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3 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 16 minutos
3 de Noviembre del 2014
Redacción Plan V
El desafío de la salud ecuatoriana frente al ébola

Foto: zoomnews

Un diario alemán calculó en USD 2.5 millones el costo de atender a un solo paciente de ébola, siendo lo más costoso la unidad de contención y la terapia intensiva de tres o cuatro semanas. 

 

En el Pablo Arturo Suárez de Quito, un hospital avaluado en USD 20 mil y al que sus médicos calificaron como hecho de remiendos, se implementaría un espacio para atender la emergencia del ébola, cuando se estima que los costos por paciente son de USD 1000 por hora. Un experto cuestiona las medidas de bioseguridad en el país y advierte sobre la falta de preparación.

La pandemia empezó en África. Al igual que otros virus, el virus del ébola parece haberse contagiado a los humanos desde los animales salvajes de las praderas africanas. En el caso del mortífero virus, cuyo contagio amenaza al mundo, se cree que fue un explorador francés quien,en contacto con murciélagos en una cueva ubicada en las cercanías del río Ébola, fue el primer humano infectado por lo que se identificó, ya en los años 70 del siglo pasado, como una enfermedad con muy alta mortalidad y muy pocas esperanzas. 

La semana anterior, representantes de 32 país de América, reunidos en La Habana, Cuba, advirtieron sobre el riesgo de que el virus llegue a nuestro continente y afecte a las poblaciones de América Latina. "El riesgo es real", dijo Sylvain Aldighieri, responsable de respuesta ante el ébola de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), durante la reunión de expertos, a la que asistieron también delegados de los Estados Unidos. 

Según una portavoz de la Organizacion Panamericana de la Salud el riesgo de que el ébola llegue a América Latina es real. 

La funcionaria de la OPS dijo que se debe "fortalecer estas capacidades (de respuesta ante la epidemia) son una responsabilidad nacional, que va más allá del sector de la salud". Las medidas que se recomendaron en la reciente reunión, según destacó la experta de la OPS Waleska de Andrade pasan por observar a "las personas provenientes de países de alta transmisibilidad y de ser necesario, deben ser aislados en instalaciones establecidas específicamente para tratar los casos de ébola".

Los delegados de los países, entre estos, los del Ecuador, explicaron las medidas tomadas para enfrentar eventuales casos de ébola en su territorio. Si bien las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, en una circular remitida a los responsables de salud del mundo, recibida por el Gobierno del Ecuador el 17 de septiembre de 2014,  no incluyen el cierre de fronteras, ni limitaciones al comercio internacional, y hace más bien un llamado a adoptar medidas para prevenir el contagio del virus.

Según ha informado el Ministerio de Salud, las medidas que se han tomado, siguiendo las recomendaciones internacionales, son establecer controles en los aeropuertos y adecuar espacios para atender eventuales casos de ébola en nuestro país. Concretamente, el Ministerio, escuetamente, informó que ha adecuado espacios para el aislamiento de las personas que podrían tener la enfermedad en el Hospital Pablo Arturo Suárez, al norte de Quito, y en el Hospital Naval de Guayaquil. Así mismo, ha dicho que "el Instituto Nacional de Salud Pública e Investigación-INSPI está preparado" para realizar los exámenes de laboratorio necesarios para diagnosticar la enfermedad. El Ministerio no precisó cuántos recursos han sido destinados a la emergencia ni en qué consisten las medidas de bioseguridad que se tomarían en los hospitales mencionados.

Según la información oficial, el plan del Ministerio frente al ébola será transferir "al paciente a un establecimiento de salud, en el cual será aislado. Se manejarán estrictas normas de precaución, limpieza, desinfección, precautelando la salud de los pacientes y del personal de salud". Para el Ministerio "es importante mencionar que no existen vuelos directos desde los países afectados, pues para llegar a Ecuador se realizan escalas en los aeropuertos de Europa, Estados Unidos o Brasil, donde ya se ejecutan una serie de filtros y controles de acuerdo a los lineamientos de la OMS".

En esa línea, se han realizado, en las últimas semanas algunas actividades de capacitación. Entre estas, la colocación en las salidas internacionales de los aeropuertos de Quito y Guayaquil de "carteles con información sobre las formas transmisión del Ébola, los síntomas de la enfermedad, el tratamiento y qué hacer en caso de sospechar que se está infectado".

En Quito, posibles enfermos de ébola serán aislados en el Hospital Pablo Arturo Suárez, al norte de la capital.

