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4 de Agosto del 2020
Historias
Lectura: 18 minutos
4 de Agosto del 2020
Redacción Plan V
El plasma se usa en pacientes severos y críticos con COVID en Ecuador
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El plasma convaleciente ha sido usado también para combatir enfermedades virales como el H1N1 y el ébola. Foto: Pixabay

 

Cuatro hospitales de Quito son parte de un estudio sobre el uso plasma convaleciente en pacientes con el virus. Uno de ellos es el Carlos Andrade Marín, donde el 70% de 40 pacientes mejoró su oxigenación. En Ecuador, el uso terapéutico del plasma convaleciente no está aprobado, pero sí su uso experimental previa autorización. En Guayaquil, familiares de contagiados han tenido que pagar hasta sobreprecios para conseguir plasma.

Médicos e investigadores ecuatorianos usan el plasma convaleciente en los pacientes con COVID-19, aunque el Ministerio de Salud no reconozca su uso oficialmente. Pero los expertos que lo implementan están animados por los resultados y apuestan por esta alternativa que no es nueva en la medicina. Su procedimiento es sencillo y consiste en una transfusión del plasma de un paciente recuperado a uno que está aún enfermo. Pero no todos pueden ser donantes y en el país los médicos alientan a que más recuperados acudan a donar para salvar vidas.

¿Qué es el plasma y qué tiene? El plasma es el componente de la sangre que contiene agua, proteínas y anticuerpos. Cuando una persona contrae un virus como la COVID-19, su sistema inmunológico produce anticuerpos para combatir el virus. El plasma con esos anticuerpos contra la infección se llama plasma convaleciente.

El hematólogo Andrés Orqueda, quien es parte del equipo del programa de plasma convaleciente del Hospital Carlos Andrade Marín de Quito (HCAM), explica que desde finales del siglo XIX la medicina ha usado productos convalecientes, que son aquellos derivados de la sangre de un paciente que tuvo una enfermedad y se recuperó. En las enfermedades virales más recientes como H1N1 y el ébola también se usó el plasma convaleciente como terapia.

Estas experiencias previas respaldaron el uso de este tipo de tratamiento en este hospital del IESS. Orqueda recuerda que hasta el momento no hay un tratamiento establecido contra el coronavirus, pero el plasma es una alternativa. Fue usado por primera vez el pasado 5 de mayo en esta casa de salud de Quito, después de la aprobación de los comités de ética asistencial y de investigación del hospital. Participaron médicos de varias especialidades para hacer un protocolo sobre este tratamiento. El proceso inicial duró alrededor de un mes e implicó la coordinación con las áreas de trabajo social, el banco de sangre, hematología y las unidades a cargo de los pacientes con COVID tanto en hospitalización como en terapia intensiva. Hasta el momento, el HCAM lleva 70 transfusiones de plasma convaleciente.

“La recomendación a nivel mundial sobre el uso de plasma convaleciente para tratar pacientes con COVID-19 netamente es experimental, puesto que hasta el momento no se cuenta con evidencia científica actualizada”, Ministerio de Salud.

De esta experiencia han llegado a conocer que es un tratamiento seguro que ayuda a los enfermos, según el médico Orqueda. “Es bien tolerado por los pacientes”. Afirma que esta opción no solo es para quienes están estado crítico, sino a quienes están en una condición severa. “Todos los pacientes que ingresan a los hospitales están en grado severo, es decir necesitan oxígeno para poder tolerar la enfermedad. Entonces la mayoría de las transfusiones se las hace a los pacientes en ese estado, tratando de usarlo lo más temprano posible”.

El experto explica que se prioriza a los enfermos que están más delicados, que están a un paso de ir a las unidades de cuidados intensivos (UCI) y que su enfermedad evoluciona muy rápido. En el caso de los pacientes que ya están en UCI, si el médico tratante lo solicita, son también candidatos para este tratamiento.  Este se aplica después del consentimiento del enfermo o de su familia.


El Carlos Andrade Marín es uno de los hospitales de Quito que usa este tratamiento. Foto Archivo PlanV

¿Cómo reaccionan a este tratamiento? Los pacientes que no están críticos han dicho que al tercer día han sentido una mejora. Pero Orqueda dice que eso es necesario hacer estudios de laboratorio antes de emitir un criterio.

Pero el HCAM cuenta con una estadística inicial de sus resultados. Hicieron un análisis de las primeras 40 aplicaciones. A los 15 días, el 70% de los pacientes mejoró su oxigenación después del uso de plasma convaleciente tanto en pacientes no críticos como críticos. Orqueda enfatiza en que este es un análisis preliminar.

En Ecuador, el uso para tratamiento terapéutico del plasma convaleciente no está aprobado por el Ministerio de Salud. En una respuesta a un pedido de información de Plan V, la Subsecretaría Nacional de Gobernanza de la Salud insistió en que cualquier uso del plasma convaleciente para el tratamiento de pacientes con COVID-19 “será de uso experimental, bajo los criterios establecidos por la OMS/OPS en el documento antes mencionado y previa aprobación por la Autoridad Sanitaria Nacional”.

