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5 de Agosto del 2019
Historias
Lectura: 11 minutos
5 de Agosto del 2019
Fermín Vaca Santacruz
El matrimonio de dos mujeres lesbianas cuya constancia venció al sistema
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Fotos: Luis Argüello

Pamela Troya y Gabriela Correa celebraron su boda en el Registro Civil de San Blas, centro de Quito. 

 

Pamela Troya y Gabriela Correa ya son esposas, cuando finalmente lograron contraer el matrimonio civil igualitario por el cual lucharon desde hace seis años. Las dos jóvenes se conviertieron en abanderadas de una causa que muchos consideraban perdida.

En el Ecuador no pasa con frecuencia, es cierto, pero los sueños también pueden volverse realidad. Pamela Troya y Gabriela Correa se casaron en el mismo local del Registro Civil capitalino en donde, hace exactamente seis años, se les había negado el turno porque la Constitución dictada por Rafael Correa y votada con compromiso y disciplina por sus acólitos de Montecristi, lo prohibía. Ahora no solo que lograron entrar, sino que salieron entre lluvias de arroz, aplausos y vivas, mientras una fuerza antimotines de la Policía -todo puede ocurrir en el país- vigilaba la escena desde la calle. 


Las dos contrayentes vestieron una banda con los colores del arcoiris. 

Las dos jóvenes se convirtieron en abanderadas de una causa que parecía perdida: la del matrimonio entre personas del mismo sexo, algo que los defensores criollos de la "familia" consideran peligroso para el tejido social. Un acto de subversión, de los que el Estado y las iglesias, tanto la católica cuanto las protestantes de cuño pentecostal, se sienten obligados -es lo suyo desde siempre- a combatir y censurar. 

Pero las dos mujeres no desmayaron. Ni el poder omnínodo del Estado correísta, ni su partido único, ni sus periodistas y comentaristas "alineados", ni sus activistas prefabricados, ni sus políticos amnésicos pudieron doblegar la voluntad de dos lesbianas de clase media de Quito, que en la medida de sus posibilidades, lucharon con insólita perseverancia por lo que creen es un derecho a la igualdad y una medida de justicia.

En el mismo local, a la misma hora, seis años después. Al final, no fue una carrera de velocidad, por quién se casa primero, sino de resistencia. 

Esta vez Pamela Troya y Gabriela Correa tenían turno para comparecer ante la burocracia del Registro, que salió derrotada de la Corte Constitucional, en donde con implacable entusiasmo se opuso al matrimonio igualitario, cumplidora a rejatabla de la Constitución y las leyes de la República. Llegaron juntas, vestidas con sencillas camisetas y pantalones holgados. Pamela de blanco. Gabriela de negro. El pecho atravesado por una banda con la bandera del arcoiris, símbolo en Occidente de todos los matices de la diversidad sexual. Los zapatos, unos tenis que combinaban con sus atuendos, también con un franja de arcoiris. 


Pamela y Gabriela olvidaron sus cédulas y debieron pedir que las traigan. 

Ni el poder omnínodo del Estado correísta, ni su partido único, ni sus periodistas y comentaristas "alineados" Ni sus activistas prefabricados, ni sus políticos amnésicos pudieron doblegar la voluntad de dos lesbianas de clase media de Quito, que en la medida de sus posibilidades, lucharon con insólita perseverancia por lo que creen es un derecho a la igualdad y una medida de justicia.


Las cédulas de solteras fueron perforadas en la misma ceremonia. 

En nombre de la República

Adentro, en la Sala 1 de matrimonios, una funcionaria de aspecto severo esperaba desde las 10:20. Se trataba de Ximena Iglesias, jueza de matrimonios del Registro Civil. La funcionaria, de inconfundible acento cuencano, trabaja de planta en el Registro Civil del norte de la ciudad, pero esta vez le había tocado celebrar el novedoso enlace por la ausencia de la titular en esa sede. Ante el escritorio de la magistrada se han colocado dos sillas con vestiduras blancas, con sendos carteles que dicen, respectivamente, Pame y Gaby. 

La sala de matrimonios está atestada de camarógrafos y fotógrafos de medios nacionales, así como de los invitados. Hay luces potentes y gran aglomeración. El local ha resultado pequeño para tanta gente y la temperatura empieza a subir, defecto conocido del sitio, a juzgar por un aire acondicionado que está en la pared. El aparato está funcionando, pero no se da abasto. 

Las dos novias se hacen esperar. Y el calor, en la soleada mañana quiteña, empieza a afectar a los presentes, como uno de los testigos, Ramiro García, abogado que patrocinó la lucha de las dos mujeres y quien empieza a sudar copiosamente. El abogado se seca la frente con el pañuelo, mientras dos políticos del centro derecha, los asambleístas por Pichincha Fabricio Villamar (independiente) y Sebastián Palacios (Suma) son los únicos presentes. Si Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, sale a la marcha del Orgullo en Vancouver, desafiando a la oposición y a sus críticos, la gran mayoría de los políticos ecuatorianos prefieren no pelear peleas ajenas. 


