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29 de Junio del 2021
Historias
Lectura: 23 minutos
29 de Junio del 2021
Redacción Plan V
El proceso kafkiano de trasladar la memoria histórica y cultural del Ecuador
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En el edificio del Ministerio de Cultura y patrimonio se encuentran miles de piezas arquelógicas, piezas de arte desde la colonia, documentos y libros históricos. La master otavaleña Estelina Quinatoa Cotacachi, al fondo, es guardiana del patrimonio arqueológico. Fotos: Luis Argüello / PlanV

En el edificio del Ministerio de Cultura y patrimonio se encuentran miles de piezas arquelógicas, piezas de arte desde la colonia, documentos y libros históricos. La master otavaleña Estelina Quinatoa Cotacachi, al fondo, es guardiana del patrimonio arqueológico. Fotos: Luis Argüello / PlanV

La llamada Colección Nacional, que agrupa cientos de miles de objetos arqueológicos, piezas de arte colonial y contemporáneo documentos históricos y libros, tiene que salir de un edificio que puede caerse en cualquier momento. Su traslado es un proceso kafkiano.


El patrimonio cultural del Ecuador, es decir el registro cultural que un país ha acumulado a lo largo de su historia, vive un proceso de mudanza alucinante. Sin un lugar para reposar en condiciones apropiadas de conservación y donde los interesados en la historia y la cultura puedan investigar y consultar, decenas de miles de objetos, entre libros, documentos, piezas coloniales y arqueológicas, son objeto de un galimatías burocrático que lleva casi dos años, —aunque se suponía que era una emergencia—, y que muestra, como dice el subsecretario de Memoria Social, Alfonso Espinoza, un tema de fondo: el Ecuador ha construido estadios, hospitales, hidroeléctricas, carreteras, oleoductos y gasoductos, refinerías visibles e invisibles, aeropuertos fantasmas, coliseos, modernos y amplios centros de convenciones; pero no ha sido capaz de hacer un edificio con los mínimos requisitos técnicos para albergar su memoria cultural e histórica y su museo nacional. Los museos en el Ecuador se ven obligados a acomodarse en antiguos hospitales, edificios donde antes habían bancos y financieras, casas patrimoniales o conventos religiosos; "como el pariente pobre al cual le dan, a regañadientes, el cuartito que sobra". 


Contenedores con seguridad guardan tesoros históricos del país. Son la memoria tangible de nuestra cultura. Estelina Quinatoa se esmera mucho en su cuidado y preservación en el área de arqueología, la cual todavía falta por terminar de embalar ya que son piezas sumamante delicadas e invaluables.

El patrimonio del país se puede contar por peso y volumen, y esa cantidad enorme de objetos hay que resguardarla, protegerla y tenerla siempre lista para cualquier muestra. Funcionarios del ministerio de Cultura dijeron a Plan V que las muestras que se ven en museos son solo la punta de una enorme pirámide de objetos clasificados y registrados. La base de esta pirámide contiene 60.000 objetos de reserva arqueológica; 5.000 objetos de reserva de arte colonial y republicano; 2.600 bienes de la reserva de arte moderno y contemporáneo; 223.773 volúmenes del fondo bibliográfico y 920.320 del fondo documental y audiovisual. Juntos, todos estos bienes, objetos y documentos pueden pesar más de 80 toneladas entre las piezas y objetos y el mobiliario técnico que almacenan y contienen esos bienes.

Los estantes donde aguardan la piezas arqueológicas están conectadas por varillas metálicas para que en caso de sismo haya menos movimiento lateral. En los bordes exteriores se colocan hilos para las piezas no caigan.


Cientos de armarios con cajones con especificaciones y estándares de museo, guardan pequeñas piezas de todo tipo de material, metales, conchas, piedas preciosas, oro. Cada pieza encaja perfectamente en planchas de espuma flex para extremar su cuidado. Las formas de las piezas son recortadas en la espuma flex a mano. A cada una acompaña su respectivo código. Son 60.000 las piezas de la reserva arqueológica que Estelina Quinatoa Cotacachi, miembro de la Academia Nacional de Historia, cuida desde hace décadas.  

