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12 de Octubre del 2015
Historias
Lectura: 15 minutos
12 de Octubre del 2015
Omar Rincón* razonpublica.com
Las FARC y su propuesta sobre los medios de comunicación

El problema de las FARC o los gobiernos bolivarianos es que el mensaje está agotado.

 

Los medios dicen que ellos son el poder, y por eso quienes aspiran a la toma del poder aspiran a tomarse los medios de comunicación. Pero los medios no son el poder, de modo que las FARC están equivocadas: el problema de las FARC es su mensaje.

Poder y medios

Desde que existe la sociedad de masas se ha sabido que gobernar es comunicar.

Por eso los medios de comunicación son la cancha donde hoy se juega el partido de la democracia. La calle, la gente, las ideas, los programas, las políticas para el bienestar colectivo, los derechos humanos no importan… o importan sólo en tanto sirvan para tomarse las pantallas de televisión y desde allí construir los relatos del poder político.

Bajo estas circunstancias la lucha por el poder parece consistir en tener medios de comunicación, más que en tener ideas o en ejecutar programas de gobierno.

La lucha por el poder parece consistir en tener medios de comunicación, más que en tener ideas o en ejecutar programas de gobierno. 

Pero, como escribe Martín Caparros, la batalla alrededor de la comunicación es una donde “los unos (los medios) atacan esgrimiendo una democratización de la información que no practican ni ebrios ni dormidos, mientras los otros (los gobiernos) se defienden invocando una libertad de prensa que siempre intentaron sofocar con sus medios y sus prácticas empresariales”. Una batalla en la cual no creen sino los dueños de los medios y los dueños de la opinión.

Ojalá todo fuera así de simple. Porque contrariamente a lo que suele decirse – y a lo que ellos dicen de sí mismos -, los medios no son el poder. Son apenas el “cheerleader” del poder. El poder está en otra parte.

Las propuestas de las FARC

En desarrollo del punto 2 de la agenda de La Habana (“participación política”) y en lo tocante a “democratización de la información y de los medios masivos de comunicación”, en agosto de 2013 la delegación de las FARC formuló las diez propuestas que esta semana revivieron y que han causado conmoción entre los dueños de los medios:


El Alcalde Mayor Gustavo Petro y el Ministro de Vivienda Germán Vargas Lleras, ante los medios de comunicación. Foto. Gustavo Petro Urrego

“1. Participación social en el diseño, puesta en marcha y control de políticas de información y comunicación;

2. Democratización de la propiedad sobre los medios de comunicación y fortalecimiento de la propiedad pública estatal y comunitaria;

3. Democratización del espectro radioeléctrico y distribución equitativa de frecuencias de radio y televisión;

4. Derecho a la información veraz y oportuna, responsabilidad ulterior y derecho de réplica;

5. Acceso a los medios de comunicación de la oposición política y social;

6. Acceso especial a los medios de comunicación de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes y de sectores sociales excluidos, en especial de las mujeres los jóvenes y la comunidad LGTBI;

7. Financiación estatal y privada de medios de comunicación alternativos y comunitarios;

8. Acceso universal a las tecnologías de la información y las comunicaciones;

9. Mejoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores de la información y la comunicación;

10. Programa especial de información y comunicación para la reconciliación y la construcción de la paz con justicia social”.

Pues bien: resulta que este decálogo es exactamente el mismo que defienden los movimientos sociales de América Latina respecto de los medios de comunicación. Son reclamos justificados y reformas necesarias, de manera que las FARC no dicen nada original ni realmente revolucionario cuando se piensa en una democracia. 

Pero el problema de las FARC no radica en la arquitectura política de los medios de comunicación, que su decálogo describe bien y cuya reforma es sin duda necesaria. El problema de las FARC consiste en su falta de mensaje, en qué no tienen mucho qué decir o en que no saben cómo decirlo para llegar al gran público.

Dicho de otra manera: las FARC  no se han dado cuenta de que los medios han dejado de tener el poder y que la comunicación es más un asunto de narrativas y de ciudadanías que de simple propaganda.

