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8 de Noviembre del 2023
Historias
Lectura: 17 minutos
8 de Noviembre del 2023
Manuel Novik
El Municipio ofrece aprovechar el 80% de la basura desde 2027
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El Municipio está licitando la apertura de un nuevo cubeto, el número 11. Mientras tanto la basura se está enterrando en espacios improvisados o sobre espacios saturados. Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

El Municipio trabaja para alargar la vida del relleno sanitario de Quito, pero los espacios se están agotando. El proyecto de un nuevo complejo ambiental proyecta iniciar operaciones en 2027. En los barrios cercanos al relleno se han generado disputas en torno a las compensaciones económicas.


El actual Relleno Sanitario del Distrito Metropolitano de Quito recibe unas 65 mil toneladas de basura por mes, es decir unas 3.250 volquetas de 20 toneladas. El relleno está ubicado entre los valles de Pifo y Sangolquí, en una zona industrial con plantas de gas, de asfalto e incineradoras. Un espacio que tras 20 años de uso continuo está al borde del colapso.

La capital tiene dos estaciones de transferencia de basura, una en el sur y una en el norte, donde la Empresa Pública de Aseo (EMASEO) deposita los desechos generados en la ciudad. Desde esas dos estaciones, la Empresa Pública de Gestión Integral de Residuos Sólidos (EMGIRS) lleva la basura al Relleno Sanitario del DMQ.

Los fuertes olores en el sector del Relleno, sobre la autopista E35 obligan a cerrar las ventanas y pasar rápidamente el tramo donde el relleno está ubicado. El relleno ha llegado al máximo de su capacidad. El Municipio trabaja en la construcción del cubeto número 11, que le daría al Relleno un tiempo de operación hasta 2025.

El Relleno Sanitario del Distrito Metropolitano de Quito está en el sector del Inga, al borde de la autopista E35.

La compensación municipal genera problemas comunitarios

Santa Ana es uno de los barrios que recibe una compensación municipal por su cercanía con el Relleno Sanitario del Distrito Metropolitano de Quito. EMGIRS paga $1,20 por tonelada ingresada a cuatro barrios cercanos al depósito. Estas localidades se han beneficiado de grandes recursos municipales pero su manejo es fuente de polémicas entre los vecinos.

El Relleno recibe un promedio de 2000 toneladas diarias, por lo que Santa Ana es uno de los barrios que recibe unos $77 mil mensuales para desarrollar obras. Pero los moradores reclaman que esas obras no existen. “Puede ver en las calles, algunos vecinos no tienen agua potable ni alcantarillado”, dice Luis Vega, quien tiene un huerto en el barrio.

Luis Vega comercia los productos de su huerto en los barrios cercanos. Cuando llegan los olores del relleno coloca plantas en sus fosas nasales para neutralizarlos. 

En efecto, la mayoría de calles del barrio están en mal estado. Los bordillos de las veredas, una obra que los vecinos aseguran vino de la compensación, están quebrantados y cubiertos de malezas.

Las veredas y algunas calles del barrio Santa Ana están en mal estado. Esto a pesar de que existen los fondos para desarrollar este tipo de obras.

Algo que se ve reflejado en los videos de Facebook que datan de 2020 de la radio comunitaria Creandino. Ángel Iza, comunicador y periodista de la zona, ha documentado la pugna de poderes en esta directiva local a través de este medio de comunicación.

Angel Iza es vocal de Turismo en el GAD de La Merced. Ha documentado la situación de los cuatro barrios que reciben compensación municipal a través de una radio comunitaria.

“La dirigencia barrial de Santa Ana se ha mantenido secuestrada por los hermanos Alquinga”, sostiene Iza, y asegura que Daniel Alquinga, quien estuvo en el último periodo, “amedrentró con denuncias a quienes han hablado de esta situación. Con eso ha evitado que los vecinos sigan denunciando”, dice Iza.