Por casi 20 años, todo este volumen y peso estaba acumulado y debidamente registrado y embalado en el edificio Aranjuez, donde antes funcionó la gran área cultural del Banco Central del Ecuador, BCE, y luego el Ministerio de Cultura, en la zona de La Mariscal, centro norte de Quito. Y ahí hubieran permanecido hasta que el terremoto de abril del 2016, que asoló buena parte de la costa ecuatoriana y remeció Quito, reveló las fallas estructurales del edificio. Así que el 7 de marzo del 2017, el ministerio de Cultura y la empresa pública EPN-TECH EP, de la Escuela Politécnica Nacional, firmaron un contrato de consultoría para evaluar la estructura del edificio y proceder a su reforzamiento estructural.

Una toma con dron del edificio Aranjuez, en el sector de La Mariscal, en el hípercentro de Quito, donde se guarda la Colección Nacional y que está en proceso de mudanza debido a fallas esructurales del edifico.

El informe concluyó que “observando las derivas de piso que se presentan en ambos bloques estructurales, en las dos direcciones principales ortogonales. Resulta evidente que el Edificio Aranjuez presentara un pobre desempeño estructural frente al evento sísmico de diseño NEC (sismo de 475 años de periodo de retorno).

"Se presentan derivas inclusive mayores a 4% en el bloque uno. Esto se debe a que la estructura se construyó bajo un deficiente control de calidad el cual permitió que elementos estructurales en ciertos casos posean una resistencia característica de compresión simple del hormigón inferior a los 180 Kg/cm2.

"Al observar los desplazamientos de piso elásticos, se puede apreciar que el movimiento de los bloques superará los 22 cm en ciertos niveles frente al evento sísmico de diseño. Si consideramos que la mayor junta construida entre bloques es inferior a los 11 cm (medida en campo y que varía entre piso) el impacto entre bloques y por ende daño es inevitable en las condiciones actuales. No obstante vale aclarar que dicha patología inclusive después de un reforzamiento estructural muy difícilmente será solventada en un 100 %".

luego de tres años del informe estructural de la Politécnica Nacional, se empezó a buscar un edificio que tuviera las condiciones adecuadas para el traslado de los miles de bienes de la Colección Nacional.

Es decir, que con un sismo se podía caer, que una de las torres está inclinada levemente y que ni el reforzamiento estructural cambiará su condición de edificio enfermo. Con una probabilidad de colpaso del 90% de caso de sismo fuerte y del 47% en caso de sismo moderado. El 28 de noviembre del 2019 el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos indicó que era urgente ejecutar un plan integral de emergencias y evacuación del edificio para proteger al personal que trabajaba ahí y también los bienes culturales y patrimoniales que conforman la Colección Nacional. Tres días después se dipuso la evacuación general de todos los funcionarios y se puso en marcha el plan emergente para trasladar los bienes culturales. El 23 de abril del 2020, cuatro meses después, el plan emergente estaba aprobado.

Así que luego de tres años del informe estructural de la Politécnica Nacional, se empezó a buscar un edificio que tuviera las condiciones adecuadas para el traslado de los miles de bienes de la Colección Nacional y pudiera albergar las antiguas piezas, libros y documentos, los cuales requieren adecuaciones especiales de temperatura, espacio y resistencia. Se escogieron 12 lugares a donde podía ir la Colección: edificio UNASUR, Banco Central del Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana, antigua Embajada de EE.UU., Casona de la Salud junto al H. Eugenio Espejo, Centro de Arte Contemporáneo, antiguo Hospital San Lázaro, antiguo Colegio Simón Bolívar, antiguo Penal García Moreno, antiguo Comisariato del Ejército, la casa Calle Mejía y el antiguo edificio de los Ferrocarriles.

En el archivo histórico se encuentran documentos originales muy importantes, fotografías, ilustraciones, libros originales. Francisco Trujillo, encargado de este espacio, navega por los cajones, folders y archivadores. Saca fotografías de archivos particulares de la cotidianidad ecuatoriana, pinturas y placas de vidrio de camaras de fuelle.

Todos los edificios fueron sometidos a una evaluación, en su calidad de probables contenedores de la Colección. Debían tener 13 condiciones adecuadas: superficie mínima indispensable, estado de conservación de las edificaciones, sistema estructural y capacidad de carga, capacidad de adaptación funcional para el uso propuesto, condiciones de seguridad, vías de acceso y abastecimiento, tipo de tenencia, disponibilidad inmediata del espacio, servicio de transporte público, proximidad con otros equipamientos culturales, población servida, tiempo requerido para el traslado y costo de traslado y de acondicionamiento de edificaciones. 