Los gobiernos y los medios

Manta, Ecuador. Tomo un taxi rumbo a la universidad. Cuando el taxista se entera de que voy a un taller de periodistas, me invita a que les diga que “los periodistas son, todos, unos sinvergüenzas”. Bueno, pero por qué, le digo. “Porque no tienen criterio para informar… porque los que producimos la información somos la gente de verdad, de modo que deberían pagarnos a nosotros en lugar de pagar para leerlos a ellos”. Llego y cuento. Los periodistas afirman que ese es el mensaje que el presidente Correa difunde  todo el tiempo. Y este mensaje tiene sentido.

Correa, como Chávez y Maduro, como Evo y Ortega, como Peña Nieto, Uribe, Rajoy o Santos, dominan los medios: los controlan vía leyes o vía twitter, vía publicidad oficial o vía censura, vía invitaciones, premios y castigos. Quien gobierna controla los medios de comunicación.

Y en otras tierras son los medios quienes controlan a los gobiernos. Como O Globo y La Folha en Brasil, El Mercurio en Chile, Clarín y La Nación en Argentina, El Comercio en Perú, Fox en Estados Unidos…

En ambos casos -y por razones contrarias- los poderosos “dominan y controlan la enunciación del mensaje”. Luego deberían ser exitosos en su afán de controlar al pueblo.  Pero no:

  • Correa, Peña Nieto, Uribe, Santos, Rajoy, Chávez-Maduro, Evo, Ortega lo controlan todo menos el querer, el sentir y el pensar de sus pueblos. Cada vez hay más disenso y más protesta social. Porque el pueblo al descubrir la democracia entendió que su libertad de pensar es sagrada, y está harto de que lo eduquen, lo ordenen y lo crean súbdito.
  • Y lo mismo con los medios. Por más que quiera o sueñe  La Folha y O Globo, El Mercurio, Clarín, La Nación, Fox, o El Comercio… no podrá tumbar a los presidentes elegidos por la democracia. El poder de los medios de comunicación es un mito que se desvanece solo.

Dos ideas equivocadas

1. A más control sobre los medios, más apoyo popularCorrea tiene más medios que cualquier presidente anterior, pero su pueblo ya desconfía de su autoritarismo. Uribe es el dueño del discurso de la guerra y no ha podido dominar la opinión popular. Santos compra todos los espacios de publicidad y de la prensa light pero su gobierno es impopular. Petro domina Canal Capital y compra publicidad en los grandes medios pero cada día se lo detesta más. Ortega y Evo han aumentado el número de medios y nada.

El caso más emblemático y contundente es el de Venezuela. Todos los medios: globales (Telesur), nacionales (Venezolana, Vive TV, Tves), locales (Ávila TV) y de propiedad colectivo (Katia TV). Todos los territorios tomados: todos los públicos ganados. Pero no… el mensaje no llega, ni pasa, ni se vuelve pueblo.

2. A más mensaje, más pueblo encantando. El pueblo juega al “juego de la seducción mediática” pero nunca abdica de sus saberes, expectativas y necesidades: por eso el pueblo sabe que detrás de tantos mensajes de progreso o de unidad, lo que hay es un deseo de mentir. El pueblo ama cuando se ve tocado en el corazón… en los servicios públicos… o en el bolsillo. Y tal vez, los medios de comunicación sirvan para conquistar el corazón, pero no para el bolsillo ni para satisfacer las necesidades básicas.

El control sobre el mensaje, la cantidad de medios a favor o el espectáculo como seducción no son suficientes para ganar el poder, conquistar el mercado de la opinión popular y construir  el relato de la hegemonía política. Para ganar el amor de pueblo hay que

  • respetar las libertades (la de pensar con la propia cabeza primero que todas);
  • partir siempre de la base de que la gente es capaz de comprender por sí misma;
  • dejar de educar (no somos ignorantes en la vida pública) y de hacer propaganda (no somos tan bobos como para saber que nos mienten);
  • contar en las narrativas, las estéticas y los formatos de la comunicación de la gente;
  • tener mensaje, tener ideas, tener coherencia, tener modelo de país.

El poder está en otra parte

El poder está en las empresas que desarrollan el capitalismo financiero, donde lo importante son las acciones en la Bolsa y donde la gente sale sobrando.

