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9 de Mayo del 2017
Historias
Lectura: 13 minutos
9 de Mayo del 2017
Susana Morán
Femicidios: más violentos, más crueles

1 de cada 2 mujeres de Ecuador había recibido algún tipo de agresión de sus parejas.

Movimientos de mujeres reportan hasta abril de este año 51 muertes violentas de mujeres. El femicidio alarma no solo por su incremento en el Ecuador, sino por la violencia extrema contra las víctimas. Al tiempo hay clamor por una justicia efectiva y sin trabas. Pero el crimen atroz contra la estudiante Angie Carrillo desnuda los tropiezos judiciales y la indolencia de las instituciones con su madre que busca justicia.

Prólogo de una matanza

Ana Cristina Vera: “La mayoría de casos que están siendo tipificados como femicidios son los íntimos, es decir los que suceden en la familia. Pero hay otros casos que no lo son como el de Karina del Pozo, asesinada por sus amigos”.

“¡Es una matanza!”. Geraldine Guerra lanza la frase sobre la mesa en la que se produce la entrevista. Como Secretaria Técnica de la Red Nacional de Casas de Acogida para Mujeres Víctimas de Violencia accede a información privilegiada. Desde enero de este año lleva a detalle los historias de las muertes violentas de las mujeres en Ecuador. En sus registros constan 48 muertes hasta abril. A este listado, movimientos de mujeres consultados por Plan V suman tres casos más de los últimos días. Es decir un total de 51 mujeres que estos grupos defensores los ubica como femicidios, aunque no hayan sido judicializados. Es decir, en apenas 4 meses, Ecuador ha llegado al 60% de los casos registrados en todo el 2016 (86 según Fiscalía). Es decir también que cada 2,5 días una mujer en Ecuador es víctima de un crimen. Pero a las organizaciones de derechos de las mujeres les preocupa no solo el incremento de estas muertes, sino las formas violentas en que estos hechos se producen. “Matanza” es la palabra que repite a Geraldine Guerra para describir esta situación. “Matanza”.

La crueldad

Muerte 1. 23 de enero. Dos mujeres fueron encontradas muertas en Loreto, Orellana. El agresor confesó haberlas asesinado a machetazos. Tenían múltiples cortes en sus cabezas y extremidades.

Muerte 2. 25 de febrero. Una mujer, de 36 años, fue encontrada en un camino de tercer orden en el cantón ventanas, Los Ríos, con 12 impactos de bala. Iba sola en su moto, cuando fue acribillada.

Muerte 3. 31 de marzo. Una mujer de 21 años y embarazada recibió tres disparos por la espalda, en la parroquia rural de Camarones, en Esmeraldas. El agresor iba a caballo cuando alcanzó la víctima que iba sola por un camino de herradura.

Muerte 4. 5 de abril. Aparece una maleta en un terreno baldío de Quito. En su interior había el cuerpo de una mujer de 24 años. Estaba envuelta en un saco de yute, maniatada y desnuda. Su rostro estaba cubierto por una funda plástica.

Muerte 5. 3 de mayo. El cuerpo sin vida de una joven de 22 años es hallado en una quebrada Sacay, en Cuenca. Tenía golpes su cabeza y "ultrajada de manera brutal", describe la prensa local. Su cuerpo estaba boca abajo y semidesnudo.

Todos estos casos son del 2017 y en todos un exconviviente o pareja estuvo involucrado. Ana Cristina Vera, directora de la Fundación Surkuna, dice que la violencia contra la mujer cada vez es más vigente y más bruta. “Vemos un recrudecimiento de esas muertes”.  Pero, ¿a qué se debe? No hay un respuesta definitiva. En los últimos años se ha producido un aumento de denuncias, dice Vera. Geraldina Guerra dice que las organizaciones de mujeres han hecho un esfuerzo por denunciar y visibilizar más este problema. “Pero nadie quiere hablar de violencia”.

