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6 de Noviembre del 2017
Historias
Lectura: 10 minutos
6 de Noviembre del 2017
Redacción Plan V
Los gladiadores contra el cáncer

Fotografías: Luis Argüello

Para este ensayo fotográfico, el equipo de Plan V pidió a cada guerrero que escriba una frase que los haya inspirado y un objeto que los represente o que sea significativo para ellos.

 

De todas las edades, de todas las regiones. Estas son las historias de 12 guerreros que han enfrentado una de las enfermedades más temidas de los últimos tiempos: el cáncer. Pero estos niños, jóvenes, madres, amigas, hermanas han dado a su dolencia otro significado: la pasión por vivir. A propósito de los 120 nuevos guerreros que la Fundación Jóvenes contra el Cáncer condecoró el pasado 30 de octubre por su aniversario N.11, Plan V presenta este ensayo fotográfico.

Xavier Mendoza es un futuro policía. Quiere atrapar ladrones y ayudar a la sociedad. No tiene miedo. Salió fortalecido de las quimioterapias que le tuvieron que aplicar para vencer la leucemia. Y lo logró a sus 11 años, después de dos años de tratamiento. Siempre sonríe y habla sobre su estado con una gran seguridad. Lleva consigo la gorra que lo acompañó siempre en las quimioterapias. No podía recibir el sol. Cuando superó la enfermedad, decidió raparse de nuevo el cabello, por la alegría y porque ya se acostumbró. Antes del diagnóstico, hacía karate y estaba en los ‘boys scouts’. De a poco ha ido retomando sus actividades y ya hace ‘bici’.

A María Isabela Molina le detectaron hace un año leucemia. Pero esta manabita ha llevado el tratamiento con mucho optimismo. Ahora está fuera de peligro y está en la etapa de mantenimiento. Va por la semana 25 de 120. “¡Ya falta poco!”, exclama con alegría cada vez que lo recuerda. Pero los inicios fueron complicados y las señales que aparecieron en su cuerpo (moretones, cansancio, hemorragias en las menstruación) más de una vez la deprimieron. Sin embargo, dice que nada le impidió levantarse de la cama y vivir una vida normal, como recibir una medalla de guerrera. Claro ahora su vida es más tranquila y tiene un  trabajo sin estrés. Esta oportunidad le ha permitido ver por su pasión y cambiar de carrera de logística portuaria a ser una futura azafata. Una medalla de la virgen de Guadalupe ha sido su amuleto. “En la vida todos nos deprimimos por pequeñeses, pero hay personas que estamos luchando por algo peor y que aún así seguimos de pie”.

Jennifer Sabando es otra guerrera contra el cáncer. Le apasiona la cocina y cuando termine el colegio dice que su sueño será ser chef. Le gusta preparar comidas y postres con harina. Pero por ahora está enfocada en salir de la enfermedad. Tres de sus 14 años los ha dedicado al tratamiento contra el cáncer de ovario. Ha sido un tiempo que le ha permitido ver los propósitos que tiene la vida para ella. También ha luchado contra los prejuicios que existen contra las personas con cáncer. Asegura que muchos se burlan de ellos por su falta de cabello. Pero a su corta edad ha aprendido a ignorar esos comentarios. Prefiere jugar y estudiar.

Joselin Concha es una linda niña de Latacunga cuya dolencia empezó apenas nació. Tiene 11 años y todo este tiempo ha luchado contra un cáncer que le ha provocado molestias al orinar. Cada semana visita a sus médicos y es así cómo conoció la profesión que estudiará al terminar el colegio: medicina. Esta futura doctora quiere dedicarse a salvar la vida de los niños. Pero mientras tanto combina sus tratamientos con el juego y los estudios. Nunca deja de sonreír.

La vida ha cambiado para Cristian Toapanta. A sus 32 años, llevar un tanque de oxígeno a todo lado es su menor carga. El cáncer de tiroides que lo afecta desde hace un año y tres meses lo ha hecho aferrarse a la vida. Dice que a veces los doctores no explican en palabras sencillas lo que implica su enfermedad, pero eso no lo ha detenido. Él va al médico del IESS cada seis meses, porque ese es el tiempo que debe esperar para despejar sus dudas. Ahora en la próxima visita al hospital sabrá cómo le fue con el yodo. Esta rutina ya sabe sobrellevarla. Ha sido apoyado por su familia y hasta sus jefes de la microempresa donde trabaja. “Somos normales, pero con una condición clínica”. Pide que la sociedad no cierre los ojos ante su existencia. 

