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5 de Septiembre del 2016
Historias
Lectura: 23 minutos
5 de Septiembre del 2016
Redacción Plan V
El héroe desconocido del 30S

Foto: Luis Argüello

Nelson Puentestar, expolicía, de 34 años de edad. Es oriundo de El Ángel, provincia del Carchi. Su historia de reclamos ya dura seis años, tras la sublevación policial del 30 de septiembre del 2010.

 

Lo que le pasó al expolicía Nelson Puentestar, es digno de una novela negra. Luego de recibir un balazo en los sucesos del 30S, sin tener nada que ver en el asunto, su vida cambió para siempre. Pasó en coma y se salvó de milagro, ha sido declarado héroe del 30S, ha conversado tres veces con el presidente Correa, ha dado la mano con los vicepresidente Jorge Glas y Lenin Moreno, ha sido invitado tres veces al cambio de guardia en Carondelet, se ha tomado fotos con muchos ministros, le han ofrecido trabajo, casa y salud, pero poco o nada se ha cumplido. Esta es su historia.

Nelson Guillermo Puentestar decidió no aceptar nunca más la invitación de la Presidencia de la República para celebrar un aniversario más del 30S. Este expolicía de 34 años de edad llegó a Carondelet en tres ocasiones y saludó con el presidente Correa y demás jerarcas de la revolución ciudadana.  Está indignado. Lleva dentro una bala calibre 5.56 de uso militar, una malla que evita la cavidad abdominal se le desparrame, una constante dolencia en sus pulmones y problemas digestivos crónicos fruto de la rotura de páncreas. Lleva también sobre los hombros el peso de un divorcio y una vida rota por una serie de incumplimientos de ofertas que, dice, el propio presidente prometió.

Puentestar está ubicado en el extremo derecho de la foto con el presidente y los "héroes" del 30S que fueron invitados al cambio de guardia.


Toma general del cambio de guardia. Puentestar se encuentra segundo desde el extremo izquierdo.

Junto a su madre y al entonces canciller Ricardo Patiño, en la terraza frontal del palacio de Carondelet, el primer año en que fue invitado al cambio de guardia.

Yo vi a los militares disparando...

Durante todo ese día, cuando recibió en su costado la bala de un fusil, había cuidado de un preso, en un hospital, que causó nada menos que nueve muertos en un accidente de tránsito, por Nanegalito, un poblado situado al noroccidente de Quito. Nelson Puentestar era custodio de este chofer al que le llegó la mala hora. Terminó su turno un cuarto de hora antes de las diez de la noche.  Como no tenía radio ni comunicaciones pensó que era su obligación subir hasta el regimiento Quito para pedir que se enviar un relevo para la custodia al chofer. No lo hizo en primera instancia, pasó por la avenida Occidental, pero a la altura de la Mariana de Jesús se estaba incendiando una camioneta de uso militar. Así que dejó su pequeño carro guardado en el Parque de la Mujer, a unos doscientos metros más abajo del Hospital de la Policía, donde se había dado ya la salida del mandatario.


Puentestar muestra la larga herida que atraviesa su abdomen. 

Estaba uniformado, porque salía del trabajo. Sabía perfectamente lo que estaba pasando y pensaba que todo se había calmado. Estaba en camisa y uniformado, pero una cuadra antes de que logre entrar a la puerta del Regimiento, el cuartel policial sede de la rebelión y donde Correa pidió que lo maten, vio que se encendieron las luces intensas de unas bengalas. Y empezaron a sonar los disparos, a las diez y media de la noche. Él los vio: un grupo de militares, parapetados en un edificio al frente del Hospital Metropolitano, en un edificio llamado Meditrópoli. Sintió la desesperada sensación de salir corriendo. Quiso refugiarse en la puerta del Regimiento cuando le alcanzó una bala. Sintió un golpe, se desplomó del dolor porque el proyectil desgarró sus intestinos, el páncreas, el pulmón… Lo último que sintió antes de entrar en los 17 días de coma, fue las patadas de los militares que se acercaron a ver si estaba muerto.

