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15 de Septiembre del 2015
Historias
Lectura: 7 minutos
15 de Septiembre del 2015
Desirée Yépez
El VIH se expande entre las mujeres indígenas

Fotos: Sabueso Azul (obra)

Alexandra Londoño en la obra Listones rojos. Esta representa el hecho de decenas de mujeres indígenas contagiadas con VIH.

 

Las mujeres indígenas son una población vulnerable ante la expansión del Virus de Inmunodeficiencia Humana en sus comunidades. A partir del 2000, solo en Morona Santiago, hay un incremento del 680 % de seropositivos. El sistema de salud no ofrece atención integral para afrontar su condición.

‘Sara’ se enteró que era portadora de VIH cuando su segundo hijo estaba por nacer. ‘Sara’ mujer. ‘Sara’ indígena. ‘Sara’ pobre. ‘Sara’ seropositivo.

‘Sara’ es el personaje interpretado por Alexandra Londoño en la obra Listones Rojos. La puesta en escena está basada en el testimonio de las mujeres indígenas de Morona Santiago (sur oriente de Ecuador) que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). El montaje resulta de una investigación desarrollada por la organización Family Care International (FCI) que pretende incidir en la generación de políticas públicas en la Amazonía con el fin de frenar el incremento de infectados en la zona.

Las cifras reflejan un panorama alarmante. De acuerdo a la FCI, desde el 2000 hay un aumento del 680 % de los casos seropositivos en Morona Santiago. El dato puede entenderse como una pista de la situación general en las provincias amazónicas.

Maritza Segura, de FCI, explica que para el 2009 el personal de salud de Morona Santiago se preocupó porque encontraban casos recurrentes de hombres que, presumiblemente, murieron en fase de sida. “No hubo pruebas para confirmar, salvo uno. Se presume ya que las esposas embarazadas, a quienes se hizo la prueba, dieron positivo en VIH.  En muchos de estos casos sus hijos también nacieron con el virus”.

69 casos  

seropositivos solo en 2013 en Morona Santiago

Entre 2009 y 2013 FCI apoyó a la Dirección Provincial de Salud para la recolección de información. De allí se desprende que en ese lapso de cuatro años 67 personas se habrían contagiado. Sin embargo, en el primer trimestre de este 2015 el Ministerio de Salud actualizó datos, indica Segura, solo de 2013 de Morona Santiago. Únicamente en ese año hay 69 casos, de los cuales 50% son indígenas. Eso significa que la primera cifra obtenida corresponde a un subregistro.

Para los indígenas de las comunidades amazónicas, no solo de Morona Santiago, el VIH es una enfermedad de fuera, que los mestizos, ‘gringos’, blancos, han llevado. Se trata de una condición de salud difícil de asimilar y enfrentar. “Dicen que los portadores de VIH han sido castigados por su mal comportamiento. Por haber tenido una conducta sucia”, comenta la representante de FCI.

Debido a la falta de infomación es dificil que comprendan las formas de transmisión. Creen que la presencia de una persona portadora transmite el virus. También que la picadura de mosquito, usar los mismos utensilios, dar la mano, besar, trabajar con personas que viven con VIH expone a la transmisión. 

En los casos de las mujeres indígenas de Morona Santiago, la infección se produjo por vía sexual, a través de sus maridos. ¿Por qué? Ellos se infectaron pues fueron migrantes temporales. Salían de las comunidades a Macas, Cuenca, Chimborazo, incluso a la costa para trabajar temporalmente. Se presume que ahí tenían experiencias sexuales sin protección. Las mujeres relatan que sabían que sus esposos tenían experiencias extramaritales u otras parejas.

Listones Rojos recoge el caso de varias mujeres. Pero la historia central es la de una mujer cuya pareja estuvo infectada. Cuando la comunidad se enteró, las personas fueron con antorchas para sacarlos. Quemaron sus cosas y ellos abandonaron el lugar. Él murió; ‘Sara’ todavía vive. Su primera hija está infectada, el segundo no.

La realización de exámenes a tiempo para evitar la transmisión vertical (madre a hijo) también son un pendiente. Sucede que el Hospital de Macas, capital de Morona Santiago, cuenta con 30 tiras al mes para realizar las pruebas rápidas en una población de 13 000 habitantes.

Muchas de las mujeres diagnosticadas, a quienes FCI pudo identificar, salieron hacia la ciudad porque en su comunidad fueron discriminadas por su condición de salud. No tienen pareja, ya que el esposo falleció con sida, ni cuentan con trabajo estable. Generalmente se dedican a la venta informal de productos como verde y yuca. Las que viven en la comunidad trabajan sus chacras, donde cultivan para autoconsumo y venta.

Sucede que el Hospital de Macas, capital de Morona Santiago, cuenta con 30 tiras al mes para realizar las pruebas rápidas en una población de 13 000 habitantes.

El acceso al tratamiento integral es otra dificultad para estas personas. Quienes lo realizan, deben viajar hasta Cuenca (a 6 o 7 horas de Macas) donde están los laboratorios, la consejería psicológica y los medicamentos antirretrovirales. Estos servicios no están disponibles en el Hospital de Sucúa ni de Macas…

El personal de esas casas de salud tampoco está listo, de manera integral, para manejar casos de pacientes seropositivos. Por ejemplo, en Listones Rojos se muestra la historia de una embarazada que llegó hasta el Hospital de Macas para someterse a una cesárea. El médico no atendió la cirugía porque “tenía miedo”. Ella se fue a Cuenca para dar a luz.

Generalmente, las mujeres alumbran en su comunidad, sin saber si están infectadas o no. Tampoco hay datos sistematizados sobre transmisión vertical en ese contexto.

En el informe Horizontes interculturales en salud y VIH se dice que el 15% de mujeres indígenas, en Ecuador, afirma conocer donde realizarse la prueba, pero solo el 3,7% se la realizó. Paralelamente, el 30% de indígenas considera que está en riesgo de contagio; casi el 47% no percibe peligro, argumentando que solo tiene una pareja (27%), conoce bien a su pareja (14%) o no tienen pareja sexual (29%).

Para conocer qué se realiza al respecto se buscó al Ministerio de Salud Pública del Ecuador. Sin embargo se indicó que, al tratarse de un “tema delicado”, era preciso solicitar la información y/o entrevista a través de un oficio físico dirigido a la Subsecretaría de Vigilancia de Salud Pública. Tampoco se logró acceder a otras instituciones que manejen el tema focalizado en la población indígena.

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