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1 de Junio del 2020
Historias
Lectura: 14 minutos
1 de Junio del 2020
Redacción Plan V
Contagiarse de COVID en una cárcel: el caso del empresario Édgar Arias
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Édgar Arias tenía 68 años cuando fue contagiado de COVID en la cárcel de Ambato. Falleció el pasado 23 de abril. 

Édgar Arias fue uno de los empresarios procesados por el caso Odebrecht. Tenía dos condenas: una por asociación ilícita y otra por lavado de activos. Pero en la cárcel de Ambato se contagió de COVID-19. Su familia contó a Plan V, en una carta, que Arias estuvo nueve días con fiebre y tos, sin que recibiera atención como sospechoso de coronavirus. La cárcel no permitió que se realizara una prueba en un laboratorio externo. El empresario falleció en el hospital de Ambato y entregado en cenizas a su familia.

En los primeros días de enero, el empresario Édgar Arias fue trasladado de la cárcel de Latacunga a la de Ambato. Tenía 68 años y sufría de depresión.

Fue ubicado en el pabellón de mínima Planta Alta Juan León Mera. Estuvo en una celda con cinco privados de libertad en una cárcel con alto porcentaje de hacinamiento. Por la tarde, los internos son encerrados hasta el siguiente día. Es decir, pasan muchas horas compartiendo espacios mínimos, donde deben hacer sus necesidades en un tarro y sin un lavabo para lavarse las manos.

Arias era ingeniero civil. Su familia contó a Plan V, por medio de una carta, que a los pocos días de su llegada a la cárcel, el empresario colaboró en la construcción de una celda. Era un proyecto de autogestión que lo impulsaba el director del lugar, Carlos Manzano.

La celda fue construida con un baño, la primera de toda la cárcel. La familia del empresario dijo que aportó con los materiales necesarios para su terminación.  La celda estuvo lista en febrero pasado.  

La intención de este proyecto, afirmaron sus parientes, era liberar en algo el hacinamiento y trasladar a personas de la tercera edad, las más vulnerables, a esta nueva celda, incluido Arias.

Pero la celda no fue usada sino hasta el 15 de abril, según informó Arias y otros internos a la familia. Ese mismo día, el empresario fue trasladado al Hospital Docente Ambato por su crítica condición de salud. Había sido contagiado de COVID-19.


El 18 de abril se produjo un motín en la cárcel por los contagios que se produjeron. Foto: El Heraldo de Ambato

Vivir con el virus en una celda

Antes de la pandemia, Arias tuvo dos veces síntomas de gripe y congestión, en la cárcel de Ambato. Fue medicado y superó el malestar.

Pero su salud decayó durante la emergencia sanitaria. El 7 de abril,  Arias reportó al médico de turno de la cárcel que tuvo fiebre y una fuerte tos seca durante la noche. También complicaciones para respirar. Se le recetó medicamentos para una gripe.

Pero su tos empeoró. Presentó dolor de garganta y siguió con fiebre. Sus familiares narraron que por esas complicaciones iba todos los días al médico y le informó que tenía problemas para respirar. El profesional de la salud le dijo que se trataba de una gripe y que sus pulmones estaban limpios. Agregó a su diagnóstico que el malestar de Arias se debía a un problema psicológico por las noticias que escuchaba sobre el coronavirus, afirmó su familia.

Por medio de llamadas telefónicas, Arias contó a sus allegados que todos sus compañeros de celda tenían tos y síntomas similares al igual que muchos otros internos del centro. 

La familia habló con el empresario para que pida autorización al centro carcelario para que le puedan tomar una prueba de COVID-19 en un laboratorio privado y autorizado por el Ministerio de Salud. La familia iba a asumir los costos. La petición fue negada de manera verbal tanto por el médico como por el director de la cárcel. Insistieron que el malestar de Arias era producto de una gripe común y de un problema psicológico, refirió la familia.