Foto que el expolicía conserva durante sus 17 días de coma en el H. de la Policía.

Su cuerpo inerte fue llevado al Hospital de la Policía, por sus compañeros policías. Ahí fue visitado por el ministro de Salud. Antes había llegado delegados de la Presidencia de la República para hablar con su hermano, y su hermana, que era enfermera. Ahí les ofrecieron que, si su estado de salud era crítico, se harían todos los trámites para llevarlo a Estados Unidos. La hermana habla con el coronel César Carrión, director entonces del hospital, les pidió que esperen a que se estabilice, porque en esas condiciones podía pasar cualquier cosa. Entonces los padres de Nelson recibieron una invitación a Carondelet, al Salón Amarillo, para hablar con ellos del 30S. Incluso delegados del gobierno fueron a la parroquia de San Isidro, El Ángel, Carchi, donde vivía su papá, y le piden que asista a Carondelet. Mientras tanto el policía seguía en coma, y cuando despertó llegó el ministro de Salud, el comandante general de la Policía, le dijeron que estaba en buenas manos, que lo iban a cuidar. Él seguía siendo de servicio activo.

Estuvo tres meses en el hospital. Tras el alta supo que tenía parte del páncreas destruido, el pulmón perforado, daños en el intestino, en el hígado… Siguió en servicio activo, en la Unidad de Vigilancia Norte (ahora cuartel de La Delicia). Trabajó hasta mayo del 2011 cuando le llegó una notificación del Departamento de Personal en la cual se le notificaba con la baja de la institución y que tenía que entregar sus prendas policiales. Lo llamaron a Asuntos Internos para declarar se dio cuenta que había un proceso en su contra y que nunca supo, que le habían asignado un defensor de oficio al cual nunca conoció, todo estaba firmado, listo para la baja. Fue calificado por mala conducta por participar en el 30S…


Así salió su cuerpo luego de tres meses de estar en el hospital.

A mi me quisieron matar, me dispararon. Cuando salí con la baja cogí un abogado, cuenta Puentestar. Resolvió seguir juicio por intento de asesinato, en contra de los generales Luis Castro y Ernesto González, del ejército ecuatoriano. El primero fue quien dirigió el operativo de “rescate” del presidente Correa, y ahora es comandante general del ejército. El segundo era jefe del Comando Conjunto de las FFAA durante la rebelión policial, y ahora está en servicio pasivo, en abierto conflicto con el presidente.

A mediados de septiembre del 2012 recibió una llamada de la Presidencia de la República. Lo invitaban al cambio de guardia por conmemorarse el tercer aniversario del 30S. Habló con una asesora del presidente, Laura Terán. Cuando llegó se entrevistó con Rafael Correa, él estaba impresionado, era algo grande. Lo saludó: tú eres Nelson, eres del Carchi. Habló también con Homero Arellano, entonces ministro coordinador de Seguridad. Le preguntó qué hacía ahí, le contestó que le dispararon y le dieron de baja, que buscaba justicia, o sea que se le devolviera a la Policía, quería recuperar su trabajo. Ya no regreses a la Policía, le dijo Arellano y le invitó a integrar su equipo de trabajo en el ECU911. La instrucción fue que al siguiente día dejara su carpeta en la oficina del ministro, para entrar a una capacitación. Así lo hizo y de inmediato lo llamaron con la noticia de que ha sido aprobado para entrar al ECU911. Fue a la capacitación en el Colegio Aeronáutico.

Cuando habló con el Presidente, él le había dicho que lo iban a ayudar en todo. Correa le había pedido que fuera al otro día a conversar con el ministro del Interior, para solucionar su caso. Fue al otro día pero no lo recibieron.

El trabajo se le fue al traste cuando le pidieron que hiciera una declaración juramentada de que no tenía juicios contra el Estado. Pero él tenía la demanda contra los dos altos oficiales. Arellano lo llamó excitado: Nelson, qué pasó? Le informó que tenía una demanda contra los dos generales. Quiero que pienses, le dijo, puedes desistir del juicio para unirse al equipo de trabajo. Su abogado le aconsejó que pida nombramiento pero el trabajo era a contrato. Así que no desistió del juicio y perdió el empleo.

