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4 de Noviembre del 2015
Historias
Lectura: 9 minutos
4 de Noviembre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Comprar el pan con los huevos

Cartel parte de la exposición colectiva “A favor y en contra", organizada por la Universidad Veracruzana, para fomentar la cultura de la igualdad de género y de respeto a los derechos de las mujeres.

 

El organismo de control de la identidad de este país se obsesiona con mantener en la cédula nuestro aparato genital. ¿Por qué les interesa tanto saber si tenemos testículos, pene, clítoris, vagina o una combinación de los anteriores? Tampoco se entiende por qué este mismo Registro Civil quiere diferenciar a la ciudadanía con cédulas de distinto tipo. ¿Hay ciudadanía de segunda clase?

¿Con qué sale usted a comprar el pan, con su pene o con su vagina? Y cuando le toca su turno en el banco, ¿qué despliega encima del mostrador frente a la persona que lo atiende en caja? ¿Su clítoris o sus testículos? ¿No los pone ahí encima? Probablemente, usted tampoco ha tenido que mostrar su aparato genital para pedir trabajo, ni tuvo que descubrirlo cuando entró a la farmacia.

Eso no pasa porque cuando nacemos nos visten. El sexo se vuelve privado. Biológicamente, la mayoría de nosotros nacemos hembras o machos. Un porcentaje de nosotros también puede nacer intersexual, por ejemplo, si tenemos un aparato genital ambiguo. También puede pasar que lleguemos al mundo con un sexo y decidamos cambiarlo total o parcialmente a lo largo de nuestra vida. O puede pasar que no deseemos una cirugía para cambiar nuestro sexo, pero que sin embargo decidamos desarrollar nuestra vida con un género que no “corresponde” con nuestro sexo biológico. O puede ser que lleguemos al mundo como un macho y decidamos vivir nuestra vida como un hombre.

Todas estas formas de vivir sin excepción se construyen en la cultura desde el momento en que nacemos. La naturaleza no es destino. Nacemos con un sexo. Tenemos pleno derecho a elegir cómo vivimos nuestro género.

Todas estas formas de vivir sin excepción se construyen en la cultura desde el momento en que nacemos. La naturaleza no es destino. Nacemos con un sexo. Tenemos pleno derecho a elegir cómo vivimos nuestro género.

En nuestra vida pública, legal, cotidiana, profesional, familiar, afectiva, lo que se despliega en el espacio de lo social es nuestro género. Por esa razón, no salimos a comprar el pan con nuestros testículos. Por esa razón, no necesitamos revelar nuestro sexo cuando hacemos la fila del banco ni la persona que nos atiende tiene por qué decirnos qué es lo que tiene en su parte baja del otro lado de la ventanilla que nos separa. Si se lo exigiéramos, estaríamos ejerciendo una terrible violencia. Si entráramos a pedir trabajo y nos obligaran a decir qué es lo que tenemos bajo la ropa, nos estarían acosando.

Por eso es ilegítima la obsesión del Registro Civil por insistir en registrar el aparato genital de cada persona en su cédula. ¿Por qué tiene que seguir constando el sexo en nuestro documento de identidad cuando la discusión es mucho más compleja? El organismo de control de la identidad de este país se obsesiona con mantener en la cédula nuestro aparato genital. ¿Por qué les interesa tanto saber si tenemos testículos, pene, clítoris, vagina o una combinación de los anteriores? Tampoco se entiende por qué este mismo Registro Civil quiere diferenciar a la ciudadanía con cédulas de distinto tipo. ¿Hay ciudadanía de segunda clase?

Richard Calderón, presidente de la Comisión de Gobiernos Autónomos de la Asamblea, declara: “Lo que prácticamente es nuevo es que la persona, cuando cumpla 18 años, de manera voluntaria, opcional, podrá pedir a las oficinas del Registro Civil que le sustituyan el campo sexo por el de género por una sola vez.” ¿El género no es un derecho de toda la población? La intención detrás de esto es seguir restringiendo los derechos de la población sexualmente diversa y de las parejas del mismo sexo, entre otras cosas. Continúa Calderón: “El campo sexo queda en la partida de nacimiento para cuando se quiera contraer matrimonio, el representante del Registro Civil solicitará la partida de nacimiento y se garantiza que se lo puede hacer entre personas de distinto sexo”. No necesitamos esa garantía, sino precisamente otras nuevas. De eso se colige que las parejas del mismo sexo no podrán adoptar. El mismo Calderón señala en esa entrevista que así como los movimientos sociales se han presentado para solicitar el género universal en la cédula, también se han presentado grupos preocupados por que se mantenga como legal únicamente el matrimonio entre personas de distinto sexo. Otra incomprensión fundamental entre democracia, progresión de derechos y discriminación. Los movimientos sociales no acuden a limitar los derechos de las otras personas, los grupos conservadores, sí. No son lo mismo, señor Calderón, no los presente como dos partes iguales en este problema.