Finalmente se decidieron por el edificio UNASUR, en la Mitad del Mundo, a 26 kilómetros desde el centro de Quito. Un informe de la entonces subsecretaria de Memoria Social, del ministerio de Cultura planteó que ante la eventualidad de ocupar ese edificio, se considerara también que el MUNA, Museo Nacional sea trasladado a ese lugar. El informe decía:

“Tomando en consideración, la situación de emergencia y el riesgo latente al que están expuestas las colecciones, y con la finalidad de mitigar en menor tiempo posible la vulnerabilidad a la que están sujetas, y fundamentada en la valoración técnica y funcional de la edificación, se recomienda trasladar las reservas de arte, arqueología, fondos bibliográficos y documentales al edificio de la antigua UNASUR.


El llamado edificio UNASUR, en la Ciudad Mitad del Mundo, 27 kilómetros al norte del centro de Quito y en el paralelo 0. Fue refaccionado para recibir las fondos arqueológicos y de arte, y al Museo Nacional, MuNa, pero finalmente se desistió de ello. Foto: El Universo

"Se considera que las acciones de traslado requieren ser pensadas como una integralidad entre las Reservas (fondos) y el Museo Nacional (áreas de exhibición). No se puede pensar una coexistencia de ambos componentes sin una estricta cercanía, pues el museo es la vitrina de las reservas y a su vez las reservas son la fuente de investigación y exhibición.

"Adicionalmente, considerar un nuevo espacio para el MUNA da la posibilidad de pensar en una espacio más amplio y versátil que aloje a una mayor parte de sus colecciones y proponga una programación más activa, pues los espacios de servicios y exhibiciones temporales serían más amplios. Por lo que se recomienda evaluar más adelante la pertinencia del traslado de los espacios de exposición del MUNA".

Tomada la decisión, el entonces ministro de Cultura, Juan Fernando Velasco, y el canciller José Valencia firmaron el contrato mediante el cual la cancillería entregaba a Cultura la tenencia, administración y custodia del emblemático edificio y todos sus bienes.  El 13 de julio del 2020 inició el proceso de entrega-recepción. Este fue suspendido por más de un mes debido a que un funcionario de Cancillería dio positivo para covid-19. Pero ya el 29 de septiembre se suscribió el acta de constatación física de los bienes del edificio y el acta de entrega recepción, acompañada de 155 hojas con el detalle de los bienes muebles: 3.175 bienes muebles con un valor contable de USD 4.8 millones. El 10 de diciembre del 2020 culminó todo el proceso.

Paralelo a este proceso se dio el contrato para el embalaje, traslado y desembalaje de todos los bienes culturales, con la empresa Premium Logistic, por USD 250.000, a ser ejeecutado en 165 días calendario. 

También se firmó el contrato para las adecuaciones necesarias para que el edificio pueda alojar a la Colección Nacional. El contrato fue por USD 70.058, por 30 días. Adecuaciones como: retirar las alfombras y mamparas de vidrio fijo, recubrimiento del piso con materiales resistentes a tráfico alto y que no constituya riesgo biológico y obras de mantenimiento general: pintura, resane de fallas, limpieza, reubicación de tomas eléctricas y de puertas.


Cuadros y esculturas de los siglos 20 y 21 embaladas y etiquetadas, también sus molduras o marcos respectivos. El contrato con la empresa Premium Logistic, para el embalaje, traslado y desembalaje de las piezas costó USD 250.000.


Todos los pisos donde se encuentran las obras de arte, documentos y piezas arqueológicas tienen sistemas de climatización y extractores de humedad. En todas partes el aire está controlado en temperatura y humedad. Hay cámaras de seguridad en todas partes. También detectores de humo y medidores de humedad.


Cajas con joyería de la época colonial. Se lleva de registro de cada pieza en la caja, incluso el número de cuentas que tiene cada collar. Hay preocupación de que las cajas tengan que permanecer cerradas por mucho tiempo hasta que puedan ser llevadas a su lugar de destino, porque dentro de las cajas se crea un microclima incontrolable. Esto podría afectar más en el caso de telares, alfombras o lienzos.