Cuando habló con el Presidente, él le había dicho que lo iban a ayudar en todo. Correa le había pedido que fuera al otro día a conversar con el ministro del Interior, para solucionar su caso. Fue al otro día pero no lo recibieron. Lo único que quiero –le había dicho al presidente- es que le devuelvan su trabajo. Nada más pedía. También le ofrecieron una casa, se reunió con la ministra de Vivienda pero nada de eso se cumplió.

En una carta al presidente Correa, el ex policía le recuerda las ofertas hechas por todos los funcionarios del gobierno. Le dice que, durante el relevo de guardia, incluso pudo hablar con el vicepresidente Lenin Moreno, quien le ofreció, como todos, que lo ayudaría. Nada de eso se ha concretado. Incluso el presidente Correa le había puesto a disposición el número telefónico de su asesora Terán, para que le comunicara cualquier novedad o incumplimiento.

A los tres años del 30S nada se había cumplido. Es más, Puentestar tenía que hacerse controles médicos, exámenes de laboratorio, por su condición delicada. Pero no tenía seguridad social ni trabajo. Mandó un correo a la asesora para que le cumplan, llegó a pedir trabajo de barrendero en la Presidencia. En la Presidencia les pareció insolente de su parte.

Entró al despacho del presidente y le dijo que de todos sus ofrecimientos ninguno se cumplieron: trabajo, casa, salud… Le dijo que perdió su seguro médico. El presidente le preguntó que cuál era su intención de todo esto...

En el 2013 lo volvieron a invitar para el cambio de guardia del 30S. Era la segunda vez y se vio de nuevo con el presidente Correa. El mandatario fue muy amable, lo reconoció de inmediato y preguntó por su salud. Estaban ahí algunos familiares de los fallecidos y heridos en la revuelta policial, incluidos los de Froilán Jiménez. Entró al despacho del presidente y le dijo que de todos sus ofrecimientos ninguno se cumplieron: trabajo, casa, salud… Le dijo que perdió su seguro médico. El presidente le preguntó que cuál era su intención de todo esto, porque –le dijo- nosotros tenemos conocimiento de que tienes un juicio. Que se haga justicia conmigo, fue su respuesta y él cree que al presidente no le gustó su respuesta. Puentestar no se amilanó y le lanzó algunas preguntas: ¿por qué no se esclarece quién es el que me disparó? ¿Por qué no se esclarece, si soy invitado por usted como un héroe del 30S? Entonces el presidente ordenó que llamen al fiscal general en ese instante y puso al expolicía al teléfono; le repitió las preguntas, ¿por qué no se hace justicia con mi caso? Ni siquiera quería dinero, solo que no hubiera impunidad. El presidente le dijo que todo se iba a solucionar... Pasó el tiempo y se vio obligado a escribir una segunda carta al primer mandatario. En esta el expolicía explicaba sus necesidades de salud, y que no podía trabajar en ninguna parte.

Del disparo se le cayó toda la pared del abdomen. Se le formaron cuatro hernias. Necesitaba la atención médica. Si no le querían dar trabajo, que por lo menos le dieran salud. Entonces el enviaron a una trabajadora social para saber de sus necesidades. Le preguntaron que dónde se quería operar. No pidió atención médica en el exterior ni en clínica privada. Llévenme al hospital Pablo Arturo Suárez, les pidió. 

Ahí habló con el doctor, uno de su confianza, que pidió la malla más sofisticada adecuada para su hernias. Fue operado con éxito. De esa convalecencia es que aparece acostado mientras el vicepresidente Moreno lo visita. Pero no es cierto, dice. Nadie lo fue a visitar. 