El abogado Ramiro García fue uno de los testigos de honor de la ceremonia. 

Han llegado también activistas de la diversidad sexual, como Danilo Manzano y Freddy Lobato, así como Diana Maldonado, quien vino desde Guayaquil. Se han sumado heterosexuales que apoyan la causa, como Silvia Buendía, Rodolfo Azar, Rosario Utreras, el cantante Martín Galarza AU-D y Martha Roldós, entre otros. 

Es casi un cuarto para las 11 cuando las dos novias hacen su entrada. La jueza ya tenía impresos los papeles que había que firmar. Y pide a las contrayentes las cédulas. Pero las jóvenes las han olvidado y deben mandar por ellas. Eso demora un poco la ceremonia. Tras conseguir los documentos, las dos mujeres se sientan ante la magistrada, quien cede su potestad al asambleísta Villamar, oficialmente encargado en nombre de la República para celebrar la ceremonia civil.

Villamar ha preparado un documento que lee. Recuerda que Pamela Troya le apostó a Rafael Correa que se casaría. El tiempo le ha dado la razón: se casó. Luego el legislador lee la fórmula legal para estos casos, y Pamela Troya, que ese día se ha maquillado mucho -no es amante de hacerlo en exceso- no puede evitar derramar algunas lágrimas, que se seca con un pañuelo. Como en toda boda, siempre alguien llora. 

El asambleísta ha pedido los votos, y las dos jóvenes intercambian los anillos. Hablan de fidelidad, de envejecer juntas y de estar unidas en las buenas y en las malas. Se cumplen las solemnidades legales y Pamela y Gabriela se besan. La sala estalla en aplausos.

El asambleísta ha pedido los votos, y las dos jóvenes intercambian los anillos. Hablan de fidelidad, de envejecer juntas y de estar unidas en las buenas y en las malas. Se cumplen las solemnidades legales y Pamela y Gabriela se besan. La sala estalla en aplausos.

En sus primeras declaraciones, ambas agradecen a los abogados, académicos, activistas, periodistas, amigos y familiares que apoyaron su lucha de seis años. Recordaron los ataques y las burlas homofóbicas en redes sociales, las críticas maliciosas y los comentarios anónimos, de personas que se oponen a que el Ecuador sea un país más justo e incluyente.

 
Las esposas tenían sendos ramos de colores, que al final no lanzaron. 

La ceremonia privada

En un hotel del Centro Histórico, las dos jóvenes ofrecieron un recepción más íntima. Desde los balcones del establecimiento se tiene una vista privilegiada del Palacio de Gobierno, la Catedral y el Panecillo. La mañana está despejada y esplendorosa, y desde lo alto de su columna de mármol, la estatua de bronce que representa a la patria equinoccial levanta una antorcha, en señal de libertad y justicia. 


En un ritual privado, las dos mujeres explicaron sus votos. 

En ese lugar, Pamela Troya y Gabriela Correa han ofrecido un cóctel. Se ha previsto una ceremonia que apela a la espiritualidad y lo simbólico. Si han sellado ya su unión ante el Estado laico, ahora lo harán ante las energías del universo. En el corazón mismo del país, las jóvenes repiten su enlace y sus votos con sus aros de casadas, mientras el amarillo, el azul y el rojo de las banderas de los palacios de los poderes públicos destacan al sol del meridiano. En la mesa del ritual hay especias, frutas, flores, incienso y escencias. Hay objetos de colores y los colores representan sentimientos y emociones.

 
En la mesa del compromiso, se encontraban flores, frutas, especias y velas. 


Las dos jóvenes intercambiaron sus aros en la ceremonia privada. 


La hermana y el sobrino de Pamela Troya estuvieron presentes en la cita. 

La hermana de Pamela y su sobrino de doce años, también han asistido, al igual que la madre de Gabriela, quienes forman su familia inmediata. Cuando termina el ritual se celebra un brindis -es un espumante tinto, semiseco-, y el cantante Martín Galarza, conocido artísticamente como AU-D, quien ha apoyado al matrimonio igualitario, entona algunas de sus canciones más exitosas.

Pamela Troya aclara que es atea, su esposa, Gabriela Correa, se confiesa creyente. Han buscado la forma de conjugar sus creencias en el ritual, que apela a la espiritualidad y lo inmaterial. En el evento privado están amigos y familiares, así como varias parejas de gais y lesbianas que observan conmovidos y esperanzados el final feliz de la odisea de las dos mujeres. 


El cantante Martín Galarza y su pareja estuvieron presentes. AU-D también cantó. 


Silvia Buendía, abogada y activista de Guayaquil, vino desde el Puerto Principal. 


Las esposas bailaron en el centro del salón durante la ceremonia privada. 

 

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