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27 de Enero del 2022
Historias
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27 de Enero del 2022
Redacción Plan V
El costo de la violencia contra las mujeres en la universidad supera los 68 millones anuales
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El estudio afirma que 19 de cada 100 docentes o administrativas fueron agredidas por algún integrante de la comunidad universitaria. Foto referencial: Luis Argüello. PlanV

 

Un estudio inédito revela el impacto de este tipo de violencia en la universidad, siendo las estudiantes con alguna discapacidad o LGBTIQ+ las más afectadas. Estas situaciones causan ausentismo y bajo rendimiento académico. En promedio, las estudiantes pierden entre 9,94 y 27,15 días anuales, y los docentes, entre 5,43 y 25,7 días anuales.


En la universidad, el agresor principalmente fue un estudiante o un profesor; una comunidad universitaria que no actúa y acepta implícitamente la violencia; o la escasa orientación que existe a las estudiantes en este tema son algunas de las revelaciones de una investigación inédita en Ecuador y en América Latina, publicada este 26 de enero. Se trata del estudio “De la evidencia a la prevención. Cómo prevenir la violencia contra las mujeres en las universidades ecuatorianas”, elaborado por el programa Prevenir la violencia contra las mujeres (PreViMujer) de la Cooperación Alemana, implementada por la GIZ en Ecuador. Este informe hace una disección de este problema y sus impactos en las vidas de los miembros de la comunidad universitaria. Para ello, realizó encuestas a estudiantes, docentes y personal administrativo de las principales carreras profesionales de 16 universidades con 22 sedes en Azuay, Guayas, Bolívar, Pichincha, Chimborazo, Cotopaxi, Santo Domingo de los Tsáchilas, Esmeraldas, Manabí, Napo, Carchi y Tungurahua. El estudio tiene 244, pero estos son algunos de sus principales hallazgos.

El estudio “De la evidencia a la prevención. Cómo prevenir la violencia contra las mujeres en las universidades ecuatorianas” tiene 244 página. Ver PDF

1. La violencia mientras estudias. Aproximadamente 34 de cada 100 estudiantes mujeres fueron agredidas por sus parejas o exparejas, al menos una vez en su relación, desde que estuvo estudiando en la universidad. Esta cifra aumenta en mujeres con alguna discapacidad (41 de cada 100 mujeres) y en estudiantes LGBTIQ+ (45 de cada 100).

2. Agresores dentro del campus. El informe revela que 31 de cada 100 estudiantes mujeres fueron agredidas por algún integrante de la comunidad universitaria. Es decir, por un estudiante, profesor, administrativo o personal asociado a la universidad. “De todas las estudiantes mujeres que han sido agredidas, el acoso fue la modalidad más habitual (20%), seguido del acecho (19,7%), el ataque psicológico (13,9%), el abuso sexual (9,1%), la violencia física (5,9%), y la violencia económica (4,8%)”, agrega. De la misma manera, este indicador aumenta en las mujeres con alguna discapacidad (39 de cada 100). En estudiantes LGBTIQ+ –que completaron el cuestionario de mujeres– la cifra fue 43 de cada 100; aquellos que respondieron el cuestionario de hombres fue 45 de cada 100. Estas situaciones también aumentan su probabilidad de faltar, llegar tarde o mayor presentismo.

3. Las estudiantes agredidas faltan más. Según el informe, “en comparación con las estudiantes no agredidas, las estudiantes agredidas tienen mayor probabilidad de faltar a la universidad principalmente por peleas o discusiones con algún familiar o pareja”. También se ausentan porque alguno de ellos no las dejó ir o les impidió ir a estudiar, no contaban con dinero para movilizarse y por otras razones personales o familiares. Estas estudiantes tuvieron más probabilidad de llegar tarde. Además, tienden a sufrir más distracción, agotamiento, cero productividad y negligencia, fenómeno conocido como presentismo, explica el estudio.

4. Los estudiantes agresores también faltan. El estudio dice que no solo las estudiantes agredidas tienen mayor probabilidad de faltar a la universidad, sino también los estudiantes agresores. Ellos tienen mayor probabilidad de faltar a la universidad principalmente por peleas o discusiones con algún familiar o pareja, porque alguno de ellos no les dejó ir o les impidió ir a estudiar, porque no contaban con dinero para movilizarse, y para atender temas legales, financieros o personales (ir a juzgados, comisarías, trámites documentales, etc.). También tienen más probabilidad de llegar tarde y otras consecuencias como la dificultad para concentrarse en estudios, tareas o exámenes, disminución de su rendimiento académico, sentimientos de impotencia y desesperanza, pérdida de interés en actividades diarias.

El informe revela que 31 de cada 100 estudiantes mujeres fueron agredidas por algún integrante de la comunidad universitaria.