Ahora, seis años después, sentado en una cafetería en la zona bancaria de Quito, Nelson Puentestar recuerda con nostalgia a su familia perdida. Siente que también perdió la razón por todo esto, tuvo secuelas psicológicas: gritaba, se acordaba de cada detalle, de la bala, de su terror, de las botas pateándole mientras moría. Y se acuerda de todos y cada uno de los segundos de terror que pasó entre el disparo y el coma profundo. Se acuerda también de cuando despertó de los 17 días de coma y su madre y hermana estaban ahí para cuidarlo. Era como un niño, no podía hablar ni caminar, no podía escribir. Le daban de comer en la boca. Su mamá estuvo tres meses, noche y día, en el hospital. Fue un trauma para su familia, su madre enfermó. Ahora cree que todas las invitaciones de la Presidencia eran para tomarse fotos, al otro día nadie lo conocía, nadie lo llamaba, pero antes del 30S le mandaban correos, lo llamaban constantemente...

La demanda contra los generales Ernesto González, Luis Castro y Luis Garzón  nunca prosperó. La condición del gobierno para "ayudarlo" con un empleo fue que retirara la denuncia, él nunca lo hizo.

La demanda contra los dos generales nunca prosperó. La condición del gobierno para "ayudarlo" con un empleo fue que retirara la denuncia, él nunca lo hizo pero el juicio tampoco prosperó en la Fiscalía: los militares no entregaron la lista de los soldados que estuvieron asignados al "rescate" del presidente; el general Castro nunca acudió a declarar a pesar de haber sido notificado y nada le ocurrió por no hacerlo; el general González, que aun era el jefe militar el día que fue su declaración, acudió a la corte rodeado de elementos armados, con fusiles automáticos, bombas lacrimógena, máscaras y boinas rojas. El abogado de Puentestar reaccionó: señor fiscal, por qué vienen tantos militares armados, ¿quieren terminar de matar a mi defendido? Le hicieron unas pericias para saber el calibre de la bala alojada en su cuerpo. Le querían hacer una resonancia magnética, pero no se podía hacer, finalmente le tomaron una placa. El informe de criminalística, según Nelson Puentestar, responsabilizó a los militares del disparo.

Cuando exhumaron los cadáveres del 30S no encontraron las balas, tampoco las encontraron en las calles, pues un voluntarioso equipo municipal, en la administración del alcalde Augusto Barrera, había pasado en la madrugada siguiente haciendo limpieza de las evidencias. ¿Buscan pruebas de las balas, no aparecen las balas? pregunta Puentestar: yo tengo una bala en mi cuerpo, busquen al responsable. Eso le dijo al fiscal Toaquinga, encargado del caso, y le dijo que ya no dependía de él, que era ya un tema político. Volvió a hablar con la nueva fiscal provincial y le reclamó que eran ya seis años del 30S. ¿Por qué no llaman a los responsables? Llamaron a declarar al entonces ministro de Defensa, Javier Ponce, pero nunca fue. El caso sigue en indagación previa, solo se hizo la reconstrucción de los hechos, la pericia de la bala...


Nelson Puentestar, a la izquierda de la foto, con su hermano, junto a quien vive.

Luego de una nueva carta a la asesora del presidente, lo llamaron. Ella le dijo que se dirija a las oficinas de la Red Socioempleo, en la avenida Granados y 6 de Diciembre, al nororiente de Quito. Fue y la señorita lo recibió amablemente, porque le habían llamado de la Presidencia para que lo atienda bien. Le preguntaron si tenía algún título; solo el de policía. No tengo nada para a ofrecerte, solo un puesto de guardia en la pizzería Che Farina. ¿Ese era el famoso trabajo del señor presidente? preguntó.

