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19 de Enero del 2021
Historias
Lectura: 17 minutos
19 de Enero del 2021
Gabriela Rodríguez
Doulas y parteras con trabajo hasta el cuello
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El parto en casa es una experiencia en la intimidad del hogar. Cortesía: Patricia Muñoz.

 

La pandemia ha demandado más trabajo para las parteras y las doulas. No es obligación que estas profesionales atiendan en casa, sino donde la mujer desee tener a su bebé, ya sea en clínicas privadas u hospitales. Debido a la covid-19, las madres deben percatarse que estos centros de salud permitan el ingreso de estas expertas, ya sea que estén certificadas o no.

“El saber que mi doula tiene mucha experiencia de manejo con bebés y que me da palabras de aliento para sentirme segura de que mi bebé va a salir bien después del parto no tiene precio”, resalta Gabriela Salcedo. “Yo di a luz en septiembre a una prematura. Me sentía muy asustada porque estamos en tiempos de covid, pero mi doula supo cómo mantenerme calmada e informada”, agrega.

Cada día, tanto doulas como parteras, tienen miles de mensajes requiriendo sus servicios o información sobre el parto en casa o el parto humanizado en hospitales. Las madres han acudido frecuentemente al parto en domicilio porque no querían poner ni un pie en el hospital al estar aterradas de un posible contagio. “Desde que comenzó la pandemia, yo nunca paré de trabajar. Desde el día uno cuando anunciaron el toque de queda tuve partos”, indica la doula, Patricia Muñoz. “Hasta la fecha llevo acompañando en 28 partos y sigo con mucho trabajo por delante”, añade.

Las doulas forman parte del acompañamiento emocional de una madre, pero la idea es que no sean un reemplazo del padre. Antes de que el virus azote al mundo, las doulas tenían la libertad de entrar a los quirófanos para acompañar a la madre, pero a medida que el virus iba cobrando más vidas y aumentaban los contagios, fue coartado el acompañamiento de la doula y del padre y la madre entraba sola. “Esa parte fue súper fuerte porque tenían mucho temor de ir a dar a luz solas y por eso muchas parejas cambian de hospital”, explica Muñoz.

El lado positivo de la pandemia

La covid-19 ha beneficiado a las parteras porque visibilizó y resaltó su trabajo. “En estos duros meses, el sistema de salud nacional abandonó a las mujeres en gestación. Las dejó literalmente a un lado”, indica la partera, Soraya Barragán. “Ellas llamaban para sacar citas y decían que no había. Al no sentir que había alguien que las podía mirar, escuchar, revisar, tocar, etc., estas mujeres empezaron a mirar y acudir a las parteras y a las doulas”, agrega.

Varias parteras como Katia Salas, Martha Arotingo y Soraya Barragán, que son tres de las 2103 parteras ancestrales-tradicionales, han atendido alrededor de 20 partos cada una desde marzo de este año. Lourdes Rojano, más conocida como la partera del sur de Quito, expone: “Yo estuve en el área de salud de maternidad en Chimbacalle y si no van con una hoja de referencia no atienden a las madres. Mientras tanto, el parto les pasa y por eso hay muchas muertes de niños y madres”.

 

 

Estas profesionales trabajan duro para empoderar a la mujer. Para Barragán, el miedo y el descontento fueron puntos clave para llegar a esta meta. “Muchas mujeres que les hicimos el acompañamiento y la preparación durante la pandemia -no todas parieron en casa- fueron muy empoderadas a sus partos. Unas dieron partos en las salas de emergencia, otras dieron en cuclillas en las camillas, etc.”, explica Barragán. La partería se diferencia de la atención de un médico o servidor de la salud porque manejan los cuatro cuerpos: corporal, emocional, mental y espiritual. 

“Nuestro oficio no es solo llegar, sobar y decirte que está bien; va más allá”. Soraya Barragán, partera.

Trabajo en equipo y apoyo profesional

La gran necesidad de las mujeres por tener un parto seguro permitió que nazca un nuevo colectivo llamado Red Ecuatoriana de Atención al Parto (REAP) que hasta el momento cuenta con 67 miembros. Muchas parteras urbanas y tradicionales, doulas, obstetras, ginecólogos y todos los que están inmersos en el proceso del parto, crearon REAP para enlazar fuerzas y apoyarse durante la pandemia porque aumentó su demanda.

A pesar de que la pandemia ha sido la mejor excusa para unir fuerzas entre profesionales, Patricia Muñoz ha decidido no trabajar con parteras y optar por obstetras. “Son tres años que no he acompañado partos con parteras como tal, sean ancestrales, tradicionales, certificadas o urbanas, porque tuve muchas malas experiencias y no me siento tan segura”, explica.