5. Acoso y acecho contra las profesoras. Según la investigación, 30 de cada 100 mujeres docentes o personal administrativo ha sido agredida, en algún momento de la relación, por parte de su pareja o expareja. Mientras que 19 de cada 100 docentes o administrativas fueron agredidas por algún integrante de la comunidad universitaria. De este último grupo, el acoso fue la agresión más habitual (11,6%); seguido del acecho (10,7%); el ataque psicológico (8,2%); el abuso sexual (3,7%); la violencia económica (1,9%); y la violencia física (1,8%).  Este personal tiende a faltar más ya sufrir más distracciones, agotamiento, cero productividad, siniestralidad.

Además, el 49,7% de mujeres docentes o personal administrativo ha atestiguado episodios de violencia por razones de género dentro del campus universitario. Mientras que el 44,3% de hombres docentes o personal administrativo ha atestiguado estos episodios dentro del campus universitario.

6. En la universidad, el agresor principalmente fue un estudiante o un profesor. De todas las estudiantes agredidas por algún integrante de la comunidad universitaria, desde que empezaron a estudiar, el 44,8% afirmó que el integrante que perpetró las agresiones fue un estudiante, amigo, compañero o conocido, también universitario; y el 15,5% señaló que el perpetrador fue el profesor del curso. El 31,6% del personal docente y administrativo están involucrados en situaciones de este tipo de violencia, ya sea como agredidas o agresores, concluye el estudio. Entre las consecuencias directas de estas agresiones están los sentimientos de impotencia y desesperanza, desconfianza y aislamiento de la gente; dificultad para concentrarse en sus estudios, tareas y exámenes; temor o preocupación por su seguridad; y disminución de su rendimiento académico.

Por otro lado, el estudio revela que “los estudiantes hombres que estudian en las facultades de ciencias económicas y empresariales, en las facultades de ingenierías, técnicas y ciencias básicas, y que además se encuentran en ciclos superiores, tienen mayor probabilidad de perpetrar algún tipo de violencia en contra de sus parejas o exparejas”.

7. Agresiones en el campus universitario. El 11,4% de estudiantes agredidas señaló que los ataques se produjeron en el campus de la universidad, específicamente en calles aledañas o entradas, en un espacio al aire libre o recreativo dentro de la universidad o en la residencia universitaria. Un 74,5% dijo que la violencia ocurrió en lugares privados.

8. Una comunidad universitaria que no actúa y acepta implícitamente la violencia. La investigación halló que alrededor del 47,1% de estudiantes y 43,9% de docentes aceptan implícitamente la violencia de género. Eso explica, dice el autor, por qué el 64,4% de estudiantes y el 58,2% de docentes no intervienen cuando atestiguan este tipo de situaciones en sus compañeras o estudiantes. El 31% de los estudiantes hombres dijo que ha visto a alguien de la comunidad universitaria (estudiante, profesor, administrativo, autoridad, personal de limpieza, etc.) acechar insistentemente a una estudiante.

Otro dato que resalta el estudio es que de cada 100 estudiantes mujeres que dicen rechazar la subordinación de género y la violencia de este tipo, solo 39 en verdad lo hacen, pues 61 las acepta implícitamente. Esto es más evidente en las estudiantes agredidas en comparación con las que no sufrieron una agresión. “Esta justificación se produce naturalizando el rol agresivo e incontrolable del hombre en el sexo, normalizando la subordinación sexual de las mujeres hacia los hombres y desacreditando las denuncias”, dice el informe.

9. El millonario costo de la violencia. Uno de los principales hallazgos del estudio tiene que ver con el impacto económico por las faltas o baja de rendimiento académico por este tipo de violencia. Uno de sus resultados es que las estudiantes pierden en promedio entre 9,94 y 27,15 días anuales, y los docentes, entre 5,43 y 25,7 días anuales. Es muy probable que estos días perdidos representen un enorme costo invisible para las universidades, dice el informe, que puede llegar a los 68,8 millones de dólares anuales, valor monetario de 3.664.409 días perdidos de 252.429 estudiantes y docentes afectados por la violencia contra las mujeres.

10. Pocas pidieron ayuda a la universidad.  Solo el 2,7% de estudiantes agredidas por sus parejas o exparejas y solo el 3,7% de estudiantes agredidas por miembros de la comunidad universitaria pidieron ayuda a la universidad. En ambos casos, la gran mayoría no solicitó ayuda en estos centros sobre todo porque no sabían a dónde ir o a quién recurrir; pensaba que no era tan serio para reportarlo; o se sentía avergonzada, temerosa o culpable. Las estudiantes agredidas manifestaron que les contaron a sus amigas o amigos sobre la violencia vivida, a sus familiares y hubo entre un 25% y 26% que no le contó a nadie.

11. Sin orientación en la universidad. El 64,2% de las estudiantes mujeres dijo no conocer si en la universidad hay políticas, directivas o protocolos para atender los casos de violencia basada en género. Ese mismo porcentaje afirmó que no sabe dónde obtener ayuda en la universidad si alguna vez ella o una amiga experimentasen violencia por parte de sus parejas o por alguien de la universidad. Asimismo, el 69,2% de estudiantes mujeres señaló que no han recibido orientación, capacitación o información sobre violencia contra las mujeres por parte de la universidad.

 

 

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