En apenas 4 meses,

Ecuador ha llegado al 60% de los casos registrados en todo el 2016, que fueron 86 según la Fiscalía.

Para aproximarse a una explicación es necesario remontarse al 2011, año en el que el INEC hiciera la primera una encuesta sobre violencia contra mujeres y al 2014, cuando se publicó el estudio “La violencia de género contra las mujeres en el Ecuador”, de Gloria Camacho, basado en los datos de esa encuesta a casi 1,9 millones de mujeres. En ese análisis las cifras ya arrojaban situaciones alarmantes:

Una pareja o expareja ejercieron violencia física en el 87,3% de los casos, además de violencia psicológica o emocional (76,3%), violencia patrimonial o económica (61%), y violencia sexual (53,5%). A violencia física no está sola, siempre está acompañada de insultos, amenazas, destrucción de sus pertenencias, denigración, etc.

  • 1 de cada 2 mujeres de Ecuador había recibido algún tipo de agresión por parte de los hombres con quienes tienen o tuvieron una relación afectiva.
  • Para el 2011, 269.938 mujeres habían sido amenazadas con matarlas, matar a los niños o matarse él. Esta cantidad representaba el 5,3% de las encuestadas. Y 53.648 mujeres les habían disparado con un arma.
  • El índice de peligrosidad de la violencia hacia las mujeres es dos puntos mayor en el área rural (28,7) con respecto a la urbana (26,6).
  • La región amazónica tiene el índice más alto de peligrosidad, seguido de cerca por la Sierra; mientras éste disminuye en la Costa y en Galápagos. Sucumbíos, Morona Santiago y Pastaza, en ese orden, son las provincias más peligrosas en la Amazonía. En la Sierra son Imbabura, Cañar y Carchi.
  • En la Costa la provincia más peligrosa es Manabí, seguida de Los Ríos. Pero la autora hace una salvedad: “Vale llamar la atención que si bien Manabí, por un lado, es la provincia con el menor porcentaje de mujeres violentadas, por otro es el territorio de la Costa donde las agresiones son más peligrosas”.

Al momento, según Guerra, las cuatro casas que tiene la red en Coca, Cuenca, Guayaquil y Lago Agrio son los únicos espacios de prevención que tiene el Estado frente al femicidio. Las casas son de organizaciones de la sociedad civil, pero tienen un convenio con el Ministerio de Justicia dentro de un proyecto que abarca tanto casas de acogida y los 19 centros de atención externos. “A las casas llegan las mujeres que van a salvar su vida”. 

En su opinión, además de visibilizar los hechos de violencia contra la mujer, es necesaria una justicia severa. Dice que es el único mensaje que llega con claridad a las personas. Si los procesos judiciales se demoran, los familiares claudican en los procesos. “Te matan una hija y tienes que enfrentar a todo un sistema de justicia”.

De esto sabe Yadira Labanda, madre de la joven Angie Carrillo, ultrajada y asesinada por su expareja. En este caso, el agresor Bryan Alberto V. confesó el crimen que ocurrió en Carcelén, el 28 de enero de 2014. En enero de este año fue sentenciado a 34 años de prisión por el femicidio. Pero la defensa del acusado apeló y la Corte Provincial de Pichincha anuló todo el proceso por usar un tipo penal (femicidio) que para la fecha del crimen contra la joven aún no estaba vigente. Una decisión que sorprendió a la familia de Angie. Su defensa puso un recurso para apelar esa resolución y finalmente se hizo para atrás el tribunal. Pero esta familia aún no encuentra justicia.

  TESTIMONIO  

Yadira Labanda: 

“Es jugar con los sentimientos de una madre, que está a la espera de que se haga justicia”

“Nosotros no esperábamos que anulen la sentencia. Nos quedamos paralizados. Habíamos luchado para conseguir justicia en primera instancia y ya se había dado una sentencia. Pero los jueces de segunda instancia lo anulan todo, incluso desde la reconstrucción de los hechos. Unos testigos estaban en Riobamba, otros fuera del país. El costo para traerlos para el juicio corrió por nuestra cuenta. Los pasajes, la comida. No hubo apoyo de nada. Todo salió de nuestro bolsillo. Y volver de nuevo a lo mismo, hubiera sido tremendo. Hubiera sido empezar con la revictimización, que está prohibido.