Recien nacido después de parto lotus en casa. Cortesía: Patricia Muñoz

En los últimos meses, Muñoz solo ha trabajado con obstetras o ginecólogos. Estos partos han sido en clínicas para evitar el contagio en los hospitales o porque no está permitido que las doulas o las parteras ingresen. Sin embargo, antes de la pandemia, la empresa de doulas de Patricia hizo un convenio con el Hospital de los Valles para tener el servicio de doula en el paquete de parto. Actualmente, “por disposición de la Dirección Médica, mientras dure la pandemia el paquete no se ofrece con Doula para cumplir los protocolos de bioseguridad y evitar que circule gente que no es del hospital”, indica María Isabel Terán, jefa de servicio al cliente. Sin embargo, esperan retomar el acompañamiento de doulas cuando termine la pandemia. Según Muñoz, decidieron quitar el paquete porque “no encontraron que fuera esencial durante la pandemia, a pesar de que muchas mamás mandaron mensajes pidiendo acompañamientos de doulas”.

Gracias a la pandemia, este trabajo se ha dado a conocer, pero de igual manera, los centros de salud y los médicos le han cerrado las puertas porque no conocen sus beneficios o porque existe falta de profesionalismo por parte de doulas y parteras.

Desgraciadamente, “las doulas en el país, o al menos con las que he tenido contacto, se han tomado atribuciones que no les corresponde. Muchas cuestionan las decisiones médicas y por tanto influyen e indisponen a la paciente”, afirma la ginecóloga, Margarita Cruz.

“Una Doula debe acompañar y ayudar a una paciente en su labor de parto, más no emitir criterios médicos que no le corresponden ni tiene la preparación para ello”.  Margarita Cruz, ginecóloga.

Parto en casa y posible rebrote

Solamente se pueden realizar partos en domicilio cuando el embarazo es de bajo riesgo y algunas parejas eligen esta opción por tener esta experiencia en la intimidad de su hogar.  Sin embargo, “debido a que 1 de cada 9 partos puede requerir un hospital, siempre es necesario optar por la opción de un centro de salud lo más cercano a donde se realice el parto”, indica Marcelo Chico, ginecólogo y obstetra. 

 

Según la Subsecretaría Nacional de Promoción de la Salud e Igualdad del Ministerio de Salud Pública, no existen datos referentes al aumento de partos en casa debido a la covid-19. No obstante, en el primer trimestre del año 2020 se atendieron 49.724 partos normales -vaginales- en los establecimientos del Ministerio de Salud Pública (MSP), es decir, un 10% menos que en el mismo periodo del año 2019. Eso no quiere decir que los partos en casa incrementaron.

A pesar que desde el 2012 hasta el 2018 existió una disminución importante del 2,1% de los partos en domicilio, en los últimos meses del 2020, madres de todo el país han optado por el servicio de las doulas y parteras con más frecuencia. 

“Yo decidí tener mi parto en casa por miedo a los hospitales. Por desgracia me contagie de covid e hice lo posible para curarme porque estaba preocupada por mi bebé”, expone Valeria Felix. Al querer un parto en casa necesitaba los servicios de una partera, ya que no me arriesgaría a dar a luz por mi cuenta”, añade.

 

Hay factores que se deben tener en cuenta para ser buena candidata para tener un parto en casa, pero si hay una condición médica durante o antes del embarazo es mejor buscar otra opción. “Lo complicado es encontrar un ginecólogo que se atreva a hacer partos en casa, porque no hay muchos con esa experiencia. Es difícil que salgan de su zona de confort, pero ahí es donde nosotras como doulas entramos en el tema emocional y las parteras en la parte holística y natural y de que realmente el parto es un proceso y un acto biológico”, explica la doula, Nataly Ponce.

El parto en casa puede ser una forma de protegerse de un posible contagio, pero ¿qué pasa si hay complicaciones? No todos los ginecólogos están de acuerdo con los partos en domicilio porque, si surge algún contratiempo, se necesitará de asistencia hospitalaria, sangre para el bebé o la madre, un quirófano y materiales que no se encuentran en casa. “En esta época en la que se puede evitar tanto la muerte materno fetal, arriesgarse por tener un bebé en casa es una práctica con la que no estoy de acuerdo y que no realizó”, asegura la ginecóloga Cruz. 

 

Según la doula Muñoz, la violencia contra la mujer ha incrementado porque los médicos han infundido miedo para realizar cesáreas innecesarias, “por eso muchas han optado por dar a luz en la casa, que se supone que es un lugar más seguro”. El desconocimiento y el miedo por la pandemia “ha conducido a un mayor número de intervenciones como la cesárea y además de prohibiciones de acompañamiento en el momento del parto”, explica obstetra Chico.

Las cesáreas se volvieron una forma de despachar rápido a las mujeres de los quirófanos, por eso muchas parteras tienen miedo de una segunda ola de contagios masivos. “Si viene el rebrote, van a realizarse más cesáreas. No les van a dejar ir a parto vaginal porque van a querer sacarles rápido del hospital. Si ahora se están violando muchos derechos y muchas mujeres fueron a cesárea, no se diga si hay otro rebrote”, expresa Barragán.

