jerarquizar la importancia de valores que no son antropocéntricos, como los derechos de la Naturaleza. Poder saltearse los derechos de la Naturaleza, o relegarlos, es algo muy apetecible para los progresismos que quieran, por ejemplo hacer avanzar la megaminería o la explotación petrolera en zonas de alta biodiversidad. Por esa razón, los progresismos aprovechan esa limitación o debilidad en ese tipo de perspectivas, justamente el punto central de mi artículo original.

El segundo asunto son los cuestionamientos contra las alertas sobre los extractivismos. Precisemos que un análisis de los extractivismos es esencialmente una crítica a las raíces de modos de desarrollo incompatibles con la justicia social, ambiental y ecológica. En esas alertas participan muchos académicos y militantes sobre todo sudamericanos. En sus aportes se abordan muchas dimensiones, de donde sostener que no se atienden las dinámicas globales o el papel del capital tan sólo revela que no se ha leído, o si se leyó fue de manera muy superficial (al menos en mi caso esas cuestiones ocupan al menos tres capítulos en mi reciente libro “Extractivismos”).

En cambio, el equipo del CENEDET-IAEN afirma que un abordaje basado en Harvey es superior al vincular lo local con lo global. Ofrecen como ejemplo el despojo violento de indígenas amazónicos debido a la sobreacumulación de capital en China. Eso está muy bien, puede ser muy útil, pero es insuficiente, y ese era el punto central de mi nota.

La insuficiencia se debe a que entre la Amazonia y Pekín existe un amplio abanico de actores y acciones intermedias. En el despojo también actúan, por ejemplo, nuestros Estados, los gobiernos centrales y municipales, grupos empresariales nacionales, académicos criollos, y muchos más. Hay veces en que los gobiernos progresistas se convierten en uno de los principales factores de la desposesión (siguiendo la terminología de Harvey). Y esa problemática se minimiza bajo la perspectiva que preconiza CENEDET-IAEN.

Me pregunto si, por ejemplo, ¿los cambios normativos para abrir las áreas protegidas a las petroleras o la criminalización de la resistencia indígena, se deben a las necesidades de acumulación de capital de China o Estados Unidos, o no responden también a dinámicas dentro del propio país? Cuestiones como el espionaje de líderes ciudadanos que se oponen a los extractivismos que ha sido denunciado en los últimos tiempos o la clausura de una ONG para que no interfiera con concesiones petroleras, ¿fueron decididas en Pekín?

Claro que es importante analizar el papel de Pekín o de Wall Street, Pero no alcanza. Y ese era el punto de mi artículo. Esas cuestiones locales y nacionales quedan relegadas bajo el tipo de perspectiva propuesta por el CENEDET-IAEN. Precisamente por esos motivos ese tipo de perspectivas son alentadas por los progresismos, ya que así esquivan la urticaria de sus propias contradicciones. Paradojalmente la crítica desde el equipo de CENEDET-IAEN deja todo eso en cristalina evidencia. En cambio, a mi modo de ver, revelar y discutir esas contradicciones son hoy la cuestión más urgente.

Por todas estas razones insisto en que es necesario romper ese tipo de colonialidades y construir una mirada crítica latinoamericana bajo una izquierda independiente, la que siempre debe atender las reales situaciones nacionales y locales (crítica enraizada), considerar las implicancias para nuestras Naturalezas (crítica ecológica), que dialogue y aprenda de los pueblos originarios (critica intercultural), para desde allí promover vías de salida a las variedades de desarrollo (crítica a la Modernidad).

(1) Ni colonialistas ni simpáticos: una respuesta a Eduardo Gudynas, por Estefanía Martínez, Verónica Morales, Carla Simbaña, Japhy Wilson, Nora Fernández, Thomas Purcell y Jeremy Rayner. La Línea de Fuego, 13 octubre 2015, 

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