Los criterios a los que se refiere la cartera de Estado están en un pronunciamiento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) del 22 de abril pasado. Allí se menciona lo siguiente: “A la fecha, la experiencia con el uso de plasma de convalecientes para tratamiento de la COVID-19 es limitada pero los resultados preliminares indican una potencial utilidad”. Refiere que diversos estudios clínicos controlados se encuentran en marcha, lo que permitirá recolectar mayor evidencia científica de calidad para confirmar la eficacia y seguridad de esta intervención. Salud, en su respuesta, recordó que en sus lineamientos para el diagnóstico y manejo de esta enfermedad de Ecuador exhorta a la planeación, desarrollo e implementación de ensayos clínicos aleatorizados y de otros diseños de investigación en la población ecuatoriana. Uno de ellos ya se realiza en Quito.

Un estudio con 100 casos se espera para septiembre

La Cruz Roja Ecuatoriana, junto a las universidades San Francisco y UTE, estudian desde abril pasado el uso del plasma convaleciente en los pacientes con COVID. Está financiado por el fideicomiso Salvar Vidas, que donó 50.000 dólares.  La investigación fue sometida a un Comité de Ética de la Universidad San Francisco y fue aprobada el 19 de abril. La Cruz Roja está a cargo de la recolección del plasma y las universidades del estudio clínico.

Mónica Pesántez, gerente del Hemocentro Nacional de la Cruz Roja, afirma que es un estudio controlado, triple ciego. Es decir, hay requisitos para los pacientes y los donantes. En el caso de los pacientes deben estar graves y saturando menos de 90. En el caso de los donantes, por ejemplo, para el estudio no se usa el plasma de mujeres. “Porque al tener embarazos o abortos se sensibilizan más y no queremos tener un factor adicional que pueda dar una reacción en el paciente”. No pueden donar quienes tienen cáncer o VIH. Al plasma de los donantes se lo somete a un examen para confirmar que tiene anticuerpos y descartar otras enfermedades como hepatitis, sífilis o VIH. Solo ingresan al estudio pacientes y donantes tras firmar un consentimiento.

Los anticuerpos no permanecen todo la vida. Pero sí las células de memoria. Cuando viene un virus e ingresa nuestro cuerpo, nuestras células inmediatamente lo estudian y buscan la forma de defenderse. Y esa memoria inmunológica se queda en nuestro cuerpo.


El estudio de la Cruz Roja Ecuatoriana y de dos universidades tiene el visto bueno del Ministerio de Salud. Se espera los primeros resultados para septiembre. Foto: Edifarm

El estudio comprenderá el análisis de 200 pacientes, pero a los 100 harán una primera evaluación preliminar y prevén presentar resultados para septiembre. Participan los hospitales de Calderón, Andrade Marín, IESS Quito Sur y el Pablo Arturo Suárez. Hasta el momento llevan 60 pacientes que han recibido el plasma y no han notado ninguna reacción adversa. Tiene el visto bueno por parte del ministro de Salud, Juan Carlos Zeballos.

En otros países, las investigaciones han demostrado la reducción de la mortalidad, según Pesántez. Pero también hay estudios que han sido abandonados como sucedió en Holanda, donde pudieron contar el número de anticuerpos en el paciente y encontraron que no eran de gran ayuda, añade la experta. Resalta que hay diferentes puntos de vista sobre este tratamiento y que todo está en ensayo.

La Cruz Roja entrega dos tipos de plasma. Uno para la investigación y otro para su uso compasivo, es decir cuando ya no hay más opciones de tratamiento. En este último caso, los pacientes han mejorado y que han fallecido, refiere Pesántez. “Por eso es bueno un estudio con pacientes que tengan los mismos requisitos para tener una verdadera evaluación”.

Para el estudio, los donantes sí deben tener una prueba PCR. Pero para el uso compasivo no es necesario porque al analizar los anticuerpos se puede saber si ya pasó la infección.

El miedo aleja a los donantes y no todos pueden donar

Dos familiares de Juan Fernando Terán tuvieron experiencias distintas respecto al plasma en Quito. Junto con su familia y amigos hizo una búsqueda incesante de plasma para su tía y abuelo. Hubo mucha gente dispuesta a colaborar, pero no todos eran aptos para poder donar. Al final solo su tía recibió el plasma. Es una mujer de 68 años que además fue tratada con otros medicamentos. Pasó una semana complicada en el hospital, pero no llegó a estar en terapia intensiva. Mejoró y fue dada de alta, aunque aún depende de oxígeno de forma ocasional. Su abuelo también se contagió y al tener otro tipo de sangre tuvieron que hacer una nueva búsqueda de donantes para él. Pero mejoró antes de recibir el plasma.

Hace más de un mes, Silvana Cazar ayudó a una amiga que buscaba plasma para su padre, quien estaba crítico. Lo publicó en redes sociales y rápidamente se difundió. Consiguieron el plasma, pero el señor de avanzada edad falleció antes de recibir el tratamiento. Estaba en terapia intensiva, pero estuvo muy débil por lo que no alcanzó a recibirlo.