La biblioteca, y hemeroteca; en las cajas y estantes hay miles de publicaciones de periódicos, revistas y libros. 

Empiezan las dificultades

Pero el 30 de abril del 2020, el gerente del Proyecto de Protección y Recuperación de del Patrimonio Cultural del Ecuador emitió un informe técnico, luego de una inspección al edificio de la UNASUR, en el cual señalaba: "no se cuenta con planos estructurales o información técnica relacionada del inmueble". Lo cual impedía verificar si la ubicación de los repositorios en los pisos superiores afectaban inmediatamente y a futuro la estabilidad y seguridad del edificio. Un informe arquitectónico posterior daba cuenta de la distribución de la reserva de arte moderno, arte colonial y de arqueología entre los cuatro pisos del edificio. También el área de Restauración y Conservación del MUNA hizo un informe sobre climatización de los espacios asignados. El detallado informe concluía que “en época de lluvia, las condiciones climáticas de esta área, sin aire acondicionado son aceptables, y mejoran al encender el aire acondicionado”.

Pero a finales de enero y principios de enero del 2021, nuevas visitas técnicas a la ex sede de la UNASUR señalaron que no había planos de la distribución del mobiliario y los bienes del edificio; no estaban seguros de que el sistema contraincendios funcionara; tenían dudas sobre la capacidad de carga de las dos primeras plantas.

Al recibir, al fin, los planos estructurales, los responsables técnicos emitieron un nuevo informe técnico en el cual se recomendaba usar solamente los subsuelos del edificio para albergar la mayor cantidad de bienes culturales.

Para el 19 de febrero del 2021 no se había embalado ningún bien perteneciente a la reserva de arqueología, debido a que existían discrepancias sobre el procedimiento de embalaje que debía realizar la empresa contratada para el efecto. Se necesitó un acuerdo con la curadora de arqueología para establecer el procedimiento a seguir para el proceso de embalaje. Una pelea épica, si se quiere, para hacer entender a los embaladores y transportadores que no estaban manejando quintales de papas.

Pero otro informe evidenció que no había certeza en trasladar las reservas arqueológica y de arte al UNASUR, porque: "se pudo corroborar que NO (sic) existían los planos de distribución del mobiliario de las reservas, por lo que no se tenía la certeza técnica que los espacios asignados sean los adecuados para recibir los bienes-muebles y patrimoniales de todas las reservas incluyendo arqueología", decía el nuevo informe de las decenas que ya acumulaba el proceso.

"De igual manera es pertinente poner en su conocimiento, que la anterior administración y el proyecto Plan de Protección y Recuperación del Patrimonio Cultural del Ecuador —en adelante SOS Patrimonio— no contó con los estudios estructurales del edificio UNASUR, razón por la cual no se podía asegurar técnicamente que el peso que iba a ser cargado en los pisos 1, 2, 3 y 4 de dicho inmueble con los bienes tanto muebles (estanterías, rodarchivos, planeras, entre otros) y los bienes patrimoniales de la reserva de arqueología, cuenten con la capacidad estructural de soportar dicha carga", señalaba, 

Al recibir, al fin, los planos estructurales, los responsables técnicos emitieron un nuevo informe técnico en el cual se recomendaba usar solamente los subsuelos del edificio para albergar la mayor cantidad de bienes culturales, porque "la carga de diseño de las losas es muy inferior a la recomendada para zonas de acumulación de estanterías". Concretamente en el subsuelo estaba el salón llamado Pablo Neruda, que además requería de algunas adecuaciones para la seguridad de los bienes.

Pero, el 20 de abril del 2021, el director ejecutivo del Museo Nacional del Ecuador, MUNA, remitió a la Subsecretaría de Memoria Social, el llamado "informe de insistencia de requerimientos técnicos de Reservas y Depósitos de Archivos y Bibliotecas pertenecientes al Ministerio de Cultura y Patrimonio a cargo del personal técnico de la EOD Museo Nacional, MuNa, referente al proceso de traslado y reubicación de los bienes culturales y patrimoniales en otros espacios", el cual citaba lo siguiente:

"El cuarto piso destinado a metales preciosos y orgánicos, no posee los cerramientos internos que se necesitan para el aislamiento y seguridad de los bienes. Se requiere sellamiento de las puertas de vidrio del lado sur. Se evidenció que la pared occidental presenta fisuras diagonales en mampostería, lo cual debe ser corregido previo al traslado.