Actualmente, Iza es concejal en el GAD de La Merced, la parroquia que aglutina a Santa Ana y otros 20 barrios de la zona. “En estos barrios ha afectado el tema de manejar presupuestos grandes, hay obras mal ejecutadas y otras que no se han hecho”, dice.

El parque central de La Merced no está en la zona de influencia directa determinada por el Municipio, pero con la ampliación al nuevo complejo ambiental podría sufrir consecuencias ambientales.

Santa Ana, El Belén, Inga e Itulcachi son las cuatro comunidades que reciben compensaciones municipales por la proximidad que tienen con el Relleno. Un documento al que este portal tuvo acceso, confirma que solo el barrio de Santa Ana recibió recursos municipales por   $1'245.216 para la ejecución de proyectos entre 2017 y 2019. 

Iza sostiene que los montos que reciben por la compensación municipal son mayores a los valores que les corresponde por ser parte de la parroquia La Merced, que giran en torno a los $15 mil. Estos cuatro barrios han renunciado a participar en el barrio y a esos fondos, “ya tienen los fondos municipales”, dice Iza. 

Alrededor de 500 personas viven en el barrio Santa Ana. Hay varios espacios en el barrio que funcionan como escombreras.

Lo que alguna vez fue una zona agrícola se ha transformado en una zona industrial y urbana.

Los moradores de Santa Ana reconocen que los malos olores han disminuido en los últimos años.

Un relleno que no da más

La académica de la Universidad Andina, Fernanda Soliz, ha advertido presuntas  irregularidades en el Relleno por años. Asegura que hay acumulación de lixiviados, que son líquidos que se producen por la descomposición de la basura.

“Son pasivos que no han podido ser tratados por que la operadora, privada, que no da abasto. No se puede procesar ni el tratamiento diario, menos lo que se acumula”, dice Soliz.

En agosto, la Alianza Basura Cero, de la que Soliz es parte, visitó Inga, otro de los barrios que recibe una compensación municipal. “Se constató que hay obras inutilizadas y otras con problemas jurídicos”, asegura la organización.

La Alianza Basura Cero visitó las instalaciones del relleno en el Inga. Foto: Cortesía Basura Cero

También recorrieron el interior del Relleno y se constató la acumulación de casi 200 mil metros cúbicos de lixiviados. Lo que equivaldría a unas 3000 piscinas olímpicas, según cálculos realizados por la Alianza y el Cabildo Cívico.

“Los cubetos aparecen saturados, hemos recibido denuncias de filtraciones de lixiviados que ponen en riesgo el río Inga, que es afluente del río Machángara, que a su vez llega a los ríos en Esmeraldas”, MARÍA FERNANDA SOLIZ, académica.

Ese mismo mes, Basura Cero obtuvo la siguiente información del área técnica de EMGIRS:

La producción diaria de lixiviados es entre 400 y 500 metros cúbicos. Pero la acumulación de casi 200 mil metros cúbicos obliga al Municipio a tratar al menos 600 cúbicos diarios. Sin embargo, solo el 50% de ese total es tratado para ser evacuado a los ríos. La otra mitad pasa de nuevo a piscinas colapsadas o a la irrigación interna, generando un ciclo interminable de generación de lixiviados.

“Los cubetos aparecen saturados, hemos recibido denuncias de filtraciones de lixiviados que ponen en riesgo el río Inga, que es afluente del río Machángara, que a su vez llega a los ríos en Esmeraldas”, sostiene la académica.

Soliz indica que la capacidad de tratamiento de lixiviados es menor al líquido que se genera diariamente. “La única alternativa es que haya un vaciamiento clandestino. Hemos recibido denuncias de las comunidades cercanas. Además, los lixiviados se seguirán produciendo en el relleno por décadas”.

Basura Cero afirma que entre los factores contaminantes generados por el Relleno están la contaminación del aire por la generación del gas metano, los olores que a veces llegan hasta Tumbaco y la contaminación del agua por las filtraciones de lixiviados.