Cambiando a otro artículo de la ley, en cuanto a lo que se ha visto como una medida progresista feminista, el orden de los apellidos de las personas, aquí también la ley es autoritaria. Dice Calderón: “Si existe acuerdo, el padre decide y autoriza por mutuo acuerdo, pero ir primero el de la madre, si no existe mutuo acuerdo, se mantiene el apellido del padre.” ¿Cómo se “autoriza por mutuo acuerdo”? Se sigue reconociendo la autoridad del padre por sobre la de la madre.

De este contenido discriminatorio de lo que sería la nueva ley de Registro Civil se desprende que la norma jurídica del Estado ecuatoriano es retardataria y que ese retraso atenta contra los derechos de su población, que hoy por hoy vivimos en un Estado hecho para el pasado y que quienes lo administran no han sido capaces de integrar perspectivas que no vengan de esa misma norma jurídica. Parte de la lucha de los movimientos sociales es perseverar en la tarea de consolidar perspectivas y aun intervenir en las estructuras del Estado para hacer visibles sus formas de comprender el mundo. Son quienes han estado firmes en estas reflexiones, desde la experiencia personal, la indignación movilizada, la universidad, y hace mucho tiempo. Recordemos que Rafael Correa se refirió al tema de la diversidad sexo-genérica en diciembre de 2013 y ya hace dos años descalificó esta lucha.

Recordemos que Rafael Correa se refirió al tema de la diversidad sexo-genérica en diciembre de 2013 y ya hace dos años descalificó esta lucha.

Este problema concierne a todo el mundo, no se trata de banalidades. Se trata de la administración de la identidad legal de cada persona en este país. No dejemos de lado otros aspectos de este problema: en Ecuador también debemos registrar nuestro porcentaje de discapacidad también, si obtenemos carnet del Conadis, porcentaje que ha variado, no sabemos con base de qué. Información de nuestra vida aparece en las bases de datos del Estado, a la cual puede acceder cuaquier persona que tenga nuestro número de cédula; algunos protocolos médicos demandan información a las mujeres que no se solicita a los hombres (¿Ministerio de Salud?); algunas intervenciones quirúrgicas de las mujeres deben contar con la autorización del cónyuge y para eso se debe proporcionar información que queda en bases de datos. Todo esto tiene que ver con el derecho a proteger nuestra identidad y con el nivel de control que quieren ejercer las instituciones respecto de quienes somos y cómo somos, pero para formularlo nos dejan siempre pocas opciones.    

Por otro lado, el hecho de reducir la identidad al sexo masculino o femenino va de la mano con el borrador del Plan Familia, del cual no se ha hecho público un documento definitivo. Allí, la familia es definida como el matrimonio de un hombre y una mujer, de preferencia en primeras y únicas nupcias y habla solo de hijos biológicos. Tanto la ley de Registro Civil como el Plan Familia reducen la diversidad sexual al binarismo biológico que incluso la biología ha cuestionado hace tiempo. Se trata de un retroceso masivo con consecuencias graves para la todos los sectores sociales. ¿Qué pasa con las familias con hijos adoptivos, la adopción de personas fuera de pareja, la adopción en familias monoparentales, los derechos de las personas, las parejas y las familias transgénero? Si en este país se ha prohibido el debate en torno a la despenalización del aborto y se tortura a las mujeres con embarazos forzados, ¿por qué atentan contra los derechos de las personas que obligan a nacer en este mismo país? Que nazcan todos, aunque sea de manera forzada, y que nazcan cada vez con menos derechos. Y usted, vaya preparando el mejor ángulo de su sexo para la foto de la cédula.

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