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26 de Marzo del 2024
Historias
Lectura: 18 minutos
26 de Marzo del 2024
Ugo Stornaiolo
Elecciones en Venezuela: a jugar con la cancha inclinada
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Nicolás Maduro lleva 11 años en el poder, bajo el régimen de elecciones fraudulentas, cuyo modus operandi consiste en "escoger" a los contendientes descalificando a todo aquel que sea un peligro real de perder en elecciones. Foto: AFP

 

Maduro hizo lo que quizo para inhabilitar a su principal opositora, María Corina Machado, a su sucesora Corina Yoris, e impedir que la oposición vaya con una candidatura fuerte a los comicios convocados. El control del consejo electoral y de la justicia constitucional son las bases el régimen madurista para descalificar a sus contendientes e imponer su agenda.


La fecha es alegórica: 28 de julio. Día del nacimiento del mito, el caudillo Hugo Chávez, el gobernante que llevó al despeñadero a Venezuela desde hace 25 años (1999), caída que no culminó con su fallecimiento el 5 de marzo de 2013, sino que se ha vuelto peor con el sucesor, el chofer/guardaespaldas, luego canciller y vicepresidente, Nicolás Maduro.

Todo comenzó mucho antes. El 4 de febrero de 1992, mientras gobernaba el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, se produjo una asonada militar que culminó con la toma del canal estatal de televisión Venevisión, en donde el futuro caudillo apareció en escena con un parco saludo y el anuncio de un “mensaje bolivariano”, para declarar luego la toma del poder. Sin embargo, el golpe militar no se concretó por presiones externas y Chávez terminó en la cárcel. Pero comenzó su mito, que Nicolás Maduro se empeña en mantener vivo.

El modelo chavista captó todas las instituciones y poderes del estado, organizó un consejo electoral a su medida y desde hace un cuarto de siglo está manejando el poder y no tiene la menor intención de dejarlo. La oposición ha buscado, ha intentado, pero no lo ha logrado, por su falta de unidad, por la dispersión y por una serie de discrepancias entre sus líderes -Capriles, Leopoldo López, Corina Machado o Juan Guaidó- que lo único que ha conseguido es que el chavismo se aferre y se sostenga, a pesar de la crisis, de los apagones y de todo lo que hoy vive Venezuela, bajo el modelo cubano.

Como escribe el corresponsal de El País en Bogotá, Juan Diego Quezada, en un reciente artículo, Nicolás Maduro, 11 años después: poco popular, pero cómodo en el poder: “el cuadro parece pintado en un taller de técnicas de óleo para jubilados, pero lo importante aquí no es su valor artístico, sino su significado. En él aparece un Nicolás Maduro bigotudo y con una camisa azul que sujeta con las dos manos el timón de un barco en el que puede leerse: “República Bolivariana de Venezuela”. Detrás, un Jesucristo de grandes proporciones con un corazón expuesto sobre una túnica violeta posa su mano izquierda en el hombro de Maduro y agarra un extremo del volante con la derecha. La imagen recuerda vagamente a la escena de Kate Winslet y Leonardo Di Caprio en la proa del Titanic. El sentido de la pintura no deja mucho espacio para la interpretación: Maduro dirige el país con ayuda divina”.

Agrega el periodista, “a sus 61 años, el sucesor que Hugo Chávez designó a dedo cuando la vida se le escapaba entre las manos, se encuentra más asentado en el poder que nunca. En su fuero interno podrá creer que hay algo celestial y milagroso en ello, pero la verdad es mucho más terrenal: el que fuera conductor de bus del sistema de transportes de Caracas se ha valido de la estructura vertical chavista, la destrucción de la institucionalidad, el apoyo militar y los servicios de inteligencia para atornillarse en el butacón presidencial”.