EMGIRS y el nuevo complejo ambiental

Conversamos con el gerente de EMGIRS, Santiago Andrade, sobre el estado del Relleno, las denuncias comunitarias y el proyecto del nuevo complejo ambiental.

Sobre las pugnas de poder en las dirigencias barriales y la falta de ejecución en las obras, Andrade afirma que, “la ejecución básicamente les toca a ellos”. El gerente reconoce que hay problemas internos, “en el caso de Santa Ana, la actual presidenta y el antiguo tienen problemas con la Contraloría, no se pasan los documentos”, dice.

Santiago Andrade Piedra es el gerente general de EMGIRS. Volvió al cargo luego de una gestión previa en 2017. Foto: EMGIRS

El gerente asegura que el barrio de Santa Ana tiene casi $1 millón disponible en su cuenta. “Ellos contratan sus fiscalizadores privados de obra. Ellos hacen un plan anual de inversiones donde ponen todos los proyectos y montos”.

Andrade sostiene que EMGIRS desembolsa el dinero después de que los barrios entregan los proyectos a realizar. “Hacemos fiscalización del manejo de dineros públicos, pero la gestión de ejecución la hacen ellos. Antes nosotros ejecutábamos, pero a partir de un examen de la Contraloría se dispuso que se haga bajo régimen de contratación pública”.

“Ellos no están preparados para eso, es complicado para ellos”, admite  el directivo de EMGIRS.

El relleno con capacidad agotada

De acuerdo a EMGIRS, la realidad del Relleno es la siguiente: aún tendría 30 meses de vida útil y tiene una acumulación de 193 mil m3 de lixiviados que no se han tratado. De las más de 2.000 toneladas de basura que recibe al día, se aprovecha sólo el 1% a través de 350 recicladores de base.

“Estamos en licitación para el cubeto 11, que requiere 7 meses de construcción. Con una capacidad de 1 '800.000 toneladas. Lo que nos daría 2 años y medio más de vida útil”, asegura Andrade.

Se espera concretar un aliado estratégico para el nuevo complejo en noviembre de 2024. Un proceso que requerirá una inversión entre los $200 y los $400 millones. El aliado deberá hacer los estudios de prefactibilidad y los diseños de construcción, que tomarán 30 meses.

En la actualidad, los cubetos están cubiertos de una membrana gruesa y tienen una base de grava y piedra en donde se disponen tuberías. Sobre eso se hacen “sándwiches”. Es decir, se hacen celdas con basura compactada sobre las que se ponen capas de cal y tierra. También se colocan chimeneas para la salida de los gases que genera la descomposición del material orgánico.

Los lechos de filtración y las piscinas de lixiviados no dan abasto con la producción de desechos.

El Municipio ocupó todo el espacio disponible para enterrar la basura, por lo que debió usar en comodato un espacio que le pertenece a Duragas. El nuevo complejo se ampliará hacia el otro lado de la quebrada.

De la descomposición de los "sandwiches" salen tuberías de drenaje con lixiviados que llegan al fondo de los cubetos. Los líquidos van a piscinas de almacenamiento. Esos lixiviados llevan años acumulándose, ya que la capacidad de tratar esas aguas es menor a la que ingresa.

Durante la gestión del ex alcalde Jorge Yunda, incluso, el tratamiento de lixiviados se detuvo por meses y el sector estuvo a punto de ser declarado en emergencia.

El relleno sanitario genera 500 metros cúbicos de lixiviados al día, pero el contrato generado con las operadoras de las plantas de tratamiento de lixiviados solo contempla 100 metros cúbicos al día. “El contratista estaba cumpliendo”, asegura Andrade.

“Las administraciones anteriores dejaron una calamidad, hay un problema que intentamos mitigar”, dice Andrade. La gestión actual encontró una acumulación de 1000 toneladas de desechos en las estaciones sur y norte. Hoy sigue habiendo una acumulación en promedio de 270 toneladas en las estaciones sur y norte.