Arias empeoró su situación el fin de semana del 11 y 12 de abril. Tuvo un fuerte malestar corporal, fiebre y continuó con tos. Al escucharlo mal, la familia le insistió que solicite su traslado a un hospital y que solo le den paracetamol y vitaminas.

Al 10 de abril, Arias empezó con diarrea y sangre al ir al baño. Ya no tenía apetito y perdió los sentidos del olfato y gusto. Para el departamento médico se trató de una irritación estomacal debido a la medicación que estaba recibiendo Arias.

Este mismo viernes, Arias contó a su familia que le inyectaron penicilina y le recetaron otros antibióticos por parte del médico de turno de la cárcel, relataron sus allegados. Aseguraron además que esa prescripción no era recomendable para un paciente con síntomas de COVID-19. En realidad, la OMS ha dicho que aún no hay un tratamiento definido para esta enfermedad.

Arias empeoró su situación el fin de semana del 11 y 12 de abril. Tuvo un fuerte malestar corporal, fiebre y continuó con tos. Al escucharlo mal, la familia le insistió que solicite su traslado a un hospital y que solo le den paracetamol y vitaminas. Eso no fue aceptado por el Centro de Rehabilitación, aseguraron en la carta.

El 13 de abril, Arias pidió ser trasladado a un hospital. El médico no lo consideró necesario porque para él se trataba de una influenza H1N1. Pero el empresario llevaba ocho días con síntomas de COVID-19.

La familia supo que a Arias le recetaron Tamiflu, que sirve para el tratamiento de la influenza A y B aguda y sin complicaciones. Hay ensayos clínicos en marcha para saber sobre su eficacia en pacientes de COVID. Pero la aplicación o no del Tamiflu a Arias no le consta a sus parientes, porque la comunicación se fue deteriorando. 

El 14 de abril, Arias contó que estaba muy mal, que no podía levantarse de su cama. Un día después, el director de la cárcel llamó a la esposa de Arias. Le informó que su esposo estaba siendo trasladado con oxígeno al Hospital Docente Ambato. Ese mismo día, la familia recibió una llamada de Arias. Contaron a Plan V que en esa comunicación, el empresario casi no podía hablar por su condición de salud. Solo pudo decirle a su esposa que se cuide. Ese fue el último contacto.

La mañana del 16 de abril, la familia recibió una llamada del internista de turno del hospital, quien les informó que Arias había sido ingresado a cuidados intensivos y que será conectado a un respirador mecánico por su alta deficiencia respiratoria. Contó que en las radiografías tomadas a los pulmones del paciente estos se encuentran muy comprometidos y que su situación era muy crítica y de alto riesgo.  El internista dijo que el cuadro clínico del paciente muestra una altísima probabilidad de ser un caso COVID-19 y que por lo tanto será tratado bajo el protocolo de salud pública para estos casos hasta obtener los resultados de la prueba.

Después de esa llamada, la familia presentó ante la Corte Provincial de Tungurahua un recurso de hábeas corpus y su audiencia se fijó para ocho días después, es decir para el 23 de abril. Aunque la Constitución establece que esta debe ser convocada en un plazo máximo de 24 horas.

Mientras la familia esperaba la audiencia y Arias estaba la unidad de cuidados intensivos, en la cárcel de Ambato el ánimo estaba agitado. El 18 de abril estalló un motín por los contagios que se habían producido en la cárcel. Quemaron colchones y salieron a los techos de la cárcel. La revuelta fue controlada, pero hubo dos policías heridos. Las autoridades no confirmaron los contagios.

Sobre ese motín, circularon varios videos en redes sociales. Todos filmados con celulares. En uno de ellos, un interno con una mascarilla y un gorro dijo: “nos han venido a dar bala en la cárcel de Ambato”. Se lo ve sujetar el pie ensangrentado de otro preso. En otro video se escucha una voz que dice: “hay un policía apuñalado como podemos ver”. Se observa a un hombre con el torso desnudo siendo atendido por presos. En un tercer video, un preso corre por dentro de las instalaciones de la cárcel durante el motín. Se escuchan gritos y silbidos. Al final, quien graba el video dice: “hasta las mujeres se encuentran amotinadas”.