Parecía que podía haber cambios cuando se efectuaron las primarias de la oposición en octubre pasado, con una masiva concurrencia y en las que María Corina Machado alcanzó un aplastante 90% de preferencias y fue una llamada de alerta para un régimen con muy poca popularidad, por lo que Maduro intentó apelar al nacionalismo en un referéndum sobre los territorios guayaneses de Esequibo.

Al no lograr el efecto deseado, por la baja concurrencia de votantes, fue necesario recurrir a la clásica fórmula: inhabilitar al candidato opositor de cualquier manera, como ya les había pasado a Capriles y a Guaidó. Ahora le sucedió a Machado, que parecía una seria aspirante para lograr que Venezuela se libre del chavismo. 

Ante esta situación, la oposición de Venezuela estaba entre apostarlo todo a María Corina Machado o buscar una alternativa, lo que logró el efecto que el régimen de Maduro quería: que los opositores se dividan. Lo cierto es que la candidata favorita, que estaba adelante en las encuestas por encima de Maduro, demostrando el malestar que existe en el país, no pudo desvanecer las supuestas acusaciones que le endilgó el poder. 

Al no lograr el efecto deseado, por la baja concurrencia de votantes, fue necesario recurrir a la clásica fórmula: inhabilitar al candidato opositor de cualquier manera, como ya les había pasado a Capriles y a Guaidó. Ahora le sucedió a Machado.

El chavismo vetó su participación a través del Tribunal Supremo, que controla, alegando la supuesta comisión de delitos que la inhabilitan hasta 2036. Ante esto hay que buscar soluciones de emergencia con las elecciones a la vuelta de la esquina. Voces opositoras le pedían a Machado que desista y permita otra candidatura que aglutine a la oposición, pero ella se negaba, porque ese era el mandato del pueblo en las primarias y fue concluyente.

De todos modos, el poder hizo todo lo posible y recurrió a todas las mañas legales, porque además desoyó las negociaciones que hubo con EE.UU., la UE y otros países, cuyo principal resultado fue la liberación del peón de Maduro y su pieza negociadora en varios actos corruptos, el colombiano Álex Saab.

La inscripción de candidatos fue el 25 de marzo y Machado no formó parte del listado de aspirantes. En los meses siguientes se puede hacer cambios, adhesiones de una candidatura a la otra, pero lo que queda en claro es que el gobierno ha hecho lo imposible para que en las papeletas no aparezca el nombre de Machado. Por eso, el régimen, con tal de seguir atornillado en el poder puso en peligro las licencias al petróleo y al oro que EE.UU. le otorgó a Venezuela para esquivar las sanciones internacionales. También fue vetada la "sucesora" de Machado, la respetable académica Corina Yoris, y a última hora de la fecha límite de inscripción, al Mesa de la Unidad logró inscribir como candidato provisonal a su presidente, el diplomático Edmundo González Urrutia. Provisional, porque ante la presión internacional, el poder electoral venezolano concedió el plazo, hasta el 20 de abril, para que los candidatos puedan ser reemplazados y optar por un nombre definitivo. Esta situación puso a correr a los 13 partidos y movimientos opositores nucleados en la Mesa de la Unidad. Y el riesgo de ruptura en esa coalición persiste.

La cancha inclinada

Si las cosas siguen así, la oposición está poniendo en riesgo su participación en las elecciones y Maduro volverá a tener el camino libre, como pasó en 2018, para vencer, cuando el Tribunal Supremo venezolano impidió la participación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y a Henrique Capriles, quien en 2012 estuvo muy cerca de derrotar al mismísimo Hugo Chávez.

Maduro pudo competir casi solo, porque la oposición denominada “dura” no participó en las elecciones y propició otro mandato de Maduro. Ellos aspiraban con su ausencia aislar internacionalmente al chavismo y provocar su caída. Incluso se intentó establecer un Gobierno interino con Juan Guaidó, apoyado por la Casa Blanca, Europa y otros países, pero el proyecto fracasó. La idea de crear un estado paralelo terminó en 2020 y Maduro continuó en el poder.