La propia ministra de Salud, Carina Vance, recorrió tanto el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito cuanto el hospital Pablo Arturo Suárez. En el aeropuerto, la ministra constató la colocación de pancartas y la existencia de ambulancias que deberán trasladar a los posibles enfermos. En el hospital, en cambio,  "el personal realizó un simulacro de atención, evidenciando los servicios disponibles y la capacidad de respuesta inmediata en casos específicos. Se visibilizó además la implementación de una nueva área de Infectología, que entrará en funcionamiento en los próximos días. Se prevé adicionalmente, la dotación de recursos en otros sitios, donde posiblemente ingresarían los pacientes afectados, con la finalidad de mejorar su capacidad de respuesta y dar cumplimiento a cabalidad a las recomendaciones de la OMS", relató el Ministerio en un comunicado del 29 de agosto, sin que hasta la fecha se haya informado sobre la inauguración de los espacios visitados por la ministra. 

En Guayaquil, entre tanto, se realizó a fines de septiembre una capacitación a médicos y personal sanitario de los hospitales Naval y de Infectología, Sanidad Marítima, personal del ECU 911 y trabajadores de las empresas de limpieza del puerto y el aeropuerto, en el que el Ministerio afirma que "sensibilizó" sobre el tema a 144 personas. 

Pablo Acosta, director de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud, dio una charla similar en el aeropuerto de Quito, en donde se pretende que los posibles enfermos sean evacuados hacia el hospital Pablo Arturo Suárez al tiempo que se desinfectan las superficies en donde el virus podría haberse depositado. 

El hospital de los remiendos

Es una mañana de día ordinario en el Hospital Pablo Arturo Suárez, al norte de Quito. Se trata de una de las casas de salud más modestas de la ciudad. Construido originalmente como un hospital para atención de la tuberculosis, devino en centro de atención con especialidades y servicio de emergencia. Se parece, por su aspecto y dimensiones, al Hospital del Sur.

Las personas hacen cola para obtener un turno en las especialidades y en la farmacia para retirar medicamentos. Los de la farmacia llevan en las manos recetarios de colores, con la esperanza de que los medicamentos estén disponibles. Unas grandes gigantografías, similares a las que se han puesto en otras casas de salud, prometen una atención con calidad y calidez. Una madre del pueblo mira con desgano la cola de la farmacia, y se resigna a hacerla, aunque el médico le ha prescrito solo paracetamol de 500 miligramos y amoxicilina de 500 miligramos para un malestar de garganta. Intuye que la receta "no ha de costar mucho" en la farmacia que hay cruzando la calle, pero no tiene para comprarla. En los pasillos hay mucha gente. Hay ancianos y niños, pues el hospital no está, precisamente, aislado, sino enclavado en medio de un populoso barrio de la ciudad. Hay tanta gente caminando ahí que uno se pregunta si es que no puede coger, por lo menos, una gripe al usar las escaleras atestadas de pacientes. Los guardias de una empresa privada que custodian la casa de salud a veces se ponen una mascarilla en la cara. Por si acaso.

El año pasado, el médico Juan Barriga denunció que, de siete camas de terapia intensiva en el Pablo Arturo Suárez, solo funcionan tres.

Este es el centro a donde llegarían las víctimas del ébola.  Y es una de las casas de Salud en peor estado en la ciudad, según denunció en su momento el traumatólogo Juan Barriga, quien, en una entrevista con PLAN V, el año anterior, precisó que la situación del Pablo Arturo Suárez es deplorable. En aquella ocasión, Barriga dijo: "Mire hay un informe que dice que el hospital está avaluado en 20 000 dólares, no tenía permiso de funcionamiento y, según los últimos estudios que hice, se debería cerrar. Este hospital fue creado con otro propósito. Este hospital se llama "Alea", por la Lucha Ecuatoriana Antituberculosa. Todo lo que tiene son remiendos. Este es un hospital de segundo nivel, cumple funciones de tercer nivel y tiene un presupuesto de primero. Segundo nivel significa que no debe tener terapia intensiva, no debe tener terapia intensiva neonatal. En este hospital se hacen cirugías de alta complejidad, trasplantes, se hacen prótesis de cadera. Y se las hace porque desde hace 20 años, políticamente, crearon una terapia intensiva que tiene siete camas y funcionan tres porque no hay el presupuesto".

Ahí está el detalle: ¿cómo un hospital sin terapia intensiva en buenas condiciones podrá atender a enfermos de un virus tan agresivo que obliga a los médicos a brindar cuidados intensivos durante por lo menos tres semanas?  ¿Cómo podrá un hospital que avaluado en 20 mil dólares montar una unidad de aislamiento para el ébola, cuando según estimó un diario alemán, los costos por cada enfermo llegan a la astronómica cifra de USD 2,5 millones por persona, de los que lo más caro es la unidad de aislamiento? 

