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5 de Octubre del 2021
Historias
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5 de Octubre del 2021
Redacción Plan V
El alcohol, una adicción que se mantuvo en la pandemia
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En Quito, las sustancias que más se consumieron en la pandemia fueron el alcohol, el tabaco y la marihuana, según los resultados de un estudio preliminar. Aunque en el confinamiento hubo una disminución de su consumo, con excepción de la marihuana. El alcohol es el origen de problemas sociales como los accidentes de tránsito o la violencia intrafamiliar, según expertos. En el país, hay un solo centro que trabaja en la prevención de la adicción de drogas.


Si hablamos de adicciones en Ecuador, el alcohol es una de las más preocupantes. Lo dicen el Ministerio de Salud e investigadores independientes. Y en la pandemia no fue la excepción. Aunque hay pocos estudios sobre este fenómeno en la pandemia en el país, los datos empiezan a salir.

En Quito, las sustancias que más se consumieron en la pandemia fueron el alcohol, el tabaco y la marihuana, según el estudio Uso de las drogas y pandemia. Esta fue una investigación de Betul Rojeab y Gabriela Hernández, psicólogas y docentes universitarias, y de Estéfano Viteri, ingeniero matemático, que pertenecen al Grupo de Investigación e Intervención sobre Drogas del Ecuador. El equipo hizo dos encuestas, una en julio de 2020 y la otra hacia junio de este año. El estudio tuvo una muestra de 430 participantes, la mayoría entre 18 y 35 años.

Según sus resultados preliminares, que los presentaron el pasado 30 de septiembre en el congreso organizado por la Sociedad Europea para la Investigación de la Prevención, en el confinamiento hubo una disminución del consumo de estas drogas, con excepción de la marihuana. Por ejemplo, en el consumo del alcohol antes de la pandemia era del 87%, mientras que la cuarentena bajó al 61% y después en los meses de distanciamiento social, subió al 78% desde julio pasado aunque no llegó a ser tan alto como antes de la pandemia.

Uno de los aspectos que los investigadores analizaron es el consumo excesivo de alcohol. “Es el consumo que uno hace en un periodo corto de tiempo, pero en grandes cantidades. Es lo que se hace en los fines de semana, por ejemplo. Se considera que es un consumo intensivo cuando son cuatro o cinco bebidas o más en una mujer, o cinco o seis en un hombre”, explica Rojeab. Según sus resultados, durante el confinamiento las personas que participaron en la encuesta no hicieron este tipo de consumo, algo contrario a lo que esperaban los investigadores.

¿A qué se debe esto? Rojeab afirma que la mayoría de los participantes eran jóvenes y vivían con sus familias en el confinamiento. “Al estar dentro del entorno familiar eso se convirtió en un factor protector. Ya no salían a bares o discotecas y por eso baja el consumo. Muchos fueron a vivir con sus familias. Esa es la hipótesis que tenemos”. La psicóloga aclara que hay que tomar en cuenta que la muestra abarca a jóvenes universitarios.

Las personas no tenían el mismo patrón de consumo excesivo de alcohol que en la pre pandemia, dice el estudio. Esto apoya la idea -agregan- de que la pandemia e incluso las medidas de confinamiento afectaron el uso de sustancias, ya sea debido a las costumbres adquiridas en la pandemia o debido a problemas económicos, sociales o logísticos relacionados con el consumo de sustancias.

La marihuana, en cambio, sí registró un aumento: del 36% que había antes de la pandemia subió al 41% desde julio. En ese sentido, otro hallazgo de los investigadores es el aumento del cultivo personal de la mariguana del 5% al 9%. Esto, dicen los expertos, posiblemente esté relacionado con la dificultad de obtener sustancias ilícitas.

Rojeab resalta que la mitad de los encuestados no tuvo problemas económicos ni laborales. “Eso es llamativo porque no es la realidad de la mayoría de las personas”. Pero la otra mitad sí reportó que fue despedido, o le redujeron el sueldo y empezó a depender de otra persona. La investigadora añade que encontraron una relación: las personas que tuvieron problemas familiares por el consumo también presentaban dificultades laborales o económicas.