El 23 de abril se desarrolló la audiencia de hábeas corpus para Arias. Allí se leyó el resultado de la prueba, que confirmó que el empresario tenía la enfermedad. El Tribunal de la Corte Provincial concedió ese recurso al empresario. Pero ese mismo día, ocho horas después de la resolución, falleció.

Por el confinamiento sus familiares no pudieron trasladarse a Ambato. El cuerpo lo retiró una funeraria con su autorización. La familia lo recibió en cenizas.

No hubo protocolos

El 29 de abril falleció un segundo preso por COVID. El testimonio de su familia fue recogido por diario Extra. Era un hombre de 75 años que desde enero esperaba su prelibertad, trámite que se postergó por la pandemia. “Mi papá estaba enfermo de hipertensión arterial y estoy muy dolida porque lo habían trasladado al hospital y nunca tuvieron la gentileza de comunicarnos. Me enteré a los tres días por los amigos de la misma celda que llamaron a contar”, dijo la hija del fallecido al medio. Ella también denunció que su padre no recibió atención médica a tiempo, como sucedió con el caso de Arias.


Diario Extra publicó la historia del segundo preso de la cárcel de Ambato que murió por COVID-19. Aseguraron que nunca les avisaron que fue trasladado a la casa de salud. Foto: Extra

Para la familia del empresario, los médicos del Centro de Rehabilitación Social de Ambato y su Director incumplieron órdenes de la autoridad competente, es decir, no siguieron los protocolos emitidos por el COE Nacional para pacientes con síntomas de COVID-19. Plan V pidió una entrevista con Naranjo y envió un cuestionario. Pero hasta el lunes 1 de junio no llegaron las respuestas del funcionario.  

“Negaron la posibilidad del ingreso al centro carcelario a personal médico calificado para realizar el examen de COVID-19, pese a que este gasto era asumido por la familia”, es otro de sus reclamos. También afirmaron que dentro de la cárcel no se consideró un aislamiento o medidas para disminuir el hacinamiento. “Pese a que se encontraba construida una celda, la cual permanecía totalmente vacía y disponible”.

Según el SNAI, los privados de libertad para esa fecha habían pasado la cuarentena y estaban estables. Confirmó que dos internos fallecieron por COVID.

Los allegados del empresario recogieron testimonios de otros internos quienes les confirmaron que el estado de salud de Arias era crítico durante días antes a su traslado al hospital. “Se supo que el mismo día y también en estado crítico le trasladaron a otro privado de libertad al hospital, quien ingresó también a cuidados intensivos y falleció después de semanas. Esos mismos días se trasladaron a tres privados de libertad más a centros de salud y fallecieron también”.


Desinfección en la cárcel de Ambato tras el contagio masivo. Foto: Twitter SNAI

El 20 de mayo, el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas (SNAI) confirmó que 420 internos se han contagiado de coronavirus, es decir el 70% de la población penitenciaria. El organismo contó que al identificarse la presencia de sintomatología gripal coordinó con el Ministerio de Salud la atención a los presos. Anunció que se harían segundas pruebas para identificar si ya no tienen el virus. Según el SNAI, los privados de libertad para esa fecha habían pasado la cuarentena y estaban estables. Confirmó que dos internos fallecieron por COVID.

Sin embargo, el largo comunicado del SNAI no explicó cómo se produjo el alto número de contagios, el mayor en una cárcel del país. En una entrevista con una radio local, Manzano dijo que un drone sobrevoló la cárcel tomando fotos y que desde el exterior arrojaban cosas hacia la cárcel. “En ese manipuleo pudo haber entrado la contaminación del virus”, manifestó.

Sobre los fallecidos, confirmó que 11 presos fueron enviados a centros hospitalarios, de los cuales ocho fallecieron. De ellos, dos murieron por COVID, tres por sospecha y tres por enfermedades crónicas.

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