"El tercer piso donde se ubican 8.000 bienes de cerámica en estantes y planeras, necesita implementar todas las seguridades como lo solicitado para en el 4to piso. Los dos pisos necesitan la colocación de películas polarizadas en las puertas de vidrio que deben ser selladas por seguridad y para control de la temperatura y humedad relativa del lugar. Además se deben bloquear los ascensores a estos pisos con acceso exclusivos al personal de la reserva.

Los nuevos espacios para albergar los bienes prehispánicos, van a ser ubicados en el subsuelo 2 del edificio UNASUR. A este espacio le faltan todas las adecuaciones estructurales y equipamiento para contar con una reserva técnica...

"Los nuevos espacios para albergar los bienes prehispánicos, van a ser ubicados en el subsuelo 2 del edificio UNASUR. A este espacio le faltan todas las adecuaciones estructurales y equipamiento para contar con una reserva técnica, ya que solamente cuenta con paredes y puertas de madera aglomerada, paredes con rendijas que colindan con los parqueaderos y con el espacio de carga y descarga del edificio.

"Consideramos que el cielo raso es demasiado alto y posee una claraboya mucho más alta lo que dificulta la climatización del espacio. Hemos solicitado que se disminuya la altura del cielo raso, se cambien las paredes por una de material más resistente y se sellen para poder controlar la temperatura y humedad relativa que necesitan los bienes. Se necesita un único acceso (puerta) con todas las seguridades.

"El personal de S.O.S. Patrimonio había designado la bodega y la sala de tránsito dentro de la Reserva, lo cual no es técnico, por lo que se cambió el lugar de la sala de tránsito y la bodega a la parte externa, adosados a la Reserva del subsuelo 2 con ingreso independiente a las mismas”.

Al finalmente comprobar que el edificio UNASUR no tenía las condiciones técnicas  para albergar parte de la Colección Nacional —y que su adaptación era muy onerosa—, este fue desechado como repositorio de los fondos de Arte Moderno y Contemporáneo, Arte Colonial y Republicano y Arqueología, y también para albergar el MUNA.

Los acervos documentales del Archivo Histórico y Fondo Antiguo del ministerio de Cultura, a su vez, serían ubicados en el edificio denominado Centro de Investigación de la Memoria y Patrimonio Cultural, ubicado junto al Palacio de Najas, sede de la Cancillería. Pero un nuevo informe arquitectónico determinó que los pisos superiores no podían soportar la carga de tantas toneladas de documentos y libros históricos, por lo cual consideraron al edificio "no viable" y recomendaron la búsqueda de otros espacios. Se decidieron finalmente por ocupar un ala del edificio de la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, pero otra inspección técnica determinó que no habia espacio suficiente para albergar el volumen de los archivos históricos sin causar problemas al espacio de la propia biblioteca.


Archivo Histórico, diagonal al palacio de Najas, sede de la Cancillería, albergaría parte de la Colección Nacional. Hasta la fecha se están concretando las negociaciones.

Al momento, las reservas de arte colonial y republicano, de arte moderno y contemporáneo y de arqueología irían a un edificio que el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC está desocupando. Este tiene ya tratamiento antisísmico y el Ministerio de Cultura debe hacer adecuaciones menores aún. Pero las negociaciones aún se están concretando con el INCP.

Se está definiendo todavía la ubicación para la biblioteca y el archivo documental históricos. Se ha pedido a la dirección de la Casa de la Cultura Ecuatoriana ocupar el espacio que está liberando la Biblioteca Nacional, que está por concluir su traslado al antiguo Hospital Eugenio Espejo.

Puede ser que, terminado el largo proceso de mudanza, la memoria histórica y cultural del país, abocada a ubicarse en los espacios que buenamente puede conseguir —y sometida a los trágicos absurdos burocráticos descritos por Kafka— encuentre el sitio que le corresponde.

GALERÍA
El proceso kafkiano de trasladar la memoria histórica y cultural del Ecuador
 


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