Según la prensa internacional, la atención en Alemania de una sola persona contagiada de ébola costó, durante cinco semanas, cerca de USD 383.000. El tratamiento, precisó el diario español La Voz de Galacia, puede llegar a costar USD 1000 por hora. "La atención de los enfermos se basa en transfusiones de sangre, mantenimiento de los fluidos corporales, fármacos para mantener la presión arterial y combatir las infecciones. A los casos tratados en EE.UU. se les ha suministrado fármacos experimentales: ZMapp y brincidovofir. Cuando los pacientes empeoran, al tratamiento hay que sumar la respiración asistida y diálisis renal", dice el periódico. 

¿Estamos preparados?

El médico Marcelo Aguilar, quien fue Subsecretario de Salud,  ex director del Instituto de Medicina Tropical Izquieta Pérez y profesor e investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, tiene serias dudas sobre si sea posible atender casos de ébola en nuestros hospitales. 

"En hospitales de Texas y Madrid, de muy alta complejidad, ha habido contagios a pesar de las medidas que se tienen allá. En el país no tenemos laboratorios de grado tres o cuatro para manejar ese tipo de virus. Entiendo que el Ministerio está tomando medidas, pero se requiere que se sean más enérgicas", advierte.

Y es que, señala Aguilar, la mayor parte de nuestros hospitales son estructuras antiguas y congestionadas, que no tienen las condiciones adecuadas para enfrentar la pandemia. "Si bien la posibilidad de ingreso es remota, se debe montar unidades de contención del virus fuera de las unidades hospitalarias. Por ejemplo, se podría colocar una unidad de contención en hospitales aislados y menos congestionados, como el hospital dermatológico" propone el galeno. 

El médico afirma que no existen en el país instalaciones de bioseguridad como las implementadas en el Hospital Carlos III de Madrid, que inclusive contó con cámaras de presión negativa y filtros de aire, así como trajes especiales que expulsan aire alrededor de la persona. "El país no tiene ni siquiera laboratorios de ese nivel. Debemos desarrollar unidades especiales que tengan este tipo de elementos, pero el punto más crítico es el entrenamiento del personal. Solo ponerse y quitarse el traje para este virus lleva una hora", señala.

La mejora de la infraestructura, la necesidad de tener trajes adecuados y la capacitación del personal son claves, pero el médico afirma que no hay laboratorios de bioseguridad en el país. "Se requieren condiciones especiales para los exámenes de laboratorio, debe haber medidas extremas y de alto nivel. Habría que preguntar si el Instituto Izquieta Pérez ya tiene la tecnología suficiente". 

Aunque los laboratorios del Estado manejan el virus del VIH, el médico precisa que el ébola es mucho más contagioso y que requiere medidas distintas. 

Con relación a los costos y de la atención, Aguilar menciona la necesidad de tener ambulancias con personal adecuado, laboratorios de seguridad, así como la gran cantidad de complicaciones que tienen los pacientes con ébola. "Se requiere terapia intensiva o por lo menos cuidados intermedios y eso es lo más caro de la medicina", recuerda. En el caso del ébola se tratan las complicaciones, pero "eso es terriblemente caro, por lo menos tres semanas de terapia intensiva".

Dado que la enfermedad tiene un periodo de incubación de 21 días, y dado que los medios de transporte actuales reducen los tiempos de viaje, Aguilar piensa que la vigilancia en los aeropuertos es muy relativa. "Es más importante detectar los flujos de los viajeros que vienen desde África Occidental. Se debe vigilar más bien de dónde vienen las personas", precisa. 

"Se debe implementar un sistema de vigilancia para las personas, y en especial para aquellas que vienen de los países afectados, y se deben repensar en qué hospitales pueda llegar un paciente sin contaminar el resto del hospital". Para el médico, ninguno de los dos hospitales designados por el Gobierno en Quito y Guayaquil tienen condiciones adecuadas para el ébola. Recomienda más bien implementar sitios específicos en el hospital Militar de Quito y en el Hospital Naval de Guayaquil, que por haber sido construidos con fines militares tendrían espacios más adecuados. 

"En general, durante este Gobierno se ha invertido en el sistema hospitalario, pero se han debilitado temas de salud preventiva, como el sistema de vigilancia epidemiológico, han desaparecido los programas de control de enfermades, la vigilancia comunitaria en salud, entre otros aspectos. Debemos reconformar la salud preventiva".

Mientras tanto, la Espol de Guayaquil anunció el diseño de una prueba de diagnóstico del virus del ébola, que se podría implementar en 24 horas. Sobre esta prueba, Aguilar estima que habrá que esperar que se pueda probar en personas, y determinar su funcionalidad en enfermos. 

 

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