Otra revelación es que el 16% de la muestra experimentó violencia durante la pandemia, de la cual la mayoría fue violencia psicológica y perpetuado por la pareja sexual o sentimental. “Les preguntamos si creían que esto estaba relacionado con el consumo, pero es un tema más estructural. No es el alcohol o las drogas las que producen la violencia, sino es algo más estructural”. En Ecuador, el ECU 911 atendió 109.124 emergencias por violencia intrafamiliar en el 2020, una cifra cercana a la registrada en el 2019, que fue de 118.841.

“No es la causa pero sí exacerba la violencia”, manifiesta la investigadora acerca del impacto del consumo de alcohol en la sociedad. Ignacia Páez, responsable del Proyecto de Creación e Implementación de Servicios de la Red de Salud Mental Comunitaria del Ministerio de Salud, cree que el alcohol es la principal droga que debe preocupar al país. En una entrevista con PlanV, Páez sostuvo que el alcohol es el origen de los problemas en la calle, de la violencia intrafamiliar y de los accidentes de tránsito.

En Ecuador, conducir bajo la influencia de alcohol, otras drogas o medicamentos fue la cuarta causa de accidentes de tránsito en 2020 y también la cuarta causa de las lesiones ocasionadas en los percances en las vías. No es posible conocer cuántas riñas se deben a su ingesta. El ECU 911 no tiene ese detalle, pero en el 2020 registró 182.214 escándalos públicos, aproximadamente 20.000 incidentes menos que en el 2019.

Un único centro para la prevención

El Ministerio de Salud tiene 12 centros con 450 camas disponibles para el tratamiento a personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas. De ellos, cuatro son para adolescentes hombres y uno para adolescentes mujeres, con edades entre 12 y 17 años. Los otros siete atienden a adultos hombres. En la actualidad, 146 personas están siendo tratadas en esos centros, de acuerdo a los datos de Salud.

Pero, ¿cuántos centros existen para la prevención? Raúl Silva, quien está al frente del Sistema Integral de Prevención de Adicciones de Quito (SIPAQ), dice que solo existe uno. Y este se encuentra en las mismas oficinas de esta institución, ubicada en una antigua casa patrimonial del sector La Ronda, en el centro de Quito. Lameta de los profesionales de este lugar es evitar que las personas con problemas de estrés, angustia u otras aflicciones se conviertan en consumidores problemáticos de drogas.


El SIPAQ es el primer lugar para la prevención de las adicciones en el país. Está ubicado en La Ronda, en el Centro Histórico de Quito.

Este proyecto inició en el 2019, pero la casa abrió desde junio de 2020 cuando se levantó el confinamiento. Silva recuerda que la edad de inicio de los consumidores de alcohol es a los 13 años. “Para hacer un proceso exitoso de prevención, tenemos que comenzar al menos dos años antes, tenemos que tener incidencia en los más niños”, afirma.

El alcohol, al ser una droga socialmente aceptada y legal, no se ve como un problema, explica el experto. Agrega que las campañas que han realizado para reducir riesgos y daños no son entendidas. Por ejemplo, sugieren que en las fiestas se tome agua y se coma para prevenir una intoxicación más rápida.


Imágenes de los grupos y actividades que se realizan en el centro. 

Pero en la pandemia, el papel del alcohol ha sido otro. “Puede aparecer como algo que ayuda a sostener el sufrimiento psíquico. El alcohol no solo es una estrategia de celebración, sino funciona para tramitar otros malestares”, afirma el experto. En el pos confinamiento se registraron 2.295 trastornos mentales y del comportamiento debido al uso de sustancias, lo que implica un aumento del 4,1% respecto al 2020, según el Proyecto de Prevención Integral de Adicciones del Ministerio de Salud.