La mayoría de las opciones opositoras fuertes se encuentran descalificadas para participar, mientras que Leopoldo López, tras su salida del país, vive en España y perdió espacio en la lucha política venezolana. Sin embargo, ellos creen que el descontento puede servir para que haya un candidato que logre “movilizar a millones de venezolanos que quieren un cambio del Gobierno de Maduro. Ese es el gran desafío: tenemos para presentar y apostar por una candidata o un candidato que pueda recoger la votación el 28 de julio”, decía Henrique Capriles en una entrevista reciente.

Leopoldo López salió de la embajada de España en Caracas para ir a Colombia, según medios venezolanos. Foto: Archivo El Universo

Maduro pudo competir casi solo, porque la oposición denominada “dura” no participó en las elecciones y propició otro mandato de Maduro. Ellos aspiraban con su ausencia aislar internacionalmente al chavismo y provocar su caída. Incluso se intentó establecer un Gobierno interino con Juan Guaidó.

Agregaba Capriles que “el país bajo ningún concepto puede quedarse sin opción, porque además la suerte de ningún país puede estar atada a una persona. No estoy a favor de los personalismos, ni los caudillos, bastante daño le ha hecho eso a Venezuela”. Sin embargo, jugar en esas condiciones hace bastante complicado desmontar una estructura creada hace 25 años y que difícilmente sería doblegada, porque además el chavismo controla las fuerzas armadas, la policía y todavía mantiene activas las brigadas de defensa de la revolución en las barriadas pobres, bastión del chavismo.

El líder opositor y ex candidato presidencial Henrique Capriles, en Caracas, este 15 de octubre de 2017. Archivo Reuters / Carlos Garcia Rawlins

Hay quienes creían que había que darle un voto de confianza a María Corina Machado, porque contaba con la legitimidad de haber sido escogida y buscar una alternativa conllevaba una confrontación. En lo que sí existe consenso es que en esta ocasión no van que dejar de participar. Muchos opositores consideran que este es el momento de derrotar a Maduro y algunos han apuntado al gobernador de Zulia, Manuel Rosales, quien cuenta con buena aceptación en las encuestas. La crítica que se le hace es que ha cohabitado con Maduro y mantiene una línea moderada respecto al régimen.

El antichavismo enfrenta un momento crucial de su historia. De hacerlo mal, perdería la mejor oportunidad que ha tenido en la historia reciente. Sin embargo, se trata de un escenario adverso, donde existen pocos espacios de maniobra.  El chavismo sigue poniendo las reglas. Al menos, lo más destacable es que los opositores no se rinden y tienen una mínima esperanza para derrotar a Maduro.

María Corina Machado no se quiso rendir

Hasta hace poco, la principal líder opositora no se daba por vencida pese a que el oficialismo vetó la posibilidad de que se enfrente a Nicolás Maduro en julio. Venezuela tiene dos realidades: el chavismo que lo controla todo (poder ejecutivo, judicial, legislativo y electoral) y que encara este nuevo proceso electoral con la seguridad de que lo va a ganar. Cada vez aparecen menos obstáculos para que se cumpla este propósito. Y la oposición, que nuevamente aparece dividida y desconcertada.

Machado desafió al autoritario presidente Maduro en las elecciones de este año, pero el regimen se salio con la suya y vetó  no solo a Machado sino a la sucesora. | Foto: dpa / picture alliance via Getty Images

Maduro lleva once años en el poder y lo más seguro es que se agreguen otros seis porque no va a participar su principal rival, María Corina Machado, a la que el entramado jurídico chavista inhabilitó para así facilitarle el camino. Maduro confía en la movilización de la base chavista que lleva 20 años ganando elecciones -de cualquier manera-. Pero su astucia e intuición le dijo que evite un cara a cara o un debate con Machado porque llevaba todas las de perder, ya que ella le aventajaba en las encuestas.