Pusimos un escrito apelando a esa nulidad. Pero a finales de abril nos dieron la razón y sigue la sentencia. Pero nos llamarán nuevamente a una audiencia para dar la nueva sentencia al parecer con el Código Penal anterior. Solo espero que se destaque que fue un femicidio. Se tiene que dejar un precedente. Tenía miedo que el asesino confeso de mi hija salga de la cárcel. Lo que hizo para matarla y después enterrarla, lo que calló por 27 meses. No solo para mí era terrible, sino para toda la sociedad.

Pero los mismos operadores de justicia te empiezan a mirar mal. No me lo han dicho en la cara, pero sé que deben decir: "Esta señora como jode". Pues seguiré jodiendo hasta que me den respuestas. Ya es hora de que salga la notificación para la nueva audiencia. Es jugar con los sentimientos de una madre, que está a la espera de que se haga justicia y que este caso quede cerrado. Sé que la parte contraria irán a casación, pero yo no me voy a quedar con los brazos cruzados.

El proceso por el femicidio de Angie Carrillo aún sigue abierto. Después de que la Corte Provincial de Pichincha anulara todo el proceso y pusiera en riesgo la salida del asesino confeso, la madre de Angie sigue peleando en los tribunales para que el crimen de su hija no quede en la impunidad.

Me molesta este tipo de justicia. No debería estar atrás de ellos, rogándoles, pidiéndoles de favor. Esto debería darse solo. Y más cuando es una mujer a víctima, la forma en que fue quitada la vida, donde hay un asesino confeso. Y que se demore este tipo de justicia, ¡cómo puedo sentirme! No solo es terrible para mí, como mamá, sino para mi familia, mis hijos.

Me he parado y no me he movido de la Fiscalía, del Consejo de la Judicatura, del Ministerio de Justicia hasta que me atiendan. ¿Qué tengo que hacer?, ¿adónde me tengo que dirigir? Me ponían como excusas que estaban en reuniones. Pero yo les decía: me quedo aquí hasta que termine la reunión. Yo no me muevo hasta que me escuche.

Vivimos en Quito hasta diciembre pasado. Antes vivía en Riobamba. Pero cuando determinaron de ella fue vista por última vez en Quito tomé la decisión de cambiarme a la capita. Eso fue a mediados de febrero de 2015. Tenía que buscarla, ella está allí, me decía. Empecé a trabajar y me hallaba modos para ir a la Fiscalía, mandar escritos, que me atienda una autoridad.

Pero quién hace justicia por los 27 meses de búsqueda incansable que tuve. No hay ley que tipifique la desaparición de una persona. ¿Acaso el dolor empezó a partir de encontrar a mi hija sin vida enterrada en una quebrada? ¿Dónde están los 27 meses que pasé de incertidumbre? Sin saber si come o no. Sin saber que la estaban torturando. Sin poderme sentar a comer tranquila en una mesa. El Estado no vio eso. No hay compensación. Se logró que el acusado pague 20 mil dólares, que nunca se verán porque él es un estudiante igual que Angie. Eso no se verá jamás. ¿Donde está reparacion del Estado? Hemos hecho préstamos, estamos endeudados. He vendido cosas. Pero los que no tienen nada, quedan en la total indefensión. Conseguir justicia demanda no solo esfuerzo físico, sino económico.

Angie tenía su vida en Lago Agrio, estudió el colegio allí. Cuando ya se dio la sentencia en enero y encontramos a Angie, nos regresamos a Lago Agrio. Sus restos están allá. Ella adoraba su ciudad. Ahora por la nulidad del proceso nuevamente estoy viajando a Quito".

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