Mateo Carvajal, de siete años, es un futbolista en ciernes. Risueño y tímido. A él le detectaron cáncer al hueso hace un año y cuatro meses. El tratamiento, dice su padre Henry, va por buen camino. Solo falta ganarle a la enfermedad un 30%. Las quimioterapias hacen que decaigan, pero enseguida se repone y sigue su vida de niño: jugar e ir a la escuela. “Esto es de perseverancia, una prueba que hay que sobrellevar entre doctores, paciente y psicólogo”, concluye su padre.

Alexandra Zabala es una guerrera que venció una dura batalla: cáncer al cerebro. Ha pasado por quimioterapias y radioterapias. También fue operada. El diagnóstico al inicio fue fatal: le daban apenas 24 horas de vida. Pero de eso ya han pasado 4 años y ahora es parte de la Fundación Jóvenes contra el Cáncer.  Su hijo, de 9 años, ha sido su mayor motivación. Con él ha pasado los tratamientos y han superado juntos la enfermedad y una separación. Su hijo la llama y la cela. Alexandra a su corta edad está jubilada a causa de esta enfermedad catastrófica. Eso le ha dado tiempo también para visitar colegios y universidades para dar charlas sobre lo que mejor sabe hacer: vivir.

Mónica Mera es barcelonista de corazón. Aunque su equipo perdió la noche anterior, ella lució la camiseta amarilla un día después para reírse. Ríe porque sabe que cuando una persona lo hace gana un día. Y cuando una persona llora, por el contrario, se aminoran sus días. Con ese credo Mónica ha luchado contra un cáncer de mama desde hace dos años y medio. Claro, en los primeros días, lloró mucho. Se deprimió. En aquella época, por su enfermedad, fue rechazada por su pareja y la botaron del trabajo. Pero esta guerrera manabita no se quedó. Empezó a leer mucho. Y se encontró con los libros de Loise L. Hay, que le enseñaron a liberarse y a quererse. También aprendió que todo lo que uno piensa lo atrae. Por eso, dice, hay que pensar en positivo. Esa actitud la mantiene siempre y no la cambia así deba ir al hospital cada semana.

Silvia Játiva carga siempre la foto de su hija y el mensaje “mami te quiero”. Madison, su hija, le regaló esta imagen apenas conoció que Silvia tenía cáncer de mama. Eso motivó a Silvia para levantarse de la cama después de cada una de las 48 sesiones de quimioterapia y radioterapia que enfrentó. Esa imagen junto a un rosario nunca la abandonaron. Para Silvia, el cáncer ha sido una bendición. Valora más lo que su familia ha dado por ella y ahora tiene más ganas por vivir. “Antes solo sobrevivía”.

Jhon Gómez quiere ayudar a los demás. Cuando termine el tratamiento estudiará contabilidad para ser un futuro trabajador social. Así como lo han apoyado, él quiere devolver algo de esa solidaridad que recibió par enfrentar su enfermedad: un cáncer que le afectó la ingle y su columna vertebral. Tiene 20 años y su mayor apoyo ha sido su madre. Antes era rebelde con ella, pero ahora la vida lo ha hecho reflexionar. “Ella es mi pilar”.

La historia de Diana Armijos está llena de episodios increíbles y felices. Pese a la amputación que sufrió de su pierna izquierda, hoy a sus 30 años es una atleta y bailarina con una segundo premio en salsa. Es además la reina de la Fundación Jóvenes contra el Cáncer. Irradia confianza y alegría. Tiene una prótesis que le permite hacer deporte, un sueño que nunca lo dejó. De esto ya son seis años. Pero hace 4 años vivió un verdadero milagro. Fue madre mientras los doctores le diagnosticaban un metástasis en el pulmón izquierdo. Era un embarazo de riesgo, pero siguió adelante. Ahora madre e hija viven una vida normal. Incluso la metástasis desapareció. “Los médicos tendrán su palabra. Pero nosotros también decidimos. Y cuando decidimos no luchar ahí la vida se acaba”.

Linda Vidal es una diseñadora de modas cuya vida ha sido una motivación para muchos. Es difícil creer que tienen 7 enfermedades autoinmunes, entre ellas una leucemia. Su cuadro es complejo, por lo que va al hospital cinco veces a la semana. Pero quien la ve sentada allí no la cree paciente. Tiene 45 años y su piel podría ser la envidia de cualquier mujer. La señal más visible es la cicatriz que dejó una cirugía reciente en su cuello. Su condición no la frena para acompañar a más jóvenes de la fundación y buscar medicinas para ellos. En su celular reúne las fotos de quienes ha acompañado: como las de su mejor amigo que falleció hace un mes. Ahora busca medicinas por otro compañero que tiene leucemia. Esto también es un tratamiento para ella y un impulso para seguir.

 

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