La Cruz Roja y lo hospitales alientan a los recuperados de COVID a donar plasma para salvar vidas. Aseguran que el método es seguro y dura una hora. Foto:Pixabay

Orqueda sostiene que cada vez es más difícil la captación de donantes porque en el país no hay una cultura de donación de sangre. Dice que hay miedo en los pacientes recuperados por infectarse de nuevo, pero alienta a los recuperados a que donen para ofrecer una opción de los enfermos que aún siguen luchando contra el virus. El médico sostiene que la donación es segura y que después de los 28 días del inicio de los síntomas, los pacientes ya no son contagiosos. “Muchos de los estudios dicen que pacientes con COVID, que tuvieron algún síntoma leva y se recuperan, el 98% genera anticuerpos”.

En esto también coincide Pesántez. Dice que los pacientes prefieren guardar sus defensas para algún familiar, pero dice que con el tiempo los anticuerpos bajan. “Hay personas que quieren donar, pero ya no tienen anticuerpos o no tienen una buena cantidad. Si la gente quiere salvar vidas lo debe hacer pronto”.

Quienes deseen donar lo pueden hacer a través del Banco de Sangre del HCAM a los teléfonos 022944200, ext. 1513, o a los celulares 0998426185, 0983937894 y al 0995239058. El procedimiento dura hasta una hora y entre los requisitos que debe cumplir es tener menos de 65 años, haber pasado 28 días desde el inicio de los síntomas, mujeres que no hayan tenido embarazos y un resultado positivo de prueba PCR, no con pruebas rápidas. En la Cruz Roja, el contacto para las donaciones es el 0988381770.

 

  TESTIMONIO  

‘El plasma fue el último recurso para mi esposo y pagué sobreprecio’

Michelle Almeida, licenciada en enfermería

Mi esposo es médico residente del Hospital de Guayaquil. Tiene 34 años.  Empezó con los síntomas el 28 de marzo. Una semana antes lo bajaron a emergencia porque empezó la pandemia. Recibió a pacientes con COVID. La carga viral que él tuvo fue muy alta. Presentó los síntomas cuatro días después de hacer dos guardias en el hospital. El primer día tuvo malestar y fiebre. Pero al segundo día se complicó con la fiebre. Le inyecté paracetamol, porque soy licenciada en enfermería, pero no cedía la fiebre. No quería comer.

Lo llevé al hospital Guayaquil y le hicieron una radiografía. El virus se había tomado prácticamente los pulmones. Llegó a saturar 80 (lo normal es sobre 90). Estuvo con ventilación mecánica no invasiva hasta el 8 de abril. Como no había mejoras tuvieron que ponerle ventilación mecánica invasiva y así pasó 22 días más. Se complicó porque él es diabético y porque adquirió una infección.

Pero días antes, el 15 de abril, hablé con la jefa de él y ya no me dieron esperanzas de vida para mi esposo. Ella me dijo que la única opción que quedaba era el plasma. En ese momento me puse a investigar sobre el plasma. Había muy poco material disponible.

Era agotar el último recurso. El médico tratante no quería, porque me dijo que eso se ponía al paciente cuando recién ingresaba. Además no había un documento científico hasta ese momento. La jefa de mi esposo habló con el director del hospital, quien dio la orden para que se le colocara el plasma a mi esposo. Ahora ya permiten ponerlo a los pacientes.

"Encontré en otra clínica que lo estaba vendiendo. Por no tener la orden médica me cobraron más o menos 600 dólares por cada pinta; compré dos para mi esposo". 

Tuve que comprar el plasma y con sobreprecio. En la Cruz Roja me pidieron que lleve tres donantes para completar la pinta que necesitaba mi esposo. En otra clínica me cobraban 800 dólares y me pedían que lleve un donante con resultados positivo y negativo y 15 días sin síntomas. Sí tuve donantes. Pero este proceso duraba 72 horas y lo que menos tenía era tiempo. Encontré en otra clínica que lo estaba vendiendo. Por no tener la orden médica me cobraron más o menos 600 dólares por cada pinta; compré dos para mi esposo.

Le pusieron 300 mililitros. No fue una mejoría inmediata, sino al cuarto o quinto día. Hacia el 20 de abril, los exámenes de laboratorio confirmaron una mejoría leve. El 25 de abril le quitaron el tubo y pudo respirar por sí solo. Él recibió además antibióticos de amplio espectro, inclusive él ahora es resistente a los antibióticos por el tratamiento.

El momento en que mi esposo estuvo ingresado y estaba muy mal, yo también estuve contagiada. Necesitaba salir, pero me cansaba después de caminar 10 metros. Pero de un momento a otro me pasó. No sé si fue por el susto. No llegué a ir al hospital, pero sí mi mamá que también se contaminó porque vivimos cerca de ella. No estuvo grave.

Gracias a Dios, él ya salió. Aunque hubo muchas secuelas por estar tanto tiempo entubado. Presentó estenosis (estrechamiento) a nivel de la tráquea. Tuvieron que colocarle un stent, un aparato para que abra la tráquea y pueda tener un mejor flujo de aire. Además se le formó una úlcera.

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El plasma se usa en pacientes severos y críticos con COVID en Ecuador
 


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