Maduro podría así superar los años que gobernó el mito del caudillo Hugo Chávez. La oposición sostiene que es fantasiosa la idea de creer que son elecciones libres y justas, pero mantiene sus esperanzas para lograr, con apoyos internacionales, que el chavismo respete un proceso muy cuestionado en el que se siente ganador antes de empezar.

Maduro registra en los sondeos una baja popularidad, aunque va meses haciendo campaña. Lideró un referéndum para exigir como suyo parte del territorio de la vecina Guyana (la región petrolera del Esequibo), apelando al nacionalismo para mejorar su imagen, pero no lo logró.

Maduro registra en los sondeos una baja popularidad, aunque va meses haciendo campaña. Lideró un referéndum para exigir como suyo parte del territorio de la vecina Guyana (la región petrolera del Esequibo), apelando al nacionalismo para mejorar su imagen, pero no lo logró, por la baja concurrencia a las urnas de los venezolanos, que sí lo hicieron, en cambio, para escoger a María Corina Machado en las primarias de la oposición en octubre pasado. Nadie en el círculo de poder esperaba que esas primarias superen todas las expectativas, con colas en los centros de votación y donde Machado ganó con más del 90% de los votos. Parecía que era una real alternativa al chavismo.

Sin embargo, el Gobierno no permite que ella le dispute el poder a Maduro, al que aventaja en la mayoría de las encuestas, porque tiene una inhabilitación por 15 años por un supuesto apoyo a las sanciones internacionales impuestas por EE. UU. a Venezuela y su respaldo a Juan Guaidó como presidente interino en el inicio del segundo mandato de Maduro tras unas elecciones consideradas como fraudulentas que fueron denunciadas por Washington y la UE.

Machado sostenía que las elecciones no iban a tener validez si ella no participaba. “Yo recibí un mandato para conducir a este país a unas elecciones limpias y libres. Estoy comprometida a llegar hasta el final con esto”, dijo tras conocerse la fecha electoral, que coincide con el día de la muerte y nacimiento de Chávez, generando otras suspicacias. Finalmente su nombre fue apartado de la papeleta para las elecciones de julio.

Una crisis endémica

Hasta hace pocos días, la opositora todavía creía que se podía allanar el camino para su participación, trabajada con la comunidad internacional por algunos meses, en donde los estadounidenses, europeos y colombianos intentaron convencer al chavismo de realizar elecciones libres para superar la crisis económica e institucional del país a través de un gran acuerdo nacional que incluya a todos. El primer paso era celebrar unas elecciones competitivas, donde no haya ventajas para el gobierno.

Parecía que Maduro había aceptado estos términos al firmar los acuerdos de Barbados de octubre de 2023, en donde ofrecía celebrar elecciones libres en el segundo semestre de 2024, habilitando a opositores con prohibiciones expresas, como Machado o Capriles.

Pero, cuando parecía que el diálogo era fructífero e incluso el presidente estadounidense Joe Biden dio otros pasos y levantó el veto al petróleo y al oro venezolano en los mercados mundiales, Caracas liberó a cinco presos políticos y Álex Saab (detenido y encarcelado por haber sido el testaferro de Maduro) fue devuelto por EE. UU. a Caracas. Pero, todo fue inútil, tras conocerse el resultado de las primarias de la oposición.

Desde entonces, el régimen venezolano ha hecho todos los esfuerzos para impedir que Machado enfrente a Maduro. En eso, la cúpula chavista es inflexible. Y desde hace algunas semanas ha emprendido una campaña de detenciones de opositores, activistas y ciudadanos comunes por supuestos intentos de asesinar a Maduro y por un presunto golpe de estado. La Casa Blanca anunció que reiniciará las sanciones a Caracas mientras no dé pasos en firme hacia un cauce democrático, con elecciones libres, justas y competitivas, algo que ni Maduro ni Diosdado Cabello ni cualquier otro jerarca chavista va a aceptar.

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