Se fue para su casa y escribió este correo a la asesora del presidente:

Quería agradecerles por la gestión realizada por lo de mi operación que fue realizada en el Hospital Pablo Arturo 26 de agosto del 2014 y de igual manera quería hacerle conocer sobre el pedido de trabajo donde me acerque a la red socio empleo donde me ofrecieron solo trabajos para guardia de seguridad yo sé que todo trabajo es digno y yo más que nadie lo sé porque vengo de una tierra trabajadora y de una familia humilde pero ustedes más que nadie sabe o sabia como es mi situación agradecido porque por fin a los 4 años pude ser operado y me reconstruyeron la pared del abdomen y donde fui colocado una malla por las consecuencias del disparo de los hechos del 30S no estoy pidiendo ningún cargo alto para mí lo único que pido es un trabajo soy joven y tengo un hijo que mantener han transcurrido 4 años y mi vida sigue de caída tuve la oportunidad de conversar con el Señor Presidente de la República pero todo lo que yo he pedido no han sido cosas del otro mundo es más ni justicia no pido porque creo que eso está fuera para mí de igual forma me hicieron llegar un oficio donde dice que yo no he querido aceptar los trabajos que me han ofrecido creo que eso no es verdad lastimosamente vivir con una pesadilla como esta no es un buen vivir y mucho más tener un proyectil a medio centímetro de la columna no sé cómo era la forma de ayudarme con un trabajo donde yo pueda desenvolverme como una persona normal, hace un año y medio converse con el señor Ministro de Seguridad Homero Arellano y fui seleccionado para ingresar al EQ 911 pero por razones o circunstancias personales no pude ingresar allí a trabajar .

Lo único que les estoy pidiendo es de todo corazón que me ayuden.

Le dijeron que él no había querido aceptar el trabajo que ellos le han propuesto, porque no está de acuerdo a su perfil profesional. Le respondió: ustedes saben de donde soy, pero no me hagan burla.

Le respondieron que él no había querido aceptar el trabajo que ellos le han propuesto, porque no está de acuerdo a su perfil profesional. Le respondió: ustedes saben de donde soy, pero no es para que me hagan burla de todo esto. Les agradezco esa oportunidad y me fuera a trabajar, pero si me quieren mandar de guardia de seguridad, a pesar de que saben mi estado de salud, mándenme de barrendero a la Presidencia, creo que ahí haré un mejor papel.

No le escribieron más. Pero con una llamada le volvieron a insistir que desista del juicio, para poder trabajar y ser parte de la revolución ciudadana. Fue a la Presidencia para volver a hablar del caso, un abogado le preguntó qué pretendía, les contestó por enésima vez que solo quería justicia y que le devuelvan su trabajo: ustedes saben el daño que me hicieron, y lo que he sufrido, soy joven, denme una oportunidad de volver a trabajar.

Nelson llegó a tocar el fondo y se pegó contra el mundo. Le tocó empezar de cero, pero con el abdomen destrozado, sin salud, sin empleo, sin seguro médico y sin hogar. Cuando lo operaron en el estatal Pablo Arturo Suárez pasó 15 días en el hospital. Luego llegó una nueva llamada de la Presidencia: Nelson, queremos hacerte la invitación al cambio de guardia. Les dijo que no, entonces le dijeron que querían saber cómo estaba su salud; les dijo que se acababa de operar y por eso no podía ir. Al siguiente día lo volvieron a llamar, para invitarlo. ¿Para qué es la invitación? retó a la funcionaria que lo llamó, ¿para que se tomen fotos conmigo y luego se acabó? Ya no creo en las ofertas del presidente. No, pero gracias.

Cambió su número de teléfono, sus correos...

Ahora piensa en su futuro y sabe que su estado de salud no ha empeorado porque es joven, pero piensa en su madurez y vejez, en cómo vivir dignamente en esas condiciones. Se ha presentado a trabajar en varios sitios, como traslado de valores, guardia, pero le han negado por su condición médica y hasta por ser expolicía. Su pelea es ahora a través de Twitter. Desde su cuenta @nelpolice (tiene 40 seguidores y ha hecho 42 tuits) hace reclamos al presidente: "@MashiRafael. Pero han pasado 6 años de sus ofrecimientos hacia mi de trabajo y hasta ahora no puedo conseguir un empleo señor presidente", "@MashiRafael jamás llegó su ayuda señor presidente 30s nunca olvidar", y publica fotos de su abdomen tajado en dos, de su coma, de los artículos que le han publicado. El presidente nunca le contesta, ni lo bloquea.

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