-El poder está en los ciudadanos que han comprendido el valor de la solidaridad, que también son sujetos de enunciación política y comunicacional, para quienes lo que cuenta es convivir con decencia y dignidad.


El Presidente ecuatoriano Rafael Correa. Foto: Municipio de Piñas

-El poder está en las libertades, en los derechos humanos y en la democracia social; por eso, cuando las libertades se limitan el ciudadano huye del poder constituido y lo llama autoritario,  y le dice que miente.

-El poder está en las estéticas, las narrativas y los formatos. Comunicar es conectarse desde los géneros y formatos, es narrar bien. Y para narrar bien hay que huir del lenguaje  acartonado y apelar al relato y las estéticas populares, para ganar los modos como la gente se comunica, goza y expresa. Si se narra en la estética de la gente (Chávez, Obama, Uribe, Cristina, Mujica, Lula…) se gana el corazón del pueblo; si se evangeliza y educa se pierde el favor popular (Santos, Dilma, Bachelet…).

-El poder está en el mensaje y su vivencia. Si no se tienen más que ideas preconcebidas y mensajes-eslogan, no se tiene nada. Si lo que se dice no se actúa, vive y demuestra no hay nada qué comunicar. El Estado colombiano, por ejemplo, ganó la legitimidad de la guerra (por eso, cada soldadito que levanta el pulgar comunica que “ganamos la guerra” –aunque  sea una mentira) pero perdió la legitimidad de la presencia en el territorio (y por eso no basta con decirlo en propagandas y medios, cuando la realidad dice otra cosa: estamos abandonados).

No son la información y los medios, sino la ficción y el entretenimiento

Los medios como poder para ganar elecciones, asegurar gobernabilidad y construir legitimidad política fueron uno de los grandes mitos de la política del siglo XX. Tanto que la sociedad, y también las FARC, compraron eso de que el poder pertenecía a los medios de comunicación. Los intelectuales orgánicos, los políticos y los gobernantes  convirtieron el comunicar en “la ideología” que asegura el éxito en la lucha por el poder.

El problema de las FARC consiste en su falta de mensaje, en qué no tienen mucho qué decir o en que no saben cómo decirlo.

Pero llegó el siglo XXI y todo cambió: llegaron el internet, el celular y las redes sociales; se inventó el derecho a la comunicación; los ciudadanos, también, quisieron tomarse las pantallas. Todo cambio: el concepto de libertad de expresión, la idea de régimen político, los modos de hacer periodismo y el papel de los medios en la sociedad.

En términos de arquitectura institucional de las comunicaciones, las FARC están donde deben estar porque hacen suyas las banderas indiscutiblemente democráticas de

  • limitar la concentración de la propiedad sobre los medios,
  • profundizar la libertad de expresión;
  • lograr que el Estado intervenga para que más ciudadanos hagan parte del relato público es decir, para hacer realidad  el derecho a la comunicación;
  • ampliar los accesos públicos ciudadanos desde todas las voces y enunciaciones;
  • romper el monoteísmo enunciativo de los empresarios, los políticos y los gobernantes;
  • convertir la diversidad cultural en espectáculo estético y narrativo;
  • intervenir el modelo cognitivo y narrativo de las tecnologías para  hacerlas decir los mensajes en la clave estético-narrativa de cada identidad y sensibilidad.

Las FARC, sin embargo, seguirá perdiendo la guerra mediática mientras no entiendan que la victoria depende del mensaje, de su vivencia y de su coherencia. Las FARC siguen creyendo que los medios son “herramientas” para pasar información y seducir-convencer pueblo, que son “tácticas” para agarrar pueblo como dirían Mayolo y Ospina.

En materia de políticas de comunicación, las FARC están pidiendo lo lógico y justo. Pero no se han dado cuenta que no tienen legitimidad, ni mensaje, ni mucho menos estética y narrativa: su peor error, el andar desconectados del país… comunicacional. Las FARC deben entender que donde se baja línea y se crean los imaginarios y relatos políticos es en la producción del entretenimiento, en la ficción, en los realities, en los concursos, el humor y los musicales… que los tiempos de evangelio mediático ya pasaron.

* Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes.  orincon61@hotmail.com/@OmarRinconTV

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