Dificultades en pandemia

El tema del transporte ha sido un impedimento para que las parteras realicen su trabajo. “Las dificultades más grandes son la movilización y la disponibilidad de materiales e indumentaria pues se volvieron muy costosos”, explica Martha Arotingo, partera tradicional de Cotacachi. Asimismo, para la partera Katia Salas, “contener a las mamás y familias por la tensión y miedo que generó la pandemia” fue lo más complicado de la situación.

Para las doulas, una de las cosas más difíciles fue no poder acompañar a las mujeres en su labor de parto. “Por el tema del distanciamiento, muchas veces no pude entrar con las mamás a sus partos”, aclara Muñoz. Además, su colega Nataly Ponce explica que “por motivos del nuevo aislamiento, no pude acompañar a la madre con la que trabajé durante muchos meses”. Ponce solo pudo mirar la foto de la madre con mascarilla mientras daba de lactar al hijo y entre anhelos pensar “que esa es la descripción gráfica de tener un bebé en pandemia”.

A pesar de estar acompañadas de profesionales, para las madres fue complicado el parto. “En sí, dar a luz duele muchísimo. A eso súmale estar preocupada y tener miedo de que lo que tanto te costó crear en tus entrañas se enferme con un virus que ha ocasionado muchísimas muertes en menos de un año”, explica Felix.

“Creo que lo más difícil es controlar el miedo provocado por tus propios pensamientos''.  Valeria Felix, madre.

La certificación

Hasta el momento, no existe ningún programa de certificación del MSP para doulas. En el país, existe solamente una escuela llamada CAPPA Latinoamérica ubicada en Guayaquil. De acuerdo a programas y cursos dictados en el país para doulas, se estima que hay alrededor de 500 mujeres que se han acreditado, pero no todas ejercen la profesión. Algunas solamente han hecho cursos de cinco días y “mienten que tienen mucha más experiencia porque la gente no investiga”, explica Patricia Muñoz.

Desde el 2016 el oficio de la partería está siendo certificado por el MSP siguiendo varios requerimientos como tener mínimo diez años de experiencia en la partería ancestral, ser una persona reconocida por su comunidad, tener liderazgo en la comunidad, hablar el idioma local, entre otros requisitos. Además, para inscribir a un bebé y tener las hojas de nacidos vivos, se necesita tener esta acreditación.

Según el MSP, hay 1351 parteras certificadas y hasta el 2021 se espera certificar a 1700 más que están en proceso, a lo que se sumarán 100 “taitas parteros”. Barragán discrepa con esta cifra: “Si preguntas a las demás parteras, más del 70% de las parteras tradicionales no tenemos el certificado del MSP. Son muy pocas las que tienen”.

La articulación 00000070, que se elaboró para reducir la mortalidad materna y neonatal y certificar a las parteras, en el punto 9.4, habla sobre la retribución ranti- ranti, que es una especie de trueque que se hace en varias comunidades. “Nosotros en Cotacachi cobramos por nuestro servicio, pero depende de la persona, situación y del contacto, pero aceptamos ambos métodos de pago: trueque o dinero”, aclara Arotingo. El ranti-ranti aumentó bastante en la pandemia “porque la mayoría de las madres no podían costear el servicio de parto y muchas parteras decidimos cobrar 50% pago en efectivo y 50% trueque porque es eso o cobrar menos”, indica Barragán.

Las parteras urbanas o las tradicionales inmersas en la ciudad no pueden cobrar una gallina por el pago de su trabajo porque no les alcanza para vivir de ello. Soraya aclara que “en varias capacitaciones del MSP, nos advertían que nosotras no estamos permitidas cobrar por nuestro oficio, pero entonces ¿de qué vamos a vivir, del aire? Nuestro trabajo debe ser remunerado porque hacemos lo mismo que una obstetra y a ella sí le pagan, ¿por qué a nosotras no?”

“Muchas obstetras han corrido la voz de que no nos pueden pagar y llegan las usuarias a querer que les atendamos gratis porque la obstetra le dijo y eso es discriminación y desigualdad hacia nosotras”.  Soraya Barragán, partera.

Según Arotingo, “a muchas parteras en Otavalo las tuvieron trabajando sin remuneración y me imagino que así pasó también en varios territorios”. Además, explica que lo positivo del carnet es que “da un poco más de autoridad”, pero que ellas también son avaladas por la Unión de Organizaciones Campesinas de Cotacachi (UNORCAC) y ese es el posicionamiento que necesitan en su comunidad. Muchas de las parteras no han visto ventajas en esta certificación, así que prefieren no tenerla y seguir su propio camino entregando formas de consentimiento informado para seguir haciendo su labor en los partos en casa.

Según esta articulación, en el punto 10, las parteras no van a ser remuneradas monetariamente por su trabajo por el MSP, si no remuneradas con capacitaciones continuas donde se asegure la movilización. También se donarán insumos para realizar las visitas domiciliarias y en casos de parto inminente, la partera contará con un set de dispositivos médicos. Si es así, ¿de qué van a vivir en tiempos de pandemia, cuando su trabajo es requerido, pero no pueden cobrar por él?

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*Gabriela Rodríguez es estudiante de periodismo de la Universidad San Francisco. 

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