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12 de Junio del 2020
Historias
Lectura: 11 minutos
12 de Junio del 2020
Susana Morán
El trabajo infantil en Ecuador aumentará por la pandemia
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A diciembre de 2017, en el Ecuador había 375.342 menores en situación de trabajo infantil. Foto: Luis Argüello / PlanV

 

El cierre de las escuelas y el desempleo de los adultos causarán que el trabajo infantil en Ecuador se incremente. En la actualidad al menos 375.342 niños, niñas y adolescentes, entre 5 y 17 años, trabajan. Organizaciones nacionales e internacionales advierten del impacto de las pandemia en los más pequeños.


Antes de la emergencia sanitaria, Ecuador tenía 375.342 menores en situación de trabajo infantil. Eso significa al menos 10 estadios Olímpico Atahualpa llenos. Pero esa cifra se puede incrementar drásticamente con la pandemia por una razón: el desempleo de los adultos. Eso lo advierte la organización Aldeas Infantiles SOS en el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que se conmemora cada 12 de junio.

Verónica Legarda, coordinadora nacional legal de Aldeas Infantiles SOS, dice que las cifras del trabajo infantil en el Ecuador se han incrementado desde el 2012. Según el INEC, en ese año, había aproximadamente 70.000 niños, niñas y adolescentes, entre 5 y 14 años, que trabajan. En el 2014 subió a 99.000; a finales de 2017 superó los 177.000. Si sumamos a los adolescentes de entre 15 y 17 años, la cifra llega a los 375.342 menores en situación de trabajo infantil. La experta cree que con la crisis económica y sanitaria, este número será muy superior.

Las cifras que recoge el informe de Observancia del Trabajo Infantil, publicado en octubre de 2018 y basados en la Primera Encuesta Nacional de Trabajo Infantil de 2012, no son alentadoras. En Ecuador, 1 de cada 10 niñas, niños y adolescentes trabajadores, entre 5 y 14 años, se localiza en Guayas. Pero el 30% de la población infantil trabajadora a escala nacional proceden de Cotopaxi, Chimborazo y Azuay.

En el caso del trabajo de adolescentes entre 15 y 17 años, estos provienen de las provincias de Cotopaxi (36%), Bolívar (30%), y Cañar (29%). Mientras que cerca del 30% de los y las adolescentes trabajadores se ubica entre Guayas y Pichincha.

El trabajo infantil se concentra en las áreas rurales donde los niños y niñas trabajan cerca de 5 veces más que en las zonas urbanas, dice el reporte. Añade que el alto índice de trabajo infantil en la zona rural tiene relación directa con la incidencia de trabajo infantil en niños y niñas indígenas, cuya incidencia alcanza el 26%, y en el caso de la población adolescente 39%. También hay una alta incidencia del trabajo en la población adolescente montubia.

“Se profundiza en poblaciones que han sido históricamente excluidas de procesos de inclusión social, tanto como lo son las familias y niños indígenas y afrodescendientes, y en zonas rurales”, asegura Legarda. Afirma que el Estado no ha tenido la capacidad de reducir las brechas en este tipo de poblaciones.

La agricultura y ganadería son las actividades que más emplean mano de obra infantil y adolescente, refiere el reporte de 2018. En el caso de niñas y niños, la gran mayoría trabaja en este sector y la totalidad se ubica como mano de obra no calificada.

Los menores de 15 años trabajan en promedio de 15,2 horas a la semana; y, en el caso de adolescentes, 30,2 horas. El informe menciona que del total de la población menor a 17 años que trabaja, el 75% también estudia.

Pero con la pandemia, al menos 1.370 millones de estudiantes han sido afectados por el cierre de escuelas en todo el mundo, según UNICEF. En el caso del Ecuador esta cifra es de 4,3 millones de niños, niñas y adolescentes. La falta de ingresos en las familias -que se dedican sobre todo a ventas informales- por la cuarentena y las medidas restrictivas, ha incrementado su pobreza, dice Legarda.  “Es consecuente pensar que tras la crisis sanitaria también habrá efectos negativos a sus hogares, impidiéndoles acceder a servicios como salud y educación. Eso afectará la vida de los niños”.

Considera que el trabajo infantil se deriva de la estrategia de supervivencia de las familias. Cuando los padres de familia no tienen posibilidad de enfrentar nuevos costos como tener una computadora en el hogar, conexión a internet o datos en el celular para que los niños puedan acceder a sus clases virtuales, se ven en la obligación de sacar a sus hijos del sistema educativo y vincularlos a estrategia de generación de ingresos, explica la experta.

Un estudio de la CEPAL, difundido el pasado 3 de abril, ya advirtió esta posibilidad. “Dadas las desigualdades económicas y sociales de la región, los efectos del desempleo afectarán de manera desproporcionada a los pobres y a los estratos vulnerables de ingresos medios”. “Es probable que las familias más pobres envíen a sus hijos al mercado de trabajo, lo que aumentará las tasas de trabajo infantil. La OIT estima que actualmente el 7,3% de los niños de 5 a 17 años (unos 10,5 millones de niños) de la región trabajan”.