Andrade explica que ante la falta de nuevos espacios en el Relleno para el tratamiento de la basura, la administración anterior expropió un terreno a la planta de gas Duragas, “y ellos pusieron un amparo y medidas de protección. Llegamos a un acuerdo y haremos uso en comodato”, explica, lo que significa que el terreno no le será devuelto a la empresa.

En la actualidad se está depositando basura en cubetos que ya deberían haberse cerrado. Al depositar basura en espacios con capacidad llena, EMGIRS asegura que están poniendo énfasis en evitar filtraciones debido a la alta presión a la que se está sometiendo a los cubetos actuales.

Así se gestiona el complejo ambiental

El nuevo complejo empezará a operar en 2027. EMGIRS proyecta un desfase de ocho meses entre el cierre del Relleno y la apertura del complejo, por lo que la primera fase implicará enterrar la basura en el nuevo complejo con la metodología actual.

El gerente de EMGIRS confirmó que el predio para el nuevo complejo costó $14 millones. Con una extensión que duplica al actual Relleno, las 120 hectáreas del nuevo complejo estarán en la misma zona, como se muestra en el siguiente mapa.

EMGIRS ya realizó la transferencia del monto respectivo gestionado por la Procuraduría Metropolitana para iniciar la expropiación de tres predios con más de 900 propietarios que serán transferidos al Municipio.

Entre los mínimos que EMGIRS exigirá a los inversores para el nuevo complejo están: 

Una planta de compostaje que procese 50 toneladas de desechos al día. A pesar de que Quito genera más toneladas, no hay un mercado proyectable para vender productos de compostaje. Se proyecta un mercado para agricultura urbana, rural y parques.

Tres plantas de separación de material de reciclaje. El aliado podrá colocar las tres plantas en el complejo o distribuirlas también en las estaciones de transferencia sur y norte.

El inversionista se hará cargo del transporte. Actualmente EMGIRS tiene una flota de 22 tractocamiones, aunque solo hay 13 habilitados, y 36 conductores que van de las estaciones al relleno.

EMGIRS pide una planta que de una solución para valoración energética, un centro de aprendizaje para educar a la academia y la ciudadanía e infraestructuras administrativas. 

Se estima poder aprovechar un 60% de los desechos orgánicos. Con el nuevo modelo se espera destinar el 96% de ese total para valorización energética, el 4% se proyecta hacia el compostaje. Del 40% inorgánico, el 38% se espera aprovechar a través de separación en bandas. El resto se destinaría a valorización energética y disposición en cubetos.

En el nuevo complejo se busca aprovechar entre el 65% y el 80% de la basura. Una meta ambiciosa si se toma en cuenta que actualmente se aprovecha el 1%. Al menos 10 cantones en el país han ofrecido construir complejos ambientales que han terminado siendo botaderos controlados.

El aliado estratégico deberá financiar el 100% del proyecto, realizar estudios y construcción y comandar la operación y el mantenimiento. “Es casi seguro que será un consorcio mixto entre capitales extranjeros y locales”, sostiene Andrade.

Los aportes públicos serán; los predios del nuevo complejo, las estaciones sur y norte, una planta de separación, la flota de transporte, las licencias ambientales y un pago de $41,24 por tonelada de basura ingresada, que es lo que le cuesta hoy en día al Municipio procesar la basura.

El inversionista podrá generar ingresos por generación eléctrica, venta de material reciclable, emisión de bonos de carbono y el cobro de tarifas por tonelada ingresada.

EMGIRS confirmó que hay 34 cartas de intención firmadas con posibles inversionistas que ya tienen acceso a un data room donde pueden obtener toda la información relativa al proceso. Los criterios de selección serán; el ahorro para el DMQ, una mayor capacidad de aprovechamiento de los residuos, la inversión del proyecto y la generación de empleo.

GALERÍA
El Municipio ofrece aprovechar el 80% de la basura desde 2027
 


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