Los usuarios del SIPAQ pueden asistir a clases de bailoterapia o ser parte de proyectos productivos, que tienen el objetivo de mejorar su salud mental. Fotos: Municipio  de Quito

“El alcohol es una droga muy potente, un depresor del sistema nervioso central. En el primer momento de la ingesta hay un momento de euforia. Pero después de unas horas, aparece la confusión, la irritabilidad, la desmotivación, eso es parte también de portar la intoxicación”, menciona Silva.

Este lugar de prevención tiene una sala donde se reciben a los usuarios, allí se hace una primera intervención en caso de crisis y se entrega información. También pueden comunicarse al 0984357873, la línea de Quito Escucha. SIPAQ tiene cuatro consultorios para la atención presencial y uno es para asistencia virtual. Entre agosto de 2020 y enero de 2021 realizaron 33.040 intervenciones.

El mercado de bebidas alcohólicas en Ecuador

Según los datos que conoce SIPAQ, hubo una disminución del consumo de bebidas como la cerveza debido al confinamiento, pero se registró un incremento en el consumo de otras bebidas como el aguardiente sin registro en los jóvenes de la ciudad de Quito.  

En Ecuador, la cerveza es la bebida alcohólica que más se consume. Representa el 96% del mercado global de este tipo de bebidas en el país. Un reporte de Euromonitor International informó que el 81% de la cuota de mercado cervecero lo tiene la Cia. de Cervezas Nacionales (CCN), que es representante de las marcas Budweiser, Club, Corona y Stella. Un 11% del mercado lo tenía Cervecería Nacional, a cargo de Pilsener. Esta empresa fue comprada por CCN.

La fusión entre CCN y Cervecería Nacional creó el mayor conglomerado cervecero del país. La empresa que opera bajo la multinacional AB Inbev tiene ventas que superan los 500 millones anuales. Desde 2007 es el actor que ocupa casi la totalidad del mercado cervecero ecuatoriano. Le sigue Heineken con un 3% que adquirió la distribución de Biela, Brahma y Dorada.

En la pandemia se registró un incremento en el consumo de otras bebidas como el aguardiente sin registro en los jóvenes de la ciudad de Quito.

El tamaño actual del mercado de la cerveza ecuatoriana es de unos 6 millones de hectolitros al año. De acuerdo a los reportes del organismo en 2020, el comercio de cerveza sufrió un descenso a causa de la pandemia y la disminución de capacidad adquisitiva, aunque se reportaron aumentos en ventas de minoristas. A esto se sumaron las restricciones a restaurantes y bares. A pesar de esto el estudio pronostica un crecimiento en las ventas desde el siguiente año para la industria cervecera.

En el 4% restante del mercado de bebidas alcohólicas está el aguardiente, el whisky y los licores secos. La provincia que domina su producción es Azuay, lugar del aguardiente ecuatoriano. Según el Observatorio del Cambio Rural en Ecuador, el 70% de los licores nacionales son abastecidos por las industrias azuayas. Entre ellas están Corporación Azende, Embotelladora Azuaya, Fábrica Cósmica y Ron San Miguel. El organismo afirma que el 30% restante se debe a la producción de caña de azúcar y que viene principalmente de 40 empresas entre Guayaquil, Riobamba y Manabí.

De acuerdo con un reporte de Euromonitor, Azende controla el 14%; Embotelladora Azuaya, el 10%; y Almacenes Juan Eljuri, un 7% de bebidas alcohólicas que no son cervezas. Las tres empresas son quienes mayores cuotas de mercado tienen, aunque un 69% del mercado es controlado por distintas empresas.

La Dirección de Estudios de la Cámara de Industria de Guayaquil (CIG) recopiló algunos datos relevantes del Banco Central sobre la industria de las bebidas alcohólicas: la industria de bebidas en general representa 3.529 millones, de cuyo total las bebidas alcohólicas ocupan un 61%. Además, el mercado de bebidas alcohólicas se compone en un 91% de productos locales y un 9% de importaciones.

 

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