“Es consecuente pensar que tras la crisis sanitaria también habrá efectos negativos a sus hogares, impidiéndoles acceder a servicios como salud y educación. Eso afectará la vida de los niños”., Verónica Legarda, Aldeas Infantiles SOS. 

El 28 de mayo pasado, UNICEF y la ONG Save the Children publicaron un análisis que afirma que 86 millones de niños pasarán a engrosar las filas de la pobreza debido al impacto económico del coronavirus. Los países de Europa y Asia central podrían registrar el aumento más significativo, que podría llegar hasta el 44% en toda la región. En América Latina y el Caribe podría registrarse un aumento del 22%.

En Ecuador esta situación está ligada a la falta de políticas de protección social a las familias en pobreza o pobreza extrema que les garantice tener un ‘piso mínimo’ para tener condiciones dignas de vida, manifiesta Legarda. Por ejemplo, trabajo digno, formalización de sus actividades, seguridad social, vivienda, inclusión social, etc. Estas familias también sufren de discriminación.

Aldeas Infantiles SOS trabaja en la prevención de la separación familiar innecesaria por violencia, maltrato u otras circunstancias. Acompañan a las familias pobres y las apoyan en tratamiento psicosocial y a vincularse a servicios estatales como bonos de protección y los motivan a ser emprendedores. “Esta es una gota en el océano si es que el Estado no invierte en este tipo de programas para ampliar estos servicios a la población”.


86 millones de niños pasarán a engrosar las filas de la pobreza debido al impacto del coronavirus. Foto: La Hora

De su experiencia en Aldeas, las familias ante la imposibilidad de comer y de llevar a sus hijos a la escuela deben enfrentarse a una decisión de vida o muerte.

En el Ecuador, el trabajo infantil está prohibido para los menores de cinco hasta 14 años. Pero el 5% lo hace y el porcentaje de adolescentes que laboran llega al 17%. Los adolescentes, de entre 15 y 17 años, pueden trabajar pero siempre y cuando esto no afecte su educación y cumpla con todas las garantías legales y laborales. 

En el mundo más de 152 millones de niños entre 5 y 17 años trabajan, según la OIT. Esta realidad se replica en Ecuador, ya que alrededor del 8% de los niños y las niñas en el país trabajan. Seis provincias duplican y triplican este promedio nacional: Chimborazo (29%), Napo (28%), Cotopaxi (24%), Orellana (23%), Morona Santiago (16%) y Pastaza, que registra el porcentaje más alto puesto que la mitad de sus niños, niñas y adolescentes trabaja (49%), informó Aldeas Infantiles SOS en un comunicado.

Según esta organización, un niño, niña o adolescente que trabaja está expuesto a un bajo rendimiento, retraso y abandono escolar; a la pérdida de la niñez y exposición a la violencia y el abuso; cuadros de ansiedad, problemas de comportamiento y de aprendizaje, depresión, aislamiento social y podría estar relacionado también con el incremento del suicidio entre adolescentes en el país; riesgos en su salud mental y física, que afectan su crecimiento, provocan dolores en las articulaciones, deformaciones óseas, infecciones, enfermedades estomacales y respiratorias, enfermedades crónicas y daños irreversibles a su salud mental; asimismo alteraciones respecto a su socialización y su proceso de construcción de la identidad, entre otros efectos graves.


La OIT estima que el 7,3% de los niños de 5 a 17 años (unos 10,5 millones) de la región trabajan. Foto: Expreso

Los otros riesgos de la pandemia para los niños

El pasado 9 de junio, UNICEF alertó que en Ecuador la mitad de los niños no tiene suministros adecuados de agua y saneamiento en sus casas. Esa cifra aumenta al 80% en las comunidades indígenas. Indicó que alrededor del 20% de las escuelas no tienen los medios para que los alumnos se laven las manos, una situación que es peor en las zonas rurales.

Ante estas cifras, UNICEF abogó por continuar con el aprendizaje a distancia y por ofrecer las lecciones a través de la televisión y la radio, ya que el acceso a Internet es poco generalizado. UNICEF informó que presta apoyo a los servicios de conexión para más de 4.000 educadores del sector público.

Además, solo el 54% de los hogares encuestados por las Naciones Unidas tienen acceso a una alimentación adecuada.

Sobre este tema, el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF llamaron el 29 de abril pasado a todos los Gobiernos a prevenir las devastadoras consecuencias para la alimentación y la salud de los 370 millones de niños que no tienen acceso a las comidas escolares debido al cierre de los colegios por la pandemia.

Durante esta situación de ausencia de alimentación escolar, las niñas son las son las más perjudicadas, dijeron las organizaciones internacionales. En muchos países pobres la garantía de una comida puede ser un motivo suficiente para que los padres, que luchan por su bienestar, envíen a su hija a la escuela evitándole el trabajo en pesadas tareas domésticas o el matrimonio prematuro.

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